[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”3.27.4″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] ¡Bienvenidos, pecadores ortográficos! En este artículo retomaremos la senda de la penitencia y nos adentraremos en el aterrador submundo de la puntuación para intentar aclarar cómo utilizar los dos puntos. Sí, es un tema que nos genera algún quebradero de cabeza cuando nos sentamos a machacar las teclas. Porque, ¿se pueden poner los dos puntos detrás de una preposición? ¿Pueden aparecer los dos puntos más de una vez en la misma oración? Y la palabra que los sigue, ¿va en mayúscula o minúscula? No temáis, con la Biblia del Correcto Castellano en nuestras manos y la bendición de la Santísima Inquisición de la Lengua, podremos salir airosos de esta odisea en el Averno. ¡Vamos a por los dos puntos! CÓMO UTILIZAR LOS DOS PUNTOS. UNA PRIMERA APROXIMACIÓN Aquí los tenéis “:”. La RAE los define como un «signo de puntuación que representa una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto» y añade que «detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue, que siempre está en estrecha relación con el texto precedente». Además, recuerda que hay que escribirlos pegados a la palabra anterior y separados por un espacio de la palabra o signo que los sigue. Como regla general, la palabra que escribamos después de los dos puntos debe ir en minúsculas salvo que el signo introduzca una cita o en determinados casos propios de textos epistolares. Por último, desde la Academia nos recuerdan que no debemos escribir dos puntos más de una vez en el mismo enunciado. Por lo tanto, el siguiente ejemplo sería incorrecto y tendríamos que probar con otro signo o bien redactar el texto de otra manera: Puede escoger entre estos regalos: una mochila, unas gafas de sol o una bolsa de deportes en cualquiera de los siguientes colores: rojo, azul o negro. Sin embargo, no sería incorrecto repetir los dos puntos cuando introducimos en el texto las palabras textuales de otra persona, que irían entre comillas. Veamos un ejemplo: El médico me dijo lo siguiente: «Tiene dos alternativas: o toma correctamente la medicación o lo ingresamos en un psiquiátrico». En el texto anterior, el uso de los dos puntos es correcto porque la parte sin comillas y la entrecomillada se consideran enunciados diferentes. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IiJ9fQ==@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.4.8″ global_colors_info=”{}”] CÓMO UTILIZAR LOS DOS PUNTOS. ENUMERACIONES Los dos puntos se emplean para abrir una enumeración que explique o aclare un enunciado: Compré varias frutas: peras, manzanas y naranjas. Igualmente, cuando lo que hacemos es escribir antes los elementos de la enumeración, con los dos puntos podemos cerrarla e introducir el enunciado o concepto al que se refieren: Rápido, técnico y con carácter: así debe ser nuestro nuevo delantero. EL USO DE LOS DOS PUNTOS EN LAS CITAS TEXTUALES Ya hemos visto en el primer apartado que los dos puntos sirven para introducir las palabras textuales de otra persona, que deben ir escritas entre comillas y con la primera palabra en mayúscula. Os invito a que echéis un vistazo a nuestros artículos sobre el uso de las mayúsculas. Como dijo Sócrates: «Yo solo sé que no sé nada». Puede que os estéis preguntando por qué no utilicé los dos puntos en el primer apartado, cuando os comentaba entre comillas la definición que hacía la RAE sobre este signo. Pues bien, el motivo es que me limité a poner algunas frases textuales dentro de un texto construido en estilo indirecto, es decir, un texto en el que reproducía la idea de la fuente pero no todas sus palabras exactas. Este recurso es correcto siempre que se utilice el mismo sujeto en el texto y la cita. Por ejemplo, en la frase La jefa dijo que «yo no voy a firmar ese contrato» estaríamos utilizándolo mal, pues «la jefa dijo» está en tercera persona y la cita textual va en primera. Tendría que ser o La jefa dijo que no iba a firmar ese contrato o bien La jefa dijo: «Yo no voy a firmar ese contrato». CÓMO UTILIZAR LOS DOS PUNTOS. ENCABEZAMIENTO DE CARTAS, CORREOS ELECTRÓNICOS Y DOCUMENTOS SIMILARES En este tipo de documentos, utilizaremos los dos puntos tras el saludo y para introducir el cuerpo del texto: Estimado señor: / Querida María: A este respecto, hay un error muy común que ya os explicamos en un artículo anterior. CÓMO UTILIZAR CORRECTAMENTE LOS DOS PUNTOS. INTRODUCCIÓN DE EJEMPLOS Los dos puntos también se emplean para introducir algún ejemplo que aclare el contenido de un enunciado: Fue un director muy prolífico: dirigió más de cien películas. La verdad es que llevamos todo el artículo introduciendo ejemplos con los dos puntos. LOS DOS PUNTOS EN TEXTOS JURÍDICOS Y ADMINISTRATIVOS Nos referimos a textos como decretos, sentencias, certificados o notificaciones. Suele ser habitual que haya un verbo escrito con todas sus palabras en mayúsculas que introduce al texto principal del documento. Detrás de ese verbo hay que poner los dos puntos y el texto principal debe ir en un párrafo aparte y con su primera palabra en mayúsculas: CERTIFICA: / INFORMA: / NOTIFICA: Que D. José María Pérez Pérez, residente en la calle… Además, la RAE nos recuerda que solo en este caso la conjunción que es compatible con los dos puntos. CÓMO UTILIZAR LOS DOS PUNTOS. PAUSA ENFÁTICA Los dos puntos se utilizan para indicar que hay que hacer una pausa enfática después de fórmulas introductorias como ahora bien, esto es, en otras palabras, es decir, en definitiva, y otras similares. También podríamos recurrir a la coma en estos casos, pero ese énfasis se perdería y, con ello, el suspense o las expectativas que deseamos generar en nuestros lectores. María siempre ha sido muy sincera. En otras palabras: es una borde. El jefe puede ser muy exigente. Ahora bien: también sabe ser justo. LOS CONECTORES DE ORACIONES Y
El origen de la navidad y sus avatares. ¿De dónde vienen?
