Sí, ya sé que si eres de los que defiende que la piratería es buena para el autor, el simple título de esta entrada ya te habrá molestado y habré pasado a ser algo cercano al satanás de la libre cultura. O algo parecido. Esto pasa, claro, porque a nadie le gusta que lo llamen ladrón. Pero, ¿sabes?, a mí me enseñaron de pequeño que si no quería que me llamaran ladrón no tenía que robar. Así que voy a correr el riesgo de indisponerte contra este artículo desde el principio. Voy a correrlo porque para mí es necesario hablar de este tema. De cómo afecta la mal llamada piratería no solo al autor, sino a miles de otras personas. El pasado jueves, en Apalabrados, el programa de radio que conduzco junto a Concha Perea, empezábamos la temporada hablando de la piratería. Dábamos algunos datos escalofriantes sobre el tema. Se piratea ya el 40% de los libros. Es decir casi la mitad de lo que se lee es pirata. Las cifras de lo que se pirateó entre libros, música y pelis en 2012 fueron de 18.000.000.000. Luego nos ponemos todos las manos en la cabeza porque recortan esas cifras entre sanidad y educación. Voy a dejar clara aquí mi postura: si alguien se aprovecha de mi trabajo sin pagar me está robando. Igual que si entramos en la zapatería, me llevo unos zapatos y digo que si me gustan y son cómodos ya volveré para pagarlos. Así que lo que voy a hacer es tomar los argumentos que dan los que están a favor de la piratería y dar mi opinión sobre ellos. Empiezo. Yo, con mi libro, hago lo que quiero, que para eso lo he pagado. Cierto, lo has pagado. Has pagado por el objeto físico. Pero, amigo, el contenido de ese objeto físico no te pertenece. El contenido de ese objeto físico pertenece a su autor. Es él quien decide a quién le cede los derechos para reproducirlo, y a menos que tengas un documento firmado en el que te ha cedido los derechos de reproducción, lo que estás haciendo es ilegal. Le estás quitando algo que es suyo: el derecho a decidir quién puede y quién no puede reproducir ese texto. Y cuando se le quita a alguien algo que es suyo, se le está robando. Lo dice el diccionario muy clarito: robar. (Del lat. vulg. *raubare, y este del germ. *raubôn, saquear, arrebatar; cf. a. al. ant. roubôn, al. rauben, ingl.reave). 1. tr. Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno. 2. tr. Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea. Los autores desconocidos siempre han funcionado con el boca a boca. Cierto. Los autores siempre han salido adelante gracias a la recomendación de sus lectores. Pero, lo que hace la piratería no es recomendar. Recomendar es hablar elogiosamente de algo o aconsejarlo a otras personas. Lo que hace la piratería no es eso, sino colocar de forma pública, y sin tener los derechos para hacerlo, como ya vimos en el punto anterior, una obra. Si quieres ayudarme a ser conocido, recomienda mi trabajo, pero no lo regales a cientos de miles de personas. Si haces lo primero, otros tal vez sigan tu recomendación y compren mi libro. Si lo hacen, cobraré el porcentaje que me corresponde por mi trabajo. Y gracias a ese estipendio podré dedicarme a escribir otro. ¿No es eso lo que quieres si te ha gustado mi libro? ¿Leer, tal vez, otro mío? Pero si lo haces público sin tener el derecho a hacerlo lograrás que muchos (no digo todos) que iban a comprar mi libro ya no lo compren, porque este está gratis, así que comprará otro que no lo esté. Y si mi libro no genera suficientes beneficios como para superar sus gastos de producción, no volveré a publicar otro, con lo que en realidad, en lugar de ayudarme me estarás perjudicando al impedir que continúe mi carrera como escritor. No me ayudes reproduciendo mi libro sin tener derecho a ello. Ayúdame hablando bien de mi libro si es que te ha gustado. La cultura debería ser gratuita. Es un derecho. Cierto. También es un derecho la vivienda digna. Pero eso no significa que la vivienda digna tenga que ser gratis, ¿verdad? Todo el mundo entiende que hay que pagar el precio de una vivienda porque ha tenido unos costes de producción. Los albañiles, los arquitectos, las fábricas de ladrillos, las de pladur, los yeseros, las cementeras… Toda esa gente que forma parte de la industria que hace posible que tengamos una vivienda, tiene derecho a cobrar por su trabajo. Con los libros pasa lo mismo. Han tenido unos costes de producción que han de ser cubiertos: edición, corrección, maquetación, imprenta, almacenamiento, distribución… Un derecho no puede quedar por encima de otro. Tú tienes derecho a la cultura. Yo tengo derecho a cobrar por mi trabajo. Si quieres acceder a un libro y no puedes comprarlo, no lo piratees, porque me estás perjudicando tal como explico en el punto anterior. Ve a una biblioteca y pídelo. Tal vez no dispongan de él en ese momento. Tal vez tengas que esperar para leerlo. Pero eso no te da derecho a robar mi trabajo e impedir que cobre de él. No seamos utópicos, por favor… Declarar la piratería como delito es una locura. Lo único que se pretende con ello es proteger a una industria. Falso. O cierto. Es cierto que se quiera proteger a una industria y es falso que sea una locura. Entendiendo la “industria” como el conjunto de empresas que se dedican a crear determinados géneros, toda industria necesita ser protegida, porque un país, para sobrevivir, para avanzar, depende de su tejido industrial. ¿O acaso ahora queremos cargarnos también todas las empresas del país para que no estén protegidas? A nadie (a casi nadie) se le ocurre comprar un coche y hacer una copia idéntica solo porque ya tiene uno igual. Claro, aquí lo que cambia es la dificultad. Crear una copia de un coche es casi imposible.
