Cada persona es un caleidoscopio de emociones. Yo lo soy. Escribo una escena u otra dependiendo del color con el que vea las cosas. También me empapo de las emociones de los demás y analizo cómo se comportan para plasmarlo luego en el papel. En definitiva, los escritores manejamos y jugamos con las emociones continuamente. ¿Cómo nos afecta esto? Una curiosidad: Alcoholismo entre escritores famosos. ¿El alcohol tiene que ver con la literatura o con la situación emocional de los que escriben? ¿Qué existió primero, el huevo o la gallina? ¿El desequilibrio emocional te hace escribir o el hecho de escribir te desequilibra? ¿Se necesita una cierta desinhibición emocional para sacar todo lo que llevamos dentro? No tengo respuesta. Yo puedo hablar de lo que me pasa a mí. El porqué tengo la necesidad de escribir varía de unas personas a otras, pero cómo nos afecta todo lo que rodea la escritura es común (o bastante común entre los que juntamos letras). Luego podéis comentarme si esto mismo que voy a analizar os pasa a vosotros o lo vivís de forma diferente. Reflexionando, he recopilado las fases por las que he ido pasando en esta aventura desde que empecé a escribir y tomé la decisión de hacer públicas mis historias. Euforia y errores de novato Gestión de las críticas Falta de autoestima Compatibilizar vida laboral y familiar Bloqueo creativo Esta primera parte la dedicaré a analizar esa euforia del principio y los errores de novato que todos cometemos. La Euforia y los errores de novato Todos los comienzos son embriagadores, tenemos mucha energía y estamos motivados. Pero a veces esa adrenalina que nos recorre el cuerpo cuando comenzamos a escribir nos juega malas pasadas y desencadena estados emocionales posteriores que si se gestionan mal, pueden llevarnos a abandonar la escritura. Primer paso: comenzamos a escribir Todos conocemos los síntomas de la euforia. La adrenalina se libera en nuestro torrente sanguíneo: se acelera el ritmo cardiaco, se dilatan nuestras pupilas y estamos en un estado de alerta extrema. Cuando creamos algo de la nada, nos duele. Sacamos experiencias, recuerdos, emociones… Trabajamos sobre ellos para que la historia crezca. Invertimos tiempo y esfuerzo. Tras una escena especialmente difícil o intensa nos quedamos vacíos, pero tras el dolor del proceso, llega la satisfacción al terminar. Lo hemos conseguido. Es nuestro niño y es perfecto. Pero no, por mucho que nos guste nuestra criatura, siempre se puede mejorar. Enseguida os cuento los errores de novato por los que todos hemos pasado: Los peligros de no planificar Nos queman los dedos. Necesitamos sacar esas emociones o esas historias que llevamos dentro y nos ponemos a escribir sin pensar demasiado en cómo hacerlo. Sobre la planificación ya hemos hablado en este artículo anterior. ¿Os acordáis? Tenemos tanta prisa por escribir la historia que el argumento no encaja o nos sacamos de la manga un final deux ex machina para poder cerrarla. ¿Alguien tiene en mente el final de Perdidos? Sí, sí, sí… Yo tuve un pasado en el que no planificaba, el cajón donde guardo una novela desastrosa es testigo de ello. Lo tengo claro en mi cabeza y pienso que todos lo entienden igual que yo Eso es muy típico. Tener la imagen de cómo transcurre el argumento y verlo, pero no saber plasmarlo en el papel para que otros lo entiendan. Siempre lo cuento, pero mi primer relato de terror no lo entendió nadie, eso sí, para mí era cristalino. El equilibro que se debe encontrar para no contar demasiado (y no aburrir al lector) y explicar lo imprescindible para que se pueda seguir el argumento es precario. Y eso solo se consigue con la práctica, y con lectores que te cuenten su opinión, claro. Pero eso lo veremos en la sección de “críticas”. Los repasos son para los que no escriben bien A veces nos lanzamos al ruedo sin el bagaje necesario y nos estrellamos contra la arena. El exceso de confianza o simplemente el ignorar lo que estamos haciendo mal por no tener la preparación suficiente. Para escribir es fundamental manejar la ortografía y las técnicas estilísticas, pero también se debe pulir el texto siempre al finalizar. Un truco es leerlo en voz alta, y otro, dejar pasar unos días para distanciarte del texto, así se detectan los fallos mejor. ¿Habéis oído hablar alguna vez de la curva del aprendizaje? Primero, no somos conscientes de nuestra propia incompetencia. Luego evolucionamos hacia un incompetencia consciente (nos damos cuenta de que tenemos que aprender), más tarde adquirimos una competencia consciente, es decir, aplicamos lo que hemos aprendido con nuestro trabajo. Para finalizar con una competencia inconsciente: las cosas nos salen bien sin un esfuerzo continuado. Errores comunes de estilo Repeticiones, cacofonías, frases excesivamente elaboradas, cambios de tiempo verbal, mala utilización del gerundio o proliferación de adjetivos innecesarios… Todo esto tiene fácil solución cuando se sabe. Podéis echar un vistazo a los errores del novato, aquí. En nuestra primera vez, el nivel de energía que tenemos es máximo. Lo que escribimos es estupendo, sin duda… ¿sin duda? Segundo paso: hacerlo público Hay quien escribe para sí mismo. La escritura es terapéutica. Pero la mayoría de los escritores tienen algo que contar a los demás y el fin último es que alguien nos lea. Pero somos humanos y la duda, la vergüenza y el miedo a lo que opinen de nosotros puede dilatar este momento. Tened en cuenta una cosa muy importante: se juzga el relato, no al escritor que hay detrás, por mucho que hayamos puesto de nosotros en él. Vencer los temores Hay que lanzarse a la piscina. Solo si conocemos lo que opinan los lectores podemos mejorar. Los más osados no tienen miedo a lo que opinen los demás de algo que nos ha costado parir sangre, sudor y lágrimas. En lo que escribiremos plasmamos nuestras emociones, nuestra forma de percibir las cosas, experiencias… Es lógico que intentemos defender a nuestras criaturas, pero también debemos
Método PEN – el sistema con el que por fin escribirás tu novela