All is bright, all is… no tan en calma, sobre todo si nos aproximamos a un centro comercial o a las calles principales de cualquier ciudad. Estamos seguros de que, mientras pasea bajo ingentes despliegues navideñas en forma de iluminación o incluso de nieve artificial, el lector habrá encontrado un momento para preguntarse por el origen de la Navidad, una fiesta que prácticamente todo occidente y una parte creciente de oriente, así como muchos países del hemisferio sur, se alza como una de las más relevantes del año. Pero la fiesta que, de manera oficial y mayoritaria, conmemora y celebra el nacimiento de Cristo hunde sus raíces en una retahíla multiforme de fiestas o manifestaciones de índole también religiosa, aunque politeísta y pagana. En este artículo, para felicitar la Navidad a nuestros lectores, vamos a preguntarnos por su origen y a pasar revista a las celebraciones que, a lo largo de toda la cuenca mediterránea, han alimentado progresivamente la Navidad, así como los avatares que ha afrontado hasta llegar a ser lo que es en nuestros días. El origen de la navidad: en torno a la fecha del nacimiento de Cristo Desde los primeros siglos del cristianismo se trató de alcanzar un acuerdo en torno a la fecha del nacimiento de Cristo, lo que muestra que el origen de la navidad nunca ha estado claro. Detrás estaba el intento de los Padres de la Iglesia de instaurar una celebración oficial del hecho. La Navidad se celebraría, por tanto, el 25 de diciembre porque se corresponde con la fecha propuesta por los primeros cristianos. Para ello, basaron sus cálculos en una curiosa tradición, la de la “edad integral”, según la cual los grandes hombres del judaísmo, tales como profetas y patriarcas, habrían muerto y nacido, o sido engendrados, el mismo día. Enseguida se acordó que la muerte de Cristo en la cruz había tenido lugar el 25 de marzo, así como la Encarnación. Así, suponiendo que el embarazo de la Virgen María hubiera sido corriente, el 25 de diciembre habría sido sin más el día del nacimiento de Jesucristo. Otros cálculos apuntan en una dirección distinta. Así, los Evangelios proporcionan claves bien estudiadas para fechar el nacimiento de Cristo en septiembre. El punto de partida es Lucas 1.5-14, que ofrece datos tanto absolutos como relativos al respecto. Según él, Cristo había nacido seis meses después que su primo Juan Bautista. El padre de éste, Zacarías, había estado a cargo del templo de Jerusalén en el momento de la anunciación de su propia paternidad. Con estas referencias y un estudio pormenorizado de las fechas y los turnos sacerdotales en el templo, se acuerda que el mes real de la navidad habría sido septiembre. A favor de esta hipótesis se suma un segundo testimonio, el de Lucas 2.8, muy familiar para los conocedores de la liturgia navideña cristiana: el texto en el que los ángeles se presentan ante unos pastores que guardan sus rebaños a la intemperie para anunciarles el nacimiento del Salvador del mundo. Y es que resulta muy sencillo rechazar el mes de diciembre, si tenemos en cuenta el clima en Palestina. En pleno invierno, es difícil que los pobres hombres hubieran podido pasar la noche con placidez, ni siquiera sin una incomodidad patente. Esto parece más verosímil si trasladamos el hecho a finales de verano. El origen de la navidad: ¿por qué el 25 de diciembre? Los primeros tiempos del cristianismo fueron convulsos, eso es claro. Por más que el cine y la literatura hayan contribuido a exagerar la realidad, la historia de Roma y de la Iglesia proporciona no pocos ejemplos de sangrientas persecuciones por parte de los emperadores. Nerón es uno de los nombres que más suenan en este sentido, en gran parte debido a la iconografía clásica de filmes como Quo vadis, entre otras. Pero hubo persecuciones mucho más duras, como la que Diocleciano llevó a cabo de manera sistemática (si quieres ampliar la información, puedes visitar su artículo en la Enciclopedia Católica on line). Es de suponer que, durante las épocas en las que el cristianismo fue perseguido, los practicantes deberían ocultarse o, cuando menos, celebrar sus fiestas de manera extraoficial. Después de Diocleciano, sin embargo, llegaron tiempos mejores. En 313 d.C., por medio del Edicto de Milán, Constantino legalizó el cristianismo. Él mismo se convertiría en cristiano, dice la tradición, en su lecho de muerte, lo que sentaría un importante precedente para los dueños del mundo del momento. Más adelante, en 380, Teodosio hizo del cristianismo la única religión oficial del estado, al tiempo que prohibía la práctica de cultos paganos. La situación se había dado la vuelta del todo. Con respecto al tema que nos ocupa, esto tuvo trascendentes consecuencias. A pesar de los castigos y las condenas, una gran parte de los hombres y mujeres de la Tardoantigüedad eran irremediablemente paganos. Sus creencias y prácticas resultaron tan difíciles de erradicar que el cristianismo no tuvo más remedio que asumir, adaptar y reutilizar motivos, divinidades, modos de celebrar e incluso fechas. De esta manera, y aunque en los últimos tiempos se han alzado ciertas voces en contra, entre las razones por las que se decidió la celebración de la Navidad a finales de diciembre se encuentra la abundancia de fiestas paganas, prácticamente imposibles de eliminar del pueblo. Por ahí hay que empezar a buscar el origen de la navidad. Según la New Catholic Encyclopedia (tomo III, página 656), la adopción de la fecha se produjo ya en el siglo III d.C. y fue un autor cristiano, Sexto Julio Africano quien, en su historia sincrónica del pueblo griego y judío, las Chronographiai, de 221 d.C., apostó por popularizar el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo. Poco más tarde, en 386 d.C. y con las cosas mucho más fáciles para los cristianos, Juan Crisóstomo, uno de los grandes padres de la Iglesia de Oriente, animaría a la comunidad, propensa al sincretismo en sus celebraciones, a fundirlas la del nacimiento de Cristo. Qué
Mary Sue y Gary Stu: Cómo no crear personajes ridículamente perfectos
Hola de nuevo, compañeros de teclas. Ya entramos en Diciembre, un mes cargado de excesos para la mayoría a causa de las compras, fiestas y comidas que están por venir. Un mes de prohibiciones para los realfooders que luchan por conservar su tipín. Así que nosotros, esta vez, en vez de hablar de lo que debemos hacer para crear personajes estupendos como en la película Joker, hablaremos también de prohibiciones en nuestro recorrido como escritores, e intentaremos evitar crear personajes ridículamente perfectos, estereotipados, sin una profundidad, ni una evolución, o debilidades claras… Hoy os presentaré a Mary Sue y Gary Stu, su contraparte masculina, dos tipos extraordinarios de los que debemos huir si queremos construir personajes interesantes que enganchen al lector. ¿Quiénes son Mary Sue y Gary Stu? El término “Mary sue” nace de un personaje creado por Paula Smith en 1973 para su historia satírica “A Trekkie’s Tale”. El personaje en cuestión era Mary Sue, la teniente más joven de la flota, con solo quince años y medio. Este personaje era claramente el alter-ego de la escritora, su yo soñado en la ficción, perfecto y cargado de virtudes y habilidades extraordinarias. Mary Sue y Gary Stu son un avatar, normalmente el protagonista o la protagonista de la historia, con una serie de talentos innatos y múltiples habilidades regaladas o auto aprendidas, habitualmente predestinado a hacer grandes cosas, sin defectos notables, ni fallos aparentes, alguien que acapara toda la atención de la historia, y todos los personajes secundarios que aparecen en ella no hacen más que hablar de él, despertando la envidia o la admiración de estos, y, desde luego, no dejando indiferente a nadie… Suena guay, ¿eh? Lo cierto es que no. Al final, un personaje así es lo peor que le podemos hacer a nuestra novela, y también a nuestros lectores. Dotar a nuestro protagonista de un sinfín de talentos y virtudes sin parangón hace que no haya espacio para la humanidad, la personalidad y el realismo, convirtiéndolo en un mero vehículo plano, aburrido y completamente previsible que no interesará a nadie, eso sí, súper guay, poderoso y rechulón. ¿Por qué nace una Mary Sue o un Gary Stu? En mi opinión existen tres grandes motivos. Primer motivo El más común y extendido tiene mucho que ver con el ego del escritor. Sin entrar mucho en