El poeta de la libertad Miguel Hernández

por | Oct 30, 2021 | Libros aconsejados, Mundo Editorial

Un 30 de octubre, de 1910, nacía Miguel Hernández Gilabert, en Orihuela, Alicante. De orígenes humildes, Hernández fue criado en el campo, donde fue pastor de cabras. Al haber recibido una educación precaria y elemental, toda su formación en literatura fue de carácter autodidacta. Resultó muy difícil para él, ya que tenía un padre violento que lo regañaba por estar siempre leyendo en lugar de trabajar, y no solo eso: apenas terminó la escuela primaria, ya que su padre decidió retirarlo del colegio.

Sin embargo, no todo fue negativo en su infancia. Allí conoce a Ramón Sijé, quien sería un amigo fundamental a lo largo de su vida y de su formación como escritor.  Gracias a su temprano interés por la literatura, desde pequeño, leyó la obra de grandes escritores clásicos, como Garcilaso de la Vega y Calderón de la Barca. Autores que han tenido una fuerte influencia en su posterior obra.

Falleció el 28 de marzo de 1924, a los 31 años de edad, víctima de tuberculosis en la cárcel, debido a su activa participación en la Guerra Civil española, y todos los poemas que escribió en prisión fueron publicados tras su muerte.

¿Cómo empezó todo?

Siendo muy joven, y gracias a su amistad con Ramón Sijé, participó de las tertulias literarias de la región, organizadas por su amigo. En estos encuentros, conoció a Josefina Manresa, quien fue su esposa y una gran fuente de inspiración para diversos poemas. En el año 1930, con tan solo 20 años, comienza a publicar poesías en las revistas “El Pueblo de Orihuela” y “El Día de Alicante”, entre otras. 

Con 24 años de edad, viajó a Madrid y conoció a Pablo Neruda. Juntos fundaron la revista titulada “Caballo Verde”, para la poesía. Una vez establecido en la capital, escribe una variedad de libros de poemas, entre ellos “Perito en lunas”, “El Silbo vulnerado”, “El rayo que no cesa”, “Imagen de tu huella”, etc. Su prosa lo convirtió en uno de los escritores más prominentes de la ola poética de ese entonces. 

“Perito en Luna”, su primer libro de poemas, relata su experiencia como adolescente que vivía en el campo. También se pueden encontrar referencias bíblicas, alusiones al sexo y simbología lunar. Se lo considera un miembro tardío de la generación del ’27, al seguir las corrientes artísticas y literarias de sus maestros, que provienen de la generación anterior. Por este motivo, se lo considera como más perteneciente a la generación del 36.

La generación del ’27 consistió en un grupo de poetas y escritores españoles del siglo XX, que homenajeaban a Luis de Góngora, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, conmemorando el tercer centenario de su muerte. Fue el máximo exponente de la corriente literaria que, años más tarde, adoptaría su nombre: el gongorismo. 

Esta generación se caracterizaba por escritores con conciencia de clase y sumamente preocupados por los derechos de los trabajadores. A partir de esta influencia, Hernández decidió convertirse en miembro del Partido comunista español y sirvió en la 11ª División durante la Batalla de Teruel. 

Miguel Hernández el poeta

Más allá del peso político en su obra, él no abandonó la poesía clásica y su formación previa. Simplemente lo incorporó a sus escritos y así demostrar su compromiso social y político con la situación del momento. Al comienzo de la Guerra Civil española, en 1936, fue voluntario en el ejército republicano y escribió poesía que dedicó a las tropas que se hallaban al frente del conflicto. 

Durante el enfrentamiento, contrajo matrimonio con Josefina Manresa, una gran musa inspiradora para el poeta. Al finalizar la guerra, luego de que los republicanos se rindieran en 1939, Hernández intenta escapar del país, pero, desafortunadamente, es encontrado por los oficiales en la frontera con Portugal. Allí es detenido y sentenciado a 30 años de prisión, los cuales nunca llegó a cumplir, ya que falleció antes. 

