Servio Tulio, el rey esclavo de Roma

por | Nov 21, 2022 | Notas autobiográficas, Novela histórica

Cuando pensamos en los protagonistas de Roma siempre nos vienen a la mente sus grandes emperadores. Julio César, Adriano, Tiberio o Marco Aurelio aparecen en infinidad de novelas históricas, de hecho Nerón fue el emperador del Imperio Romano en la época en que se desarrolla mi novela «Muerte y Cenizas». De estos emperadores lo sabemos prácticamente todo, así como de los más importantes cónsules que dieron voz al senado durante la Roma republicana. Pero existe una época mucho menos conocida, anterior al periodo republicano, que rara vez aparece en las novelas históricas: la Monarquía. Y de entre los reyes históricos que existieron ninguno fue más admirado que el Sextus Rex, Servio Tulio, cuya fascinante vida os acerco en este artículo.

Servio Tulio, hijo de esclavos

El relato de cómo Servio Tulio llegó a ser el hombre más poderoso de la todavía incipiente Roma es digna de una novela histórica. Su historia empezó en la ciudad latina de Cornículo (actual Guidonia Montecelio, en la región del Lacio) en torno al 578 antes de Cristo. Esta urbe pertenecía al pueblo de los sabinos y formaba parte de la Liga latina. Una confederación de tribus que se aliaron para defenderse de los etruscos primero y los romanos después. La rebeldía de Cornículo acabó con la paciencia de quinto rey de Roma, Tarquinio Prisco, quien conquistó y destruyó la ciudad, llevándose consigo a los supervivientes como esclavos.

Y entre todos ellos había una mujer, Ocrisia, y su hijo, Servio, que acabaron en el palacio real al servicio del mismísimo Tarquinio. El niño debió caer bien al monarca desde el principio, pues se ganó su favor desde el primer instante que pisó Roma. Quizás fuera porque el pequeño Servio estaba tocado por los dioses, o eso asegura Tito Livio en su crónica histórica: que una noche, en presencia de numerosos testigos, la cabeza empezó a arderle sin que ello le provocara daño alguno. Para Tanaquil, la esposa de Tarquinio Prisco, el prodigio estaba claro: eran las llamas de una corona. Así que de la noche a la mañana el muchacho fue acogido como hijo y se le reservó la mano de la hija del rey, Tarquinia. Y el trono de Roma.

escultura rey de roma

El complicado ascenso al trono

Pero aquello era Roma, donde las cosas nunca fueron sencillas. No a todo el mundo le convencía que Tarquinio hubiese designado ya a su sucesor, y menos aún a un esclavo. Los hijos del anterior rey, Anco Marcio, y a los que Tarquinio había arrebatado la sucesión mediante artimañas, se convirtieron en los mayores oponentes de Servio. Una vez más, hizo falta una estratagema para evitar que aquellos se postularan como sucesores legítimos de Tarquinio cuando este fue asesinado (probablemente por los mismos hijos de Anco Marcio). La viuda Tanaquil fingió que su esposo, ya muerto, se estaba recuperando de la enfermedad y que mientras tanto Servio gobernaría en su nombre. Una vez con la corona sobre su cabeza, se convirtió en el primer rey que no se sometía al voto del pueblo ni tuvo en cuenta la opinión del senado.

Servio Tulio, el amado rey

Y aun así, Servio Tulio fue el rey de Roma más admirado de todos. Su reinado se prolongó durante 44 años, e hizo tantas reformas que se le consideró de algún modo como un segundo fundador de Roma. Entre sus políticas, que marcarían el futuro de la civilización romana más allá de la monarquía, cabe destacar un nuevo ordenamiento social basado en la riqueza, los Comicios Centuriados, que se convertiría en el germen del censo y daría lugar al concepto de la ciudadanía romana. Esto obligó también a la creación de un sistema monetario basado en una rudimentaria moneda, el aes rude (que en realidad sólo era un poco de bronce fundido en un molde rectangular). También reformó el ejército y amplió los límites de la ciudad como nunca antes.

Pero aquello por lo que pasaría a la posteridad fueron las grandes murallas de Roma, los muros servianos. Fue Servio quien ordenó levantarlas. Y ahí siguen algunas partes, incluso tras la construcción de un nuevo perímetro amurallado por parte del emperador Aureliano ya en el siglo III. Estas murallas, que disponían también de fosos y rampas defensivas en algunos tramos, alojaron incluso de catapultas. Su utilidad durante los novecientos años en que se mantuvieron como el principal parapeto defensivo de Roma es innegable y vital. Fueron estas murallas las que disuadieron a Aníbal Barca de lanzar un ataque fatal sobre la ciudad, tras su victoria aplastante en Cannas. ¿Os imagináis cómo habría cambiado todo si Servio Tulio jamás hubiese existido?

Porta Esquilina Murallas Servianas

Porta Esquilina, una de las puertas de las Murallas Servianas

Servio Tulio, el Caído

Lo repetiré de nuevo: en Roma las cosas nunca fueron sencillas. Da igual si eres el rey más amado, tu destino probablemente sea funesto. El final de Servio Tulio llegó de su propia sangre y de aquella que lo había adoptado. Después de cuatro décadas gobernando, un día se presentó en el senado nada más y nada menos que Lucio Tarquinio. Era el hijo biológico y olvidado de Tarquinio Prisco, al que la historia apodaría «El Soberbio». Y allí denunció como rey ilegítimo a su yerno y cuñado. Recordemos que se había casado con Tarquinia, la hermana de Lucio, y que este a su vez lo hizo con la hija de Servio; menudo jaleo. Desde luego se lo tomó con calma.

Muerte de Servio Tulio

Pero Servio, lejos de amilanarse, acudió a la asamblea para luchar por su honor. Durante la caótica discusión, por lo visto Lucio perdió los papeles y arrojó al rey por las escaleras que daban acceso al foro. Un poco expeditivo, desde luego. Servio Tulio quedó hecho unos zorros, tirado en la calle, pero quizás se habría salvado de no ser porque su propia hija, Tulia, lo arrolló con el carro que conducía. Con hijos así, quien necesita enemigos.

Como veis no os engañaba: la vida de Servio Tulio fue apasionante, ¿verdad? Una historia más que digna de una buena novela histórica que quizás alguien se anime a escribir algún día. Y quizás puedas ser tú.

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