detalle (no he venido a daros la chapa en psicología) diré que hay personas que escriben porque les apasiona contar historias, y personas que necesitan demostrarse a sí mismas y a los demás que pueden ser mega interesantes, los amos del mundo, porque en el fondo no están satisfechas consigo mismas por una serie de carencias e inseguridades, como todos tenemos. Y, claro, para qué vamos a lidiar con eso y aceptarnos tal y como somos si es más fácil escribir una historia donde nuestro protagonista eres tú mismo, pero idealizado: veinte centímetros más alto, con los ojos verdes, una buena tableta de chocolate y una serie de habilidades especiales que harán que todos a tu alrededor se derritan por tus huesos… uy, quiero decir, por SUS huesos. Queridos escritores, no lo hagáis. Hay alternativas. Haced como la mayoría de personas con problemas de ego y compraos un cochazo, cuanto más grande y… No, en serio. Aprendamos a convivir con nosotros mismos, con nuestras virtudes y defectos. La perfección no existe ni debería existir. Cuanto más conectados estemos con nosotros mismos, más coherentes, humanos e interesantes haremos a nuestros personajes. Segundo motivo El segundo motivo es tan sencillo como la falta de creatividad. Cuando uno está bloqueado, es complicado construir personajes complejos, valga la redundancia, con una psique totalmente humana y realista, emociones, un background (antecedentes) coherentes y bien hilados, que evolucione a lo largo de la novela… Es más fácil tirar de un personaje plano, pero heroico, sin apenas profundidad, pero con un estilazo y una serie de habilidades sublimes con las que podrá superar cada obstáculo como si de un videojuego de plataforma se tratase… Error. Hay muchas formas de potenciar la creatividad. Todos tenemos días en los que estamos más inspirados que otros. Pero nunca, bajo ningún concepto, tiremos por el camino fácil, y menos en cuanto a la creación de personajes se refiere. Ya sabéis lo importante que es. Tercer motivo El tercer y último motivo por los que aparecen los Mary Sue/Gary Stu tiene que ver con lo político, y lo vemos mucho más en el cine que en los libros (que también). Y es que hoy en día parece que tenemos que demostrar al mundo lo feministas, tolerantes, antirracistas y LGTBI friendly que somos. Y eso está muy bien, pero no cuando lo usamos para hacer a un personaje extremadamente perfecto y poderoso solo por ser mujer, negro, homosexual o de cualquiera de las otras llamadas minorías. Por supuesto, la literatura y el cine han de servir como vehículos conductores para cambiar lo establecido, para dar voz y cabida a todo el mundo y desterrar al clásico y extendido protagonista varón blanco heterosexual. Pero no lo forcemos. Creemos personajes femeninos, gays, o étnicos con las claves que hemos ido contando en anteriores entradas del blog, ya que convertir esos personajes en Mary Sue/Gary Stu irá precisamente en contra de lo que queremos conseguir. Las características de Mary Sue y Gary Stu Existen una serie de características comunes que nos pueden servir para alertarnos de que nuestro personaje está teniendo todas las papeletas de ser una Mary Sue/Gary Stu. A veces, en muchas novelas, películas o cómics podemos encontrar la totalidad de ellas, o solo unas cuantas. A saber: -Su nombre suele significar una cualidad: Belleza, fuerza, poder, magia… y desde luego, no es un nombre al uso. -Pasado trágico que, sin embargo, solo lo ha hecho ser una excelentísima persona. Con una moralidad intachable y las ideas claras en la vida. -Guapos, singulares, atractivos… pero no lo saben. Tienen uno o varios rasgos físicos que los hacen únicos… Pero son tan inocentes, modestos y humildes
Los escribas, históricos transmisores de la sabiduría
Ya habló Nieves Muñoz en este blog de los contadores de historias en diferentes épocas y lugares. En el presente artículo me gustaría hablar de una figura que en la Antigüedad tuvo un papel decisivo en la preservación y transmisión de la palabra escrita: los escribas. La palabra española “escriba” procede del latín “scriba”. En hebreo “so-fée” o “so-fer” significa “contar”, y tiene relación con lo que era un “escribano” o “copista”. Los escribas desarrollaron múltiples tareas a lo largo de los diversos períodos históricos de la Antigüedad. Se dedicaron a copiar textos, elaborar inventarios, clasificar y archivar documentos, llevar registros y cuentas, redactar “cartas”, etc… Generalmente, eran personas instruidas (pensemos que gran parte de la sociedad no sabía leer ni escribir). Algunos de ellos llegaron a trabajar para reyes o altos dignatarios. Ahora os pido que cerréis los ojos porque vamos a hacer un viaje en el tiempo y a imaginar al escriba en algunas épocas históricas. ¡Comenzamos! Los escribas en Egipto Imaginad a un hombre vestido con un faldellín, sentado en el suelo con las piernas cruzadas y con un rollo de papiro sobre su regazo. Sostiene una paleta en una mano y en la otra un pincel (que no es más que un trozo de junco afilado con uno de los bordes deshilachados). A su lado, observamos diversos útiles necesarios para ejercer su tarea: un cuenco de agua donde diluye las tintas, un cálamo de papiro, un mortero para hacer las mezclas, algunas tablillas de madera… En Egipto los escribas pertenecían a una casta muy especial. Estuvieron al servicio del faraón y de altos dignatarios. Sus tareas fueron: clasificar textos, escribir, contabilizar (cabezas de ganado, granos de la cosecha…), copiar (por ejemplo papiros o poemas), redactar cartas para aquellos que se las encargasen, registrar impuestos, recitar formas rituales, hacer inventarios… ya veis, ¡estaban muy ocupados! En el Imperio Antiguo aparecieron las “Casas de Vida”, lugares donde aprendían a ser escribas desde muy pequeños. Estos espacios estaban vinculados a la realeza, y solían tener su sede en un palacio real, pero funcionaban como parte de un templo. Se conoce su existencia en Edfu, Menfis, Abidos, Coptos, Heliópolis etc… En un principio solo acudían a ellos los hijos de funcionarios, altos dignatarios o también sacerdotes, pero después se abrieron a familias más humildes. En las “Casas de Vida” podían aprender: astronomía, medicina, matemáticas o dibujo entre otras actividades. En el Reino Medio, es necesario destacar la Casa de Amarna y la que fue descubierta en el Ramesseum (que era el templo funerario ordenado erigir por Ramsés II, situado en la necrópolis de Tebas, en la ribera occidental del río Nilo, frente a Luxor). Pues si ya os hacéis una idea de cómo eran los escribas egipcios, ¡sigamos viajando! Los escribas y el Próximo Oriente En el Próximo Oriente la palabra sumeria que designaba al escriba era “dub-sar”, que significaba “el que escribe con una tablilla”, y en arcadio: “tupsrrum”. Los escribas eran los encargados de redactar escritos, clasificarlos, archivarlos… Su formación se realizaba, al igual que en Egipto, desde muy pequeños, y era bastante costosa. Generalmente los aprendices pertenecían a grandes familias de la nobleza o comerciantes. Aprendían en escuelas sumerias especializadas como la de “Edubba” (también conocida como “Casa de las Tablillas”). Estos lugares dependían del palacio o del templo, y estaban dirigidos por “Umnia” (o el “padre de la escuela”). Los aprendices, con poco más de seis años aprendían a leer, escribir y contar. También tendría que manejar bien el cálamo, las tablas, y empezarían a realizar copias de textos. Después de dos años de formación, se pasaba a la práctica; aprendían cuestiones administrativas o redactaban textos jurídicos. Los escribas que se empleaban en templos eran sacerdotes y debían saber leer bien para aprender los rituales que recopilarían en tablillas y llevarían a cabo. Al finalizar las etapas formativas, podían desempeñar su cargo en palacios o templos, encargándose de la administración. Conocemos el nombre de un destacado escriba: Sin-Peqe-uninni, que fue el redactor de la Epopeya de Gilgamesh. Respecto a los útiles que usaron los escribas del Próximo Oriente, encontramos el cálamo y las tablillas de arcilla sobre las que escribían. En Babilonia, el escriba fue un personaje indispensable ya que la ley requería que las transacciones comerciales se registraran por escrito, y las partes contratantes quedaran firmaran ante testigos. El escriba se sentaba cerca de la puerta de la ciudad con sus útiles, preparado para vender