[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] Qué debo estudiar para ser escritor. Esta pregunta es recurrente; la he escuchado infinidad de ocasiones a lo largo de muchos años dedicado a la escritura y la impartición de cursos de narrativa. Es de esas cosas de las que uno se termina cansando. La he contestado en infinidad de ocasiones, en decenas de lugares distintos, en persona, online, en redes sociales, en entrevistas, en foros… Da igual, la gente sigue preguntando qué debe estudiar para ser escritor. Antes de seguir, voy a dar por sentado que cuando uno dice que quiere ser escritor lo que está diciendo implícitamente es que quiere escribir novelas y tener una carrera como autor de novela, que es lo más habitual. Aclarado esto, pero antes de contestar a la pregunta de qué debo estudiar para ser escritor, hay otra cuestión, más importante aún, que debe ser respondida: ¿un escritor debe estudiar su oficio? Intuición y talento Vs disciplina y técnica A esto podrían reducirse las dos posturas, completamente antagónicas, que se pueden dar para responder a esa pregunta. No deja de sorprenderme que haya muchas personas, muchas de ellas autores noveles, que dicen que no es necesario estudiar nada para ser escritor. Suelen decir que Cervantes nunca estudió nada —y como él muchos otros— y, sin embargo, son los más grandes escritores de todos los tiempos. Por lo tanto, el que quiera escribir no tiene por qué estudiar nada; simplemente ha de hacer lo que ellos hicieron: escribir. Desde mi punto de vista, los que defienden esta postura cometen un error imperdonable: comparar su talento con el de Cervantes. Sobre tu propio talento Es evidente que estos Grandes Maestros no “estudiaron” nada. Entre otras cosas porque no había nada que estudiar. La novela, tal como la conocemos hoy en día, dio comienzo precisamente en la época de Cervantes. No había técnicas narrativas para lo que él hacía. Fue su talento, el de todos ellos, el que moldeó, poco a poco y a lo largo de los siglos, las diferentes técnicas que a día de hoy se pueden usar en una novela. Por ejemplo: Cervantes ya usó un cliffhanger en el Quijote. ¡Quién lo iba a decir! De modo que, si tú crees que tienes el mismo talento que Cervantes o cualquier otro de los grandes genios de las letras, pues muy bien; no estudies nada y que Dios te pille confesado. Puedes dejar de leer este artículo en este punto. Sin embargo, si eres lo suficientemente humilde como para entender que no estás a la altura de estos grandes genios, tal vez te interese saber que sí puedes aprender de ellos. Y aquí es donde entroncamos con nuestra pregunta inicial: qué debo estudiar para ser escritor. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ global_colors_info=”{}”] Qué debo estudiar para ser escritor: la carrera universitaria Vivimos en una sociedad que, por sistema, cree que todo arte o disciplina artística, y de hecho todo tipo de conocimiento especializado, ha de tener su propia carrera universitaria. Así ocurre con Bellas Artes, ¿no? Uno puede ir a la Universidad a estudiar pintura, o escultura. O música. ¿Por qué iba a ser distinto con la escritura? Pues lo es. No hay una carrera universitaria en la que obtengas la licenciatura de “Escritor”. Puedes hacer Letras, Periodismo, Ciencias de la comunicación o Literatura. Pero ninguna de ellas está pensada para formar escritores. “¡Para, para! ¿Cómo que Literatura no te forma para ser escritor?”, me vas a decir. Pues no, no lo hace. La carrera de literatura orienta hacia un perfil laboral distinto. Te dejo aquí el enlace a una página de orientación sobre carreras universitarias en el que se especifica lo siguiente: (Las personas que cursan la carrera de literatura) “están capacitados para desempeñarse en docencia e investigación, trabajan como docentes en instituciones de educación básica, media y superior, en entidades oficiales o privadas como investigadores en los campos de la lingüística y la literatura; como correctores de estilo, críticos literarios y editores y en la realización de proyectos literarios y culturales en medios de comunicación”. Ni se menciona a los escritores… No, la carrera de literatura no te sirve para ser escritor. Por lo que seguimos sin dar respuesta a la pregunta de qué debo estudiar para ser escritor. ¿Por qué no hay una carrera para ser escritor? Aquí voy a dar una opinión directamente personal. Evidentemente, no tengo ni idea de por qué las universidades no incluyen una licenciatura en narrativa, pero tengo mi opinión al respecto: No la incluyen porque ya nos enseñaron a escribir. La M con la A, MA. La M con la E, ME. Y así… Así aprendimos a leer y a escribir. Y además, durante los años de colegio y de instituto, nos enseñaron a analizar las frases: aquello de núcleo del sujeto, núcleo del predicado, oraciones subjuntivas, adversativas… Nos enseñaron los diferentes tiempos verbales, a poner tildes, comas, puntos… ¡Si ya nos enseñaron a escribir como nos van a enseñar a escribir! Diferente es con la pintura. Nos enseñaron a hacer cuatro trazos, pero joder, que si el volumen, la teoría del color, las diferentes tendencias artísticas, los trazos, los pinceles, las técnicas… Y ni hablemos de la escultura, que el que más y el que menos hacía una jarra con barro que apenas se tenía en pie. ¡A estas cosas hay que prestarles más atención! Pero si quieres escribir una novela, no hace falta que estudies nada más: ya te enseñaron a escribir. Sobre esto volveremos dentro de un momento. Pero ¿de verdad las universidades no tienen planes para formar escritores? Sí, sí que tienen planes para formar escritores. Lo que no tienen son carreras universitarias. Hay diferentes Masters en escritura creativa. La Universidad de Sevilla o la Complutense disponen de ellos. Por supuesto, no son de
Cómo empezar bien una novela. Los 3 aspectos a tener en cuenta
Cómo empezar bien una novela. Esta es una de las preguntas más recurrentes que me encuentro, ya sea en el programa del Método PEN, en charlas, en cursos gratuitos… Y no es ninguna pregunta absurda, todo lo contrario. Del modo como empieces tu novela va a depender, directamente, que enganches a tu lector o que se te escurra entre los dedos. Es un tema al que ya le dediqué un vídeo hace tiempo, pero que ahora he querido volver a tratar para dar algunos consejos más concretos sobre tres aspectos que debes tener en cuenta a la hora de empezar bien tu novela, a saber: marco de circunstancias, conflicto y personajes. Cómo empezar bien una novela: El marco de circunstancias Esto vendría a ser algo así como las coordenadas GPS de tu novela. Deja que me explique. Tu lector no puede estar perdido en cuanto a dónde y cuándo se desarrollan los acontecimientos que le vas a estar contando. Es importante que se ubique, que tenga una noción clara de dónde acaba de aterrizar. Es lo que también se llama contexto. Imagina que de repente desapareces del lugar en el que estás y te materializas en otro diferente. ¿Te sentirías cómodo? Seguramente me vas a decir que estarás más preocupado por saber cómo has llegado hasta ahí, y estoy de acuerdo. Pero para encontrar la respuesta a ese cómo antes has de saber dónde y cuándo estás. El lector tampoco está cómodo sin saber dónde se mete en un libro. Para evitar este problema tienes dos recursos que has de utilizar. Espacio narrativo El espacio narrativo puede hacer referencia a varios aspectos, todos ellos relativos a los lugares en los que se desarrolla tu historia. En este caso, necesitas explicarle al lector dónde se encuentra, en qué lugar. Imagina que escribes una novela histórica. ¿Dónde se desarrolla? ¿En Roma? ¿En Grecia? ¿En el Reino de Aragón? El lector necesita conocer dónde se