Ayer me comentaba Armando Rodera que hacía tiempo que no daba noticias sobre la publicación de Hijos de Heracles. Es verdad que desde finales de Diciembre no he vuelto a comentar nada sobre el tema. Pero es que, apenas puedo comentar nada. Por mucho que os sorprenda, os diré que sigo sin recibir mi copia del contrato, aunque yo lo firmé hace ya tres meses. Parece que no es algo tan extraño como pudiera parecer en primera instancia, sino una práctica habitual, y más aún en fechas de crisis. Porque las editoriales también están pasando por momentos delicados: muchas están retrasando algunos de sus lanzamientos, otras reducen el número de libros que sacarán durante el año. Así está la cosa… De modo que, como todavía no tengo mi copia del contrato, permitid que siga manteniendo el silencio en lo que se refiere al nombre de la editorial, aunque bien podéis creer que estoy deseando anunciarlo públicamente, no podía publicar esta novela con una editorial mejor, sinceramente. Ya lo comprenderéis cuando sepáis de qué editorial se trata… Eso no impide, sin embargo, que hayamos comenzado a trabajar en el texto de la novela. Durante mi primera conversación con mi editora, me hizo llegar una serie de cuestiones que planteaban dudas a nivel histórico. Algunos eran pequeñísimos detalles sin mayor importancia, otras en cambio sí eran importantes. La cuestión en esos puntos de importancia era que entraban en franca controversia con algunas de las teorías más ampliamente aceptadas por la historiografía actual. Hoy os voy a presentar una de esas cuestiones, y el modo en el que defendí mi postura. Los especialistas de la editorial comentaron lo siguiente: Una de las tesis del relato, que puede fácilmente pasar desapercibida a un lector no especializado en el contexto histórico, es identificar al famoso legislador de Esparta, Licurgo, con un personaje históricamente documentado, el rey Teopompo Euripóntida, a pesar de que sepamos que Licurgo era tío del rey Leobates, de quien fue regente, y que vivió más de cien años antes de que lo hiciera Teopompo, lo cual lleva directamente a la principal objeción que puede plantearse al relato. Esta fue mi respuesta: En la Pag.34 de (…), la obra que ha servido como base principal para el desarrollo histórico de Hijos de Heracles, su autor, (…), declara abiertamente que la historiografía actual pone en seria duda la existencia real de Licurgo en base a diferentes aspectos: por un lado, el hecho de que se adjudique a la única persona de Licurgo la mayor parte de las “revoluciones” culturales y legislativas de Esparta, pero, en especial, el hecho de que no sea hasta el S. V a.c. que se le mencione por primera vez, en un poema de Simónides. Dicha falta de información sobre un personaje de tal relevancia es especialmente sospechosa en el caso de Tirteo (base principal para los principales especialistas de la actualidad para el estudio de la sociedad espartana), quien vivió hacia 700 a.C., y Tucídides, quien no lo menciona al tratar la constitución espartana, pese a ser conocido el extremo rigor que lo caracteriza. Por supuesto, hay diferentes corrientes de pensamiento: algunos especialistas, como Anthony Andrewes, declaran que ve en la perpetuación de la persona de Licurgo “uno de los mayores fraudes de la historia”, mientras que otros, como George Forrest, indica que cree en la historicidad del personaje, porque sin él “la revolución espartana sería como la revolución rusa sin Lenin”. Incluso en épocas antiguas fue debatida la historicidad del personaje, pues Plutarco, en su vida de Licurgo, lo introduce indicando que “nada absolutamente puede decirse que no esté sujeto a dudas acerca del legislador Licurgo”. Opté por tanto por seguir la línea indicada por (…) en su obra y plantear la novela partiendo del punto de que Licurgo no hubiera existido en realidad. Esto daba pie a una tesis muy interesante, que permitía pensar que Teopompo pudiera haber llegado a ser ese mítico personaje, pues según algunos especialistas, e incluso algunas fuentes antiguas, realizó algunos de los cambios atribuidos a Licurgo. Eso dotaría al personaje de un gran interés y, evidentemente, le daría una profundidad mucho mayor. Como digo, es sólo una de las varias cuestiones que me plantearon. En casi todas ellas, exceptuando las que suponían un claro error, defendí la postura presentada en la novela argumentando los motivos. Y fue un placer comprobar que la editora comprendía e incluso valoraba ese punto de vista, que presentaba la historia desde un punto de vista novedoso, lo que, en sus propias palabas, le daban un mayor valor a la novela al presentar la historia desde otro prisma. Tras unos meses de silencio, hace unas semanas me pedían el texto con los pequeños cambios que creímos oportuno incluir (en verdad, muy pequeños) para que repasaran nuevamente el texto con la idea de pasarlo ya al departamento de corrección. Le envié también la que es mi idea para la portada de la novela. Nuevamente me han dicho que, si bien desarrollarán su propia portada, tendrán la mía en cuenta, lo que me hace bastante feliz, la verdad. Y ahora… pues nuevamente a esperar a que el departamento de corrección revise el original y me envíen sus comentarios y correcciones. Será entonces cuando comience el trabajo duro, aunque tengo muchas ganas de que llegue el momento. Por supuesto, sigo sin tener fecha de publicación ni nada parecido… hasta que llegue ese momento aún queda mucho tiempo. Espero poder tener noticias de HIJOS DE HERACLES muy pronto (en cosa de un mes más o menos), que de certificarse le darían un giro brutal al lanzamiento de esta novela, pero por ahora, no puedo decir nada… Os mantengo al día, no os preocupéis.