sus servicios. Los primeros registros de escritura son las tablillas de la ciudad de Uruk, realizadas sobre arcilla, que contienen hasta 2000 signos cuneiformes diferentes. En un inicio se escribía de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Pero posteriormente los escribas cambiaron la posición de los pictogramas y comenzaron a escribir n renglones horizontales de izquierda a derecha y de arriba a abajo. Y ahora que ya conocéis a los escribas de Mesopotamia, vamos a los hebreos. Escribas hebreos La palabra hebrea que designa al escriba es “sófer”, que significa “contador”, y se refiere a aquellos que contaban cada letra de las Escrituras. Los escribas eran muy conscientes de que transmitían un texto único y no podían permitir que hubiera errores involuntarios en la transmisión o copia de un escrito a otro, por ello contaban las letras. Eran muy cuidadosos en preservar la fraseología inicial en el texto. Las tareas que realizaban eran múltiples: escribían cartas, libros, registraban transacciones… El precio por su trabajo solía pactarse de antemano. Algunos llegaron a ser grandes copistas de las Escrituras e intérpretes de la Ley Divina. Los escribas hebreos escribían sobre papiro, ostracon, o rollos de pieles cosidas (muy utilizadas para escribir textos largos), utilizando una caña con un filo deshilachado. En numerosas ocasiones portaban sus útiles atados a la cintura. Desde tiempos del Rey David utilizaron el hebreo antiguo, y un tipo de caligrafía redonda para copiar los manuscritos del Antiguo Testamento. Hacia el 500 a.C. empiezan a usar la caligrafía aramea cuadrada que aprendieron durante su cautiverio en
Qué debo estudiar para ser escritor. Si es que debo estudiar algo…
[et_pb_section fb_built=”1″ admin_label=”section” _builder_version=”3.22″ global_colors_info=”{}”][et_pb_row admin_label=”row” _builder_version=”3.25″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”][et_pb_column type=”4_4″ _builder_version=”3.25″ custom_padding=”|||” global_colors_info=”{}” custom_padding__hover=”|||”][et_pb_text admin_label=”Text” _builder_version=”4.10.7″ background_size=”initial” background_position=”top_left” background_repeat=”repeat” global_colors_info=”{}”] Qué debo estudiar para ser escritor. Esta pregunta es recurrente; la he escuchado infinidad de ocasiones a lo largo de muchos años dedicado a la escritura y la impartición de cursos de narrativa. Es de esas cosas de las que uno se termina cansando. La he contestado en infinidad de ocasiones, en decenas de lugares distintos, en persona, online, en redes sociales, en entrevistas, en foros… Da igual, la gente sigue preguntando qué debe estudiar para ser escritor. Antes de seguir, voy a dar por sentado que cuando uno dice que quiere ser escritor lo que está diciendo implícitamente es que quiere escribir novelas y tener una carrera como autor de novela, que es lo más habitual. Aclarado esto, pero antes de contestar a la pregunta de qué debo estudiar para ser escritor, hay otra cuestión, más importante aún, que debe ser respondida: ¿un escritor debe estudiar su oficio? Intuición y talento Vs disciplina y técnica A esto podrían reducirse las dos posturas, completamente antagónicas, que se pueden dar para responder a esa pregunta. No deja de sorprenderme que haya muchas personas, muchas de ellas autores noveles, que dicen que no es necesario estudiar nada para ser escritor. Suelen decir que Cervantes nunca estudió nada —y como él muchos otros— y, sin embargo, son los más grandes escritores de todos los tiempos. Por lo tanto, el que quiera escribir no tiene por qué estudiar nada; simplemente ha de hacer lo que ellos hicieron: escribir. Desde mi punto de vista, los que defienden esta postura cometen un error imperdonable: comparar su talento con el de Cervantes. Sobre tu propio talento Es evidente que estos Grandes Maestros no “estudiaron” nada. Entre otras cosas porque no había nada que estudiar. La novela, tal como la conocemos hoy en día, dio comienzo precisamente en la época de Cervantes. No había técnicas narrativas para lo que él hacía. Fue su talento, el de todos ellos, el que moldeó, poco a poco y a lo largo de los siglos, las diferentes técnicas que a día de hoy se pueden usar en una novela. Por ejemplo: Cervantes ya usó un cliffhanger en el Quijote. ¡Quién lo iba a decir! De modo que, si tú crees que tienes el mismo talento que Cervantes o cualquier otro de los grandes genios de las letras, pues muy bien; no estudies nada y que Dios te pille confesado. Puedes dejar de leer este artículo en este punto. Sin embargo, si eres lo suficientemente humilde como para entender que no estás a la altura de estos grandes genios, tal vez te interese saber que sí puedes aprender de ellos. Y aquí es donde entroncamos con nuestra pregunta inicial: qué debo estudiar para ser escritor. [/et_pb_text][et_pb_image src=”https://teopalacios.com/wp-content/uploads/2020/05/1.png” alt=”Descarga eBook aquí” title_text=”Descarga eBook aquí” url=”@ET-DC@eyJkeW5hbWljIjp0cnVlLCJjb250ZW50IjoicG9zdF9saW5rX3VybF9wYWdlIiwic2V0dGluZ3MiOnsicG9zdF9pZCI6IjIzMDYzIn19@” url_new_window=”on” align=”center” _builder_version=”4.4.8″ _dynamic_attributes=”url” global_colors_info=”{}”][/et_pb_image][et_pb_text _builder_version=”4.10.7″ global_colors_info=”{}”] Qué debo estudiar para ser escritor: la carrera universitaria Vivimos en una sociedad que, por sistema, cree que todo arte o disciplina artística, y de hecho todo tipo de conocimiento especializado, ha de tener su propia carrera universitaria. Así ocurre con Bellas Artes, ¿no? Uno puede ir a la Universidad a estudiar pintura, o escultura. O música. ¿Por qué iba a ser distinto con la escritura? Pues lo es. No hay una carrera universitaria en la que obtengas la licenciatura de “Escritor”. Puedes hacer Letras, Periodismo, Ciencias de la comunicación o Literatura. Pero ninguna de ellas está pensada para formar escritores. “¡Para, para! ¿Cómo que Literatura no te forma para ser escritor?”, me vas a decir. Pues no, no lo hace. La carrera de literatura orienta hacia un perfil laboral distinto. Te dejo aquí el enlace a una página de orientación sobre carreras universitarias en el que se especifica lo siguiente: (Las personas que cursan la carrera de literatura) “están capacitados para desempeñarse en docencia e investigación, trabajan como docentes en instituciones de educación básica, media y superior, en entidades oficiales o privadas como investigadores en los campos de la lingüística y la literatura; como correctores de estilo, críticos literarios y editores y en la realización de proyectos literarios y culturales en medios de comunicación”. Ni se menciona a los escritores… No, la carrera de literatura no te sirve para ser escritor. Por lo que seguimos sin dar respuesta a la pregunta de qué debo estudiar para ser escritor. ¿Por qué no hay una carrera para ser escritor? Aquí voy a dar una opinión directamente personal. Evidentemente, no tengo ni idea de por qué las universidades no incluyen una licenciatura en narrativa, pero tengo mi opinión al respecto: No la incluyen porque ya nos enseñaron a escribir. La M con la A, MA. La M con la E, ME. Y así… Así aprendimos a leer y a escribir. Y además, durante los años de colegio y de instituto, nos enseñaron a analizar las frases: aquello de núcleo del sujeto, núcleo del predicado, oraciones subjuntivas, adversativas… Nos enseñaron los diferentes tiempos verbales, a poner tildes, comas, puntos… ¡Si ya nos enseñaron a escribir como nos van a enseñar a escribir! Diferente es con la pintura. Nos enseñaron a hacer cuatro trazos, pero joder, que si el volumen, la teoría del color, las diferentes tendencias artísticas, los trazos, los pinceles, las técnicas… Y ni hablemos de la escultura, que el que más y el que menos hacía una jarra con barro que apenas se tenía en pie. ¡A estas cosas hay que prestarles más atención! Pero si quieres escribir una novela, no hace falta que estudies nada más: ya te enseñaron a escribir. Sobre esto volveremos dentro de un momento. Pero ¿de verdad las universidades no tienen planes para formar escritores? Sí, sí que tienen planes para formar escritores. Lo que no tienen son carreras universitarias. Hay diferentes Masters en escritura creativa. La Universidad de Sevilla o la Complutense disponen de ellos. Por supuesto, no son de
Novedades editoriales de diciembre 2019. Vuelve Geralt de Rivia.