Tal vez esto te sorprenda, pero es probable que mi hijo de 5 años sepa más que tú sobre cómo escribir una novela. Y no lo digo por presumir, sino porque él, a estas alturas, tiene claro que para escribir una novela se necesitan una serie de cosas imprescindibles. ¿Sabes tú cuáles son esas cosas? Si dudas, si te quedas pensando, es porque necesitas el método PEN. Cómo escribir un libro (y cómo no hacerlo) Hace ya diez años que escribí mi primera novela. Lo hice “a pelo”. Quiero decir con esto que lo hice por intuición. Por lo que había ido asimilando a lo largo de toda una vida de lector empedernido. Pero a partir de ahí fui cambiando mi forma de trabajar hasta tener por delante un método con el que siempre escribo mis novelas. Mucho de lo que has de tener en cuenta te lo cuento en este artículo en el que explicó cómo escribir un libro. Hay quien dice que escribir un libro no es hacer una ecuación matemática. Y es cierto; que sumes dos más dos en literatura no te garantiza que tu libro sea bueno. Para esto sirve bien una curiosa anécdota: A un escritor le preguntó una dama qué cosas debía incluir en un relato para que fuera interesante. El escritor le dijo que debía contener cierta dosis religiosa, clase, amor y un fuerte componente de intriga. La dama cogió todos esos elementos y compuso lo siguiente: “¡Dios mío! —exclamó la duquesa— ¿quién ha dejado embarazada a mi hija?” Sí, la composición contiene clase, (la duquesa), religión (la exclamación a Dios), amor (o al menos algo de sexo) y una fuerte dosis de intriga (no sabemos quién ha sido el “embarazador”). Pero eso no es literatura, y desde luego no cumple con los mínimos que esperamos de un buen relato. “Para escribir debes saber construir cada uno de los pequeños elementos que conforman una novela” La dificultad de la escritura Ahora bien, el hecho de que esa mujer no usar bien los elementos no significa que el consejo del escritor no estuviera bien dirigido. Es cierto, la literatura no es como las matemáticas; no es ciencia exacta y en ella el orden de los factores sí altera el producto. Pero los factores existen. Están ahí. Es necesario conocerlos. Es más: es necesario dominarlos. Debes saber construir cada uno de los pequeños entresijos por los que se rigen. Y hay muchos elementos, y por tanto, muchos entresijos a construir. Y ahí está la dificultad. El consejo del escritor era bueno… Pero la dama no supo cómo manejar esos elementos. Y aquí es donde la mayoría de las academias de escritura fallan. Me explico: Hay academias estupendas y maravillosas en las que se ofrece mucha, buena y útil información sobre qué cosas debes hacer para construir tu novela. Pero a lo largo de mis nueve años como profesor de narrativa me di cuenta de que, aunque mis cursos eran buenos, y útiles, a la hora de enfrentarse a la construcción de su novela, alumnos que tenían un talento evidente y que trabajaban bien, se encontraban en serias dificultades para llevar a cabo sus proyectos. La práctica y la experiencia: el gran déficit del autor novel Mis alumnos tenían el conocimiento teórico… Pero les faltaba la práctica. Y me pregunté cómo era posible que eso ocurriera, porque en mis clases no solo me dedicaba a impartir el conocimiento. Todo lo contrario: en mis cursos y talleres cada semana se proponen ejercicios para poner en práctica lo que hemos visto en la clase. ¿Cómo era posible entonces que no supieran enfrentarse a la escritura de una novela? Y la respuesta a esa pregunta, en parte, la he contestado más arriba cuando decía que el escrito debe dominar todos los diferentes elementos de una novela, y no solo eso, sino los muchos entresijos que hay para construirlos. Ese es el problema: ¡que son muchos! ¡Son tantos que si no tienes experiencia no sabes ni por dónde empezar! Y claro… Los autores noveles, la gente que se apunta a los cursos de escritura, no tiene experiencia. Hay algo que tengo muy claro desde que imparto cursos de escritura: Si los doy es para que sean útiles. Pero me encontraba con que muchos de mis alumnos, al finalizarlos, a pesar de tener el conocimiento necesario y de haber hecho prácticas eran incapaces de ponerse a trabajar en una novela. Así que, ¿cómo podía solucionar ese problema? Si llevas tiempo intentando sacar al escritor que llevas dentro y no lo consigues, descubrirás que el método PEN está pensado precisamente para facilitarte las cosas. No solo dispondrás de mi apoyo y el de tus compañeros; también dispondrás de una serie de ayudas que te harán más fácil el camino. Estás a un solo click de empezar a realizar tu sueño. ¿A qué esperas para llevarlo a cabo? La clave del Método PEN La respuesta era simple: Tenía que conseguir un sistema por el que los alumnos tuvieran fácil el hecho de enfrentarse a su novela. Dicho así era muy sencillo… Pero llevarlo a la práctica parecía bastante más complicado. Hasta que caí en un detalle básico: Mis cursos de escritura se basan en cómo evoluciona una novela a medida que la vas planificando. Quiero decir que, puesto que eres inexperto y no sabes a qué te enfrentas, lo mejor que puedes hacer es planificar todos los detalles de tu novela. No es una idea personal. En su libro Suspense, cómo se escribe una novela de intriga, Patricia Highsmith dice que “Me parece de lo más aconsejable que un escritor principiante trace un bosquejo del libro capítulo a capítulo –aunque las anotaciones de cada uno puedan ser breves– porque los escritores jóvenes son muy propensos a divagar.” No solo es que sean propensos a divagar… Es que, tal como he podido comprobar por mi experiencia a lo largo de los años al dar clase, los autores que empiezan olvidan muchas de las
Como caracterizar personajes – II Parte
Continuamos con la segunda parte de esta serie de tres artículos que comenzó el mes pasado sobre caracterización de personajes. En este artículo veremos como JK Rowlin encontró un modo muy sencillo de dar entidad a sus criaturas más emblemáticas y lo empleó desde el principio hasta el final de la saga. Sigamos con algunos consejos sobre cómo caracterizar personajes basados en su obra. Hagrid Hagrid es un personaje tan bien caracterizado como Minerva. Con el añadido de que su posición a medio camino entre miembro del colegio y amigo de los niños lo hace especialmente útil para definir el carácter de otros personajes. Así, el narrador lo presenta de una manera más o menos neutra. La segunda vez que aparece lo hace a modo de amenaza para los Dursley; y más tarde Malfoy y Harry tienen una conversación sobre él en la que quedan patentes las mayores diferencias entre los dos jóvenes magos: “La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete. Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho. Se podía decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado… Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín. En sus enormes brazos musculosos sostenía un bulto envuelto en mantas.” “Un hombre gigantesco apareció en el umbral. Su rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.” “—Sí, claro. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama.” En cualquier caso, sea cual sea el punto de vista, Hagrid siempre aparece caracterizado como un gigante con el pelo largo enmarañado. No hace falta nada más para reconocerlo por su aspecto en todas las páginas en las que aparece. Harry Potter La caracterización del personaje de Harry es un poco más detallada que la del resto de personajes. Por supuesto, es el protagonista. En principio se contrapone tanto su aspecto como su personalidad a la de su primo Dudley: “[…]Harry había sido siempre flaco y muy bajo para su edad. Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley, y su primo era cuatro veces más grande que él. Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante. Llevaba gafas redondas siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley le había pegado en la nariz. La única cosa que a Harry le gustaba de su apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago.[…] A Harry le habían cortado más veces el pelo que al resto de los niños de su clase todos juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.” Y esto, señoras y señores, es todo lo que necesitamos saber de Harry Potter. Esto y nada más. También al principio se habla de su docilidad y de la bondad de su carácter, pero los rasgos físicos básicos por los que conocemos al joven mago son esos cuatro: gafas rotas, ojos verdes (que las películas han convertido en azules), pelo negro y rebelde y la famosa cicatriz en forma de relámpago. La cicatriz impuesta por el villano, los ojos de su madre, el pelo de su padre. Eso es Harry Potter. De hecho, el capítulo 8, titulado “El profesor de pociones”, comienza así: “— Allí, mira. —¿Dónde? —Al lado del chico alto y pelirrojo. —¿El de las gafas? —¿Has visto su cara? —¿Has visto su cicatriz?” El profesor Quirrell Quirrell es un buen falso villano. La autora lo describe siempre con la suficiente ambigüedad como para que el lector desconfíe de él, pero es también lo bastante hábil como para distraernos con cosas que pasan a su alrededor y que, al menos en apariencia, son más importantes. Este es, al final, el destino del primer desafortunado profesor de Defensa contra las Artes Oscuras (SPOILER: todos los docentes de esta materia mueren o pierden la cabeza): ceder su espacio al villano real. Veamos cómo y dónde aparece y qué lo caracteriza. La primera vez, en el caldero chorreante se habla de un “joven pálido muy nervioso con un tic en el ojo”. Y Hagrid explica: “[…] Pobre hombre. Una mente brillante. Estaba bien mientras estudiaba esos libros de vampiros, pero entonces cogió un año de vacaciones, para tener experiencias directas… Dicen que encontró vampiros en la Selva Negra y que tuvo un desagradable problema con una hechicera… Y desde entonces no es el mismo. Se asusta de los alumnos, tiene miedo de su propia asignatura…” La segunda parte, en la ceremonia de selección: “El nervioso joven del Caldero Chorreante […] estaba muy extravagante, con un gran turbante púrpura.” La tercera parte, hablando con Snape: “El profesor Quirrel, con su absurdo turbante[…].” La cuarta vez, hablando de sí mismo: “La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma. Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo. Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó
Grandes autores españoles: José Martínez Ruíz “Azorín”
En los últimos cuatro artículos de este curso de literatura hemos hablado de grandes autores españoles, todos ellos de la llamada Edad de Oro de la literatura española. Pero en esta ocasión vamos a poner a funcionar el condensador de fluzo y nos vamos a trasladar unos cuantos años hacia el futuro. Cambiamos de metal precioso y nos trasladamos a la denominada Edad de Plata, que según los estudiosos es el periodo comprendido entre 1898 y 1936. Y me vais a permitir hablaros de un autor de la “terreta”, de la mía, Alicante: José Martínez Ruiz, conocido mucho más por su seudónimo, “Azorín”, y del que se celebra este año 2017 el cincuenta aniversario de su muerte por estos lares. Vamos a ello. Los primeros años de Azorín José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido como Azorín, nace un domingo 8 de junio de 1873 en Monóvar, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante. Lo hace en el seno de una familia acomodada, tradicional y católica. Su padre, Isidro Martínez, era abogado y alcalde del pueblo; su madre, María Luisa Ruíz, era una rica hacendada de la zona. Ocho hermanos le siguieron, completando el lote familiar. Los estudios de bachillerato los realiza interno, con el beneplácito de su padre, en el centro de los padres Escolapios que estos tenían en Yecla, una localidad cercana a Monóvar, donde termina permaneciendo ocho años. Más tarde, en 1888, se traslada a Valencia para cursar los estudios de Derecho en la Universidad de esta localidad, siendo en esta ciudad donde descubrirá la literatura europea, aprendiendo francés e italiano. Es curioso descubrir que Azorín no ve el mar que tanta luminosidad aportó a su obra, esto lo dice él, hasta 1892, cuando pasa un verano en Alicante, en un piso alquilado en la calle Labradores, en pleno casco antiguo. Aquí podéis ver y saber un poco más de donde nace y crece. Los inicios de Azorín en esto de las letras Como el mismo diría en sus comienzos, sólo tenía una meta: “lograr la fama en la república de las letras“. Para ello comienza en 1893 pronunciando una conferencia: “La crítica literaria en España” en Valencia que más tarde publicaría con el seudónimo “Cándido”. En este punto quiero aclarar que el seudónimo de “Azorín” lo empieza a utilizar a partir del año 1904, hasta ese momento sus trabajos los firmaría siempre con seudónimo, más de uno. La Valencia de la época se le queda corta, y eso que publica en varios periódicos de la zona entre los que incluimos El Pueblo, dirigido por aquel entonces por Blasco Ibáñez, y termina trasladándose a Madrid en 1896. Es en la capital donde empieza su historia como escritor, haciéndose notar en sus críticas y artículos de prensa, sobre todo en los de crónica política. El País termina expulsándole de la redacción tachándole de radical. El Motín le mantiene, pero se hace notar por la dureza de sus artículos hacía el mundo literario del momento y hacia la iglesia. Pero su fuerte discurso ya es reconocido y admirado, así que es requerido por los editores de la época y termina publicando en los periódicos y revistas más importantes de esos años. En 1902 publica la novela La voluntad, la primera de una trilogía de donde sale el seudónimo por el que se le conoce “Antonio Azorín”. Comenzará a utilizarlo a partir de 1904. A partir de este momento su carrera como escritor ya no necesitará de más empujones. Azorín y la Edad de Plata Antes de ir más allá, creo interesante mencionar algunos apuntes de la realidad social y política en la que se mueve nuestro autor. Es un periodo convulso que tiene como arranque los acontecimientos de 1898, la pérdida de Cuba, y termina con el inicio de la guerra civil en 1936. Esto tiene como consecuencia un cambio en la mentalidad de la época, dejando fluir un pensamiento irracional que se centra en la existencia del hombre, dando más importancia a los impulsos vitales que a la razón. y que termina sustituyendo al positivismo y empirismo que marcó a los años previos en la literatura. En este periodo aparecen y conviven tres grandes generaciones de escritores. La primera, “la de fin