Al pan, pan; y al coño, coño. El sexo en la novela negra

por | Jun 19, 2017 | Consejos para escritores

Con esta frase, que tomamos prestada del poeta irreverente Carlos Salem, uno de los mayores exponentes actuales del genero negro en español, queremos plantear algo que es, cuando menos, sorprendente. ¿Por qué hay tan poco sexo en la novela negra? Al menos, en la española. Y el que hay, está lejos del goce, del deseo y sobre todo, de lo femenino. Esto último, no solo en la literatura negra de nuestro país, sino a nivel global.

¿Alguien se plantea por qué no hay sexo en la novela negra?

Así que hoy queremos ocuparnos de este asunto en nuestro curso de novela negra. Pero por más que buscamos alguna respuesta, no parece haber ninguna. A Rosa Rivas, en una entrevista en Cadena Ser a propósito del V encuentro de novela negra  “Las casas ahorcadas”, se le pregunta por la materia que ahora hemos retomado nosotros, y ella afirma que nunca se había planteado la cuestión en sí y que no tiene respuesta.

Se han hecho hasta bromas acerca de esto. A modo de ejemplo, la que plantea que los autores de género negro no sacan la “pistola” por miedo al gatillazo. En fin, de nuevo la perspectiva masculina. En definitiva, debemos pensar en el por qué de la ausencia sensual —y más aún de la sensualidad femenina— en un escenario como el actual, sobre todo después de fenómenos eróticos como cincuenta sombras de Grey, que ha destapado la caja de los truenos; o cuando es evidente que el sexo vende y que los guionistas de cualquier género buscan introducir cada vez más escenas eróticas, y además, cada vez más explícitas.

Iniciativas sobre sexo en la novela negra

Lo cierto es que pensamos en el sexo continuamente. Practicamos sexo, hablamos de sexo y deseamos sexo. Vivimos vidas transidas de sexualidad, nada de lo erótico nos queda lejos.

No es que no existan iniciativas interesantes, para muestra, Versex, una propuesta que aunque no es estrictamente género negro, está abanderada por un Fernando Marías, que sí lo es,  y que busca precisamente eso, desnudar la palabra sin hacerla parecer soez, en un marco poético.  Una búsqueda amable del sexo. Y otra más, la antología Obscena, liderada por Juan Ramón Biedma, como forma de acercar la pornografía al noir y que aglutina a lo mejorcito de nuestro espacio para contar historias que, en boca de su líder, son pornocriminales.

La realidad es que lo que sí está pasando es que este asunto que nos ocupa está a la orden del día en muchos de los festivales sobre el género que se realizan en nuestro país. Cada vez hay más mesas redondas, debates y charlas en las que se aborda esto.

El sexo en los genes de la novela negra

Un género que ha nacido y crecido en el arrabal, el suburbio, la prostitución, la sangre y la muerte y todo tipo de pasiones desmedidas, debería tener al sexo como línea transversal. Es cierto que aparece,  sobre todo el erotismo disfrazado de juego de poder, uno en el que las consecuencias son radicales, terminan con la muerte y pasan por la pornografía más sórdida. Pero si enfocamos el sexo de una manera más amplia, hablamos del deseo y del placer, no encontramos apenas ningún ejemplo.

La sexualidad que aparece tradicionalmente en el noir tiene que ver con lo masculino, con la brutalidad, y tiene una víctima que es siempre femenina. Es normal, la novela negra ha estado protagonizada por autores masculinos hasta los años 90 y aún en el siglo XXI, el deseo se muestra solo como algo incipiente.  Es más, el amor y el sexo placentero era algo denostado por los popes de la novela negra. Decía Chandler que el amor desestabiliza la trama (Cartas, 1970:75) y lo cierto es que si analizamos el prototipo general del detective tradicional, es alguien que nunca está casado ni se le conoce relación estable.

Es a partir de los años cincuenta cuando el sexo surge con cierta importancia dentro de las tramas policiales. Como ejemplo, Spillane, aunque sigue siendo más de lo mismo; aborda el sexo como algo a medias entre lo casto y lo cruel. Pero siempre desde una óptica varonil y de absoluta exaltación del pene, que abusa del tópico manido de hombre arrebatador y mujer indefensa y débil, que ama y admira a su salvador a partes iguales y con un toque masoquista que parece ir irremediablemente ligado a lo femenino.

Se avecina un cambio de tendencia

Esta visión masculina, fálica, del deseo y la sexualidad dentro del género negro, es algo que, debido básicamente al incremento de mujeres que escriben novela negra y al auge comercial del erotismo femenino, está cambiando. Es de esperar que en no mucho tiempo encontremos páginas escritas desde la perspectiva del deseo femenino, al mismo nivel que el masculino. Esto pasa porque las autoras olviden la perspectiva masculina y se dejen llevar por lo que les es más propio; solo así enriqueceremos nuestra realidad y, lo que es mejor, satisfaremos lo más íntimo del género negro, que es sin duda la crítica social, la identificación de los deseos más profundos del alma humana, los más oscuros, los más encarnados.

En palabras de Marina López Martínez, “la sexualidad femenina en la literatura de lo irreparable escrita por mujeres no adopta siempre posturas tan radicales en las que la pasión, dolor y muerte se funden y retuercen como serpientes heridas, sino que, al contrario, la sensualidad se alza como un canto a la vida y las tentaciones femeninas tienden a la normalización. Por ello, esta plataforma insumisa llamada novela negra favorece muy especialmente la lucha contra las tendencias a encasillar a los personajes en unos roles predeterminados y permite derribar pensamientos y frases lapidarias machistas”.

Ahora bien, para ello debe modificarse la doble moral que aún nos aqueja. Se debe dejar de esconder las escenas explícitas debajo de la alfombra, dejar de envolver la literatura erótica para que nadie nos señale con el dedo. Sacar el sexo del armario y vivirlo, leerlo y escribirlo con total naturalidad.

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