va a desarrollar la historia para comprender los acontecimientos que se le van a contar y poder ponerlos en contexto. Tiempo De nuevo, el tiempo narrativo puede hacer referencia a varios aspectos. Existe un tiempo interno y también un tiempo externo en tu novela, por citar solo dos casos. Para lo que nos ocupa en este artículo, que es ver cómo empezar bien una novela, con el término “tiempo” me refiero al momento histórico en el que tu historia tiene lugar. No te equivoques, no vayas a pensar que como hablo de “momento histórico” esto vale solamente para la novela histórica. Para nada… Tu lector necesita saber si la historia que va a leer transcurre durante los años de la transición de la dictadura de Franco a la democracia. O si se encuadra durante los años de la Guerra Fría. Por que no basta con saber “dónde”. No es lo mismo el León del s. XI, bandera de los reyes cristianos en la Península Ibérica que el León de finales del s. XX. Vamos, es que no tiene nada que ver una ciudad con la otra. De modo que ten esto claro si quieres saber cómo empezar bien una novela: tu lector necesita que le des unas coordenadas de lugar y tiempo. Sobre este tema del marco de circunstancias, te invito a que veas este vídeo de mi canal de youtube. Cómo empezar bien una novela: el personaje es clave Quiero que pienses por un momento. Cuando escribes una novela, ¿qué es lo que quieres llevarle al lector? Seguramente me digas que lo que quieres es contarle una historia. Correcto. Pero la historia no funciona por sí sola en una novela. Te aconsejo que leas este artículo sobre cómo escribir una novela en el que explico muy brevemente los aspectos más básicos de la escritura de una novela. Lo que quiero decirte es que la historia es relativa a uno, o varios, personajes. Lo que tú quieres contar no es una historia. Es una historia sobre un personaje. Algo que vive un personaje. O mejor dicho, algo que viven varios personajes, porque difícilmente tendrás una novela en la que haya un solo personaje. Asegúrate de que el lector empatiza con el personaje De esto se deduce que tienes que presentar a tu personaje al lector: “Lector, este es mi personaje”. Dicho así igual te parece medio absurdo, pero es fundamental que el lector conozca a tus personajes principales lo antes posible. En realidad, leemos porque somos voyeristas. Ya sabes, nos gusta contemplar la vida de los demás (que se lo digan a Tele5…). Por tanto, asegúrate de que el lector conozca a tu personaje y, si es posible, que empatice con él cuanto antes. Sí, en el principio de tu novela. Si no sabes cómo hacerlo, estás tardando en leer este estupendo artículo de la doctora en psicología María Beltrán sobre la relación entre los personajes y el lector. El conflicto, o cómo empezar bien una novela y enganchar al lector Esto es la madre del cordero. Porque estamos hablando de cómo empezar bien una novela, pero no hemos explicado qué significa empezar bien una novela. ¿Cuándo consideramos que una novela empieza bien? Cuando nos ponemos a leer esa novela y ocurren cosas que nos crean interés por seguir leyendo. De modo que tu principal objetivo al inicio de tu novela debe ser crear en el lector interés para que siga la lectura. Necesitas, sí, colocarlo en unas coordenadas de espacio y tiempo. Y necesitas también presentarle, al menos, a alguno de los personajes sobre los que les vas a estar hablando durante las muchas páginas de tu libro. Pero si solo le das eso, y no le das un motivo por el cual quiera leer la historia de ese personaje, siento decirte que tu novela empezará mal. Y para conseguir ese efecto, el conflicto narrativo es la mejor fórmula. Cómo trabajar bien el conflicto narrativo He hablado ya muchísimo en este blog sobre el conflicto narrativo, así que voy a darte un listado con los enlaces
El rechazo de las editoriales a los autores noveles, ¿realidad o bulo?
La semana pasada propuse un par de encuestas en mi grupo de Facebook, cómo escribir una novela. Me interesa conocer las preocupaciones de los autores noveles y ver qué corrientes de pensamiento hay entre ellos. No me sorprendió nada que entre los temas que enfadan más a los autores se encuentre el rechazo de las editoriales a los autores noveles. Y tampoco que entre sus mayores temores estuviera que las editoriales rechacen sus obras. Pero ¿será verdad el rechazo de las editoriales a los autores noveles, o es una idea que ha germinado y tras la que hay determinados intereses? ¿Es real el rechazo de las editoriales a los autores noveles? Usa la cabeza Entiendo que, si eres escritor, también eres un lector asiduo, así que permite que te haga una pregunta: ¿quién es tu escritor favorito? Estoy haciendo una pausa para que te contestes. Yo te propongo algunos nombres. Si te gusta el terror, seguramente disfrutes con Stephen King. O con Manel Loureiro. O con Paul Pen. Si te gusta la novela fantástica, tal vez seas seguidor de Martin. O de Sanderson. O de Abercrombie. O de Rowling. O de Laura Gallego. Si lo tuyo es la novela histórica, probablemente leas a Follet. O a Posteguillo. O a Pérez-Reverte. O a Matilde Asensi. O a Almudena de Arteaga. Por no hablar de mis amigos: Narla, Blas Malo, Pellicer, Roa, Olalla, Carolina… ¿Sabes qué tienen en común todos ellos? ¿Qué tenemos en común, en realidad, todos y cada uno de los escritores que puedes encontrar en una librería? Exacto. Todos, en algún momento, hemos sido autores noveles. Las editoriales, en algún momento, nos han dado la oportunidad de publicar nuestra primera novela. Usa la cabeza… No la tienes solo para leer y escribir. Si todos estos autores, todos los miles de autores que te encuentras en una librería, fueron autores noveles en algún momento, ¿cómo puedes decir que el rechazo de las editoriales a los autores noveles es algo que se da por sistema? Edhasa. Un simple caso de que las editoriales publican a autores noveles Para escribir este artículo me he puesto en contacto con, Penélope Acero, mi propia editora en Edhasa. Y le he hecho una pregunta: ¿cuántos autores noveles has publicado en los últimos dos años? Edhasa es una editorial de reconocidísimo prestigio en la novela histórica. Podría decirse, de hecho, que es la editorial de novela histórica por excelencia en España. Su calidad está fuera de toda duda, no en vano publica la obra de nada menos que quince autores ganadores del Premio Nobel. Los autores noveles de Edhasa En el caso de Edhasa, en los últimos años ha publicado al menos a cinco autores noveles. Ahí está el caso, por ejemplo, de Emilio Lara, que en apenas tres años ha pasado de publicar su primera novela a convertirse en un autor de referencia, ganador del II Premio Edhasa y del Premio Andalucía de la Crítica. Nieves Muñoz, alumna mía, acaba de publicar su primera novela, que está siendo todo un éxito de ventas y crítica. Hugo Egido ha publicado su primera obra, ambientada en la Alemania Nazi. Jordi Nogués se adentra en la Roma más sangrienta y espectacular con Colisseum. Isabel García Trócoli se presentó en sociedad con una estupenda novela sobre los orígenes de Barcino. Y esto solo en el caso de una editorial. El resto de editoriales sigue el mismo patrón, te lo puedo asegurar. Pàmies, por ejemplo, suele apostar mucho por autores noveles, y una parte importante de su catálogo está basado en darle oportunidad a estas nuevas voces. Autores como Agustín Tejadas, Elena Garquin o Pedro Santamaría tuvieron su primera oportunidad en esta editorial. Pero el rechazo de las editoriales a los autores noveles existe… Esto es innegable: la mayoría de los autores noveles son rechazados por las editoriales. Pero no es por sistema, sino que se debe a que, en general, las obras que presentan estos autores