de siglo“, da como resultado dos formas de ver la literatura; los modernistas, que rechazan la realidad y centran sus obras en la evasión negándose a plasmar las circunstancias negativas de la época en que surge y donde podemos ver a autores como Machado, en sus inicios, o Juan Ramón Jiménez. La otra visión del momento es a la que se denominó como “Generación del 98” (año del desastre de Cuba), que está formada por escritores que preferían mostrar su disconformidad de forma mucho más directa mediante la oposición y la crítica. Aquí incluiremos a nuestro autor, Azorín, junto a otros como Unamuno o Pío Baroja. Estas dos líneas están conformadas por autores que se centraron sobre todo en el ensayo y la prosa. La segunda generación sería la denomina “del 14”. Estos reconocen su admiración por la del 98 pero se distinguen por defender la modernización de España y su europeización, y como dijo Ortega Y Gasset, miembro de la misma, “eliminar los elementos humanos, demasiado humanos, que dominaban en la producción romántica y naturalista”. Y por último la generación del 27, poblada de poetas afines y buenos amigos cuya máxima intención era compartir la voluntad de integrar vanguardia y tradición, donde podemos encontrar a poetas tan ilustres como el gran Federico García Lorca. Azorín y la política Un par de puntos más arriba dejábamos a nuestro autor en 1904, cuando ya despuntaba como ensayista y crítico en prensa y revistas emblemáticas a nivel nacional. La característica que predominaba hasta ese momento era la de un discurso radical y muy duro que entroncaba con una mentalidad netamente anarquista. Pero dicen los estudiosos de su biografía que a partir de 1905 su mentalidad cambia y su forma de pensar y su literatura se
Caracterización de personajes. Cómo crear personajes reconocibles I
¿Caracterización de personajes es lo mismo que creación de personajes? La creación de un personaje es una cosa muy seria que requiere mucho cuidado y, con suerte, mucho tiempo. Esto que voy a decir ahora os va a sonar raro pero, como los personajes no son personas aunque deban parecerlo, el trabajo de decidir sus características y que todas ellas sean coherentes es arduo. Para crear un personaje hay que tener en cuenta su historia personal, la de su familia, su contexto sociocultural; si es de clase alta, media o baja, si es culto, si es huérfano o miembro de una familia numerosa, si es el primer hijo o el último. Todo eso es importante porque determinará su manera de comportarse y es el modo de comportarse de los personajes lo que hace que la historia se desarrolle de una manera o de otra. Pero la caracterización de personajes es otra cosa. La caracterización de personajes es más simple Además de decidir todo lo anterior, también hay que tener muy claro cuáles serán los rasgos físicos de un personaje y los rasgos básicos de la personalidad que mostraremos desde el inicio en la novela. Una buena caracterización de personajes tiene en cuenta el aspecto y el carácter. En teoría basta con unas pocas características muy bien definidas. Pongamos algunos ejemplos gráficos fuera de Harry Potter: Si hablamos de un hombre con pantalón negro, camisa blanca, espuelas, sombrero de ala ancha y capa corta negra con una espada ligera seguramente todos pensemos en El Zorro. Si mencionamos a una mujer caprichosa, muy bella, de ojos verdes que ya lo pensará mañana, seguro que se nos ocurre Escarlata O´Hara. Aunque venga del cine, todos sabemos que la mujer con ensaimadas en el pelo es la Princesa Leia y pocos dudaremos de que un hombre muy pálido que solo sale de noche y se oculta tras una capa larga sea un vampiro. Caracterización de personajes básica en Harry Potter En la edición de tapa blanda de Salamadra con la que trabajo, todos lo personajes de relevancia de Harry Potter y la Piedra Filosofal están descritos y son fácilmente reconocibles antes de la página 127 de un total de 259. Para la mayor parte de estas caracterizaciones se usan muy pocos rasgos físicos. Lo más importante a la hora de reconocer a los personajes de Harry Potter son, en muchos casos, sus actitudes y la opinión que de ellos tienen otros personajes o el propio narrador, que cuenta la historia desde el punto de vista del propio Harry. Sin embargo, las pocas líneas que JK Rowling usa para describirlos físicamente son tan efectivas que no es necesario más para reconocer, por ejemplo, a Minerva McGonagall 80 páginas después de la primera mención que se hace de ella. Veremos por qué. La caracterización de los Dursley La familia Dursley, los antagonistas de Harry en el mundo real, son los primeros personajes que se describen. El texto es el siguiente: “El señor y la señora Dursley […] estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente.” […] “El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros. Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso. La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos. Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él.” “Dudley Dursley era un chico grande y rubio […]. Estaba muy gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto.[…] Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry decía a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.” Veamos qué funciona en estas pocas líneas que determinan el comportamiento de estos tres personajes a lo largo de los siete libros de la saga: Los Dursley son una familia que se considera normal. El marido es un hombre gordo con bigote. La mujer es una rubia delgada muy cotilla. El hijo es un niño malcriado y abusón. A priori no parece que haya nada de normal en estos cuatro puntos. La mayor parte de la gente no es obesa ni se pasa la vida estirando el cuello para ver qué hacen los vecinos, ni se dedica a acosar a los más débiles. El truco está en la perspectiva desde la que estos datos se ofrecen: Son los propios Dursley los que dicen de sí mismos que son normales. Así, cuando el narrador nos ofrece la visión de Harry, esta es mucho más cercana a la que ya nos hemos formado nosotros como lectores porque nosotros, que también nos consideramos normales, no nos identificamos con los Dursley y su mezquindad. Por eso todos nos sentimos muy inclinados a darle la razón a Harry cuando dice que Dudley parecía un cerdo con peluca. La caracterización del personaje de Albus Dumbledore Estamos ante uno de los personajes determinantes del desarrollo de la trama cuya caracterización varía a medida que la saga se complica. En este primer libro se lo describe como un brujo agradable, uno de esos viejos sabios un poco chiflados: “En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba plateados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cristales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado
Cómo escribir una novela: La guía definitiva para conseguirlo