Estudios de marketing VIII: Punto Final
El poder de Internet es inmenso. Lo demuestra el comentario que ha dejado una editorial que no conozco absolutamente de nada, y que confieso que aún no he tenido tiempo de visitar más que brevemente, en la entrada inmediatamente anterior a ésta. En ella, esta editorial, Legados Ediciones, anuncia que busca colaboraciones literarias, y en su web declara abiertamente que busca autores desconocidos. Para resultar más interesantes, en el comentario especifican que no son una editorial de autoedición. La verdad, no sé cómo, pero nos han encontrado ellos a nosotros (todos los que pasamos por este blog) y no al revés. Quien no crea en el poder de Internet igual tiene que ir cambiando de opinión… Es cierto que algunas librerías en red han tenido que dejar su actividad, y que el libro electrónico no termina de despegar por ahora. Pero las editoriales se van dando cuenta del poder que tiene la Red como medio de comunicación. Porque, tal como decíamos hace unas semanas, a través de Internet el autor puede hacer mucho por promocionar su obra. ¿Qué y cómo? Pues a eso vamos. En primer lugar, la participación en foros literarios y redes sociales es importante. Se consiguen amigos, (auténticos y maravillosos amigos) que ayudarán de manera completamente desinteresada a darle publicidad en sus propios blogs, así como en otros lugares en los que participen. Si la editorial no lo hace, el autor debe (atentos a que uso el verbo DEBER y no PODER) crear una web para el libro publicado. Hoy esto no es mucho problema. El autor no tiene por qué conocer diseño web, pero seguro que tiene algún conocido que puede ponérsela en marcha. No importa que no tenga una gran calidad. Vale más una página web modesta que ninguna página web de diseño apabullante. Para facilitar que la gente pueda hablar de tu libro, debes crear un foro en tu web, solicitar en foros existentes y dedicados a la literatura que se abran hilos a tu nombre, etc… La cuestión es permitir y facilitar tanto como sea posible el intercambio entre lector y autor. Es interesante también mantener al día a los lectores de aquellas noticias relacionadas con nuestra obra, ya sea de las relacionadas con el libro en sí mismo o de actos a los que acudamos: firma de ejemplares, charlas, mesas redondas, presentaciones, entrevistas en medios de comunicación… Puede parecer pretencioso, pero la verdad es que cuando un autor lanza una obra, a poco que se mueva, comenzará una actividad que antes jamás hubiera pensado. Otro asunto interesante del que hay que mantener al día a los que puedan interesarse en nuestro trabajo es el de ofrecerle lo que los medios de comunicación comentan sobre nosotros o nuestros libros. Se debe añadir un apartado de notas de prensa, o incluso un blog completo, en el que introducir todo comentario que pueda resultar interesante, sin importar si es de un medio pequeño o grande. Al fin y al cabo, se trata de hacer ruido, cuanto más, mejor. Pero no basta con que en nuestra página web se publicite nuestro libro… no, no, no. Hay que ofrecer algo más. La gente no busca el anuncio del libro. Quien entre en nuestra página, o bien nos conoce a nosotros, y por tanto a nuestra obra, o bien conoce el libro, y entonces no necesita que le enseñen un anuncio. ¿Entonces? Entonces, hay que ofrecer contenido. Y procurar ser originales, que una muestra del texto, ya sea el prólogo o un capítulo, lo tiene todo el mundo. Se puede ofrecer por ejemplo una parte de la documentación que usamos para crear nuestra obra. Se pueden ofrecer marcadores de libros o fondos de escritorio. O incluso un calendario con las actividades previstas. Las editoriales comienzan a pensar en medios que permitan, a través de la web, que el lector se sienta más interesado, más atraído, e incluso un poco cómplice de nuestra novela. Por ejemplo, para la obra de Javier Sierra, Las Puertas Templarias, en su web se realizó un juego en el que el lector debía identificar la ubicación de tres templos góticos. Si se encuentra la solución a las pruebas, se entra en el sorteo de una cena con el autor. Nuestro amigo Armando Rodera también plantea algo parecido (aunque sin cena, que