dejan mucho que desear. Ya hablé de este tema largo y tendido en este artículo de hace seis años, que por cierto es de los más visitados de esta página y que creó un larguísimo intercambio de opiniones, con más de 100 comentarios. Ahora bien, una cosa es que las editoriales rechacen gran parte, la mayor parte si quieres, de las obras enviadas por los autores noveles por los motivos que explico en ese artículo, y otra muy distinta que el rechazo de las editoriales a los autores noveles sea por sistema; que toda obra de un autor novel que llega a una editorial sea rechazada, tal como he demostrado en los párrafos anteriores. Entonces ¿por qué se piensa que las editoriales rechazan a los autores noveles? Así que, si no es cierto que las editoriales rechazan a los autores noveles, ¿por qué este pensamiento está tan extendido? Para empezar, porque hay, claro, miles de autores noveles que han sido rechazados por las editoriales. En lugar de pensar por qué son rechazados y ponerse a trabajar para mejorar como autores, es mucho más fácil culpar a los demás que aceptar las responsabilidades propias. Pero más allá de eso, hay toda una industria interesada en que tú, autor novel, creas que las editoriales tradicionales no te van a dar el más mínimo apoyo, ninguna oportunidad, para construir tu carrera como escritor. Todo un sector, una industria enorme, que promueve ese pensamiento con un único fin: ganar dinero a costa de los que compran esa idea. ¿Quién se beneficia de tus sueños como escritor? Hay una multitud enorme de empresas que sacan beneficios de los miles de autores noveles que creen, que están convencidos, que se han dejado engañar y han comprado la idea, que las editoriales tradicionales no dan oportunidades a los autores noveles. Empresas como Amazon, para empezar. El gigante de las ventas a nivel mundial saca una tajada tremebunda de la venta de libros de esos autores que, en lugar de esforzarse por mejorar como autor y crear una carrera sólida
La brujería en la Biblia. El caso de la bruja de Endor
Todos sabemos de la importancia de la Biblia para miles de millones de personas en todo el mundo. No obstante, se habla muy poco de las prácticas de brujería en la Biblia, que las hubo. A pesar de que ya hemos hablado de brujería en alguna otra ocasión, en este artículo, que preparé para una edición de la revista Más Allá hace ya unos meses, quiero hablarte de este asunto. La brujería, el Antiguo Egipto e Israel En el Antiguo Egipto, la magia formaba parte de los asuntos más cotidianos de sus habitantes. No se trataba solo de la magia negra que tanto ha explotado Hollywood; se utilizaba para la sanación, la protección de personas y viviendas y, por supuesto, para la adivinación. Los sacerdotes realizaban conjuros y rituales de todo tipo. La magia estaba en todos y cada uno de los aspectos del día a día del pueblo. No es de extrañar que el pueblo de Israel, que sirvió como esclavo durante siglos para los egipcios, se hubiera impregnado de esas costumbres. De hecho, debía ser algo bastante arraigado, porque ya entre las primeras leyes que recibió el pueblo israelita durante su éxodo se le advirtió que al entrar en la Tierra Prometida no debía encontrarse entre ellos a nadie que practicara “adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.” (Deu. 18:9-13) Las advertencias contra la brujería en la Biblia Esto significa, por tanto, que entre los israelitas habría costumbres de este tipo, y es muy curioso que la magia la brujería prácticamente no se mencionen en la Biblia más que como advertencia. Porque esa de Deuteronomio no es la única ocasión. Amonestaciones similares se repiten en multitud de ocasiones a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Se advierte contra la bujería en la Biblia. Sin embargo, no parece que sirviera de mucho. Vez tras vez, por todo el texto bíblico se hace referencia a la consulta de adivinadores, como cuando el profeta Oseas, que vivió alrededor del siglo VIII a.C., menciona que en la región de Betel, a la que llama “Bet-aven” (cuyo significado viene a ser algo parecido a “casa perjudicial”) por la cantidad de actividades nocivas de acuerdo a la ley mosaica, los habitantes incluso consultaban las indicaciones de algún tipo de ídolo de madera. No obstante, el caso más famoso de todos esos episodios de adivinación y hechicería es, sin duda, el de una mujer, y está directamente relacionado con el primer rey de Israel. Pero antes de explicarte el caso, deja que te ponga en antecedentes Los antecedentes del rey Saúl El pueblo, que hasta entonces había estado gobernado durante muchos años por los llamados “jueces”, deseaba un rey y el elegido fue Saúl. Se trataba del hijo de una familia de cierta importancia de la tribu de Benjamín. Era un joven atractivo, alto, fuerte… Sobresalía, según las Escrituras, una cabeza por encima del resto de sus vecinos. A este joven fue a quien Jehová eligió en su momento para convertirlo en el primer rey israelita. Durante mucho tiempo, Saúl se mantuvo fiel a las órdenes y los mandatos divinos, que le eran dados, en gran medida, por Samuel, uno de los mayores profetas bíblicos y el último de los jueces. No obstante, a medida que su reinado se alargaba, Saúl comenzó a actuar de forma cada vez más independiente y a no cumplir escrupulosamente las indicaciones que recibía. Las primeras desobediencias de Saúl Todos sus años como rey estuvieron marcados por un enemigo principal: los filisteos. Se enzarzaron en varias batallas en la que Israel obtuvo victorias importantes. En cierto momento, Jehová le ordenó que atacara a los amalecitas, otro de sus enemigos habituales, y que destruyera toda vida. No debía respetar hombre, mujer, niño ni animal alguno. Todos debían morir. Saúl reunió su ejército y marchó contra su enemigo. Pero no cumplió por completo el mandato que había recibido: El rey de Israel perdonó la vida de Agag, el rey amalecita. Y tampoco dio muerte a todos los animales. Solo se dio muerte a los más enfermos y a los débiles, mientras que se respetó a los sanos y de buen aspecto. Fue la primera desobediencia seria de Saúl. Cuando Samuel se enteró estuvo rogando por el perdón del rey toda la noche, pero de poco sirvió, puesto que cuando se encontró con Saúl ya le indicó que el reino le sería quitado, a pesar de las razones que esgrimía el rey para la desobediencia, que no eran otras que evitar ponerse en contra a todo el ejército, que no deseaba dar muerte a todos aquellos animales por las buenas y que en cambio iban a ser sacrificados a su dios. Esa fue la última ocasión en la que el profeta y el rey se encontraron en vida. A efectos prácticos significaba que Saúl había perdido la aprobación y, peor aún, la guía divina. Y el resultado de eso no tardó en llegar. Saúl y David A pesar de que seguía siendo rey, Dios ya había designado a quien debía suceder a Saúl: el joven David. Fue ungido para tal efecto y comenzó a servir en palacio como arpista. Desarrolló una fuerte amistad con Jonatán, el príncipe, y llegó incluso a casarse con una hija del rey, Mical. Pero los celos pudieron con el monarca, que intentó dar muerte a su sucesor; primero ordenó a su hijo que lo matara, pero debido a la amistad que los unía, en lugar de eso Jonatán le advirtió del peligro que corría, con lo que pudo salvar la vida. Sin embargo, y a pesar de que Saúl le había jurado a su hijo que no le causaría daño alguno a David, intentó darle muerte mientras tocaba el arpa arrojándole una lanza. Y aún trató de matarlo en varias ocasiones más, en las que David logró escapar a pesar de que los hombres del rey lo siguieran. Todo esto eran, desde luego, rebeliones
Publicar la primera novela que escribes. ¿Una buena idea?
