Si estás aquí, es obvio: ¡Quieres crear diálogos que impacten en tus obras!, pero… ¿Cómo logras que tus personajes establezcan vínculos entre ellos? ¿Se te hace fácil recrear conversaciones fluidas? ¿Tienes problemas para colocar la puntuación? 

No te preocupes, te ofrezco en este post respuestas a estas y otras interrogantes que puedan surgir en nuestro oficio creativo.

La narración, la descripción y el diálogo son tres pilares para confeccionar una novela; este último, que nos ocupa hoy, quizás sea el que pertenece a un territorio desconocido a la hora de dar vida a los personajes. 

Entonces, para crear diálogos, centra la atención en los próximos consejos.

Crear Diálogos

Vigila quién tiene el turno de la palabra

Crear diálogos donde los personajes puedan expresarse y otorguen un caudal de información a los lectores es fundamental. Pero como todo en la vida, ha de hacerse en condiciones óptimas y respetando aspectos elementales: la identificación y el turno de habla entre ellos en especial. Como creador te toca trabajar para identificar debidamente a cada personaje; caracterizarlos, aunque sea parcialmente, a fin de que el lector no se pierda debido a no tener claro quién habla en cada momento. ¡Lo ideal es despejar el camino a tus lectores, evita a toda costa la confusión!

En la misma línea te recuerdo que en lass escenas en las que se encuentren e interactúen más de dos personajes, la confusión puede profundizarse; Para evitar esto es importantísima la caracterización. Deberías dar suficiente información sobre cada personaje para que el lector pueda identificarlos simplemente por su forma de hablar, sus opiniones y deseos o incluso el modo de gesticular de cada uno de ellos.

Pocas cosas hay mejores que crear diálogos rico entre dos o más personajes, pues aporta información a los lectores. Este tipo de diálogos irán  desvelando su forma de ser, su modus vivendi, sus planes de futuro o los secretos de su pasado. 

En los párrafos previos puede ser importante nombrar a los personajes y dar una idea de quién comienza a hablar y quién le sigue. Identifícalos y expresa algunos de sus rasgos característicos. Una vez en el diálogo, si solamente hay un par de personajes envueltos, no hará falta que los nombres aparezcan en cada acotación del narrador.

En resumen, un diálogo fallido lanzarán un velo sobre la comprensión de tus lectores y esto hará que se alejen de tu historia por considerarla compleja de seguir o hasta confusa.

Trabaja en darle una voz diferente a cada uno de los personajes; artículos como este nos hacen reflexionar y dar pasos en la dirección apropiada.

Descarta diálogos ornamentales

Las materias narrativa y descriptiva tienen la suficiente fuerza para dar base a los personajes y explicar sus pasos. No utilices el diálogo para, por ejemplo, preguntar qué hacen, qué comen, qué hora tienen en el reloj. Esta herramienta debe ser conservada para intercambios orales sólidos, sustanciosos, concretos, que ayuden a entender mejor las motivaciones de tus personajes o que hagan avanzar la trama. 

Lucha contra la comodidad y la salida fácil; intenta que los coloquios sean creíbles, construidos con una base de realidad amplia. En realidad, no se trata de reproducir una conversación en la vida real, plagada de repeticiones y frases hechas o de compromiso. El diálogo está ahí para que la acción avance.

Crear Diálogos

Evita personajes cansinos

Seguramente tendrás personajes pensados para tu obra que deberán revelar cuestiones estructurales para la historia. Querrás recalcar entonces su protagonismo y darles la suficiente exposición. Aquí debes desempolvar la vara de medir; enciende tus alarmas y pregúntate cuándo es suficiente, hasta dónde dejarle andar en sus monólogos. Intervenciones maratónicas, demasiado largas e injustificadas tildarán a tu personaje de charlatán, de farragoso, de cansino.  

Cuida el ritmo. En una novela se requiere una cadencia adecuada para quien la lee, momentos de pausa, respiros, inclusive cuando uno de los personajes relata oralmente. Lograrás esto de varias formas, por ejemplo, intercalando el diálogo con párrafos donde especifiques la situación del personaje, nombres o describas su gestualidad e incluso las acciones o comentarios por parte de algún interlocutor. Evita la eternización del “yo”, ahorra agobios a los lectores.

