El mes pasado hablamos sobre la escritora libanesa May Ziadeh y entre otras cosas os comenté que en 1912 había fundado un salón literario que se había convertido en un centro de referencia cultural para todo el mundo árabe. Es fácil y quizás inevitable pensar en la influencia colonial francesa a la hora de analizar el funcionamiento de este tipo de salones. Lo cierto que es que en toda esta historia de artistas reunidos alrededor de un anfitrión –casi siempre anfitriona- para hablar sobre literatura y arte, para leer cuentos y poemas, para explicar anécdotas, para que los más jóvenes aprendieran de los mayores, hay algo más que el reflejo colonial de una cultura sobre otra. ¿Qué tienen qué ver los salones literarios árabes como el que regentaba May Ziadeh en El Cairo con los franceses? ¿Podemos encontrar algo parecido que sea propio de la cultura árabe antes de la colonización europea?

Los primeros salones literarios franceses no se llamaban «salones»

Los salones literarios árabes se reinventan inspirándose en los franceses

Lectura de Molière de Jean-François de Troy (1728)

Analicemos en primer lugar los salones literarios franceses y su concepto para comprobar si podemos unir la línea de puntos y descubrir el dibujo final arabófono. Los primeros salones literarios como tal los encontramos en el siglo XVI, en pleno Antiguo Régimen, que recordemos que es el sistema de gobierno anterior a la Revolución Francesa (1789). Simplificando mucho, monarquías absolutistas. En realidad, en este momento todavía no se llaman salones literarios.  Se trata de reuniones organizadas en casas de damas aristócratas que invitan a encuentros y charlas a todo tipo de personajes bien relacionados en el mundo de las letras, las ciencias y la política.

La idea de estos encuentros era hablar de literatura y mantenerse visibles en la primera línea de todo lo que tuviera que ver con la alta sociedad de la época. Y aunque las principales anfitrionas son nobles y monárquicas, los salones –que siguen sin llamarse salones, recordad- empezaron a notar los efectos del ambiente revolucionario que se les venía encima a los franceses y las conversaciones empezaron a alternar entre la poesía y las discusiones políticas. La Revolución y la Contrarrevolución se gestaron en estas casas mientras se comían pastelitos, se recitaban poemas y se analizaba la última novela de moda. Conspiraciones, música, planes para guillotinar a la monarquía, más pastelitos, un par de poemas, muchas discusiones sobre arte y, sobre todo, una lista larguísima de nombres de mujer encabezando todo este jolgorio. Lo cierto es que algunas de sus historias servirían para escribir un par de novelas, pero aquí hemos venido para hablar sobre literatura árabe y de repente estamos en plena Revolución Francesa. Demos pues un salto en el tiempo hasta el momento en que las reuniones se empiezan a llamar salones literarios.

A pesar de todo, a los egipcios les gusta Francia

El contacto con la cultura europea impulsa los salones literarios árabes

La batalla de las Pirámides de Louis-Joseph François, 1798

Esto sucede en el siglo XIX, que si recordamos de otros artículos anteriores es el siglo en que los europeos caen literalmente en el mundo árabe. Ingleses y franceses se disputaban Egipto. La batalla de las Pirámides fue ganada en 1798 por Napoleón, quien tenía mucha seguridad en que Oriente Medio sería francés o no sería. Pero solo diez días después sus planes se desbarataron cuando el Almirante Nelson –el de la batalla de Trafalgar-  se enfrentó a las tropas de Napoleón en la batalla del Nilo y les ganó de manera aplastante. No analizaremos ahora ni guerras ni pactos políticos, pero sí que debemos recordar que aquí se inicia el contacto cultural de los egipcios con la Europa de la Ilustración y se inicia la Nahda, que significa «Renacimiento» aunque con una idea diferente del Renacimiento europeo. Y esta Nahda tiene lugar precisamente gracias al contacto con la cultura occidental –francesa, inglesa y alemana- que fascina sobre todo a los egipcios. En este momento descubren el teatro como género literario, por ejemplo.