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] Desde hace mucho tiempo suelo dividir a la gente que quiere escribir en dos grupos: los que quieren ser escritores y los que quieren escribir bien. Normalmente, los que quieren ser escritores se diferencian en seguida de los otros, porque quieren publicar la primera novela que escriben mientras que los segundos son conscientes de que para lograr objetivos antes han de aprender a escribir una novela con garantías. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué hay gente que cree que puede publicar la primera novela y tener éxito; ya; inmediato? Bueno, antes de contestar eso, permite que explique otra cosa: ¿A qué me refiero con lo de tener éxito con la primera novela? Todos queremos tener éxito con lo que hacemos, faltaría más. Eso no es malo. Es más, creo que es necesario ser ambicioso para cumplir metas. Si te quedas pensando que con lo que tienes ya estás bien, nunca mejorarás en la vida. Tal vez tu no pienses en vender decenas de miles de libros con tu primera novela. Quizá hayas leído que es necesario hacerse un nombre, que esto es un camino difícil, y demás cuestiones en las que no vamos a meternos ahora. A lo que me refiero con lo de “tener éxito con la primera novela” es a escribir una primera novela que tenga la calidad suficiente como para ser publicada. O si has decidido autopublicarte, que pienses que tu primera novela tiene la calidad suficiente como para que guste a los lectores y se posicione en los primeros puestos de venta en Amazon. La creencia de que has escrito algo de calidad Escribir 300 páginas, o 500, o las que sean; ver que comienzas un proyecto tan intenso como una novela y que lo llevas hasta el final, tiene algo de mágico. Para empezar, porque para lograrlo se necesita ser constante. No voy a meterme en ello porque no es el propósito de este artículo, pero si quieres ver cómo la constancia, mejor dicho la falta de constancia, nos afecta, este artículo te resultará de lo más interesante. De modo que has tenido un gran logro: conseguir la constancia suficiente como para terminar un proyecto. Y eso te hace sentir bien. Otro motivo por el que piensas que la primera novela que escribes es de calidad es el hecho de que muy probablemente a tu alrededor nadie escribe. No tienes amigos (de los de irte a tomar una cerveza cada fin de semana, no de los que ves en Facebook cada día) que escriban, y de hecho, cuando se enteraron de que estabas escribiendo se asombraron y te dijeron que era muy difícil hacer algo así. Y llevaban razón, claro. Pero como lo acabaste, más aún, como alguno de esos amigos, o algún familiar, leyó el libro terminado y te dijo que estaba muy bien… se reforzó tu idea de que habías escrito un buen libro. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ global_colors_info=”{}”] Por qué no debes fiarte de las opiniones de tu círculo sobre tu novela Seguro que al ver este subtítulo has pensado aquello de “ya me va a decir que no me puedo fiar de lo que diga mi madre porque como me quiere no puede ser objetiva”. Bueno, te sorprenderías de lo objetivas que pueden ser algunas madres… Pero como es algo que tú ya tienes en mente, no voy a ir por ahí, sino que te voy a dar un motivo de un peso aplastante para que no te fíes de lo que piensen en tu círculo cercano sobre la posibilidad de publicar tu primera novela. En España, casi la mitad de la población no lee nunca. Sé sincero: ¿cuántas veces hablas con tus amigos de los libros que estáis leyendo? A lo mejor tratáis el tema de un libro que se pone de moda, no sé… 50 sombras de Grey. Pero, más allá de eso, ¿cuántas veces hablas con tus amigos de los libros que leéis? Apuesto a que muy pocas. Esto ocurre por algo muy simple: como mínimo, la mitad de tus amigos no lee nunca. Por tanto, es un tema que no sale a colación. Y si tus amigos, tu círculo cercano, no lee. ¿Cómo te vas a fiar de su opinión con respecto a si deberías publicar la primera novela que has escrito? Pero yo tengo un amigo que sí lee mucho Me vas a decir, porque te conozco, que tienes un amigo que sí lee mucho. Y que de él puedes fiarte porque es un gran lector. Pues no, tampoco puedes fiarte de él. Y no puedes porque puede leer muchos libros, pero probablemente no sean del género en el que tú has escrito el tuyo, y por tanto no sabe si estás copiando o cayendo en clichés. Ten en cuenta, además, que tu amigo es lector, pero no es analizador de libros. Puede decirte si el libro le ha gustado o no, pero no es capaz de hacer un análisis de qué cosas funcionan y qué cosas no, qué cosas deberías cambiar en tu novela para que funcionara mejor. Y por último, no puedes fiarte de tu amigo que lee mucho porque, ¡joder, es tu amigo! Y seguramente querrá seguir siéndolo. No te va a hundir en la miseria diciéndote que tu libro no está a la altura. Por qué la no es valida para publicar la primera novela que escribes En la vida no se puede ser absolutista. Siempre hay excepciones a la regla. Ahora bien, pensar que uno es la excepción a la regla normalmente conduce al desastre más absoluto… Deja que te cuente algo. No te voy a poner enlaces sobre esos autores que han sido rechazados una y otra vez, seguro que ya has leído más de uno y más de dos artículos de ese tipo. A
Las novelas históricas de Arthur Conan Doyle