No se trata de tener derecho a publicar un libro
Sobre mis sueños de adolescente… Y no solo esos De pequeño tenía un sueño: ser piloto de caza. Me imaginaba en un avión supersónico lanzando misiles a diestro y siniestro. Tenía derecho a ser piloto, por supuesto. Lo que no tenía eran los recursos, las aptitudes: No doy la altura mínima requerida; mi nivel en matemáticas es de 2+2=4; la agudeza visual no es lo mío, desde luego… No desde que a los dos años tuvieron que ponerme gafas porque no veía tres en un burro. Tengo derecho también a otras cosas. Por ejemplo, tengo derecho a tener un chalet. Con piscina. Cubierta, a ser posible, que mi espalda agradece la natación todas las épocas del año. Con barbacoa para invitar a los amigos. Tengo derecho a un coche de lujo. Como mínimo de gama alta. Y, ya puestos, a una Harley personalizada, que siempre he querido tener una. Joder, ¡tengo derecho! Sí, pero no tengo recursos. Durante un tiempo, en la adolescencia, pensé en estudiar cirugía. Me tragaba todos los programas y leía todo lo relacionado que caía en mis manos. Hasta que un día vi en televisión la operación de un ojo. Ahí me di cuenta de que aquello no era lo mío. Tenía el derecho a ser cirujano, pero no tenía las aptitudes para serlo. Y podría seguir. Podría hablar de uno de los artistas que más me impresionan, Mark Knopfler, y decir que tengo derecho a tocar la guitarra como él. Pero no tengo esa capacidad. Y tantas, y tantas otras cosas. Tengo el derecho a hacerlas. Pero no tengo los recursos, las aptitudes o, en muchos casos, las actitudes necesarias para lograrlo. Tener derecho a publicar un libro no te convierte en escritor Con la publicación de un libro pasa igual. Todo el mundo tiene derecho a publicar. Por supuesto que sí. Lo que no todo el mundo tiene son los recursos, las aptitudes o las actitudes necesarias para lograrlo. Hace unos días se vivieron en redes sociales diversas discusiones en torno a este asunto debido a la entrada de este blog (El blog ha desaparecido). No estoy de acuerdo con el mensaje de esa entrada, desde luego. Sin embargo, en una interesante discusión en mi muro de Facebook se defendía el derecho a publicar. No es la primera vez que encuentro este tipo de comentarios. Y, repito, cualquiera tiene derecho a publicar. Pero que tengas derecho a publicar no hace que tu texto sea publicable. Habrá quien diga que esto es un pensamiento elitista. De hecho, a mí me lo han dicho. Nada más lejos de la realidad. Si estamos de acuerdo en lo difícil de pintar un cuadro, o en lo difícil de realizar una escultura, o lo difícil de hacer música y nadie discute el hecho de que no todo el mundo vale para dedicarse a alguna de estas prácticas artísticas, ¿puede alguien explicarme, por favor, por qué todo el mundo sí vale para escribir? Lo que necesitas para publicar tu libro No me estoy colocando por encima de nadie por el hecho de publicar libros. Llevo tres años publicando novelas, dos años más escribiendo con el fin de publicar, y tengo muy claro que no todo lo que escribo es publicable. No todo lo que sale de mis dedos tiene la calidad suficiente como para llegar al lector. No se trata de que esté por encima de otros que no llegan a publicar. Se trata de usar el sentido común y reconocer que cualquier persona no vale para realizar cualquier tipo de tarea con solvencia y calidad. En el caso de escribir, no todo el mundo maneja bien las reglas gramaticales. Infinidad de personas comenten un error tan sumamente básico como colocar una coma separando sujeto y predicado, algo que no debe hacerse excepto en casos muy concretos. De ahí en adelante podemos ver mil y un errores de gramática, puntuación, etc. Tampoco todo el mundo maneja bien los diferentes recursos narrativos: narradores (que no hay solo 2 o 3, como la mayoría de la gente piensa), narratarios, descripciones, personajes, obstáculos, clímax, conflictos, argumentos, tramas, subtramas, acciones, flashbacks, recuerdos, prolepsis, sumarios, resúmenes, sentimientos, emociones, lógica interna, narración, cliffhanger, espacios, voces, diálogos, figuras literarias, comparaciones, etopeyas, analepsis, giros narrativos… Y esta es la parte fácil. Esto se puede aprender. Puedes aprenderlo a base de leer. Pero leer mucho y de un modo específico. Empieza por los clásicos: Julio Verne, Kipling, Poe, Salgari… Analiza qué hacían, por qué 20.000 leguas de viaje submarino es una novela que sigue vendiéndose cien años después de ser escrita. Qué hace que un libro trascienda al paso del tiempo. Estudia cómo lo escribió el autor, por qué cuenta las cosas como las cuentas, y no de otro modo. O busca libros de narrativa, que hay bastantes en el mercado, y empápate de los consejos de otros autores. O apúntate a un taller de narrativa, en el que, si el taller y el profesor es bueno, te enseñarán a dominar todos esos, y muchos más, recursos. No te empecines en convertirte en lo que no eres. Pero hay una cosa que nadie podrá enseñarte. Algo que o tienes o no tienes: la capacidad para generar historias. Sí, tienes el derecho a publicar. Pero tal vez no tengas los recursos para conseguirlo. Si es así, lo mejor que puedes hacer es reconocerlo. Ahorrarás tiempo, te ahorrarás disgustos y podrás dedicarte a alguna otra cosa que te llenará igual y te dará, probablemente, más satisfacciones.