Informa lo justo, no recargues

Los incisos explicativos tienen un lugar especial y van arrojando luz ahí donde se necesita. Administra este recurso, mímalo, no permitas que el narrador tome licencias y abuse de ellos, ya que pueden perturbar la fluidez, introduciendo en las conversaciones interrupciones poco amigables, que resten.

De la misma forma no uses los incisos para explicar emociones que por obvias se explican a sí mismas. Ante un: “¡Madre mía, me has dejado en una pieza!”—dijo sorprendida Ana Julia… Poco aporta incluir un inciso que redunda un sentimiento o percepción ya expresada por el personaje. Vale más que en un párrafo previo se allane el tono de la conversación y los estados de ánimo que se avecinarán.

Y por supuesto, haz que las acotaciones del narrador sumen. Puede que necesites, de vez en cuando, una acotación del tipo “dijo David” para aclarar quien habla en cada momento. Pero será mucho más potente si en lugar de limitarte a eso usas esa acotación para aportar datos de interés para el lector: “dijo david mientras paseaba nervioso por la habitación”.

No confundas tu novela con un guion teatral

Una de las tentaciones recurrentes que se tienen al escribir una novela es darle a los personajes centrales la licencia de conversar ampliamente y en todo momento y al narrador el espacio de arbitrarles. Este recurso puede usarse con conciencia en tramos específicos de la obra; sin embargo, dejar esta puerta abierta debería hacerte pensar si deseas escribir una obra teatral. 

Los aportes orales, dialogados, deben aportar contundencia, han de estar justificados. Las conversaciones eternas, las charlas larguísimas e insustanciales, alejarán a tus potenciales lectores. Intercala pausas narrativas a través de incisos explicativos, acciones, pensamientos, gestos. Crea párrafos que permitan dosificar el diálogo.

El desorden es tu enemigo declarado

Un personaje que hable profusamente, sin parar, que se repita, será tu peor carta de presentación. Evita que tu afecto por un personaje le deje tomar el protagonismo a tal punto que haga intervenciones repetidas (una tras otra). Parece una obviedad decir que un diálogo es el intercambio de ideas, pero como en la vida real, hay personas que hablan y hablan y son pocos generosos con el turno de palabra; corremos el riesgo de que uno de nuestros personajes, al tener esa conducta, confunda a nuestros lectores. Deja siempre claro quiénes tienen el derecho de palabra a través de los incisos o los enunciados.

De lo bueno, poco

El afán por dotar de esencia, de humanizar a nuestros personajes, de generarles un vínculo real con los lectores, nos puede llevar a exagerar aportando una ingente cantidad de información sobre estos: gestos, rasgos, educación, procedencia, destinos, entre muchas otras características. Lo que se vaya a decir debe estar calculado milimétricamente para no espantar al lector. Deseas acercarle a los personajes, incluso en tus diálogos; aun así, dosifica. Recuerda que de lo bueno, poco.

Lúcete con los verbos

Los verbos tienen un papel magistral en los escritos, y no tiene por qué ser diferente en las frases que introducen las acotaciones del narrador. Tienes la oportunidad de romper la camisa de fuerza de los verbos utilizados recurrentemente: decir, hacer, mirar, etcétera. Escoge (sin exagerar, busca un equilibrio) verbos no tan comunes, novedosos, que claramente se adapten a las necesidades narrativas, pero que den brillo a estas áreas e interesen a los lectores al despertar su atención y estimular su pensamiento, su capacidad de visualización. 

Aprovecha los guiones

No podemos desestimar la importancia de ninguno de los signos de puntuación, menos de los guiones. El diálogo, por su naturaleza, requiere de este recurso visual para tomar forma. El guion largo — no otros signos, ni comillas (a no ser que se refieran a pensamientos), ni comas, ni espacios donde no debe, etc. Además, sigue una serie de reglas que hay que tener en cuenta. Puede que de entrada cueste un poco; sabes que la práctica hace al maestro. Para que te sigas puliendo en este aspecto te invito a leer cómo usar la raya en el diálogo.

De la misma manera, complementa tu aprendizaje con el uso de otros signos que son indispensables para crear diálogos. 

Seguro estoy que has reflexionado mucho con este artículo, y también puedes profundizar más en este otro artículo porque aborda otros aspectos de economía del lenguaje en los diálogos.

¿Qué te ha parecido este post? ¿Te animas a crear diálogos en tus novelas?