En este artículo quiero contaros por qué escribo novelas históricas, pero antes me gustaría compartir una frase del maestro del género de terror Stephen King:

«En mi opinión, escribir es un acto secreto, tan secreto como soñar.»

Cuando un escritor cuenta detalles sobre su escritura está compartiendo un secreto íntimo con sus lectores. De esto se trata esta serie de artículos.

Os contaré cómo las novelas históricas se relacionan con todos nosotros por su origen y cómo llegó a apasionarme tanto este género.

El origen de las novelas históricas

En la Literatura Europea las novelas históricas empezaron a tomar forma durante el Romanticismo.

Entre los autores de ese siglo cabe destacar:

El escocés Sir Walter Scott con Ivanhoe, ya que se trata de uno de los libros que ha hecho apasionar a este género a muchos escritores contemporáneos incluyéndome a mí mismo.

El ruso Leo Tolstoy con su renombrado Guerra y Paz. Así como las 137 novelas que componen el proyecto La comedia humana, una colección inolvidable en la que Honoré de Balzac relata la vida en Francia tras la influencia de Napoleón.

Y el escritor James Fenimore Cooper. Si no habéis leído ninguna novela de este último autor es casi imposible que no conozcáis la famosa adaptación cinematográfica de su libro El último de los mohicanos.

No obstante, los verdaderos orígenes de la novela histórica tienen un comienzo mucho más antiguo y cosmopolita.

En todas las culturas se ha dado a mezcla del elemento histórico y del ficticio en la escritura, incluso antes del Imperio Romano. Tenemos prueba de ello en el folclore literario, en la antigua literatura Griega y Romana, así como en los relatos de la mitología que han llegado hasta nosotros.

Contar historias siempre ha sido parte de nuestro ser sociales, primero oralmente y sucesivamente por escrito. Las historias están ligadas a nuestra supervivencia como especie y la causa precursora de la novela histórica radica en nuestra estructura social y en ese placer que fue y sigue siendo trasmitir los eventos generación tras generación.

Empezar a escribir novelas históricas

Casi nadie recuerda el momento exacto en el que empezó a escribir, pero muchos tenemos la sensación de que «escribimos desde siempre», y probablemente sea cierto.

Para todos los amantes de la escritura escribir fue como un amor a primera vista, y aunque no recordemos el momento exacto, tenemos constancia en el presente de que no podemos prescindir de la escritura.

Cuando escribimos es casi como si reconectáramos con ese yo que hace tanto tiempo dibujó sus letras por primera vez.

Y lo mismo nos pasa con la lectura, pero en este proceso pasa algo más. Cuando leemos empezamos a apasionarnos por un cierto tipo de escritores y quizás por un cierto género ya desde muy pequeños. A veces esa elección nos acompaña por toda la vida.

Yo he sido un lector precoz y mi inclinación hacia este género empezó desde muy pronto acompañándome a lo largo de toda mi existencia.

Comencé con historias fantásticas: leí Momo y La historia interminable, que por cierto fue el primer libro que recuerdo que me hiciera llorar. Pero muy pronto, hacia los 10 años empecé a leer historias como El corsario negro, Ivanhoe, La flecha negra, Quintin Durward… todos libros que dejaron una profunda huella en mí como lector y sucesivamente como escritor. Luego, en el género de la novela histórica, hay varias obras, más que autores, que me marcaron entre ellas Shogun, El Médico y Los pilares de la Tierra.

He de decir que el autor que realmente me hizo dar el paso fue Tolkien, creo que es uno de los autores que más escritores ha formado en la Historia y también es mi caso. Cuando leí El señor de los anillos pensé: “Yo quiero hacer cosas como esta”. Y a ello me puse.

¿Cómo me convertí en autor de novelas históricas?

Empecé a escribir novela histórica casi de casualidad. Hijos de Heracles nació como una novela de fantasía. Quería colocar a los personajes en una ambientación muy brutal, muy severa. Me acordé de Esparta y empecé a documentarme sobre el modo de vida allí. Cuando trasladé todo eso a la novela, un amigo me comentó que debería tener el valor de dar el paso y escribir la novela histórica que latía en aquellas páginas. Le hice caso, ¡y aquí estoy!

El momento dedicado a la investigación

La novela histórica me encanta porque me enriquece a nivel personal. Soy curioso, y el proceso de documentación sacia mi curiosidad, aprendo muchos aspectos interesantes. Me ayuda además a entender que el ser humano no cambia, siempre comete los mismos errores porque lo mueven las mismas pasiones. Me ayuda también a conocer otras formas de pensar, y a vivir otros tipos de vida.

El proceso de documentación es justamente ese momento en el que se investiga sobre los hechos históricos que acontecen alrededor de lo que uno quiere contar.

Las fuentes de esa búsqueda son interminables, yo leo libros, tesis doctorales, busco artículos en revistas especializadas, miro documentales, películas e incluso recurro a expertos académicos cuando necesito aclarar alguna duda.

Todo es fuente de inspiración y de información y puede llegar a ser valiosa cuando sucesivamente llegue el momento de escribir. Esta es una etapa clave en toda novela, pero especialmente en la novela histórica.

El grueso de la investigación es anterior. No puedes escribir de algo que desconoces, menos aún en la novela histórica. Así que antes de empezar siquiera a planificar lo que será la novela vienen varios meses de documentación. Luego, a medida que avanzas en la escritura, tienes que ir parando aquí y allá para buscar algún detalle o aspecto concreto que no habías tenido en cuenta previamente.

El equilibrio entre verdad y ficción 

Todas las novelas históricas tienen un elemento de verdad basado en la historia real y uno creativo basado en la imaginación y en como se quieren describir los elementos de esa historia.

En las novelas históricas debemos generar un equilibrio entre estos dos elementos.

La Historia, por sí misma, es muy interesante, pero lo que ocurre es que una historia no forma una novela. La novela necesita una serie de elementos para que interesen al lector: conflictos, obstáculos, etc. La labor del novelista histórico consiste en analizar la parte de la Historia que desea contar y elaborar los elementos novelísticos que faltan. Cuando se hace bien, es imposible diferenciar qué es real y qué no. Es una de las magias de esta profesión.