El lado oscuro del mundo editorial
Lucía Etxeberría, Arturo Pérez Reverte y J.K. Rowling han sido los protagonistas de una semana sorprendente en lo que a noticias literarias se refiere. Han surgido tres bombas y cada una me ha dejado más alucinado que la anterior, porque habla, cada una de ellas, de las miserias más profundas de este mundo editorial. Empezamos la semana con la impactante imagen de un premio planeta entrando en un reality show televisivo. Lucía Etxeberría siempre ha sido una mujer polémica: ha sido condenada varias veces por plagio, ha mostrado imágenes posando desnuda en redes sociales, ha mantenido fuertes discusiones públicas con otros escritore. En fin, si os interesa aquí tenéis una recopilación de los escándalos en los que se ha ido metiendo. Pero la pasada semana se destapó subiendo una noticia a su cuenta en Facebook diciendo que Hacienda le reclamaba varios miles de euros y que no disponía de efectivo para hacer frente a la deuda. Mencionaba que tenía dos casas, una de ella en Marrakech, y que vender esta última (pues la otra es su residencia habitual) no era una opción porque tardaría mucho en venderla. Así que se le ocurrió una solución distinta: al día siguiente entraba en un reality para sorpresa de todos. Explicó que, efectivamente, entraba para ganar el dinero suficiente como para pagar su deuda. Por cierto, se quejó de que, a pesar de seguir las indicaciones de la agencia tributaria (dar de alta una sociedad, etc.) con el fin de tributar correctamente, ahora le pedían dinero. Seguro que olvidó que si le pedían dinero es porque algo no hizo bien. Lo lógico hubiera sido que vendiera los derechos de alguna otra novela, aunque, claro, como se queja de que no vende, pues eso tampoco era solución. La cuestión es que ver a una mujer que ha ganado premios tan prestigiosos como el Planeta hacer este tipo de cosas rompe por completo con la imagen que se tiene de un escritor. Soy el primero en decir que los escritores no somos culturetas, ni iconos ni tampoco custodios de una sabiduría que al pueblo le está vedada, como durante mucho tiempo ha parecido por el modo en el que se ha encumbrado a algunos autores, pero de ahí a romper moldes como lo hace Lucía Etxeberría hay un mundo. La segunda noticia dura, durísima, ha sido el hecho de que nada menos que a Pérez Reverte lo condenen a pagar una fuerte suma de dinero por plagio (200.000€). La historia viene de lejos pues el pleito se ha ido alargando durante 10 años y, a pesar de que en dos sentencias previas se desestimara el plagio, al final se le ha condenado. Tengo que reconocer que el tema del plagio es algo en lo que he pensado a menudo. Y me doy cuenta de que lo que acabo de decir suena bastante mal, así que intentaré explicarme: cuando escribes novela histórica, forzosamente, te basas en la obra de otras personas, ensayos sobre todo, así que en alguna ocasión he pensado hasta qué punto es plagio escribir novela histórica. En cambio, el caso de Pérez Reverte es especialmente sangrante por varios motivos. En primer lugar, porque Pérez Reverte tiene suficiente capacidad para generar historias nuevas como para no tener que copiar las de otro. En segundo lugar porque no lo necesita. Ni siquiera lo necesitaba hace 10 años. Hace 10 años ya era un escritor de masas y había escrito, entre otras: El húsar; El maestro de esgrima; La tabla de Flandes; El club Dumas; La piel del tambor; La carta esférica y preparaba la publicación de Cabo Trafalgar. No, no lo necesitaba en términos económicos ni de llegada al público lector. Por último, es especialmente sangrante porque fue en ese mismo año en el que se interpone la demanda, 2003, cuando se le nombra miembro de la Academia de la Lengua. Y es una pena. Es una pena por la imagen de Pérez-Reverte. Y también es una pena por el autor plagiado, Antonio González-Vigil, por más que haya visto satisfecha su demanda. Tiene que ser muy duro ver cómo otra persona te roba tu idea y la lleva adelante con éxito solo por su nombre, sus contactos, etc. Por supuesto, es una pena que esto salpique a la Real Academia, porque en todos, o casi todos, los periódicos en los que se ha dado la noticia se incide en su estatus de académico. La última noticia sorprendente de esta semana en lo literario ha sido “The cuckoo´s calling”, una novela escrita por Robert Galbraith, un policía militar jubilado. Solo que no era él quien la había escrito, sino J. K. Rowling, la autora archimillonaria de Harry Potter. La cosa ha sido como sigue: en abril se puso en venta el libro, escrito bajo pseudónimo. La crítica (qué curioso, esa gente a la que las editoriales les hace llegar sus libros) le dio una estupenda acogida, pero los lectores no, de manera que solo había vendido 1500 ejemplares en tapa dura. Y es entonces cuando se destapa la autoría de la obra a través de un abogado del bufete que representa los derechos de Rowling, quien se lo contó a una buena amiga de su mujer. A partir de ese instante, el libro rompe en superventas y se coloca en los primeros puestos de los más vendidos. Bien, pues no me creo que todo esto haya sido a espaldas de la autora, perdonad que lo diga. No me lo creo, sobre todo, a raíz de las enormes diferencias de declaraciones que se han ido vertiendo en los distintos medios de comunicación. Dejo dos muestras: En esta se explica que Rowling está muy enfadada con el destape del asunto. En esta otra se da una imagen distinta del asunto. Pero lo que más me lleva a desconfiar es que Rowling, para publicar esta obra, siguió contando con su agente habitual y que (este es el dato más revelador) el libro se publicó en el mismo grupo en
¿Por qué no publican tu novela si eres autor novel?
