Superar el síndrome del impostor

por | Abr 6, 2021 | Psicología & escritura

A todos nos habrá pasado, por lo menos una vez en la vida, sentir sensaciones parecidas al síndrome del impostor, como la inseguridad, tener dudas, preocuparnos de que no estemos al alcance de lo que los demás esperan de nosotros, o incluso terminar por no sentirnos lo suficientemente capaces en lo que hacemos.

Se trata de un conjunto de emociones que se generan en nuestra mente en algunas ocasiones específicas, y que pueden terminar transformándose en una pauta de comportamiento llamada el síndrome del impostor. Es una situación que se genera a raíz de periodos complejos, y la mayor parte de las veces no somos ni siquiera conscientes de estar sufriéndola. Pero la cosa grave es que no nos permite avanzar en nuestro desarrollo, o disfrutarlo por falta de confianza en nuestras propias capacidades.

¿Por qué os cuento todo esto? Estoy seguro de que ya lo habréis adivinado: los escritores no somos inmunes a este síndrome. Es más: solemos estar bastante expuestos a él.

Como la escritora Maya Angelou dijo en una entrevista:

He escrito 11 libros, pero cada vez pienso: ‘Uh-oh, ha llegado el momento en el que todos van a descubrirlo…’

Si una autora como ella aún sigue teniendo miedo a que los demás descubran que es un fraude o que no es tan buena como todos pensaban, parece aún más normal que esto pueda pasarle tanto a escritores noveles como a los que ya tienen obras publicadas y una carrera definida en el mundo literario.

Pero que no cunda el pánico. Si también vosotros os habéis sentido así, tranquilos. Existen muchas técnicas que os permitirán salir del síndrome del impostor.

¿Qué es el síndrome del impostor?

En 1978, las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes concibieron el término síndrome del impostor. A través de este término, se define un conjunto de emociones que incluye cuestiones como el sentir culpa por los logros alcanzados, la falta de aceptación del propio éxito, el miedo a la evaluación y, en fin, sentimientos de incapacidad en el sector profesional y académico.

Una de las cuestiones curiosas de este síndrome es que varios estudios han demostrado que suele desarrollarse en personas que son todo lo contrario de lo que piensan y que suelen tener increíbles capacidades, pero que por falta de aceptación o de estima personal no consiguen verse de manera objetiva y se vuelven excesivamente críticos consigo mismos. De hecho, el perfeccionismo es justamente una de las características que suelen tener las personas que sufren de este tipo de situación. Mientras que, por otro lado, aquellos que sufren del síndrome opuesto, el efecto Dunning-Kruger, no suelen ser tan capaces, pero sí se creen los mejores en lo que hacen y terminan por sobrevalorarse a sí mismos y a sus capacidades.

Como el mismo William Shakespeare dijo:

El necio se cree sabio, pero el sabio sabe que es necio.

Estoy seguro de que, de una forma u otra, todos hemos experimentado este tipo de emociones y, a veces, sin darle muchas vueltas, desaparecen y el problema termina resolviéndose solo. Pero el aspecto sobre el que me gustaría que nos enfocáramos es que el síndrome del impostor no es una enfermedad, sino una actitud mental hacia uno mismo.

Ya sé que estaréis pensando ahora «¿cómo es posible que sea una actitud cuando yo realmente me siento así?» La solución a esta pregunta se encuentra en el hecho de que se trata de un mecanismo inconsciente, pero la buena noticia es que, a la larga, es posible liberarse de él.

¿Cómo superar el síndrome del impostor?

Como os acabo de comentar, el síndrome del impostor no es una enfermedad y tiene solución. Lo bueno es que esa solución se encuentra dentro de vosotros. Lo malo es que, probablemente, tengáis que tener paciencia y hacer un largo trabajo interno. Pero lo mejor de todo es que aprenderéis a conoceros y, con el tiempo, será un cambio permanente.

1. Racionaliza tus logros y capacidades

No tan solo hay que racionalizar las emociones a nivel externo, por ejemplo, a través de la opinión de nuestro entorno. Si todo el mundo piensa que somos capaces, tal vez anden en lo cierto y nos exigimos demasiado.

También tenéis que hacer las cuentas con la parte interior, de cómo nos sentimos, analizando, con honestidad, nuestro propio concepto sobre nosotros mismos. Por ejemplo, si tengo evidencia de que sé hacer algo, eso quiere decir que soy lo suficientemente bueno con ello. Si pienso que no es así es porque me siento inseguro. Es importante demostrarnos que sí somos capaces porque los hechos lo demuestran, para terminar así espantando esa inseguridad que no permite valorarnos.

2. Analiza los hechos para evaluarte

Ponte frente a los hechos y no ante las emociones para poder evaluarte de la manera más concreta e imparcial posible.

Este consejo va de la mano con el anterior, ya que la racionalización de tus logros y capacidades te permitirá entrar en el estado mental correcto para que puedas ver los hechos y no tanto los miedos que te dominan en este tipo de situaciones.

3. Recuerda cómo has llegado hasta aquí

De vez en cuando, puede ser extremadamente útil repasar tu historia de vida. De hecho, podrías incluso escribirla, definiendo los hitos a los que llegaste y a los que quieres llegar. Así vas a recordar y a reconocer tu duro trabajo y compromiso.

Pero no se trata solo de ver los logros, sino también los fracasos que ha habido a lo largo del camino, porque esos mismos probablemente te hayan permitido aprender mucho.

4. No le tengas miedo a los errores

Justo después de haber recordado tu historia, quizás seas más consciente de la importancia de los errores a lo largo de tu camino, pero eso no quiere decir que ya no tengas miedo a fracasar.

Lo importante es que sepas que, antes de un gran logro, hay muchos pequeños errores y fracasos. Tienes que desarrollar el coraje y ponerte en juego para aprender a través de la experiencia, que es, sin duda, la mejor maestra que se pueda tener.

5. Habla de cómo te sientes

Hablar con otras personas también ayuda. Puede que incluso descubras que aquellas  que más aprecias y estimas sufren o hayan sufrido, a su vez, del síndrome del impostor, o que hayan sentido las mismas emociones que tú.

Cuando nos damos cuenta de que no estamos aislados y que hay también otras personas que se sienten, o se han sentido, como nosotros, es más fácil reducir el tamaño de nuestro problema y tratarlo de forma más abarcable.

6. Si crees que puedes mejorar, hazlo

Si tras un análisis consideras que hay un margen de mejora que no estás abarcando porque te sientes inseguro o porque simplemente piensas que no vale la pena, hazlo.

Todos podemos mejorar en lo que hacemos. Eso no implica que no seamos buenos en ello. Afortunadamente, siempre hay algo nuevo que aprender. Encuentra un curso que cubra tus necesidades y disfrútalo.

Espero que estos consejos te ayuden a superar el síndrome del impostor o cualquier emoción parecida. No desistas y cree en ti.

¡La confianza en uno mismo es indispensable para llegar a los objetivos que queremos lograr y para ser capaces de disfrutarlos!

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