¡Último mes del año! Y como no podía ser menos, os traigo las novedades editoriales de diciembre 2019. Novedades editoriales de diciembre 2019, Álvaro Fiero Clavero Los otros mundos de Ávaro Fierro Clavero llegará a nuestras librerías la primera semana de diciembre. Todos tenemos un mundo que está constituido por ese paraíso que secretamente nos acompaña desde la infancia hasta la edad provecta. ¿Pero y los demás, qué mundos tienen? Este libro da cuenta de esos mundos alternativos que también son un paraíso para alguien y a los que es posible asomarse mediante la palabra poética. La obra recorre esas alternativas al paraíso interior en el reflejo que han tenido sobre la música, la pintura, la escultura, ciertos parajes terrestres, el cuerpo o las religiones. Thomas Ligotti Lo nuevo de Thomas Ligotti: Canciones de un soñador muerto aterriza gracias a Valdemar. Thomas Ligotti considerado como un escritor de ficción oscura y extraña, ha vuelto el foco del horror hacia nosotros mismos, mostrándonos una visión lúcida de la condición humana, de su cruda realidad más allá de las apariencias, despojada de interpretaciones indulgentes e ilusorios eufemismos, en toda su lamentable hiperrealidad. Tras el horror cósmico, podríamos decir, sobrevino el horror vacui. Por este motivo, sus historias resultan a veces absurdas y kafkianas, sus personajes, seres perdidos y patéticos, y sus atmósferas impregnadas del inconfundible sabor de nuestras peores pesadillas. Pero, a diferencia de sus predecesores, Ligotti alberga en su obra, según confesión propia, una intención didáctica, moral, más allá del goce estético de aquellos. La emoción más intensa que jamás he sentido es el miedo, revelaba Ligotti en una entrevista reciente, pero su causa es un misterio, es como una experiencia espiritual, y el mejor modo de explicar este misterio tan terrible es escribir historias que provoquen esta experiencia en el lector. Arkadi y Boris Strugatski Otra de las novedades editoriales de este mes es la reedición de la obra rusa: Qué dificil es ser Dios de los hermanos Strugatski. Gigamesh nos trae la novela más universal de los maestros de la ciencia ficción rusa. Don Rumata de Estor es un aristócrata con una posición de privilegio en la corte de Arkanar, un prohombre cuya compañía es tan codiciada como su alcoba y de quien se cuentan hazañas milagrosas. Pero mientras que se desenvuelve con soltura entre duelos e intrigas palaciegas, se siente impotente a la hora de entender los mecanismos de represión que embrutecen el reino. Y su tragedia personal es que, como observador, sabe que no puede ni debe influir en el curso de los acontecimientos. Disfrazada con desfachatez de novela de intriga y aventuras, y tan ágil como chispeante en ese sentido, la obra, se abre ante el lector como una muñeca rusa, revelando capas y más capas de sugerencias y connotaciones que la han convertido en una de las cumbres de la literatura soviética. Ofrece un análisis certero sobre el totalitarismo y, a la vez, una reflexión vívida e incisiva sobre el papel que, como su personaje, se veían obligados a representar los propios autores para sortear la censura. Novedades editoriales de diciembre 2019, Andrzei Sapkowski Aprovechando el estreno de la nueva adaptación cinematográfica que está por estrenarse de la saga del brujo Geralt; Alamut reedita una nueva colección de la obra de Andrzej Sapkowski. El primer tomo: El último deseo nos presenta a Geralt de Rivia, brujo y mutante sobrehumano, que se gana la vida como cazador de monstruos en una tierra de magia y maravilla: con sus dos espadas al hombro: la de acero para hombres, y la de plata para bestias. Da cuenta de estriges, manticoras, grifos, vampiros, quimeras y dragones, pero sólo cuando amenazan la paz. Irónico, cínico, descreído y siempre errante, sus pasos le llevan de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios, hallando las más de las veces que los auténticos monstruos se esconden bajo rostros humanos. En su camino sorteará intrigas, elegirá el mal menor, debatirá cuestiones de precio, hollará el confín del mundo y realizará su último deseo: así comienzan las aventuras del brujo Geralt de Rivia. Raúl Montesdeoca La segunda semana de diciembre se publica La llegada de Raúl Montesdeoca. Las misteriosas desapariciones de varias chicas traen de cabeza a las fuerzas policiales del País Vasco. Enfrentados a algo que desafía la razón necesitarán la ayuda de un equipo muy especial. Jorge Caballero y sus singulares socios son los adecuados, a pesar de ser considerados por muchos como amenazas para la sociedad. Lo que comienza como las actividades de una aparente secta satánica acabará derivando en una conspiración en las sombras que amenaza la existencia de la propia humanidad en una carrera contrarreloj para evitar el Juicio Final. M.L. Rio Todos somos villanos de M.L. Rio llega el día 14. El día que Oliver Marks cumple su condena, el hombre que lo puso en la cárcel está esperándolo a la salida. El detective Colborne quiere saber la verdad y, después de diez años, Oliver finalmente está listo para contársela. Una década atrás: Oliver es uno de los siete actores shakespearianos en el Conservatorio Clásico Dellecher, un lugar donde rige la cruda ambición y la competencia feroz. En este mundo apartado, de chimeneas encendidas y libros con encuadernación de cuero, Oliver y sus amigos interpretan los mismos papeles arriba y abajo del escenario: el héroe, el villano, el tirano, la seductora, la ingenua, los extras.Pero en su cuarto y último año de conservatorio, las rivalidades amistosas se vuelven desagradables, y en la noche de estreno, la violencia real invade el mundo de fantasía de los estudiantes. Por la mañana, los chicos de cuarto año deben enfrentar su propia tragedia y su desafío actoral más difícil: convencerse unos a otros y a la policía de que son inocentes. ¿Quién es quién en esta historia? Novedades editoriales de diciembre 2019, Shelby Mahurin Y para terminar con una novedad editorial destacada: la opera prima de Shelby Mahurin: Asesino de brujas: La bruja blanca. Unidos como uno para amarse, para honrarse o para arder.
