No, no me he vuelto loco. Puedes colgar el teléfono y decir al personal de Psiquiatría que te has equivocado al marcar.

Hace algún tiempo que comenté en este blog que tenía intención de hablar del tema de la coedición, o autoedición. Y hoy empiezo a tratar ese tema. Y aunque parezca mentira, empiezo hablando bien de esta fórmula para ver una obra publicada. El motivo es bien sencillo: en la vida no hay nada, (bueno, nada si obviamos el holocausto nazi, el conflicto de Gaza en el que Israel está causando la muerte de miles de inocentes en una muestra de amnesia colectiva difícil de entender, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, los niños soldados de África, el Apartheid… en fin, ese tipo de cosas tan desgraciadamente unidas al ser humano) nada, digo, que sea inherentemente malo. Es decir, que casi todo en la vida tiene aspectos positivos y otros negativos.

El que se compra un Ferrari tiene un cochazo, pero a cambio necesita un camión cisterna de gasolina detrás. El que vende 5 millones de discos alcanza el éxito, pero luego no puede dar dos pasos por la calle sin que el personal lo acose. Etc…

Y la coedición no iba a ser menos.

Todo aquel que escribe, bueno, casi todo, no voy a generalizar, lo hace con la intención de poder ver algún día su obra en las estanterías de una librería. Y si puede ser en varias pilas en el centro de la mesa de novedades, con varios carteles alrededor anunciando el libro, mejor que mejor.

Pero hay un problema, y es que al año se editan unos 70 000 libros en España. Es decir, 1346 por semana. O lo que es lo mismo, 192 libros diarios. Vamos, que cada hora salen de las imprentas de las editoriales 8 libros nuevos listos para ser distribuidos. Uno cada 7 minutos y medio.

Con semejante cantidad de libros en la calle diariamente, es muy difícil poder meter la cabeza y colocar el nuestro. Podría parecer al contrario, es decir, que si se publican tantos libros es porque todo tiene cabida… Craso error. Se publican 70000, pero se rechazan 8, 9 o 10 veces más libros de los que se publican. ¡O más! Y claro, es mucho más fácil que el nuestro, ya que somos escritores noveles y muy pocos apuestan por nosotros, pues llegue a formar parte de los rechazados en lugar de los publicados.

A este panorama literario nuestro hay que sumarle otro aspecto: hay muchos que dicen que el mercado editorial está en crisis. Y no la crisis de ahora, de la que habla todo el mundo (por cierto, ¿os habéis fijado en que prácticamente todos los anuncios de Tv. Hablan de que el producto anunciado te ayuda a ahorrar o tiene un descuento que no puedes dejar pasar?) no, no hablo de esa crisis. Hablo de una crisis que viene de hace varios años. Creo que, precisamente, por esa vorágine editorial por publicar cientos de libros… La cuestión es que por ese motivo, las editoriales no confían en los autores noveles. Es lógico. Como no me canso de repetir, el mundo literario no es más que otro negocio, y las editoriales quieren conseguir productos que proporcionen la mayor cantidad de ventas posibles. Y evidentemente, Saramago, Follet o Reverte venden más que yo.

De modo que nos encontramos con un autor que ha dedicado meses, e incluso años a escribir una novela, que, ¿por qué no? Puede ser maravillosa, y después de tanto trabajo, de presentarla con la máxima ilusión a mil y una editoriales, lo único que recibe son respuestas negativas.

Y ahí es donde entra la coedición. O la autoedición.

El autor, descorazonado, termina por decidir que lo mejor es publicar su obra bajo esta modalidad de edición. Y no son pocos. Al parecer, un 20% de todos esos libros son coeditados o autoeditados. 14 000 al año. 269 a la semana. 38 cada día. Casi 2 por hora.

Algo bueno tendrá que tener la fórmula, ¿no?

Hay una diferencia sutil, aunque importante, entre ambas modalidades: en la coedición, los gastos de edición se dividen entre editorial y autor. En la autoedición no, todos los gastos los asume el autor.

Ciertamente, los gastos no son pocos. Y cuanto mejor queramos que esté presentado el libro, más dinero habrá que soltar, claro. Corrección, maquetación, diseño de portada, promoción de la obra… todo estos aspectos van sumando euros al total de lo que tendrá que pagar el autor, si es que decide incluirlos en el contrato.

Y no nos engañemos, en algunas ocasiones, un libro coeditado puede llegar a convertirse en un éxito de ventas. En España, por ejemplo, se vendieron más de 3 000 ejemplares de “probando el hardcore”. ¿Y quién no conoce El Código Davinci? Pues este libro, Dan Brown lo lanzó coeditado.

Evidentemente, no es lo habitual. La editorial argentina de coedición Dunken, reconoce que sólo el 20% de sus ediciones alcanza los 500 ejemplares de venta. Está claro que, si lo que queremos es hacernos un huequecito en el pastel editorial, la Coedición no es la solución. Las editoriales tradicionales incluso ven con malos ojos a los autores que se decantan por esta opción. Pero no se paran a pensar que a menudo es la única salida para una obra que ha sido rechazada por el mercado literario.

Hay muchos peligros en la coedición, por su puesto. Muchos más en la autoedición, desde luego. El mercado literario se ha convertido en un lugar donde los fraudes campan a sus anchas y hay que ser cuidadoso. Sobre eso hablaré más adelante.

Entonces, si no se asegura un mínimo de ventas, si hay que pagar cantidades importantes por ver el libro publicado… ¿cuál es el aspecto positivo de la coedición?

Pues la satisfacción de que algunos podrán disfrutar de leerte. El hecho de ver cumplido un sueño. ¿Acaso te parece poco?