Su ideología comunista, y de corte antifascista, lo llevó a prisión. El régimen franquista percibió como peligrosos sus escritos porque temían que pudieran promover su forma de pensar y, eventualmente, una rebelión. En los años que estuvo en prisión, creó la llamada poesía de guerra, la cual inspiró poemas como “Sentado sobre los muertos”, “Llamo a la juventud” y  “La Canción del esposo soldado”, que escribió a su esposa.

En su perspectiva, la Guerra Civil representaba un fratricidio sin sentido. A lo largo de estas obras poéticas, se evidencia lo trágico de la guerra y de su propio encarcelamiento. Asimismo, incluye un hecho devastador en su vida, que fue la muerte de un hijo pequeño. Escribió el famoso “Cancionero y romancero de ausencias. En él expresó la profunda tristeza que le acechaba al estar lejos de su esposa y de sus hijos: 

Por las calles voy dejando

algo que voy recogiendo;

pedazos de vida mía

venidos desde muy lejos

voy alado a la agonía

arrastrándome me veo

en el umbral,

en el fundo

latente de nacimiento.

La inocencia de Miguel Hernández

La familia de Miguel Hernández denunció a la Corte Suprema Española, con la esperanza de cambiar el veredicto de culpable a inocente, ya que, en esa época, su simpatía por el régimen de izquierda lo llevó a que lo condenaran. Sin embargo, hoy en día, esto ya no debería ser un crimen, porque existe la libertad de pensamiento y afiliación. Además, esa sentencia fue propulsada por el régimen franquista dictatorial. 

Por ende, la familia esperaba que dicha sentencia de 1939, en la cual fue condenado a 30 años de prisión, por ser considerado un “elemento extremadamente peligroso y despreciable para todos los españoles de bien”, y a muerte, fuera anulada. Para que no se convirtiera en mártir internacional, Franco redujo la sentencia.  

Finalmente, y tras varios años, en 2010, la familia obtuvo una “declaración de reparación” póstuma por parte del gobierno español. Pero sus parientes consideraron que esta medida fue insuficiente, ya que no se trataba de ningún criminal. Fue un gran escritor y poeta crucial para la literatura española, y víctima de un régimen dictatorial. Ellos iban a por la sentencia de inocencia.

La familia tenía en su posesión una carta que sería la evidencia fundamental que probaría su inocencia. Se trataba de una carta escrita por Juan Bellod, un militar fascista. La carta estipulaba lo siguiente:

“Conozco a Miguel Hernández desde que era un niño. Es una persona de pasado intachable, de sentimientos generosos y de profunda formación religiosa y humanista, pero cuya excesiva sensibilidad y temperamento poético le han llevado a actuar de acuerdo con la pasión del momento y no con una voluntad serena y firme. Garantizo plenamente su comportamiento y su fervor patriótico y religioso. No creo que sea, en el fondo, un enemigo de nuestro Glorioso Movimiento”

Desgraciadamente, este proceso ha quedado inconcluso, debido a que el juez que formó parte de este proceso respecto a la evidencia nunca envió la documentación a los tribunales correspondientes, con lo cual, dicha evidencia no se ha tenido en consideración. 

Desarrollo poético español

Sin dudas, Miguel Hernández ha sido una pieza fundamental que muestra a una generación nueva de poetas en ese entonces. Trajo innovación para el mundo de la poesía. Su ferviente implicación en la Guerra Civil y su ideología política lo llevaron a prisión. Sin embargo, él nunca dejó de escribir y de seguir creando obras magníficas.

Incluso en las peores situaciones que puede atravesar un ser humano, como es el hecho de ir a prisión injustamente, no le impidieron seguir produciendo obras. No solo eso, sino que también desarrolló su poesía de guerra. Un hecho sumamente importante para la literatura española.

En el año 2019, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, consideró el último libro de Hernández, “Cancionero y romancero de ausencias”, como uno de los grandes monumentos a la dignidad humana.

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