La obra de Giordano Bruno, el pensamiento de un outsider
En el primer artículo de la breve serie dedicada a Giordano Bruno tratamos de ofrecer una perspectiva sumaria, pero completa, de los acontecimientos más reseñables de su vida. Nos asomamos entonces a una biografía nada corriente, la de un filósofo itinerante para quien no hay asiento firme en ningún lugar y la de una mente inusualmente inquieta y rebelde. Corresponde ahora analizar la evolución de su pensamiento, que constituye la encarnación perdurable de unos movimientos intelectuales, y examinar obra e ideas a la par. Además de su extensión, amplitud y variedad, comprobaremos que ni la obra de Giordano Bruno ni su pensamiento son más estáticos que su peregrina biografía. Al pie del patíbulo: un resumen del pensamiento de Giordano Bruno Comenzamos este recorrido por el final de la vida de Bruno. Regresamos, por un momento, al diecisiete de febrero de 1600. Ha culminado para el filósofo un largo proceso judicial y un encierro de ocho años en diversas prisiones de la Iglesia. El Papa Clemente VII ha ofrecido en varias ocasiones al reo la posibilidad de retractarse de las afirmaciones que lo han conducido hasta las puertas de la muerte. Y, si bien la historia registra alguna leve vacilación en el pensamiento de Giordano Bruno, lo cierto es que el punto más firme en sus doctrinas y convicciones, que tan pocos favores fueron acarreándole durante su irregular recorrido vital, llega ocho días antes de ser condenado. Concedido tal plazo de tiempo para que se retracte, Bruno sorprende al tribunal reafirmándose en sus doctrinas. Según los archivos del juicio de nuestro autor, estudiados por Lawrence MacLachlan (puedes leerlos en inglés en este enlace), las proposiciones a las que se negó a renunciar son ocho. Constituyen, en nuestra opinión, una interesante perspectiva sumaria del conjunto del pensamiento de Giordano. Proposiciones a las que no renunció Bruno —Existen dos “principios reales y eternos del ser: el alma del mundo y la materia original”. —El universo es infinito y hay infinitos mundos. —Toda realidad, incluyendo el cuerpo, reside en el alma eterna e infinita del mundo: “No hay realidad que no se acompañe de un espíritu y una inteligencia”. —“No hay transformación en la sustancia”, puesto que es eterna. —La Tierra se mueve, idea que no resulta necesariamente opuesta a las Escrituras. —Las estrellas son consideradas “mensajeros e intérpretes de los caminos de Dios”. —La Tierra tiene un alma sensorial e intelectual. —El cuerpo es una prisión para la realidad espiritual, lo que se opone a la doctrina de Santo Tomás. Primeros pasos de la obra de Bruno: el camino de la filosofía En las afirmaciones recogidas más arriba yace el núcleo del pensamiento de Giordano Bruno. Pero, ¿de qué manera se distribuye a lo largo de las obras que publicó? ¿Y en qué momentos de su vida llega cada avance, cada idea? Esto es lo que, grosso modo, vamos a tratar de presentar a continuación. El amplio catálogo de la obra de Bruno ostenta el curioso honor de formar parte de la lista de libros prohibidos de la Iglesia. No sin mérito, desde luego. Y es que desde su primera huida de Nápoles, donde se incoó el primer juicio por herejía, Bruno tenía ya ideas muy claras sobre Dios, el mundo y la naturaleza, plasmadas en un libro que sólo nos ha llegado a través de referencias indirectas. La primera publicación que se nos conserva es De las sombras de las ideas, un texto de mnemotécnica ofrecido a Enrique III durante la estancia en París de nuestro sabio. Es de 1582, al igual que otras como El arte de la memoria o El candelero. Durante los dos años y medio que vivió en Inglaterra, entre Oxford y Londres, publicaría dos trilogías agrupadas con el título genérico de Diálogos italianos, por estar escritas en su lengua natal y no en latín, según la costumbre en ámbitos universitarios. La Cena del Miércoles de Ceniza está escrita, como El candelero, en tono de comedia, y describe una cena celebrada en la casa de un gentilhombre londinense la noche del Miércoles de Ceniza. El contenido filosófico se expone a la manera dialógica tradicional. El núcleo de la filosofía de Bruno El núcleo de la nueva filosofía de Bruno está en De la causa, principio y uno, a partir del concepto de la materia viviente que asume formas infinitas, siempre cambiantes. Del infinito universo y mundos aporta la revolucionaria idea, contraria a la física aristotélica, en torno al número infinito de mundos que integran el universo. Ya como parte de la segunda trilogía, La expulsión de la bestia triunfante presenta a los dioses clásicos decididos a hacer penitencia para sobrevivir, de nuevo en tono de comedia. La cábala del caballo Pegaseo presenta una exaltación de la humildad y la sencillez cristianas, mientras que Los heroicos furores pone el acento en la exaltación del amor de la inteligencia por la verdad. Contemplados en conjunto, los Diálogos constituyen algo similar a un camino místico o filosófico en el conjunto de la obra de Giordano Bruno: desde el enfrentamiento literario, pero directo, con los pedantes eruditos de Oxford en el escenario del miércoles de ceniza, al logro de un concepto tan pagano como la locura divina, pasando por el reconocimiento de la infinitud del cosmos, a semejanza de Dios. Francia y Alemania: líneas generales de la física y de la cosmología en la obra de Giordano Bruno De vuelta a Francia, Bruno se consagró a la exposición y la crítica de la física aristotélica, que terminarían cuajando en tres poemas compuesto en latín: Del mínimo, De la mónada y De lo inmenso y los innumerables. Inserto en la raigambre más clásica de la filosofía y de la física, en la estela de Lucrecio y su poema De rerum natura, Giordano expone en verso sus teorías sobre el átomo y el mínimo matemático. Este grupo de escritos, que se encuentran dentro del segundo grupo más conocido de la obra del autor, acerca la reflexión física a sus ideas sobre cosmología.
Lord Dunsany, el soñador olvidado
Breve apunto biográfico de Lord Dunsany Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIII Barón de Dunsany (uno de los títulos nobiliarios más antiguos de Irlanda), conocido como Lord Dunsany, nació el 24 de julio de 1878 en Londres, en el seno de una familia de la nobleza británica. Edward recibió su formación en los colegios de Eton y en la Real Academia Militar de Sandhurst. El año 1899 heredó el título de XVIII Barón de Dunsany. Intervino en la Segunda Guerra de los Boers en Sudáfrica, sirviendo al ejército de su majestad. Sirvió también como Capitán de Fusileros en la Primera Guerra Mundial y años más tarde se unió como voluntario a las fuerzas de defensa locales durante la Segunda Guerra Mundial. En 1904 se casó con Beatrice Child-Viliers, la acaudalada hija del conde de Jersey, y se trasladaron a vivir al castillo de Dunsany, en County Meath (Irlanda). Allí, escribía en una habitación situada en lo más alto de la fortaleza y en las cabañas de la propiedad. Vivieron también algunas temporadas en una propiedad familiar en Sevenoaks, Kent (Inglaterra). Inicios literarios de Lord Dunsany Con Los Dioses de Pegana, que fue escrito en 1904 pero publicado por Elkin Mathews en 1905, Edward obtuvo gran éxito. La obra recoge un compendio de historias donde emerge un mundo plagado por dioses y hombres movidos por los hilos del destino, que esperan el despertar de Mana-Yood Sushai (el Dios supremo creador de la tierra de Pegana y todos sus dioses); una figura que dormitaba hasta el fin de los tiempos, tras lo cual destruiría el mundo y crearía uno nuevo. La importancia de esta obra no se centra solo en la creación de un extenso panteón de dioses sino que se ha visto como una obra pionera y que ejemplifica bien lo que es el worldbuilding (¡un momento! ¡Un momento! ¿Qué es eso del wold…? ¿Qué? Si este término no os suena, recomiendo leer un artículo de Rober Rodríguez referente al