Por qué no publican tu novela: echando balones fuera. Leía esta mañana una entrada en un blog, una más, en la que su autora arremetía contra el sistema editorial. Decía que, o escribes lo que te piden, o no te publican. Básicamente. Más tarde he mantenido una discusión en Facebook precisamente sobre ese tema, lo fácil o difícil que es publicar. Mucha gente se queja de que el mercado editorial es hermético, que no se puede publicar, que no se apuesta por los autores noveles… Y eso es algo completamente falso. Puedo hablar con conocimiento de causa por dos motivos: 1) He sido autor novel y he publicado 2) Trabajo realizando informes de lectura y otros trabajos editoriales, de modo que conozco de primera mano a qué se enfrentan las editoriales y qué decisiones se toman. He realizado ese trabajo tanto en editoriales modestas como en grandes y llevo cuatro años en ello, así que lo que expondré a continuación tiene su peso… ¿Es el autor novel quien lo tiene más difícil? Vaya por delante una máxima: esto es un opinión que nadie me ha pedido, por lo tanto, tiene la validez y la importancia que cada uno quiera darle. Tengo en este blog la etiqueta “los consejos son como las lentejas…”, sin duda, esta entrada es una de las más dignas merecedoras de ella. La cuestión es que no tiene nada que ver ser autor novel con la dificultad para ser publicado. Es más, os aseguro que muchas veces es más difícil publicar la 2ª novela que la primera. ¿Por qué? Si una editorial acepta tu primera novela, la inversión que hace en promoción es mínima. Eres un autor novel, nadie te conoce, no pueden arriesgar demasiado… Si el libro no funciona, así pueden asumir gastos. Pero, si efectivamente el libro no funciona, quedas “marcado”. Será mucho más difícil que puedas publicar la siguiente. De modo que sí, suele ser más difícil publicar la segunda, porque ya se tienen cifras de ventas, que suelen ser bastante modestas, que publicar la primera, cuando aún eres una moneda al aire: cara, o cruz. Antes de nada: ten la actitud correcta Lo cierto es que muchos noveles se quejan de que no tienen acceso al mercado editorial. Y puedo decir que llevan razón. La inmensa mayoría son rechazados. Lo que hace entonces gran parte de ellos es cargar contra el sistema, quejarse amargamente, decir que lo único que quieren las editoriales es que se prostituyan literariamente hablando. Lo malo es que cuando hacen esto no se dan cuenta de que están haciendo, al mismo tiempo, dos cosas: 1) Infravalorar al resto de compañeros escritores que logran dar el paso. 2) Mirarse el ombligo y evitar que su ego sufra en lugar de hacer lo que en realidad deberían hacer. ¿Y qué es lo que deberían hacer? Como muchos sabréis, imparto talleres de narrativa. En nuestras clases hablamos mucho de los motivos. Una de las frases que más repetimos a lo largo del curso es que los motivos son importantes. Todo ocurre por un motivo… Así pues, ¿por qué te han rechazado la novela? Esto es lo que los heridos por el rechazo editorial no son capaces de preguntarse. Bien, pues, ¿por qué se rechazan las novelas por parte de las editoriales? Hay múltiples factores, voy a enumerar alguno de ellos. Por qué no publican tu novela: los factores externos A- Puede ser que la editorial ya tenga un título de temática muy parecida: misma época, mismo personaje, etc… Lógicamente, no va a publicar dos libros similares. B- Puede ser que cuando llega tu texto haya cambios en la editorial, el editor cambie de puesto, se marche a otra empresa… Cuando eso ocurre, la mayoría de los originales que llevaba ese editor, excepto los de los autores de la casa y aquellos que ya están siendo leídos para su valoración, suelen “perderse”. Nadie se hace cargo de ellos. Es un problema editorial, pero de difícil solución, pues el volumen de originales que llega a diario es tan inmenso que resulta imposible controlarlos todos. Como estos hay algunos otros factores que escapan por completo al dominio del autor de la novela. No puedes hacer nada contra ello… Aun así, estos casos son muy, pero que muy infrecuentes. Normalmente los libros se rechazan por otros motivos. Por qué no publican tu novela: El motivo está en el interior El primero de ellos es que la inmensa mayoría, y podría decir que más del 70% y quedarme tan tranquilo, de los libros que llegan a una editorial, sencillamente, están escritos de forma pésima. Contienen ya no erratas, sino faltas de ortografía, la puntuación es un desastre. Personalmente, en mi labor como asesor editorial me he encontrado con libros en los que la mitad de un párrafo estaba escrita en pasado y la otra mitad en un tiempo verbal distinto. Unos párrafos narrados por un varón y el párrafo siguiente por una mujer y todo ello sin seguir un orden ni un plan establecido. Solo porque falta técnica. De modo que el trabajo de corregir un libro que llega escrito de ese modo es inmenso y bastante caro, porque es muy especializado. Yo he tenido que corregir libros que me han llevado dos meses de trabajo en jornadas de 6 horas al día. Un trabajo estresante y agotador. El resultado es que no se ha vuelto a contratar a ese autor. Así de sencillo. El otro gran motivo por el que se rechaza un libro por parte de una editorial es porque no tiene interés. La mayoría no cuentan nada, o lo que cuentan ya ha sido contado antes. Hace unos años hablaba con una editora de un sello muy importante y me decía: “Teo, es que, de verdad, en algunas ocasiones lo que me apetece es decir: “al menos, ponle la cicatriz al protagonista en otro lado” porque es que habían escrito otro Harry Potter”. Hay muchos libros que no cuentan nada. Que no tienen
Entrevista a Concepción Perea
