Si habéis sido lo suficientemente buenos durante el año como para que los reyes os hagan un buen regalo, si además vuestra novela es realmente buena, y si habéis logrado captar la atención del editor/agente al que enviasteis vuestra obra, un buen día os encontraréis con una llamada de teléfono, o un mensaje de correo que tendréis que leer varias veces antes de creéroslo. Porque, sí, una editorial se ha interesado por tu novela y quiere publicarla.

Lloraréis, patalearéis, gritaréis y os dará un subidón de adrenalina que os mantendrá en las nubes durante unos días. Luego os llamará el editor o editora y os dará su impresión: que la editorial tiene una buena opinión de la novela, etc, etc… Eso sí, no esperéis que de inmediato os dediquen demasiadas alabanzas… porque en la mente del editor, en ese instante, hay algo bien distinto: Mejorar la novela.

Sí, sí… lo que leéis: MEJORAR la novela. Porque en esta vida, todo, absolutamente todo, es susceptible de ser mejorado. Y vuestra novela no va a ser menos.

Y aquí, es donde muchos están, en mi opinión, equivocados.

Conozco personalmente a varios autores que niegan al editor la opción de que el texto de la novela sea corregido. Y es muy curioso, pero todos los que conozco que tienen esa actitud (respetable por otro lado), resulta que luego se quejan de que se venden pocos de sus libros, e incluso de que la editorial se vuelca más en la difusión de otras novelas que en las suyas.

Y ahora es cuando yo digo… ¿y nunca se han parado a preguntarse por qué sucede eso? Bueno, en realidad me consta que sí lo han hecho. Es más, yo mismo he sacado el tema cuando hemos estado juntos. Y de forma invariable, salen a la palestra teorías conspiratorias de carácter casi judeo-masónico, que en realidad no explican nada, pero que dejan muy satisfecho al autor, quien termina echando balones fuera y culpando de sus bajas ventas a las editoriales.

Voy a repetir algo que los que pasáis por aquí a menudo lo habréis leído ya en otras entradas: Señores, las editoriales son un N E G O C I O. Buscan obtener el máximo beneficio posible por sus productos. Por tanto, el editor quiere presentar un libro tanto mejor cuanto más pulido se encuentre. Porque, si el libro está bien trabajado (al margen del autor, pues el autor es incapaz de ver todos los errores, que los hay, y muchos, de su novela) se venderá más.

Digo que es incapaz de ver sus errores por un motivo muy simple: él es el que la ha escrito, se sabe las frases y el argumento de memoria. Por tanto, cuando lee su texto, no lee lo que hay escrito; recuerda lo que su mente quiso poner. Por eso, porque su lectura es superficial, no puede ver sus errores, tanto de trama, como de personajes e incluso ortográficos. Os pongo un ejemplo. Hace algo más de un año estuve comiendo con varios autores, muchos de ellos de cierto nombre y prestigio. Hubo uno que había presentado su última novela hacía unos pocos meses, una ucronía bastante buena, por cierto. En ella, hablaba a menudo de los tapices que poblaban los suelos de determinados lugares. Al menos había 6 o 7 referencias en el libro a esos tapices. Pero resulta que los tapices, por definición, ¡¡¡no pueden estar en el suelo!!! Si está en el suelo, no es un tapiz, es una alfombra. Al comentarlo, tanto él como su esposa se quedaron un poco parados, me dieron la razón y me dijeron que ni el autor, ni su esposa, que le corrige los textos, habían reparado en ese dato.

Bien, pongámonos ahora en el lugar del editor: “Esta novela me parece interesante, cuenta una buena historia y está bien escrita. Quiero publicarla. Sin embargo, es necesario darle un repaso a la ortografía y al estilo. Si lo hacemos bien, puede quedar una novela de un gran nivel.”

¡¡El hombre quiere la novela!! ¡¡¡Quiere apostar SU dinero por ella!!! Pero, ¿qué ocurre? Que el autor le dice. ¿Sí, la quieres? Eso significa que tal y como está te ha gustado, ¿no? Pues en ese caso, no se toca, porque es MI obra, y nadie más va a ponerle las manos encima.

MEEEEECK!!! Error! Error porque el editor, si hay suerte y no da el paso atrás y te dice que en ese caso publiques tú mismo la novela, si hay, digo, mucha suerte, aún te la publicará. Pero, ¡ojo! La editorial tiene un nombre que proteger, tiene una reputación, y desde luego, apoyará más a los autores que colaboran que a los que se cierran en banda. Por tanto, lo normal será que la tirada de ese libro no trabajado por la editorial sea inferior que otros a los que sí ha dedicado tiempo, en los que sí ha trabajado. ¿Por qué? Porque es un N E G O C I O y por tanto ha de rentabilizar esfuerzos.