Arthur Conan Doyle está irremediablemente unido al personaje de Sherlock Holmes. Es innecesario decir que, de hecho, el personaje le comió la tostada al autor, que es mucho más famoso Sherlock que su creador. Porque, de hecho, hay un pequeño secretillo: el creador del detective más famoso de la historia quería que se le recordara por otro asunto. Y por eso hoy quiero hablaros de las novelas históricas de Arthur Conan Doyle, como género cultivado por el autor y no como obra única. Un apunte sobre la juventud de Arthur Conan Doyle Lo cierto es que Arthur Conan Doyle comenzó a escribir, o mejor dicho, a publicar, relativamente joven. Y, como siempre sucede, las personas que lo rodeaban terminaron marcando su obra. Deja que me explique: Arthur comenzó a estudiar con la ayuda de sus tíos. Su padre, de hecho, era un borrachín que poco aportaba a su casa (si bien ilustró Estudio en escarlata, la primera novela en la que aparece Sherlock) y su madre tuvo que ganarse la vida alquilando las habitaciones de la casa. En sus estudios de medicina, Arthur conoció a Joseph Bell. Este no era solo profesor de medicina en la universidad. Fue uno de los precursores de lo que hoy conocemos como medicina forense. Precisamente su carácter analítico sirvió de apoyo para la creación de Sherlock. Esto es lo que se llama “Autor implícito”: los escritores siempre tratamos en nuestras historias cosas que nos atañen muy de cerca. Los primeros escritos de Arthur Conan Doyle El joven Arthur continuó con sus estudios de medicina. Se embarcó como cirujano en un ballenero y cruzó el Ártico. Concluyó sus estudios de medicina con veintidós años. Pero mientras estudiaba comenzó a escribir historias, y dos años antes de que se graduara como doctor ya había publicado su primer relato, El misterio del valle Sasassa, en un periódico de Edimburgo. Con veintitrés años, Doyle montó su propia consulta de oftalmología en Londres. No obstante, tal como contó él mismo en su biografía, nadie entraba a la consulta. Según sus propias palabras, esto le vino muy bien, porque así tuvo tiempo para dedicarse a escribir. Retomando lo del autor implícito, como no podía ser de otra forma, sus primeras historias se basan en su experiencia en las expediciones marítimas en las que participó (volvió a enrolarse tras terminar sus estudios y viajó a África). Se titulaban El capitán del Estrella Polar y Declaración de J. Habakuk Jephson. Y ya mostraban que le atraían las historias de aventuras (muy en boga en la época, y ahí esta si no Julio Verne) Pero no dejaba de lado el misterio, y escribió también en esta época El misterio de Cloomber. La aparición de Sherlock Holmes Así llegó el famoso detective, al que, por cierto, Arthur nunca tuvo en gran estima. Joseph Bell no fue solo su profesor, sino que eligió a Doyle para que lo asistiera mientras atendía pacientes. Esto le dio la oportunidad de ver las extraordinarias capacidades de deducción de su mentor. Por ejemplo, podía fijarse en el modo de caminar de una persona para discernir que era marinero; a continuación, buscar tatuajes que pudieran indicarle por dónde había viajado, fijarse en su acento para saber su procedencia y observar las manos para, en base a los callos que presentara, acertar con su trabajo. Por supuesto, esto convirtió a Doyle en ¡el doctor Watson!, ese médico que ayuda en sus investigaciones a un personaje que está muy por encima de sus capacidades. Quizá fuera precisamente ese sentimiento de inferioridad el que le impedía tener una mejor relación con el personaje de Sherlock; el motivo, al fin y al cabo, de que no le tuviera demasiada estima. Pero si algo le dolía a Arthur era que la gente se fijara más en Sherlock que en él mismo. Se enviaban decenas de cartas a la ficticia dirección del detective para que enviara sus casos, y cuando alguien lo reconocía por la calle, lo llamaba “Mr. Holmes”. Esto le enervaba y lo ofendía, porque lo que Arthur realmente quería era que se le reconociera por su otra obra. Una que consideraba mucho más importante y de calidad. Las novelas históricas de Arthur Conan Doyle en la Edad Media Arthur era un auténtico apasionado de la historia. Dedicaba gran parte de su tiempo a leer y estudiar sobre esta materia. Y cuando uno siente pasión por algo, y además escribe, termina escribiendo de aquellas cosas que le apasionan. De nuevo, el autor implícito. No obstante, le costó un poco dar el paso y la primera de las novelas históricas de Arthur Conan Doyle no vería la luz hasta dos años después de que se publicara Estudio en escarlata, concretamente en 1889. Mica Clarke. La primera de las novelas históricas de Arthur Conan Doyle Mica Clarke fue la primera novela histórica de Arthur Conan Doyle. En ella, Arthur se introduce en la historia de Inglaterra, pero como buen novelista histórico, no trata un tema muy conocido, como la Guerra de los 100 años, o la de las Rosas. No. Arthur se fija en un momento histórico poco conocido para novelarlo: la rebelión de Monmouth, ocurrida en 1685. Este episodio ocurrió cuando James Scott, duque de Monmouth e hijo ilegítimo de Carlos II, muerto en febrero de ese mismo año, intentó derrocar a su “mediotío”, el rey Jacobo II que había heredado el trono a la muerte de su hermano. El trasfondo religioso es importante aquí: Jacobo era católico, y ya sabemos que en Inglaterra el “papismo” no era precisamente bien recibido. No hace mucho que se ha publicado esta novela en español. Es una novela histórica poco conocida. No ocurriría lo mismo con la segunda novela histórica de Arthur Conan Doyle. La compañía blanca. La segunda novela histórica de Arthur Conan Doyle En La compañía blanca, Arthur retrocede un poco más en el tiempo y se marcha hasta el s. XIV. En este caso, Doyle sí enmarca la historia dentro de un conflicto más
Escribir una novela ¿en automático?