worldbuilding en la obra de Tolkien, que lo explica a la perfección: https://teopalacios.com/2019/03/15/el-worldbuilding-en-la-obra-de-tolkien/. En 1910 el mentor literario y amigo de Lord Dunsany, W.B. Yeats, le animó a escribir obras teatrales para el Abbey Theatre, que obtuvieron gran éxito en Gran Bretaña y Estados Unidos. Yeats dejó escritas unas palabras sobre los textos de Dunsany: “Sus obras hacen que piense en joyas irlandesas, en una espada cubierta de arabescos indios, San Marcos en Venecia, en palacios cubiertos de nubes al atardecer; pero todavía con más frecuencia en un estado de ánimo que alcancé durante unas semanas de sueño profundo y que desde entonces siempre he añorado y deseado”. Referentes literarios de Lord Dunsany Lord Dunsany participó en el denominado “renacimiento literario” vinculado al movimiento nacionalista irlandés, y estuvo estrechamente asociado con varios miembros célebres del renacimiento literario irlandés a parte de Yeats; Lady Gregory o J.M. Synge. También fue nombrado Doctor Honoris Causa por el Trinity College por su labor literaria. Lord Dunsany fue conferenciante y se conoce la anécdota de que Lovecraft viajó con sus colegas amateurs a Boston, en una de sus charlas, sentándose a unos tres metros de su ídolo literario. Tras la muerte de Lovecraft, Lord Dunsany comentó: “en sus pocos relatos que he leído puedo ver que escribe en mi estilo, pero de manera completamente original y sin tomar nada prestado de mí”. Como anécdota, podemos comentar que el escritor fue un gran deportista; practicó la caza, el tiro con arco, con pistola, el cricket y el ajedrez (fue campeón nivel aficionado en Irlanda). Admirador de la obra de Andersen y Poe, entre otros, Lord Dunsany escribió novelas, obras de teatro, crónicas de guerra, volúmenes autobiográficos, poemas y cuentos. Algunas de sus obras más conocidas son poemas como Agua de espejismo, Poemas de guerra, Para despertar a Pegaso…o antologías de relatos épicos y fantásticos como Los dioses de Pegaña (1905), La espada de Welleran (1908), Cuentos de un soñador (1924), la novela La hija del rey del país de los elfos (1924),(en la que trata el tema de la mujer inmortal que por amor abandona su condición y aceptará la muerte; que nos recuerda la figura de Arwen en el Señor de los Anillos), y algún opúsculo como El arte del bigote, en el que esboza la historia, evolución y estilos del adorno facial masculino en diferentes países y siglos. En sus cuentos describe criaturas fantásticas como ninfas o elfos, bosques mágicos, elementos de la mitología celta, oníricos, tradiciones populares irlandesas, criaturas monstruosas… En teatro destacó con obras como The Glittering Gate (1909), The Gods of the Mountain (1911) o La tienda de los árabes (1920). Lord Dunsany murió en Dublín el 25 de octubre de 1957, tras un ataque de apendicitis aguda durante una cena familiar. Fue intervenido quirúrgicamente, pero no recuperó la consciencia tras la intervención. Cuentos de un soñador José Ortega y Gasset acogió en su Revista de Occidente en 1924 los Cuentos de un soñador, su primera publicación española. En esta recopilación de cuentos se combina lo mágico, lo mitológico, lo enigmático, el exotismo, lo inesperado… El lector puede deleitarse con la imaginación desbordante de estas historias que sirvieron de inspiración a H.P. Lovecraft. En ellas, las personas cobran poca importancia, ya que las ciudades o la naturaleza simbolizan el cauce que lleva al ser humano al descubrimiento de aquello extraordinario. En la Cuentos de un soñador se incluyen cuentos como La ciudad ociosa, en el que todos los viajeros deben pagar a los guardias de la entrada el portazgo de una historia de viva voz, un cuento ocioso, para que la lleven a los oídos de un rey insomne. Otra de las historias: Días ociosos en el país del Yann, describe el descenso del narrador por el río Yann, rodeado de lugares asombrosos, donde conocerá diversos lugares del País de los Sueños. Cada ciudad por la que pasan es increíble, por ejemplo, Mandaroon; donde sus habitantes permanecen dormidos y si se despiertan generan la muerte de los dioses (y si
Cómo empezar bien una novela. Los 3 aspectos a tener en cuenta
Cómo empezar bien una novela. Esta es una de las preguntas más recurrentes que me encuentro, ya sea en el programa del Método PEN, en charlas, en cursos gratuitos… Y no es ninguna pregunta absurda, todo lo contrario. Del modo como empieces tu novela va a depender, directamente, que enganches a tu lector o que se te escurra entre los dedos. Es un tema al que ya le dediqué un vídeo hace tiempo, pero que ahora he querido volver a tratar para dar algunos consejos más concretos sobre tres aspectos que debes tener en cuenta a la hora de empezar bien tu novela, a saber: marco de circunstancias, conflicto y personajes. Cómo empezar bien una novela: El marco de circunstancias Esto vendría a ser algo así como las coordenadas GPS de tu novela. Deja que me explique. Tu lector no puede estar perdido en cuanto a dónde y cuándo se desarrollan los acontecimientos que le vas a estar contando. Es importante que se ubique, que tenga una noción clara de dónde acaba de aterrizar. Es lo que también se llama contexto. Imagina que de repente desapareces del lugar en el que estás y te materializas en otro diferente. ¿Te sentirías cómodo? Seguramente me vas a decir que estarás más preocupado por saber cómo has llegado hasta ahí, y estoy de acuerdo. Pero para encontrar la respuesta a ese cómo antes has de saber dónde y cuándo estás. El lector tampoco está cómodo sin saber dónde se mete en un libro. Para evitar este problema tienes dos recursos que has de utilizar. Espacio narrativo El espacio narrativo puede hacer referencia a varios aspectos, todos ellos relativos a los lugares en los que se desarrolla tu historia. En este caso, necesitas explicarle al lector dónde se encuentra, en qué lugar. Imagina que escribes una novela histórica. ¿Dónde se desarrolla? ¿En Roma? ¿En Grecia? ¿En el Reino de Aragón? El lector necesita conocer dónde se va a desarrollar la historia para comprender los acontecimientos que se le van a contar y poder ponerlos en contexto. Tiempo De nuevo, el tiempo narrativo puede hacer referencia a varios aspectos. Existe un tiempo interno y también un tiempo externo en tu novela, por citar solo dos casos. Para lo que nos ocupa en este artículo, que es ver cómo empezar bien una novela, con el término “tiempo” me refiero al momento histórico en el que tu historia tiene lugar. No te equivoques, no vayas a pensar que como hablo de “momento histórico” esto vale solamente para la novela histórica. Para nada… Tu lector necesita saber si la historia que va a leer transcurre durante los años de la transición de la dictadura de Franco a la democracia. O si se encuadra durante los años de la Guerra Fría. Por que no basta con saber “dónde”. No es lo mismo el León del s. XI, bandera de los reyes cristianos en la Península Ibérica que el León de finales del s. XX. Vamos, es que no tiene nada que ver una ciudad con la otra. De modo que ten esto claro si quieres saber cómo empezar bien una novela: tu lector necesita que le des unas coordenadas de lugar y tiempo. Sobre este tema del marco de circunstancias, te invito a que veas este vídeo de mi canal de youtube. Cómo empezar bien una novela: el personaje es clave Quiero que pienses por un momento. Cuando escribes una novela, ¿qué es lo que quieres llevarle al lector? Seguramente me digas que lo que quieres es contarle una historia. Correcto. Pero la historia no funciona por sí sola en una novela. Te aconsejo que leas este artículo sobre cómo escribir una novela en el que explico muy brevemente los aspectos más básicos de la escritura de una novela. Lo que quiero decirte es que la historia es relativa a uno, o varios, personajes. Lo que tú quieres contar no es una historia. Es una historia sobre un personaje. Algo que vive un