Uno de los mayores problemas al que se enfrentan los escritores que empiezan es que no saben cómo escribir una novela. Tienen una idea, o un personaje, o una historia, pero vive en su mente. Traspasarla desde ahí al papel se convierte en un misterio, cuando no en un enorme desafío, y no consiguen hacerlo con éxito. Algunos lo logran, pero solo para comprobar que cuando lo envían a las editoriales estas no responden, y si toman el camino de la autoedición apenas logran un puñado de ventas. Este artículo está pensado para ofrecer una guía fiable, y paso a paso, de lo que debes tener en cuenta si quieres escribir una novela con posibilidades reales de éxito. Pero antes de hablar de eso, tenemos que empezar por el principio y aclarar qué es una novela. ¿Qué es la novela? Si bien pueden existir diferentes definiciones de “novela”, según la interpretación de cada profesional, mi propósito es poder aportar algunas consideraciones importantes, derivadas de las conceptualizaciones de algunos autores que han investigado sobre el tema o que han dedicado parte de su vida al desarrollo de este apasionante género literario. Decía Alonso Lafuente (2002) en su investigación “El comentario de textos: la novela”, que “si atendemos a las manifestaciones de diversos críticos, podemos concluir que la novela es un relato ficticio o relato de hechos imaginarios, que admite cualquier extensión (para Forster, no inferior a cincuenta mil palabras), cualquier tema y cualquier estructura y acepta, respecto a su tono inspirador, tanto lo épico como lo dramático, lo lírico tanto como lo trágico o lo cómico y, por supuesto, la combinación y mezcla de tonos diversos”. La novela para los escritores… Una novela también viene a representar el sueño de miles de escritores que anhelan ganarse un espacio al contar una historia que tienen en mente y que necesitan que sea contada. Sin duda, una novela es un acto de amor que representa el desarrollo de meses o hasta años de incansable trabajo para dar con una narrativa que enganche. Esta historia ficticia debe ser coherente, y contar con una serie de acontecimientos que desencadenan una trama en la que los personajes tendrán que tomar decisiones importantes en un espacio y tiempo determinado; todo esto, narrado desde una perspectiva seleccionada por el autor. ¿De qué estamos hablando? Justamente de los principales elementos caracterizadores de una novela, que sí o sí deben estar presentes para estar cada vez más cerca de poder escribir una obra que cumpla con tus expectativas… y las de los demás. ¿Te interesa escribir tu propia novela? Si es así, ¡quiero acompañarte en este maravilloso recorrido! A partir de este momento, podrás disfrutar de un contenido que he preparado para ti y que te permitirá tener bases claras para la escritura de tu novela. Por eso, antes de que empieces a leer el resto de este interesante material, quiero que veas este video que te servirá como un muy buen abrebocas para todo lo que se viene. ¡Vamos, creo en ti! Cómo escribir una novela Esa es la eterna pregunta que se hacen todos los que se acercan por primera vez a esto de la escritura: cómo escribir una novela. Todos, yo también me lo pregunté cuando empezaba en esto. Era Pérez Reverte quien contaba una anécdota hace algún tiempo. Decía que estaba tomando un café en un lugar que suele frecuentar y que de pronto se le acercó un chico que le preguntó eso mismo: cómo escribir una novela. Reverte, un tanto perplejo, le preguntó qué tenía pensado, y le contestó que nada. Le insistió preguntándole por el argumento, o por la época, o por los personajes, y el aspirante a escritor le dijo que no tenía pensado nada de eso. Pero que, al fin y al cabo, se trabaja solo de escribir un libro, que eso lo hace cualquiera. Así está el patio. La gente piensa que escribir una novela es algo simple, al alcance de cualquiera… Qué necesitas para escribir una novela No, no… No pienses que me voy a poner elitista, ni mucho menos. Para escribir una novela no necesitas tener un coeficiente intelectual de 140, ni una imaginación desbordante, ni mucha chispa, ni ser capaz de generar toda clase de situaciones. En realidad, casi cualquiera puede escribir una novela. ¿Qué es lo que necesitas? 1. Saber escribir Esto es obvio. ¿Si no sabes escribir cómo vas a escribir? Dicho así, parece una perogrullada, pero si te mueves un poco entre la gente que empieza a escribir, descubrirás que muchos que desconocen las más básicas reglas de ortografía y gramática aseguran que son “escritores”. Esto es como el que asegura que es arquitecto y nunca aprobó la asignatura de matemáticas. Para escribir necesitas conocer los fundamentos del idioma. De lo contrario lo que salga de tus manos será ininteligible. 2. Tener inventiva No importa qué tipo de novela quieras escribir. Incluso si va a ser una novela histórica en la que muestres acontecimientos y personajes reales vas a necesitar “inventar” cosas. Vas a tener que crear los lugares en los que ocurre la novela, y los vestidos, y las situaciones, y los diálogos… Esto no puede aprenderse. Se tiene o no se tiene. Es como el que tiene oído para la música y el que no. No voy a entrar ahora en este tema, pero si quieres conocer mi opinión, ya escribí hace tiempo un artículo sobre el talento del escritor. 3. Trabajar hasta lograrlo Esto. Esto es lo que marca de verdad la diferencia entre el que quiere ser escritor y el que quiere escribir una novela. Porque no, no es lo mismo. El que quiere ser escritor quiere disfrutar de una especie de “estatus”, o llámalo como quieras, que rodea a los escritores, como si fuéramos iconos de la cultura o algo así (y que a mí me parece una soberana tontería). Pero no quiere trabajar para conseguirlo. Quiere disfrutar de esa sensación y ya. Pero, amigo mío, escribir una novela
Grandes autores españoles: Francisco de Quevedo