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Que Facebook nos bombardea con mil mensajes distintos cada día no es nada nuevo. La publicidad está ahí, y todos hemos aceptado al final que si Zuckerberg está forrado es gracias a esto. Pero sí he notado un cambio en los últimos meses en cuanto a la publicidad de Facebook. Algo que ha llegado a los propios comentarios de los usuarios: ahora resulta que todo puedes hacerlo “en automático”. Eso esconde algo de lo que te voy a hablar en seguida, pero quiero aclararte algo desde el principio: no puedes escribir una novela en automático. Deja que me explique en cuanto a lo de los anuncios de Facebook antes de seguir: seguro que has visto en algún momento un anuncio que habla sobre como puedes vender, o hacer alguna otra cosa, “en automático”. Se te dice que mientras estás de vacaciones, o mientras duermes; en definitiva, sin necesidad de trabajar, tu empresa puede estar vendiendo. Y la tendencia va en aumento. Hace unos días veía ya no un anuncio, sino un mensaje de un usuario que decía, parafraseando un poco, “invierte 3€ y gana 2400€ al mes en automático”. ¿Qué se esconde tras ese mensaje? Lo que se te dice es que eres tonto, básicamente. Que hay gente mucho más lista que tú que sin necesidad de trabajar se está pegando la gran vida. Y que, oye, son tan generosos que quieren enseñarte a ti también a cómo pegártela, previo pago por sus conocimientos, por supuesto, lo que es completamente lícito, dicho sea de paso. Hace ya muchos años que la publicidad se centró en el “yo”, en el “tú”, en realidad. Seguro que te acuerdas del “porque tú lo vales”, ¿no? Bien, pues esto es una evolución de ese mensaje. Oye, tú también te mereces irte de viaje a las Seychelles a disfrutar del sol, las playas y los mojitos, y encontrarte con que cada día, “el automático” te ha dado X dinero. Esto no es más que la ley del mínimo esfuerzo. Nuestra mente y la ley del mínimo esfuerzo Mira, tu cerebro es vago por naturaleza. Tiene tanto trabajo, ha de procesar tantas cosas al mismo tiempo, que pone “en automático” todo lo que puede. Te vistes en automático, desayunas en automático, hablas en automático… Muchas veces incluso conduces en automático, y resulta que llegas al trabajo sin que seas consciente del recorrido. La ley del mínimo esfuerzo se desarrolla en un famoso libro sobre espiritualidad escrito por Deeprak Chopra, y básicamente viene a decir que siempre hay varias formas de hacer algo, y que la más eficiente es aquella que consume la menor energía posible. Obtener más con menos. Como concepto es genial, y yo me apunto. El problema viene cuando eso se lleva al extremo y se nos quiere vender que todo, absolutamente todo, puedes hacerlo con la ley del mínimo esfuerzo y en automático. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Por qué no puedes escribir una novela en automático Franck Scipión es un gurú de los negocios. Tiene decenas de miles de seguidores y se dedica a ayudar a escalar negocios, a hacerlos crecer. Fue uno de los primeros a los que vi hablar de hacer las cosas en automático. Sin embargo, hace unas semanas, le leí un mensaje que me encantó. De nuevo parafraseo, pero las palabras más impactantes son literales. Scipion venía a decir: “Si tienes un producto de mierda y lo pones en automático, tendrás una mierda automática”. Y aquí es donde entra el hecho de que escribir una novela no es algo que puedas hacer en automátic o. Y no puedes hacerlo por un motivo muy simple que a la vez es bastante complejo: las tareas creativas, y la escritura lo es, requieren la atención permanente e intensa del cerebro. Por tanto, no puedes “crear en automático”. Esto no lo digo yo, claro. Hay multitud de especialistas que han estudiado este asunto. Uno de los más importantes es Edward de Bono. Yo tengo un par de libros de él sobre este tema y los recomiendo encarecidamente para que entiendas cómo funciona nuestra mente. En especial, este sobre el pensamiento lateral. Resumiéndolo mucho, viene a explicar que necesitas dirigir tus pensamientos hacia la creatividad si quieres obtener resultados. Por tanto es algo que no puedes hacer de forma automática, sino que debes realizar un esfuerzo consciente por centrar tu mente, vaga por naturaleza, en escribir una novela. ¿Pero de verdad es tan difícil escribir una novela? Seguro que se te ha pasado por la cabeza esta pregunta en algún momento. Y lo cierto es que yo no estoy hablando de dificultad. Siempre he defendido que escribir una novela no es difícil, solo requiere esfuerzo y tiempo. Y eso es justo lo contrario al pensamiento de “hazlo en automático”. En este artículo, que es uno de los más visitados de esta web, te hablo un poco sobre la cantidad de cosas que necesitas crear (fíjate que hablo de crear, de inventar, de hacer aparecer de la nada) para tu novela. En él menciono solo los elementos básicos de la narrativa y ya da para un artículo enorme, el mayor de los que he escrito nunca para esta web, pero que deberías leer de todas todas. Y eso que cada uno de esos elementos está configurado por una pléyade enorme de engranajes, de los que no te hablo en el artículo simplemente porque necesitaría tres libros completos para hacerlo. Todos esos engranajes tampoco existen y por lo tanto también vas a tener que crearlos de la nada para que sostengan el edificio majestuoso que tienes en la cabeza: tu novela. Así que eso requiere trabajo consciente. ¿Es difícil? No. La clave está en conocer qué necesitas crear. Hace mucho tiempo
Ocho consejos para escribir una novela
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Hace un par de años escribí este megaartículo en el que desarrollaba qué cosas deberías tener en cuenta si quieres escribir una novela. Al final, introducía algunos consejos para escribir una novela que deberías tener en cuenta. En estos dos años, muchos me han pedido que hable un poco más sobre esos consejos para escribir una novela, así que hoy vengo a ampliar el tema un poco más. Consejos para escribir una novela Crea hábitos de escritura. Encuentra tu rutina, encuentra tus momentos para escribir y aférrate a ellos. Rodéate de gente que escriba. No tienes por qué enfrentarte a la soledad del escritor. Mantén la ilusión. No te dejes vencer por el desánimo. Ten claro tu objetivo. Prémiate. Cuando consigas tu objetivo (terminar un capítulo, por ejemplo), date un premio (una tarde al cine, o un helado, o lo que sea). Eso te ayudará a seguir trabajando. Comparte tus esfuerzos y tus avances. Verás que recibes estímulo de vuelta. No te obsesiones con que la frase quede perfecta. Avanza. Tienes tiempo para corregir más tarde. Lee. Encuentra tiempo para leer. No hay nada peor que un escritor que no lee. Y aléjate de la escritura. No puedes estar escribiendo todo el día. Asegúrate de que encuentras tiempo para ti y los tuyos. Pues venga, vamos a desarrollar estos consejos para escribir una novela. Crea hábitos de escritura Os decía hace un año que debíais encontrar vuestra rutina, apartar vuestros momentos para escribir y aférrate a ellos. No importa qué días o a qué horas sean. Cada uno tiene una vida que no puede compararse a la de los demás. Conozco autores que se levantan a las seis de la mañana para escribir antes de su jornada laboral, y a otros que prefieren hacerlo cuando esta a terminado. Hay quien escribe los fines de semana y quien prefiere apartar esos días para estar con la familia. Sea como sea, es importante que encuentres tu rutina para escribir. Si esperas a que te llegue la inspiración, si esperas a tener el momento ideal para ponerte