Hace mucho tiempo que dejé de realizar entrevistas para el blog. Me gusta hacerlas, pero entras en muchos compromisos. Desde hace un par de meses he podido recuperar esa faceta de entrevistador en Apalabrados, el programa de radio que conduzco junto a Concepción Perea. Precisamente, su nuevo libro llega pasado mañana a las librerías, por todo lo alto: inaugurando sello editorial, con una tirada muy fuerte y grandes perspectivas. Así que pensé que sería buena idea hacer una entrevista, más aún teniendo en cuenta que somos parejas y que, quieras o no, la confianza te permite tratar temas que de otro modo quizá nadie se atreviera a tocar. Este es el resultado. Entrevista a Concepción Perea Concha, has explicado muchas veces que la novela comenzó en un blog. Que nació como un juego de rol. Pero, ¿cómo se desarrolló la idea? ¿Cómo surgió en tu mente la historia de Nicasia? Nicasia surgió como un personaje de mis partidas. A mi Changeling se me quedo cortó muy pronto, no me gustaba el sistema de tiradas y la ambientación me parecía muy limitada, así que acabé creando un mundo propio, con otras fichas y otro sistema de tiradas (el típico que usa 2D10). La Corte de los Espejos acabó convirtiéndose en mi mundo particular y Nicasia era una especia de maestra de ceremonias que guiaba a los jugadores. Acabó siendo un personaje imprescindible. Si no la sacaba en una partida mis amigos se enfadaban. Ella fue la primera habitante de la Corte y a su alrededor construí todo un mundo. Partida a partida. En la nota de prensa se menciona que hay personajes que ya se han usado en otras historias. Tú misma admites que la idea apareció de unas partidas de un juego de Rol. Yo provengo del mundo de la novela histórica, donde el plagio se mira con lupa. Hay que tener cuidado incluso a la hora de usar la documentación que encuentras en las fuentes. ¿No temes que pueda haber problemas en ese sentido? Centauros, sátiros, dríades son algo muy propio de la mitología grecolatina y están presentes tanto en el folclore como en múltiples historias y novelas, forman parte del imaginario popular, del mismo modo que knockers, sluaghs, sidhes y goblins forman parte de la mitología celta y anglosajona y están presentes en innumerables cuentos de hadas. A nadie se le ocurre decir que una novela de vampiros, por el mero hecho de hablar de estos seres, plagia a Bram Stroker (que también se basó en mitos, folclore e historia para crear a Drácula). Nadie acusaría a un autor de novelas de zombies de plagiarle a Romero los muertos vivientes. Porque todos esos conceptos ya estaban ahí, forman parte del imaginario universal y cualquier autor puede usarlos. Lo importante es cómo decides usarlos. En la novela lo original no son las hadas sino la historia que las envuelve. En la nota de prensa también se habla de que tus personajes, que son seres feéricos, tienen, en cambio, ocupaciones y sentimientos muy humanos. Nicasia es ingeniera, Marsias dirige un burdel… ¿Cómo llegas a la decisión de dotar de aspectos tan humanos a seres que, normalmente, han estado en un plano completamente diferente? La Corte de los Espejos es una ciudad. Por mucho que la habiten hadas, una ciudad no puede funcionar si alguien no se encarga de hacer pan y tejer la ropa. Yo me imagino que, aunque Tolkien no nos los nombrase, en Rivendel habría cocineros, carpinteros, mozos de cuadra… Aunque quede poco místico, alguien lavaría la ropa de Elrond. A mí me interesa mucho más la gente de a pie, la que lucha a diario para salir adelante, que los héroes épicos. Además, los conozco mejor. Nos hablabas de Nicasia. He visto ya innumerables dibujos y pinturas que los fans de la historia le han dedicado. Acabas de decir que los que disfrutaban de vuestras partidas de rol la echaban de menos si no aparecía. ¿Qué tiene ese personaje para llamar tanto la atención? Bueno, creo que Nicasia tiene algo que todos deseamos: jamás se calla lo que piensa, para bien o para mal ella suelta lo que está pensando y lo hace de una manera muy directa. Todos hemos deseado poder hacer eso en algún momento. Aunque yo creo que eso es un defecto, más que un mérito. Nicasia es alguien que ha tenido que superar muchas cosas y ahora se cree con el derecho a saltarse los protocolos. Además, es muy independiente y muy firme en sus convicciones. Demasiado quizás. Creo que ese carácter tan independiente es lo que atrae a los lectores, eso y su mala lengua. Sabes que yo soy de novela histórica y que para nosotros la documentación es muy importante. ¿Lo ha sido también en tu caso para La Corte de los Espejos? Si es así, ¿cuál ha sido el proceso de documentación? Documento mucho lo que escribo ¿Cómo se maneja un arco?¿Cual es el modo correcto de agarrar una espada?¿De qué depende? También mucho folclore y cuentos de hadas, es bueno conocer las raíces de lo que estás escribiendo y conoces a autores con obras inmensas como Katherine Briggs o Arrowsmith. Y también cuento y leyendas. Tienes un master en creación literaria y tú misma impartes talleres. ¿Qué crees que puede aportar este tipo de cursos a los autores que empiezan? Mucho. A escribir se aprende escribiendo, pero en clase se pueden aprender técnicas y métodos para optimizar el trabajo. Un buen profesor te puedo ayudar a pulir fallos y vicios de autor. Además está el contacto con otra gente con la misma afición que tú, que es muy enriquecedora. Eres una recién llegada y entras por la puerta grande, no solo en el mayor grupo editorial del mundo, sino además estrenando sello. ¿Cómo está siendo la relación con la editorial? ¿Qué es lo que más te ha gustado, y lo que más te ha costado, del proceso de edición? No puedo estar más contenta, todo el mundo me está tratando muy bien y no paro de aprender cosas, estoy
¿Publicación digital o publicación tradicional?