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, más conocido como Francisco de Quevedo, o incluso como Quevedo, es el autor que este mes nos ocupa. Una vez más, la cuarta para ser exacto, vamos a hablar de un escritor del denominado “Siglo de Oro”, el más brillante, según algunos, de nuestras letras. Lo cierto es que con compañeros de rimas como Cervantes, Lope de Vega y Góngora, todos contemporáneos al escritor en cuestión, no me extraña que se le conozca con el nombre de ese noble metal. En fin, vamos a ello. Primeros años de Francisco de Quevedo Francisco de Quevedo nace un mes de septiembre de 1580 en Madrid. De los escritores más importantes de su época, en realidad destaca más por sus poemas que por sus escritos en prosa. Aunque nace en el seno de una familia noble, el destino quiso que lo hiciera con una deformidad en los pies, de la que dio buena cuenta su compañero de letras y tiempo Lope de Vega en algunos de sus escritos, y una fuerte miopía. Como consecuencia de esto, y debido a la crueldad de los niños de la nobleza con los que convivía en la Corte, su niñez fue solitaria y amarga, llevándole de forma compulsiva, según se cuenta, a evadirse en la lectura. Quedó huérfano de padre a los seis años y, debido a su precocidad, comenzó a estudiar tempranamente en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús que esta Orden tenía en Madrid. Más tarde estudió Teología sin llegar a ordenarse, además de lenguas antiguas y modernas. Francisco de Quevedo en la Corte española Tras unos años en Valladolid, donde estaba la corte en ese momento, vuelve a Madrid al trasladarse esta a la Villa (recordemos que sus padres eran nobles ligados a la misma). Estuvo volcado en las letras hasta 1611. Establece una relación muy afable con el Duque de Osuna, al cual acompaña como secretario en 1613 en su viaje a Italia desempeñando funciones diplomáticas, hasta el extremo de conseguirle, según cuentan, en 1616 su nombramiento como virrey de Nápoles. Dicen que la caída en desgracia del Duque de Osuna le regaló un destierro en Villanueva de los Infantes hasta que Felipe IV sube al trono y vuelve a granjearse los favores de la corte haciendo buenas migas con el Conde Duque de Olivares, llegando a ser, según cuentan, secretario del Rey allá por el 1632, máximo puesto alcanzado en su época cortesana. Se casa con Esperanza de Mendoza en 1634 por las presiones del Duque de Medinacelli, más concretamente por las que la mujer de este ejercía sobre el Duque, pero el matrimonio dura tres meses. En 1639, por motivos un tanto extraños, se enemista con el rey y su valido, lo que le lleva a ser detenido y encerrado. Primero en el Convento de San Marcos de León, y más tarde en Loeches. Permanece preso hasta 1643, momento en que el Conde Duque de Olivares cae en desgracia y Quevedo es puesto en libertad. Una libertad relativa, ya que sale del encierro muy tocado de salud, retirándose de la vida en la Corte de forma definitiva y trasladándose para pasar sus últimos días a su señorío en la Torre de Juan Abad, donde fallece en 1645. Quevedo versus Góngora Como era habitual en esta época, todo autor famoso tenía un rival en el de enfrente, y Quevedo no iba a ser menos. Lo encontró en Góngora, con el que mantuvo una disputa literaria pública a la altura de sus genios. Dicen que fue precisamente Quevedo quien dio comienzo al enfrentamiento cuando publicó, estando en la Corte de Valladolid, unos poemas que según Góngora minaban su reputación y obtenía fama a su costa y que dicha enemistad no terminó hasta la muerte del escritor cordobés después de que este le contestará con los siguientes versos Musa que sopla y no inspira Y sabe que es lo traidor Poner los dedos mejor En mi bolsa que en su lira, No es de Apolo, que es mentira. No obstante, estudiosos actuales de la época no están del todo de acuerdo con esas disputas de por vida, más bien lo ven como algo normal y habitual en los autores del Siglo de Oro. Quevedo y el conceptismo Tanto Quevedo como Góngora y Lope de Vega se mueven dentro de la lírica barroca, movimiento que busca romper con el equilibrio en la forma y el contenido del periodo anterior, el Renacimiento, generándose dos estilos opuestos: el culteranismo, cuyo máximo representante fue Góngora, y el conceptismo, donde Quevedo se alza como exponente único. Del culteranismo ya hablamos en el artículo dedicado a Luis de Góngora. Del conceptismo, donde Quevedo se mueve como pez en el agua, tan solo diremos que se centra en el contenido de lo escrito más que en su forma, como hacía el culteranismo, empleando lo que se ha dado en llamar recursos de ingenio, es decir, juegos de palabras, asociaciones de ideas, dobles sentidos y otras fórmulas similares, llenando los versos de ironía, paradojas, antítesis e incluso de caricatura. Quevedo demostró manejar de forma magistral el uso del lenguaje haciendo un uso perfecto de las paronomasias (juegos de palabras con parecido fónico) y en las dilogías (doble sentido), recurriendo además a expresiones vulgares y coloquialismos, incluso creando nuevas voces (neologismos). En fin, algunos estudiosos llegan incluso a decir que Quevedo mantenía una actitud de juego constante con el lenguaje. Quevedo y su obra A Francisco de Quevedo se le conoce quizás más por su obra poética, pero lo cierto es que su obra es de lo más variada, trabajando también de forma magistral con la prosa. En poesía descubrimos a un Quevedo burlesco y satírico con unos versos en los que junto al tono humorístico se percibe un trasfondo pesimista que entroncan con los temas de la época. Aunque sus poemas más famosos son los dedicados a sus rivales literarios, así como a las parodias de personajes mitológicos, Quevedo escribe poemas de tono
La voz del narrador: Cómo saber quién debe contar tu historia
Yo cuento la historia, ¿no? Pues no. Yo soy quien escribe las palabras, pero puedo utilizar diferentes voces para guiar al lector, para formar un puente entre el escritor y quien lee. No hay que confundir al novelista con el narrador. Es cierto que muchas veces se puede “ver” en cierto modo al escritor tras el narrador por la exposición de creencias o puntos de vista personales. Esto se llama autor implícito. Pero la mayoría de las veces, nuestros narradores van a estar alejados de nuestra propia voz. ¿Cómo puedes elegir entonces la voz del narrador? Vamos a jugar a ser dioses para escoger la mejor voz del narrador por la cual vamos a dirigirnos al lector. Cada historia nos va a pedir un narrador diferente y muchas veces debemos experimentar con varios hasta encontrar la voz del narrador adecuada. La voz del narrador respecto al mundo narrado Todo esto que te voy a contar es teoría de la narración y no voy a poner un tostón al respecto. Solo quiero que lo sepas para que puedas jugar con tus personajes y con el modo de narrar tu novela. Porque, y esto tenlo claro, la voz del narrador que elijas cambiará el alma de tu historia (y te marcará el tono, el ritmo y la pauta de trabajo, pero eso ya lo veremos). Hace unos cuantos años, un señor llamado Genette hizo una clasificación de los narradores que más o menos es como explico a continuación. Aquí podéis ampliar información. ¿Qué es la diégesis? Es el desarrollo narrativo de los hechos, pero a la vez es el mundo que hemos creado y en el que transcurre la narración. Cuando hablamos de narradores, pueden formar parte de esa diéreris (ser personajes reales en ese mundo ficticio) o estar fuera de él. Si queréis saber el origen de esta palabra, pinchad aquí. Ahora, lo importante es que conozcamos los principales tipos de narrador Narrador autodiegético Es aquel que nos cuenta la historia desde dentro porque la ha vivido. Ha formado parte de ella y nos narra sus experiencias. No es un narrador protagonista, es decir, la historia no gira en