personaje. O mejor dicho, algo que viven varios personajes, porque difícilmente tendrás una novela en la que haya un solo personaje. Asegúrate de que el lector empatiza con el personaje De esto se deduce que tienes que presentar a tu personaje al lector: “Lector, este es mi personaje”. Dicho así igual te parece medio absurdo, pero es fundamental que el lector conozca a tus personajes principales lo antes posible. En realidad, leemos porque somos voyeristas. Ya sabes, nos gusta contemplar la vida de los demás (que se lo digan a Tele5…). Por tanto, asegúrate de que el lector conozca a tu personaje y, si es posible, que empatice con él cuanto antes. Sí, en el principio de tu novela. Si no sabes cómo hacerlo, estás tardando en leer este estupendo artículo de la doctora en psicología María Beltrán sobre la relación entre los personajes y el lector. El conflicto, o cómo empezar bien una novela y enganchar al lector Esto es la madre del cordero. Porque estamos hablando de cómo empezar bien una novela, pero no hemos explicado qué significa empezar bien una novela. ¿Cuándo consideramos que una novela empieza bien? Cuando nos ponemos a leer esa novela y ocurren cosas que nos crean interés por seguir leyendo. De modo que tu principal objetivo al inicio de tu novela debe ser crear en el lector interés para que siga la lectura. Necesitas, sí, colocarlo en unas coordenadas de espacio y tiempo. Y necesitas también presentarle, al menos, a alguno de los personajes sobre los que les vas a estar hablando durante las muchas páginas de tu libro. Pero si solo le das eso, y no le das un motivo por el cual quiera leer la historia de ese personaje, siento decirte que tu novela empezará mal. Y para conseguir ese efecto, el conflicto narrativo es la mejor fórmula. Cómo trabajar bien el conflicto narrativo He hablado ya muchísimo en este blog sobre el conflicto narrativo, así que voy a darte un listado con los enlaces
Deconstruyendo al Joker. Ejemplo de cómo construir buenos personajes
¡Hola, compañeros de teclas! Hoy continuamos la serie de creación de personajes con el análisis y la deconstrucción del Joker, y no de cualquiera de ellos, sino de aquel al que ha dado vida recientemente el magnífico actor Joaquin Phoenix en el film titulado The Joker, de Todd Phillips. Y es que, a mi parecer, este personaje es el perfecto ejemplo de cómo aplicar los cuatro puntos elementales para la creación de personajes interesantes que vimos en la entrada anterior. De manera que en este artículo vamos a estar deconstruyendo al Joker. Todos conocemos en mayor o medida al príncipe payaso del crimen de Gotham, el archienemigo por excelencia de Batman. Y, si bien ya ha cobrado vida en la gran pantalla con actores de la talla de Jack Nicholson o Heath Ledger, la reinvención del personaje para este nuevo largometraje no deja de ser sino brillante, y aquí vamos a analizar por qué, desde un punto de vista literario. Deconstruyendo al Joker: la importancia del Character Building y el Worldbuilding Hasta la fecha, el auténtico origen del payaso de Gotham había sido algo incierto, y lo que se nos mostraba habitualmente era a un lunático criminal con la cara pintada cuyo único propósito era disfrutar viendo al mundo arder entre el caos y la locura. Sin embargo, en este film vemos que este misterioso personaje fue una vez un hombre corriente, Arthur Fleck, que padecía un trastorno psicológico real llamado incontinencia afectiva, que le provoca ataques descontrolados e inoportunos de risa en cualquier situación, impidiéndole llevar una vida normal. Además, se nos muestra huérfano de padre y al cuidado de una madre anciana y medio senil sin apenas medios económicos con los que subsistir en una ciudad cada vez más desmoralizada, cruda y peligrosa. Él es una persona originalmente buena, amable, que sueña con ganarse la vida como un gran cómico y ser aceptado por la sociedad… Pero esta no deja de acosarle, de burlarse de él, de darle la espalda por ser “un bicho raro”. Además, más tarde, descubriremos que Arthur fue abusado violentamente en multitud de ocasiones por un novio de juventud de su madre cuando él era solo un niño… ¿Y qué es todo esto? Pues es dotar a nuestro personaje de una psique determinada, de luces y sombras, de virtudes y defectos, de un trasfondo… un contexto biográfico, familiar, social e incluso político muy concreto que explica por qué Arthur Fleck es como es, y no de otra manera, cubriéndolo de un realismo y una humanidad aplastante. La importancia de los antecedentes Pensemos: ¿Sería así este personaje si no hubiese pasado por los horrores que pasó en su niñez? ¿Si hubiera crecido en un ambiente familiar sano y sin tantas carencias? Si en lugar de haber crecido en Gotham; una ciudad decadente, agresiva, oscura y peligrosa que da la espalda a la gente con problemas como su trastorno; hubiese nacido en otra ciudad muy distinta: una próspera, abierta, con medios y disposición para cuidar de todos sus ciudadanos con una sociedad más amable, empática y humanitaria… ¿Arthur Fleck habría acabado convirtiéndose en el Joker que todos conocemos? Probablemente no. Y es que, como ya decíamos en la anterior entrada, debemos procurar crear personajes realistas, coherentes y humanos. Evitemos hacer que nuestro héroe sea bueno porque sí y nuestro villano un malvado porque sí. Todo tiene un por qué. Los motivos son importantes. Y, para ello, nosotros, como escritores, deberíamos tener muy clara esa biografía extensa y completa de nuestros personajes: sus rasgos físicos y psicológicos, sus deseos y miedos, sus experiencias claves desde su niñez, sus virtudes y defectos, su familia, su trabajo, sus relaciones amorosas y de amistad… el lugar donde creció. Así estaremos hilando fino, construyendo un personaje complejo y único y, sobre todo, coherente con quién es y qué hace en el presente de nuestra novela, y en quién puede llegar a convertirse. Deconstruyendo al Joker: el poder magnético de las emociones ¿Pero qué nos hace verdaderamente empatizar con este personaje? ¿Qué nos hace avanzar más allá de la lástima o compasión inicial que nos pueda generar tras conocer su triste pasado o su precaria actual forma de vida? Si tu respuesta es “las emociones”, enhorabuena, eso es que has hecho los deberes. Se cree que los psicópatas nacen genéticamente con una predisposición a la falta de empatía y emociones hacia los demás, y que esto puede acentuarse, o no, según las experiencias vividas a lo largo de los años. Ya hemos hablado de que la vida de Arthur Fleck está plagada de abusos, desprecio y violencia ya desde su más temprana edad. Pero en esta historia de descenso a los infiernos vemos a un personaje que siente y padece, que se resiste inicialmente a caer, a pesar de que la vida le termina por ganar el pulso. Antes de verse convertido en el psicópata definitivo al que nos tienen acostumbrados, nos encontramos con un personaje que posee inicialmente la inocencia y credulidad de un niño, que sueña con agradar y hacer reír a los demás, que cuida y quiere a su complicada madre, que busca desesperadamente la aprobación y el orgullo de una figura paterna ausente, que se enamora, que quiere ser comprendido y escuchado… Todo un abanico de emociones reales y humanas por las que todos podemos haber pasado y que hace que empaticemos con él, a pesar de que no aprobemos los actos delictivos que acaba cometiendo al ver frustrados todos y cada uno de sus deseos… Lo que, por cierto, nos lleva al siguiente punto. Deconstruyendo al Joker: anhelos y deseos del personaje Otro de los pilares fundamentales para la construcción de un buen personaje, y que podemos observar con claridad deconstruyendo al Joker, es la de dotarles de anhelos y deseos, de uno o varios propósitos lo suficientemente importantes para que el lector quiera ver si lo consigue, o no, al final. En el caso de Arthur Fleck, alias el Joker, encontramos varios deseos muy bien