Como ya he dicho en alguna otra ocasión, parece haber una especie de guerra abierta entre los autores que se deciden por la publicación digital de forma independiente y los que siguen dentro del mercado tradicional. Hoy leo en el blog de Blanca Miosi una entrada muy interesante sobre su opinión de las editoriales. En general, estoy de acuerdo con ella, en especial en cuanto a la falta de apoyo, la falta de verdadera apuesta por el escritor (hablando siempre de forma generalizada, que, por supuesto, hay excepciones). Sin embargo, hay un tema con el que no estoy de acuerdo. Unas frases, hacia la parte final, que me chirrían poderosamente: “No deseo con estas palabras desanimar a los escritores que piensan que publicar por editorial sea la panacea. Comprendo la necesidad que tienen de reafirmar sus egos: ¿Quién mejor que una editorial para decirles que son realmente escritores? Pero de ahí a ser buenos escritores el asunto es diferente.” Y no. Yo, y me consta que muchos otros, no estamos en el mercado tradicional y no en el digital para alimentar a nuestros egos. Así que, ¿por qué estoy yo en el mercado tradicional? Para empezar, porque una editorial me ofrece una serie de servicios que, en el mercado digital, tengo que asumir personalmente: corrección, maquetación, diseño de portada, etc. Y, señores, eso supone una cantidad importante de dinero de la que, por desgracia, no dispongo. No quiero lanzar una novela mía con una portada de escasa calidad, no quiero lanzar una novela mía sin una corrección profesional, no quiero lanzar una novela mía sin una maquetación adecuada. ¿Por qué? Pues porque la gente se va a gastar el dinero en comprarla, y lo mínimo que hay que hacer es ofrecerle un producto bien acabado. Por no hablar de que, en definitiva, nuestras novelas nos representan. Son nuestra imagen ante los lectores. Y yo quiero cuidar mi imagen. Puesto que no puedo pagar esos servicios, prefiero buscar editoriales que confíen en mi trabajo y los asuman ellas. Y otro motivo por el que prefiero buscar editorial para publicar es que, según los últimos datos, el mercado digital todavía es un porcentaje ínfimo en cuanto a ventas del total. En torno al 15%, solamente. Blanca explica que un autor publicado por una editorial recibe en torno al 8% del porcentaje de ventas. El porcentaje puede variar, y es más normal un 10%, pero la diferencia es mínima. Explica que ella, que se decidió por la publicación digital, gana mucho más vendiendo sus ejemplares publicados de forma independiente que lo que se puede ganar a través de una editorial. Pero aquí hay un fallo en la comparativa: Blanca ha triunfado (y yo me alegro enormemente porque le tengo mucho cariño y ella sabe que es así) en el formato digital, pero desgraciadamente no en el formato impreso. Y comparar el éxito con la falta del mismo siempre es una comparativa errónea. En Amazón España se publican todos los meses alrededor de unos 60000 títulos nuevos. De todos esos, ¿cuántos triunfan realmente? ¿Pueden triunfar 10 autores mensualmente? Probablemente mucho menos, pero aunque fueran 10, que salieran nuevos todos los meses, eso supone el 0,016% de todo lo que se publica. El resto tienen las ventas medias de una autopublicación, que se cifran en torno a los 200, quizá 500 ejemplares vendidos. Y de esas ventas cobran aproximadamente unos 1500€. Un adelanto decente, ya no digo amplio, de una editorial, es bastante más de esa cantidad. ¿Cuántos triunfan en el mercado impreso? Pues, aproximadamente, la misma cantidad… Todos los años salen una serie de autores que logran romper barreras y cifras de venta. Y es con esa gente con los que tienen que compararse los que triunfan en Amazon. Con Ruiz Zafón, con Falconés, con Posteguillo, con María Dueñas… Falconés vendió unos 2 millones de la catedral del mar. Eso le supone, después de declaraciones de renta, etc. unos 2 millones de €. Sin entrar en lo que le habrán pagado por la próxima serie que ya han anunciado. ¿Qué autor que haya publicado de forma independiente en formato digital ha alcanzado esas cifras? Comparar el éxito en el formato digital con los autores que no triunfan en el mercado impreso es un error; es falsear, de forma consciente o no, la realidad. Y la realidad es que vivir de la literatura es altamente complicado, publiques de un modo o publiques de otro. Sin embargo, y a día de hoy, las ventajas de publicar de forma tradicional, en mi opinión, siguen superando, en mucho, a las de publicar de forma independiente. De lo contrario, ¿por qué los autores que triunfan de forma independiente aceptan encantados y se anuncia a bombo y platillo que sus obras saldrán también a través de una editorial que ha decidido publicarlos? Pues la respuesta es simple: publicar en el mercado tradicional tiene un prestigio que publicar en el formato digital de forma independiente todavía (y digo todavía) no tiene. Permite que gracias a las entrevistas, que al principio serán pocas, que consigue la editorial en diferentes medios el autor comience a ser conocido, comience a estar presente en la vida de los lectores. Y ese es el único camino, a día de hoy, que permitirá, con mucho tiempo y esfuerzo, que un autor consiga vivir de su trabajo, que consiste en escribir libros. Por eso, y no para alimentar mi ego, yo prefiero publicar a través de una editorial.