torno a él. Modo de usar este tipo de narrador: tomamos entonces un personaje de ese mundo que hemos creado y le damos voz. Si elegimos este narrador, el personaje que creemos para ello debe estar bien creado para que resulte coherente y veraz, pero a la vez, no debe comerse al protagonista con patatas. Debe estar equilibrado. Tener fuerza, pero ceder el protagonismo a quien lo tiene. Además, debemos tener cuidado en cómo describe el mundo y las situaciones porque está dentro de él. Narrador extradiegético Es ajeno a la historia y nos cuenta lo que ocurre desde fuera. Modo de usar este tipo de narrador: tenemos un narrador que puede describir el mundo como queramos porque no pertenece a él, pero al mismo tiempo, esta vez es menos potente porque no se implica emocionalmente en la historia. Narrador homodiegético Es el narrador que nos cuenta su historia, pero que a la vez es el centro de ella. Es un narrador protagonista. Modo de usar este tipo de narrador: debemos construir un personaje sólido. Y debemos buscar su propia voz: es decir, su modo de hablar y de expresarse marcará el tono y el ritmo de la novela. Cuidado con todo lo que hace que un personaje sea coherente: educación, valores, experiencias… Eso influirá en el léxico y los giros que utilice el protagonista Narrador metadiegético Se trata de aquel narrador que nos encontramos como personaje dentro de la historia y al que el narrador principal le cede el turno de contar otros acontecimientos que han sucedido durante la misma. Sería una historia dentro de la historia. Modo de usar este tipo de narrador: deberemos asegurarnos de que tenga una voz distinta a la del narrador principal para que quede muy claro quién está contando la historia. Así que este narrador deberá construirse a fondo en cuestión de cultura, sentimientos, creencias… Inciso: cuando elegimos un narrador personaje de la historia, debemos preguntarnos si queremos que sea un narrador confiable o si queremos que engañe al lector de alguna forma para conseguir un fin. Un fin que se desvelará en un giro de acontecimientos. También puede engañar al lector de una forma inconsciente, porque… ¿qué ser humano es un narrador fidedigno de los hechos? Y esta opción me parece muy interesante de trabajar. Es decir, tenemos una voz que puede estar dentro de la historia, que puede ser o no ser el protagonista y hablar de sus experiencias o de las de otros. Las posibilidades son infinitas. Pero esto no solo acaba aquí. También debemos elegir lo que sabe el narrador sobre los acontecimientos. ¿Queremos que se meta dentro de los sentimientos de los personajes o que solo nos narre las acciones? Dependiendo de lo que queremos mostrar al lector, tenemos otra clasificación para usar en nuestro texto narrativo La voz del narrador según el punto de vista Narrador omnisciente Nos cuenta los hechos y se mete dentro de los protagonistas como si fuera dueño y señor del tiempo y del espacio. Vamos, que es un dios que maneja toda la información. Se narra en tercera persona (a no ser, claro está, que el narrador sea un dios o similar. Entonces se contará en primera persona). Narrador observador Cuenta al lector los que está sucediendo desde fuera como si fuera una cámara, por lo que no participa de los pensamientos y sentimientos de los personajes y tiene solo la información de lo que se ve: es parcial. Se suele narrar en tercera persona. Es bastante complicado contenerse y muy fácil contar de más si usas esta voz narrativa. Narrador protagonista Nos contará su propia percepción de los hechos y sus sentimientos ante ellos. Su información también es parcial. Se narra en primera persona o en segunda persona. La ventaja de la primera persona es la capacidad para mostrar las emociones desde
¿Quién puede firmar un contrato editorial?
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Sin embargo, la vida es tan caprichosa que podemos encontrarnos con supuestos que difieran en mucho de lo que nos parece normal y que también deben encontrar encaje en el mundo jurídico. Dándole vueltas a esta idea, me han venido a la cabeza dos posibles situaciones que si bien no son normales podrían darse: ¿qué haremos si el autor es menor de edad o una persona que no se encuentra en plenitud de facultades mentales? ¿Quién puede firmar un contrato editorial? ¿Puede firmar un contrato editorial un menor de edad? Imaginad un menor de edad que escriba y publique su primer libro. No es nada extraño, ni tampoco sería el primer caso en que una persona joven resulta extraordinariamente prometedora. Recordad el caso de Cristopher Paolini, que si bien publicó su primera novela El Legado siendo ya mayor de edad, comenzó a escribirla con quince años. En España se me viene a la cabeza Laura Gallego, que comenzó a escribir con once años, aunque publicaría su primera novela diez años después. La problemática no llegó a plantearse en ninguno de los dos casos, pero podría haberse dado. Podría suceder que alguien quiera publicar su primera novela antes de cumplir los dieciocho años. ¿Qué sucedería? ¿Podría hacerlo? ¿Cómo se instrumentalizaría ese contrato de edición? Lo que dice la ley sobre si un menor puede firmar un contrato En nuestro ordenamiento se presume que los menores no tienen suficiente capacidad para obrar, más allá de pequeñas disposiciones (cuando vamos a por chuches o realizamos pequeñas compras), para el resto de actuaciones necesitan autorización o asistencia. Nos podemos encontrar con dos situaciones diferentes: Que el autor sea menor de edad sin emancipar. En este caso serían sus progenitores ostentando la patria potestad (o sus tutores en caso de que no tenga padres o se hayan visto privados de la patria potestad) quienes autorizarán la firma del contrato de edición. Menor de edad emancipado. La emancipación se produce en determinadas situaciones cuando un mayor de dieciséis años, pero menor de dieciocho, puede realizar por sí mismo determinadas actuaciones como si fuera mayor de edad. En principio podría disponer y firmar por sí mismo el contrato de edición sin mayor problema, ya que las únicas limitaciones establecidas para estos menores es la necesidad de consentimiento cuando vaya a pedir préstamos, gravar o transmitir bienes inmuebles, establecimientos mercantiles o industriales. ¿Puede alguien firmar un contrato editorial si ha perdido sus facultades? El segundo caso que me he planteado sería el de una persona que ha perdido sus facultades por cualquier motivo (un accidente, una enfermedad mental, degenerativa…). No sé si Leopoldo María Panero llegó a estar incapacitado, pero sí que pasó largas temporadas en centros de salud mental. ¿Qué sucede cuando el autor no puede gobernarse por sí mismo? ¿Quién puede firmar un contrato editorial en este caso concreto? De nuevo tenemos que acudir a nuestra ley para aclarar la situación. En primer lugar es necesario poner de manifiesto que nuestro ordenamiento jurídico presume la capacidad de obrar de cualquier persona mayor de edad. Para ser privado de esa presunción de capacidad, una persona debe ser sometida a un proceso judicial de incapacitación. En el mismo, y tras los trámites oportunos, podrá ser declarado incapaz. Imaginemos que esa persona ha sido un escritor y que su obra puede ser editada. No está muerto, no hay herederos. Está vivo y coleando ¿quién puede firmar el contrato de edición en ese caso? 