a escribir, ese en el que estés solo en casa, despejado, descansado, sin nada que hacer… Entonces no escribirás nunca. El primer consejo para escribir una novela es, precisamente, que te pongas a escribir. Si tienes problemas para crear hábitos de escritura, este artículo puede ayudarte. Rodéate de gente que escriba Siempre se ha dicho que la escritura es un oficio solitario. Es cierto, normalmente no vas a escribir sentado junto a otra persona que a su vez esté trabajando en su propia novela. La escritura consiste en volcar el mundo interior que has creado para llevárselo a los lectores. Pero de ahí a no contar con la compañía, el apoyo y el consuelo de otros hay un abismo. No tienes por qué enfrentarte a la soledad del escritor. Vivimos en un mundo que está hiperconectado. Hay mil y una forma de estar en contacto con otros escritores. Las redes sociales pueden ser una buena forma, siempre y cuando no te metas en grupos en los que lo único que se hace es publicitar el libro propio y no prestar atención a nada más. En este grupo de Facebook, a día de hoy, enero de 2019, hay más de mil personas interesadas en la escritura. Y está pensado para aportar información útil a los nuevos autores, además de atender dudas y ofrecer consejos. Así que el segundo de los consejos para escribir una novela es que mantengas contacto con personas que tienen los mismos intereses, inquietudes y problemas que tú. Serán una fuente constante de apoyo y ánimo. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ hover_enabled=”0″ global_colors_info=”{}” sticky_enabled=”0″] Mantén la ilusión Son muchos los que empiezan, pero pocos terminan una novela. Esto se debe a muchos factores, pero principalmente a que cuando uno empieza a escribir no tiene ni idea de lo mucho que va a tener que trabajar. Escribir una novela no se parece en nada a escribir un relato. Un relato, dependiendo de su extensión, puedes escribirlo en unas pocas horas de trabajo. Una novela no. Escribir una novela te va a exigir dedicación. Vas a necesitar semanas, mejor dicho, meses, en preparar y organizar todos y cada uno de los elementos que necesitas para que esa novela funcione. Si no tienes claro lo que necesitas, te vuelvo a poner el enlace al artículo del que te hablaba antes donde podrás empezar a trabajar en algunos aspectos. Te recomiendo también que te suscribas a mi canal de youtube, donde dejo periódicamente vídeos que seguramente encuentres de utilidad, como este en el que te hablo de cómo enganchar al lector al principio. De manera que, si quieres dedicarte a la escritura, necesitas mantener la ilusión en el proyecto que has empezado. De lo contrario, abandonarás para empezar otro. Que también abandonarás para empezar otro. Y así estarás en un ciclo del que te resultará imposible salir. ¿Cómo puedes mantener la ilusión? Fácil: poniéndote metas. Establece metas que sean realistas y no demasiado complejas de utilizar. De este modo, al ver que avanzas, estarás satisfecho con tu trabajo. Este es el tercero de los consejos para escribir una novela. Prometo que en un próximo artículo hablaré sobre cómo establecer estas metas. No te dejes vencer por el desánimo Como puedes ver, está íntimamente relacionado con el punto anterior. Este va a ser un consejo muy corto: si no eres capaz de trabajar a largo plazo, mejor ni lo intentes. Perderás el tiempo, pero sobre todo te crearás una falsa sensación de que no vales. Has de tener mucho cuidado con esto: la distimia no es cosa de broma. Y además, normalmente no se trata de que no valgas, sino de que no sabes qué has de hacer ni cómo has
No se valora a los escritores. Una terrible verdad.
Hace ya tiempo que me ronda un pensamiento que durante las semanas en las que he estado viajando a diferentes ciudades de España para promocionar mi última novela, La boca del diablo, ha ganado fuerza: los escritores no están valorados. A lo largo de los últimos doce meses he tenido que hacer varias compras: he cambiado de ordenador, que ya me hacía falta. El anterior lo compré hacía ya ocho años, y era un modelo de lo más económico. El nuevo va como un tiro y lo que antes tardaba una hora o más lo tengo listo en apenas quince o veinte minutos. Me quedé sin televisor y tuve que comprar otro. Suerte que el seguro se hizo cargo, pero aun así mejoré, claro, con respecto al que tenía. Son compras caras, de muchos cientos de euros. Pero hace una semana me compré una cosita, una tontería de apenas cincuenta euros, que es de las mejores cosas que he comprado: una alfombrilla eléctrica para los pies. Los pies se me quedaban congelados, los tenía siempre helados de frío. Esta alfombrilla es de las mejores compras que he hecho en todo el año. No valoro el precio. Valoro el servicio, lo que me aporta. Y ese es el problema: que los escritores no estamos valorados. No se valora el “servicio” que ofrecemos. Tienes mucho tiempo libre No es nada nuevo. Quiero decir: hay mucha gente que no valora el trabajo de un escritor. Suele ser gente a la que no le gusta leer, y por tanto piensa que escribir es una pérdida de tiempo. En mi propia familia hay quien considera que lo que yo hago no es un “trabajo”. No quiero confundir a nadie: me siento un privilegiado por poder dedicarme a lo que me apasiona, pero de ahí a que no trabaje hay un trecho. Pero lo que me ha sorprendido a lo largo de esta promoción ha sido encontrarme con lectores, lectores, ojo a las negritas, que no valoran a los escritores. Gente asidua a las presentaciones de libros en su zona, gente que compra libros y busca al autor para que se los firme. Porque, cuando una persona, a la que ya le has firmado un ejemplar de tu novela, se sienta para escuchar la presentación y en mitad de la charla le dice a su compañera de asiento, en voz alta y sin cortarse un pelo: “Este es otro que tiene mucho tiempo libre”, es evidente que esa persona no valora el trabajo de un autor. Cuando te preguntan sobre cuánto tiempo has estado trabajando con una novela y dices que desde que tuviste la idea hasta que se ha publicado pasaron 5 o 6 años, y alguien en el público, en primera fila y en voz alta, dice “Este es otro que tiene mucho tiempo libre”, esa persona muestra una serie de evidencias: La primera es que tiene muy poco respeto por quien tiene delante, a quien se atreve a juzgar de semejante manera sin conocer absolutamente de nada. La segunda es que tiene muy poca educación. No solo por decir algo así, sino porque, si el autor en cuestión le salta y le dice cuatro cosas y la pone en su sitio, y estaría en su derecho de hacerlo, el acto se acaba de torpedear, y esa persona ha fastidiado una presentación a la gente que está allí realmente interesada en el tema que se trata. Pero por encima de todo demuestra que no valora, en absoluto, el trabajo de los escritores, de todos los escritores en general, puesto que piensa que escribimos porque tenemos mucho tiempo libre. Necesitas un hijo Todos esos pensamientos pasaron en un segundo por mi cabeza. Me quedé callado un instante sopesando la posibilidad de responder y dejar las cosas claras, pero precisamente por respeto a los asistentes y, sobre todo, a la librera, que además es alguien querido, decidí pasar por alto el comentario. Al poco, la presentadora volvió a incidir en el tema del tiempo y el esfuerzo para escribir una novela, y tras mi respuesta, de nuevo la misma persona dijo, ya no solo en voz alta sino dirigiéndose directamente a mí: “Tú lo que necesitas es un hijo”. Me quedé completamente fuera de juego, pero en esta ocasión contesté: “Ya tengo uno”. Y para mi sorpresa, esa