Día del Libro 2013
Hoy estamos de celebración. Para los escritores, y también para los lectores, el día 23 de abril es una fecha señalada en rojo en el calendario. Es nuestro día. El día en el que festejamos el mundo del libro. El Origen del día del libro se remonta a 1930. El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes y Shakespeare, (si bien algunos informes recientes apuntan a la posibilidad de que Shakespeare muriera unos días más tarde). También en un 23 de abril nacieron – o murieron – otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla… Por este motivo, esta fecha fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural. La idea original de esta celebración partió de Cataluña, del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, proponiéndola a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. Poco después, en 1930, se instauraría definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro mundial, donde este día coincide con Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña y Aragón. En estas comunidades es tradicional que los enamorados y personas queridas se intercambien una rosa y un libro. En esta fecha es habitual que blogs, revistas especializadas, etc. recomienden algunos libros. La Predicción del Astrólogo ha entrado en algunas de esas recomendaciones. Os dejo aquí la de El Mar de Tinta
La falacia de moda
“El libro digital no se vende porque es caro”. Estoy de acuerdo solo con la mitad de esa aseveración: el libro digital es caro. Es cierto. Es inconcebible que si un libro editado en papel, con los consiguientes gastos de impresión, distribución, almacenamiento, etc. tiene un costo de, pongamos cifras redondas, 20€, un libro en edición digital cuyo almacenamiento es muchísimo más económico, que no dispone de distribución ni de gastos de impresión no rebaje su precio hasta muy por debajo del libro de bolsillo. Tiene sus explicaciones, desde luego: la industria digital también tiene unos “libreros” digitales que tienen que sostener su parte y, además, las editoriales tienen que compensar precios puesto que el papel va perdiendo fuelle y el formato digital equilibra la balanza, etc. Es un problema complejo. Con todo, estoy de acuerdo en que el libro digital es caro. En lo que ya no estoy de acuerdo es en que los libros digitales no se venden porque sean caros. Eso es una falacia; o si lo prefieres, una mentira como la copa de un pino, que decíamos cuando yo era pequeño. ¿Por qué no se vende el libro digital? Sencillamente porque puedes conseguirlo gratis. ¿Y para qué voy a pagar por algo si puedo tenerlo gratis? Yo tengo una novela a 4.50€ publicada en formato digital con Ediciones aContracorriente. Y no es solo la novela lo que compras. También te llevas material adicional: un plano virtual de la Catedral de Sevilla, un poster tamaño A3 de la portada, una versión en PDF con derechos de impresión, un documento sobre cómo se llevó a cabo la edición del libro, y hasta buena parte de las notas y el método de trabajo que seguí para escribir esa novela. Así que no solo es un precio económico, sino que, además, el paquete incluye todo eso que los usuarios demandan: contenidos adicionales aprovechando el formato. Y, sin embargo, la novela no se vende. Es más, una semana después de que apareciera en el mercado ya se había pirateado. ¿Porque era cara? Evidentemente no. Porque, sencillamente, nos hemos instalado en la cultura de “todo lo que esté en internet debe ser gratis, porque ya pago el acceso a internet”. O “el acceso a la cultura debe ser gratis”. Hemos llegado al ridículo de no querer pagar 1€ por disfrutar todo un año de mensajes ilimitados en el teléfono móvil. Aquí es cuando los espabilados dicen: “es que yo tengo derecho a disfrutar de un libro que no puedo comprarme”. Es cierto. Tienes el derecho, pero no tienes la capacidad de hacerlo. Yo tengo derecho a disfrutar de un avión privado que no puedo comprarme, pero no por eso me voy a una empresa de fabricación de aviones y me llevo uno. Sí, tenemos el derecho a leer lo que queramos, pero no tenemos los derechos de copiar, ni de traducir, ni de imprimir un texto que es propiedad de otra persona. Eso, señores míos, tiene otro nombre. Eso se llama robar. Y no vale el concepto de “es que antes se compraba uno una cinta de audio, hacia una copia y se la regalaba a su amigo”, porque la comparación no es posible. Sí, copiabas una cinta y se la regalabas a tu amigo. Ahora copias una cinta y se la regalas a tres mil millones de personas que no conoces de nada. Si de verdad te gusta leer. Si de verdad eres seguidor de un autor, no le robes. Le estás negando la posibilidad de vivir de su trabajo tal como tú, que eres carpintero, o leñador, o médico, o comercial o profesor, vives del tuyo.
I Jornadas de Novela Histórica de Granada
Los escritores estamos vendidos. Vendidos por todas partes. Vendidos, como todos, por el gobierno, que nos tiene estrangulados y no llegamos a fin de mes. Vendidos por las librerías, que, a menos que las editoriales apuesten fuerte por un libro y paguen la cuota correspondiente, no colocan bien tu libro. Vendidos por las editoriales, que suelen publicar más libros de los que pueden promocionar adecuadamente y, por lo tanto, si no eres un megaventas no verás una labor importante de promoción. Desde luego, olvídate de algo a nivel nacional. En definitiva, estamos vendidos porque nuestros libros no se venden. ¿Y qué solución hay para eso? Pues poca, la verdad. Lo único que puedes hacer, a menos que ganes un premio con repercusión en medios, o tengas la fortuna de que tu libro se convierta de repente en un bestseller sin que nadie sepa muy bien por qué, es realizar labor de hormiguita. Consiste en que la gente te conozca, que tu nombre les suene. Que dejes de ser un desconocido. Las redes sociales son parte importante, sí. Pero no hay nada que compense el cara a cara con el lector: 5 minutos de charla, un par de comentarios amables dedicados a los que se acercan a saludarte, o a preguntarte cómo te enfrentas a tal o cual cosa. Eso, ese acercamiento al lector, es el que te permite ir pegando bocaditos al mercado. El problema es que no puedes ir a todos sitios. Primero, porque en la mayoría de los casos, por supuesto, no estás invitado. Segundo, porque hay pocos eventos literarios. Muy pocos. En Sevilla, por ejemplo, no se lleva a cabo ningún evento de ese tipo. Tercero, porque, cuando te invitan, en la mayoría de los casos no te pagan los gastos de viaje ni de estancia. Y volvemos al punto de inicio: las cosas no están para ir haciendo viajes cada dos por tres, las editoriales no pueden hacer frente a esos gastos y los escritores aún menos. Pero, cuando puedes ir, es una experiencia siempre inolvidable por muchos motivos: porque puedes disfrutar de un rato con compañeros de letras con los que, normalmente, como mínimo ya has interactuado por las redes sociales, por el acercamiento al lector y porque, con suerte, vendes algunos ejemplares más. No obstante, las instituciones no están por la labor de apoyar estos actos. Aun así, surgen valientes que se lanzan. Es el caso de Blas Malo, Carolina Molina y Ana Morilla, que han diseñado, organizado y coordinado las I Jornadas de novela histórica de Granada, que se celebraron la semana pasada y en las que tuve la ocasión de participar. Lo han organizado sin contar con ayudas, sin tener un solo euro de subvenciones. Contando con la buena voluntad de alguna empresa, pero sin ayuda económica. Lo han organizado casi sin que nadie se haga eco en prensa de lo que se estaba fraguando, y, de hecho, los medios de Granada no han escrito una sola línea de lo que ha ocurrido en Granada durante el fin de semana. Y ha ocurrido que los lectores llenaron el salón de actos, más de 120 asistentes en las sesiones del sábado y el domingo. Peticiones de firmas de libros en cada receso. Gente interesada que intervenía en todas y cada una de las mesas, al punto de que, invariablemente, las sesiones se alargaban de manera inevitable. Polémicas y risas en torno al mundo del libro. La cultura fluía entre las bancadas de asientos. Para mí quedan los momentos compartidos con los amigos, las charlas de nuestras inquietudes y temores, de nuestras ilusiones, trabajos y esfuerzos. Esos momentos que te recargan las pilas para seguir en esto de contar historias… Esos quedan para mí. Pero lo que ha ocurrido este fin de semana en Granada tiene que saberse: se ha puesto la primera piedra de un proyecto que dará que hablar a poco que se cuente con un poco de atención, cariño y apoyo. El mío, desde luego, ya lo tiene.