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z_index_tablet=”0″] Diferentes grados de pérdida de facultades Desde mi punto de vista, en primer lugar habría que acudir a la sentencia en la que se declara la incapacitación de esa persona. En esa sentencia se nombrará un tutor legal (persona física o jurídica) que se encargará se suplir las facultades que se hayan entendido que esa persona ha perdido. Si la persona fuera parcialmente incapacitada, lo que sucede por ejemplo con los pródigos (personas que no son capaces de administrar sus bienes), se le nombrará un curador que se encarga de asistirlo en todas las actuaciones que determine la sentencia judicial. Si expresamente no se dijese nada, se entiende que la asistencia se extiende a lo mismos actos que amparan al tutor judicialmente nombrado. El curador no autoriza, sino que asiste al incapaz, que es quien toma la decisión de firmar o no. Si la
Harry Potter y el viaje del héroe: el hechizo definitivo
¿Qué es el viaje del héroe? Hoy vamos a hablar de algo en lo que muchos cursos de escritura hacen especial hincapié pero que a mí no me quedó claro del todo hasta que me puse a ver ejemplos concretos: el viaje del héroe, también conocido como monomito. Joseph Campbell lo desarrolla en varios libros, el más conocido de ellos El héroe de las mil caras. Si os gusta escribir o si os interesa cómo se escribe, os recomiendo que le echéis un vistazo. En este ensayo, exhaustivo y entretenido, Campbell nos dice que el héroe se interna en la aventura partiendo de un mundo ordinario que conoce para llegar a un mundo fantástico. En su viaje se encuentra con criaturas mágicas y al final obtiene una arrolladora victoria. El las novelas donde el viaje del héroe es completo, el protagonista regresa al mundo ordinario y lo salva. No es el caso de Harry Potter, que bastante tiene con lo suyo… O puede que sí lo sea. Al fin y al cabo, tras cada una de las novelas de la saga Harry se las apaña para que Voldemort no aniquile el orden establecido. Pero es que Harry es un poco conservador. Bromas a parte, Harry Potter abandona su horrible vida en casa de los Dursley, entra en el mundo de los magos, corre una serie de peripecias y obtiene la piedra filosofal. He aquí el viaje del héroe. Los pasos del viaje del héroe Vamos a ver una tabla comparativa para que entamos con claridad cómo J.K.R. utiliza el viaje del héroe. La columna de la izquierda es un listado de la división en capítulos de Harry Potter y la piedra Filosofal. En la de la derecha una explicación somera de las etapas del viaje del héroe. Me he permitido alguna libertad, pero ya sabéis que lo hago de buena fe y, sobre todo, que no falto a la verdad. Y si os interesa mucho, mucho el tema, también podéis ver cómo se aplica el viaje del héroe en Star Wars. HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL EL VIAJE DEL HÉROE Prólogo No aparece en el viaje del héroe según Campbell. Los buenos cursos de escritura recomiendan no escribir un prólogo. El vidrio que se desvaneció Harry libera sin querer a una serpiente en el zoo. Ya antes había hecho cosas “raras”, pero en este caso incluso habla con la serpiente y se identifica con ella. La serpiente escapa, en un paralelismo de Harry y su huida del hogar de los Dursley La llamada de la aventura El héroe se encuentra en el mundo ordinario, pero algo sucede que le da una pista de que eso va a cambiar Las cartas de nadie El tío Vernon hace lo posible para que Harry no tenga acceso a las cartas de Hogwarts El rechazo de la llamada En muchas ocasiones el héroe no sale corriendo al oír la llamada. A veces por miedo o por un sentido del deber para con el mundo ordinario. El guardián de las llaves Hagrid aparece para entregar la carta, le dice a Harry quién es, se da un pequeño rechazo de la llamada por parte de Harry que no se lo cree y finalmente se van juntos. El callejón Diagon Hagrid ayuda a Harry a conseguir la equipación de Howarts (y le enseña que es rico y de paso se da inicio a la trama del no-robo en Gringotts) La ayuda sobrenatural Pero en cuanto el héroe acepta su destino, aparece alguien para ayudarle a llevarlo a acabo. A veces incluso le da algún objeto que le será de utilidad en el mundo fantástico. El viaje desde el andén nueve y tres cuartos Harry atraviesa literalmente una pared de ladrillo que separa ambos mundos. Por qué lo hacen los Weasley, que ya viven en el mundo mágico es otra cuestión. Debe de haber muy mala combinación entre La Madriguera y Hogwarts. (Tenía que decirlo) El cruce del primer umbral En este momento el héroe abandona el terreno conocido y se adentra en el mundo mágico El sombrero seleccionador El sombrero duda en el caso de Harry, que decide su propio destino en Griffindor. El profesor de pociones Snape enfrenta a Harry con la memoria de su padre, del que no sabía nada hasta entonces. Le avergüenza y le enfada. Harry se pregunta si estará a la altura de esas expectativas, ya que su padre era un gran mago. El vientre de la ballena Una vez que se llega a este punto ya no hay marcha atrás: el héroe da el paso definitivo que le llevará a su propia metamorfosis. El duelo a medianoche Harry aprende a volar, defiende a uno de los suyos, malfoy le reta a un duelo nocturno y no aparece. Harry Ron y Hermione están a punto de ser sorprendidos por Finch. Aparece Fluffy, el perro de tres cabezas que guarda un secreto. Prueba no superada: se deja engañar por Malfoy. Las distintas pruebas Todo héroe se somete a varias pruebas, que tienden a aparecer en tríos, para llegar a dominar el estilo de vida del mundo mágico. Algunas las supera y otras no. Un poco como las doce pruebas de Hércules, Halloween Troll en las mazmorras!!!!! Prueba superada: acaban con el troll y ganan a Hermione para la causa. Quidditch Primer partido de Quidditch de Harry. Prueba superada: gana el partido el solito y eso que le estaban haciendo malvados maleficios. El espejo de Oesed El espejo del Deseo, que muestra a quien se mira en él lo que más desea en este mundo. Es decir, a Harry 8el llorón) con su familia (perfecta salvo por lo de que están muertos). La mujer como tentadora No puedo evitar que Campbell fuera un hombre ni que el héroe sea en la mayor parte de los casos un hombre. El hecho es que en una gran parte de la literatura universal,