persona no se detuvo, sino que replicó: “Entonces necesitas otro”. Tuve claro en ese mismo instante que no iba a sacar nada de esa persona, nada en absoluto. Pero por el resto de los asistentes expliqué brevemente cuál es mi jornada de trabajo. Y ahora que estoy en este blog, que es mi casa, quiero ahondar un poco precisamente en eso, en cuánto tiempo libre tengo. Mi jornada de trabajo Me levanto normalmente hacia las 8 u 8.15, y como trabajo en casa, no tardo más de cinco o diez minutos en estar delante del ordenador. Eso significa que a las 8.30 ya estoy trabando. ¿En qué consiste mi jornada laboral? Pues está divida en dos partes: mañana y tarde. La jornada matinal Lo primero que hago es revisar el correo, cosa a la que puedo dedicar entre quince minutos y media hora, dependiendo del día. A continuación, reviso los grupos de trabajo de mis alumnos y contesto a las posibles dudas que puedan tener. La siguiente hora la dedico a mis dos páginas web: esta, enfocada a mi faceta de autor, y la dedicada principalmente a los cursos de narrativa que imparto. Soy afortunado y tengo un grupo maravilloso de personas que colaboran conmigo escribiendo artículos estupendos, pero esos artículos hay que revisarlos, darles forma, adaptarlos a lenguaje web actual (SEO), maquetarlos, etc. Para entonces son ya las 10 o 10.30 y hago un descanso. Aprovecho para desayunar y estirar las piernas sacando a Lolo. Lo agradezco, despejo un poco la cabeza, que ya me va bien. Y sobre las 11 u 11.30 vuelvo al ordenador. Los días de clase voy muy relajado, sí… Lo que
Cómo hacer la descripción de un paisaje y la de un objeto
Cómo hacer la descripción de un Paisajes o un Objetos Vamos a concluir esta serie de artículos dedicados a la descripción hablando de algo aparentemente sencillo pero que suele dar muchos problemas: cómo hacer la descripción de un paisaje y también la de un objeto. Porque no se describe igual un reloj de pared que un atardecer en un valle rodeado de altas montañas. Aquí entra de lleno la categorización que realizábamos al hablar de descripción objetiva y subjetiva. Vamos a ello. Cómo hacer la descripción de un paisaje Es muy habitual que al hacer la descripción de un paisaje nos encontremos con pasajes narrativos poco claros en los que el autor pretender impactar al lector con la belleza, o la crudeza, del lugar sin llegar a cumplir su objetivo. Esto se debe a que se escribe sin tener en cuenta que el lector desconoce ese lugar y le ofrecemos datos que nos vienen a la cabeza de forma poco estructurada. Al hacer la descripción de un paisaje, o de un lugar cualquiera como el hogar del protagonista, deberías centrarte como primera opción en ofrecerle al lector una visión general del lugar. Una vez tiene clara esa visión general, empieza a localizar en el espacio los distintos elementos (los pueblos, los montes, el río…) que quieres destacar utilizando palabras que indican situación en el espacio. Expresiones como “junto a”, “más allá de”, “al otro lado”, “cerca de”… Recuerda que al hacer la descripción de un paisaje, o de cualquier otra cosa, no se pretende solo que el lector “vea” el lugar. Procura transmitir la impresión que produce el lugar: alegría, tristeza, misterio, terror… Es muy importante, como en cualquier otro tipo de descripción, el destacar lo que te interesa. No intentes contarlo todo, no todo es relevante al describir. Hay cosas que quieres que el lector “vea”. Céntrate en ellas. Veamos un ejemplo: Tolkien: El Señor de los Anillos, El retorno del rey “Gandalf se internó entonces en las tierras que se abrían del otro lado del Rammas Echor. Así llamaban los hombres de Gondor al muro exterior que habían construido con tantos afanes, luego que Ithilien cayera bajo la sombra del enemigo. Corría unas diez leguas o más desde el pie de las montañas, y después de describir una cuerva retrocedía nuevamente para cercar los campos del Pelennor: campiñas hermosas y feraces recostadas en las lomas y terrazas que descendían hacia el lecho del Anduin. En el punto más alejado de la Gran Puerta de la Ciudad, al nordeste, el muro se alejaba cuatro leguas, y allí, desde una orilla hostil, dominaba los bajíos extensos que costeaban el río; y los hombres lo habían construido alto y resistente; pues en ese paraje, sobre un terraplén fortificado, el camino venía de los vados y de los puentes de Osgiliath y atravesaba una puerta custodiada por dos torres almenadas. En el punto más cercano, el muro se alzaba un poco más de una legua de la Ciudad, al sudeste. Allí el Anduin, abrazando en una amplia curva las colinas de los Emun Arnen al sur de Ithilien, giraba bruscamente hacia el oeste, y el muro exterior se elevaba a la orilla misma del río; y más abajo se extendían los muelles y embarcaderos del Harland destinados a las naves que remontaban la corriente desde los feudos del sur”. Lo que acabamos de leer es el fragmento en el que Gandalf llega a lomos de Sombragris a la ciudad de Minas Tirith. Bien, veamos si cumple con lo que decíamos hace un momento. Comentábamos que lo primero que hay que procurar al hacer una descripción de un paisaje es ofrecer una visión general. ¿Y qué es lo primero que dice Tolkien aquí después de decir a dónde llega Gandalf? Que las tierras en las que se interna tienen diez leguas o más de terreno abierto entre montañas y ríos. Ya te haces una imagen mental, ¿verdad? Sigamos. El siguiente paso de la descripción de un paisaje es localizar los elementos más destacados. Y lo que hace Tolkien es especificar los distintos elementos: Las montañas, la ciudad, el río al nordeste, el muro de protección y los embarcaderos. Tienes una fotografía precisa del lugar. Para finalizar, debes provocar una sensación en el lector. Y Tolkien lo consigue porque, a pesar de ser un lugar hermoso, nos muestra que se trata de un territorio en permanente alerta y peligro, por las fortificaciones, por algunos adjetivos: orilla hostil, muro alto y resistente, almenas. ¿Te das cuenta? No necesitas descripciones muy largas para que el lector tenga una idea concreta. Solo necesitas seguir esta regla de tres pasos: ofrecer una impresión general, localizar bien los elementos más destacados y provocar una sensación en el lector. En este artículo encontrarás una serie de preguntas que deberías hacerte para realizar buenas descripciones. Cómo describir objetos La descripción de objetos sigue una técnica con objetivos ligeramente diferentes a la descripción de paisajes. Lo que pretende es dirigir la atención del lector hacia detalles importantes y dan verosimilitud al relato. Para describir un objeto, lo que debes hacer en primer lugar es destacar sus rasgos característicos: forma, tamaño, impresión que produce… Y si el objeto tiene diferentes partes, enumerarlas y detallarlas ordenadamente. En las descripciones de objetos suelen emplearse términos específicos; por ejemplo, en la descripción de un reloj de pared se usan palabras como caja, esfera, manillas, pesas, péndulo… Un método muy habitual para crear sensaciones e imágenes claras en el lector a la hora de describir objetos consiste en comparar un objeto con otro. Al comparar podemos utilizar dos tipos de rasgos: Los rasgos diferenciales de cada objeto. Son las características que distinguen a unos objetos de otros. Los rasgos comunes a las cosas que comparamos. Son las características que hacen que podamos agrupar a los seres en clases. Para comparar hay que tener en cuenta lo siguiente: Se deben comparar variables análogas. Al comparar objetos podemos observar el tamaño, la forma, la materia, el precio, la