La importancia del autor para el agente editorial
Quien me conoce de hace tiempo sabe que siempre he defendido la figura del Agente Editorial, en especial si uno es un recién llegado, o peor aún novel, al mundillo editorial. Los que sigáis este blog desde hace poco tiempo podéis leer algunos artículos al respecto como este o este. Estuve representado durante varios años por una gran agencia, a la que siempre le agradeceré su buen trabajo para colocar mi primera novela en una editorial tan importante como Edhasa. Sin embargo, tiempo después rescindimos el contrato y desde hace casi dos años he trabajado sin que nadie me representara. He visto, en especial en los últimos tiempos, que muchos autores hablan mal de las agencias. Yo sigo defendiéndolas; creo que el escritor gana si dispone de un agente que lo represente. El problema, según lo entiendo, es que, al igual que ocurre en el resto del mundo editorial, para el agente editorial, o al menos para muchos de ellos, el escritor ha perdido su verdadera importancia. Para el mundo editorial, el escritor es casi lo de menos (exceptuando las grandes firmas). Si tu libro no funciona, no hay problema: en la cola hay miles de otros escritores llamando a la puerta, esperando su ocasión. Es tan sencillo como sustituir uno por otro. La cosa se complica cuando eso mismo ocurre contu agente editorial. Hace ya muchos años que el sistema editorial empezó a colapsar, y surgieron las agencias para representar a los escritores. Hoy, son las agencias las que están colapsadas y el escritor pasa a un segundo plano en muchas ocasiones. Por eso hacemos bien en preguntarnos qué necesita el escritor que haga su agente. Eso es lo que se ha perdido de vista. Para empezar, necesitamos que el agente nos represente. Parece obvio, pero a veces no es así. Es habitual que las agencias capten a tantos autores que se convierte en algo imposible manejar todos los libros que generan. Hablo de hacer un seguimiento adecuado, no hacer un envío y olvidarte de él hasta ver si la editorial da respuesta o no dentro de 6 meses. Hay casos en los que el autor espera durante años sin que su agente decida dar nuevos pasos, simplemente porque tal o cuál editorial aún no ha dicho que “no” a la propuesta. Repito, años después… Así, lo primero que necesitamos es un seguimiento adecuado de nuestro trabajo. En segundo lugar, es primordial que haya una buena comunicación. No tiene sentido que tu editor te responda antes que tu agente, y, creedme, conozco muchos casos en los que ocurre algo así. El mundo editorial es lento, y nadie que lo conozca bien pide que se responda un mensaje a los cinco minutos. Ni siquiera en el mismo día. Pero cuando pasan dos y tres semanas y tu agente no te ha contestado, tienes un verdadero problema. A continuación necesitamos estar al tanto de cómo está nuestro trabajo, lo que resulta de la unión de los dos puntos anteriores. Si el agente hace un buen seguimiento, y tiene un contacto fluido con su representado, ¿por qué no se le informa de los pasos que se van dando? De nuevo, no digo que se haga semanal, ni mensualmente. Pero, ¿tanto trabajo cuesta hacer un informe trimestral, o cuatrimestral, en el que indicar cosas tan someras como: Tu libro XXX se ha enviado a las editoriales A en fecha xxx, B en fecha yyy, C, en fecha zzz. Todas ellas mostraron interés. Sin embargo, A la ha rechazado. Con B y C hemos acordado que nos pondremos en contacto dentro de x tiempo? ¿Tan difícil es eso? Y por supuesto, lo más importante es contar con el apoyo incondicional de nuestro agente. La vida del escritor es difícil por solitaria. A menudo surgen dudas sobre tu trabajo que no siempre tienes con quién comentar. Tu agente, en ese sentido, puede, y debe, hacer un trabajo excepcional. Y desgraciadamente, en muchas ocasiones, cuando más necesidad tiene un escritor de contar con el apoyo de su agente, este le falla de manera estrepitosa y hasta actúa a sus espaldas, alegando siempre hacer las cosas de buena fe. Esto, y algunas cosas más, pero esto básicamente, es lo que los escritores esperamos de nuestros agentes. Esto es, básicamente, lo que pocas veces se encuentra. El motivo es muy simple: se ha perdido de vista lo más importante; que el escritor es el que da de comer a toda la cadena editorial, incluyendo a su agente.