Os pongo otro ejemplo: las portadas de los libros.

¿Por qué las portadas de las distintas colecciones de las editoriales tienen elementos comunes? Por varias razones: para que se las identifique con la editorial, para igualar la calidad de sus productos, para imprimir el sello de calidad de la casa, etc…

Con las revisiones de texto pasa lo mismo. La editorial no las hace porque sí, es un proceso largo, de varios meses, y caro, pues se imprimen diferentes galeradas y en él trabajan varias personas a las que hay que pagar su sueldo. De hecho, las editoriales pequeñas no ofrecen ese servicio, no porque no les guste, sino porque no se pueden permitir el lujo de pagarlo.

Que una editorial quiera revisar el texto de nuestra novela no es una “invasión” de nuestra obra. Deberíamos verlo como lo que es: un intento de mejorarla. Al fin y al cabo, el autor mantiene el derecho, por contrato, a negarse a que se haga un cambio si no lo ve conveniente. Por lo tanto, no perdemos nada en dejar que la editorial efectúe sus correcciones. Al contrario, nos ayudará a comprender un poco más el otro lado de la industria editorial, pues el editor no te dice: quiero hacer este cambio, este y este. Sino que te dice: este cambio sería conveniente por tal motivo, este otro sería interesante por tal otro, y en esta frase, ¿crees que tal y como está presenta con claridad tu idea, o sería mejor presentarla de este otro modo?

¿Qué mejor modo de aprender que de la mano de auténticos profesionales de esa industria?

Fijaos cómo es la cosa en cuanto a las correcciones. Os hablo ahora de mi experiencia personal. Ya sabéis que hay una editorial que quiere publicar HIJOS DE HERACLES. Es una novela histórica ambientada entre 735 y 655 a.C., en la antigua ciudad de Esparta. Bueno, pues hablando con mi editora el primer día, me comentaba que había una serie de cuestiones que su especialista en historia creía que podían ser errores históricos, y que, por tanto, era conveniente que los repasara. Le pedí que me enviara esas cuestiones y cuando me llegaron eran un total de 16 puntos.

Estuve 4 horas contestando uno a uno. La mayoría no eran errores, sino que la historia que presento se basa en un punto de vista que no es el normalmente aceptado para explicar lo ocurrido. Por tanto, podían ser considerados como tales. Para que entendáis de qué os hablo os diré por ejemplo que normalmente se cree que fue Licurgo quien introdujo en Esparta una serie de leyes. En mi libro, sin embargo, esas leyes las introduce otro personaje histórico. Puede parecer que es un error, sí. Pero le expliqué a mi editora cuales eran los motivos por los que había optado por esa posibilidad, basándome en determinados puntos de vista de una serie de expertos en la Grecia clásica. ¿Sabéis cuál fue su respuesta? Os la copio directamente:

Como ya comentamos por teléfono, de la historia antigua de Esparta se sabe poco, y de ahí deriva el que haya hipótesis distintas para explicar diferentes aspectos de su evolución. Es evidente que algunos de los comentarios de nuestro informador se deben a que tú propones una hipótesis distinta de la habitualmente aceptada. Eso es totalmente aceptable e incluso creo que le otorga un factor novedoso a la novela. Sin embargo, creo que no estaría de más que incluyeses una breve nota al respecto al final. El lector de novela histórica suele agradecer que le digan cuánto hay de verdad y cuánto de elucubración en estas obras.

No sólo no insistía en imponer su punto de vista y aceptaba el mío, sino que creía que además era un aspecto positivo de la novela. Sin embargo, señalaba, acertadamente, que para evitar que algunos lectores que pudieran estar familiarizados con la historia narrada en la novela creyeran que ésta contenía errores históricos, se aclararan determinados aspectos en una nota adicional. ¿Hay algo más razonable que eso?

Pero es que además, algunas de las apreciaciones de ese especialista eran de lo más acertadas, pues hablaba por ejemplo de aspectos lingüísticos del griego (idioma que desconozco por completo) que estaban mal expresados en la novela. De no haber accedido a esa corrección, la obra hubiera contenido errores lingüísticos. Y es que, por más que uno busque información, es imposible que domine absolutamente todo lo relacionado con su obra.

Por eso, el día que una editorial esté dispuesta a publicaros vuestra novela, sin importar si es la primera o la quincuagésimo octava, y os proponga revisar el texto, aceptad sin condiciones. Significará más trabajo, sí. Más horas dedicadas a un proyecto que, en principio, ya teníais cerrado. Pero sin duda, merecerá la pena.

La única pregunta que queda por hacer es: ¿habéis sido durante el año lo suficientemente buenos como para que los reyes os hagan semejante regalo?

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