Así que tenemos salones literarios en Francia –pero también en Inglaterra, Alemania y España, del mismo estilo y en la misma época. La Duquesa de Alba jugó un papel importante en los salones literarios españoles a finales del siglo XVIII-  y tenemos a los egipcios con unas ansias importantes de llevarse a casa todo lo que tuviera que ver con la cultura francesa. Parecía evidente que la creación de los salones literarios árabes en El Cairo era la consecuencia natural de toda esta historia. Pero…

Salones literarios árabes en el desierto

Si seguís habitualmente estos artículos sobre literatura árabe, espero que estéis de acuerdo conmigo en que siempre tienen una sorpresa escondida, normalmente en forma de salto temporal al pasado remoto. ¿Recordáis el amor cortés sobre el que los árabes ya escribían cinco siglos antes que los trovadores de Occitania, por ejemplo?

Pues bien, a pesar de Napoleón, la tradición árabe de reunirse para hablar de literatura y recitar poemas es preislámica, o sea, anterior al siglo VII d. C.

La cultura árabe en su origen tiene un alto componente de oralidad, de reunión para explicar cuentos, poemas, leyendas que forman la historia de la tribu… Sí, los egipcios del XIX se emocionan leyendo a los escritores franceses y reproducen en El Cairo los salones parisinos. Pero en realidad lo que están haciendo es recuperar su propio carácter desde los tiempos del desierto de Arabia.

Los Majlis: un té, una hoguera y una buena historia

Los Majlis son los precursores de los actuales salones literarios árabes

Majlis turístico en el desierto de Omán

Las reuniones donde se explican cuentos, poemas, historias, anécdotas en árabe se llaman majlis –la j hay que leerla a la inglesa- Un majlis, literalmente, es un sitio donde la gente se sienta para hablar, de manera que igual se puede referir a una tertulia literaria como al Parlamento de la nación. Son los salones literarios del desierto. En el año 2015 el concepto majlis se incluyó en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

El fuego es el centro del majlis. La gente se sienta alrededor del fuego, bebe té o café, come dátiles y pastelitos y se cuenta historias. El fuego sirve como faro en el desierto para los viajeros perdidos o desorientados, se extienden alfombras y cojines para acomodarse, se reciben invitados, se preparan bodas, se organizan funerales, se arbitran litigios entre vecinos… Si fuera el París del siglo XVIII se organizarían revoluciones, ¿verdad? Todo el mundo es bienvenido y suelen estar dirigidos por los ancianos que conservan en su memoria la historia de la tribu y todo su patrimonio cultural oral, que será trasmitido a los más jóvenes en estas reuniones que todavía hoy en día tienen lugar. Como curiosidad os diré que si buscáis en google imágenes de majlis lo que encontraréis sobre todo serán las actuales recreaciones lujosísimas al gusto de los príncipes saudíes, de las monarquías del Golfo y de los adinerados turistas occidentales que buscan un exotismo de cartón piedra.

No hay salones literarios árabes en Egipto; Siria y sus mujeres

Maryana Marrash,precursora moderna de los salones literarios árabes

Maryana Marrash

Así que cuando May Ziadeh o Maryana Marrash abren sus salones literarios árabes en El Cairo y en Alepo (Siria) respectivamente están admirando la cultura francesa que tanto les atrae, sí, pero también están repitiendo un patrón cultural habitual desde los tiempos anteriores al Profeta y que se mantiene hasta la actualidad. Organizar reuniones en casa para hablar sobre literatura forma parte de la cultura árabe que hunde sus raíces en la oralidad de la sociedad nómada y esto es, en parte, lo que permite que un humilde frutero de un mercado de Damasco sea capaz de recitar de memoria versos de poetas anteriores al nacimiento del Islam con toda naturalidad.

Espero que no hayáis pasado por alto en vuestra lectura los dos nombres de mujer del párrafo anterior. A una ya la conocéis, nuestra querida May Ziadeh. A la otra, la siria Maryana Marrash, me gustaría presentárosla, si os apetece, en una próxima ocasión, porque realmente se lo merece como anfitriona de unos de los salones literarios más importantes del mundo árabe.

Lo cierto es que la historia de la larguísima lista de mujeres francesas que regentaban los salones parisinos también se merecería ser explicada, así que, ya sabéis, si os apetece sugerir algún tema, tenéis alguna curiosidad o votáis a favor de la publicación de artículos sobre literatura francesa podéis dejar vuestros comentarios a continuación porque serán muy bien recibidos.

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