yo sepa) en la página de su novela, que esperamos todos que sea publicada cuanto antes. La idea es atraer al lector, hacerlo partícipe del mundo en el que se mueve nuestra historia. Y funciona. En la página de Las Puertas Templarias se han detectado picos de visitas de más de 1500 en un solo día. Podemos también hacernos disponibles para colaborar con revistas on-line. ¿De qué nos servirá eso? Pues nos servirá porque, normalmente, la firma de los artículos que firmemos en dichas revistas contendrá un enlace que llevará directamente a nuestra web. Y nuestra web nos hace publicidad. Son muchas las cosas que el autor puede hacer para promocionar su web a través de internet, al margen de esto que he comentado. Seguro que a más de uno se le ocurren algunas que yo no he tratado aquí. Lo cierto es que las editoriales dedican cada vez más recursos a la promoción de sus libros a través de internet: por algo será. Y si ellos, que son los que saben del tema, lo hacen… ¿no sería absurdo que nosotros, que somos los principales interesados, no lo hagamos también de acuerdo a nuestros recursos? Con esta entrada concluye uno de los principales motivos que me llevaron a poner en marcha este blog, hablar, poner al día, transmitir lo poco que sé sobre qué puede hacer un autor novel, y cómo hacerlo, para conseguir que su obra pueda llegar a publicarse. Sin embargo, me resisto a concluir todo este gran estudio de marketing literario aquí… creo que le dedicaré una última entrada. Un día de estos.
Los Aspectos Negativos de la Coedición (II)
Si os acordáis de la anterior entrada en la que estuvimos hablando del tema de la coedición, os copié literalmente algunas de las ofertas que proponía una editorial de “coedición”, y comentándolas brevemente dije que había un punto que llamaba la atención. Copio ahora de nuevo aquel resumen para tratar ese y otros temas: La propuesta en cuestión incluye varios aspectos importantes: corrección, diseño de portada, maquetación, espacio web, venta en internet y distribución nacional. Además, si la editorial lo ve apropiado, realizaría un “minisite” de la obra que tendría un afijo .es incluido en la página de la editorial (para que lo entendáis, sería, por ejemplo: hijosdeheracles.nombredelaeditorial.es) Se comprometían también a realizar promoción en modo de reseña a bibliotecas, medios de comunicación, foros de internet, páginas web, asociaciones de escritores, etc… Bien, pues os decía que hay un punto que llama la atención… ¿Cuál es? Fijaos en lo que dice sobre las páginas web de la obra. De entrada, comenta que se ofrece “espacio web”. Sin embargo, en el mismo párrafo y en realidad en la siguiente línea, dice que “si la editorial lo ve apropiado, realizaría un minisite de la obra”. ¿En qué quedamos entonces? ¿Tendrá sitio web la novela que se coedita o no lo tendrá? ¿O tal vez lo que se está ofertando en un principio es simplemente anunciar en su página el libro, con una imagen más o menos pequeña y el texto de contraportada, disfrazando ese pequeño espacio de página web? Cuando desde el principio las cosas no se explican de manera que no haya lugar a dudas, y el texto se presenta de forma que da pie a explicaciones erróneas, si cuando ya de entrada hay detalles que no dan buena impresión… es que algo no marcha bien. Siempre hay que leer mil veces la letra de un contrato, más aún cuando las cosas son nuevas para nosotros. Claro que ese, y los comentados las semanas anteriores, no son los únicos peligros de de una editorial de coedición. Hay uno que es mucho más sutil, apenas perceptible, y que apenas se repara en él, especialmente cuando uno es recién llegado a esta obsesión de escribir y tiene toda la ilusión del mundo por ver sus textos publicados y encuadernados en tapa dura. Hace un par de años tuve una conversación de la que ya he hablado varias veces en este blog. Durante esa conversación, un editor me dijo que para que un libro se vea, realmente sea perceptible que está en la calle, si se quiere de verdad que un libro en cuestión sea un éxito de ventas (por supuesto, contando con la calidad del libro), debían ponerse en la calle, como mínimo, 7000 ejemplares. Con esa cantidad, el libro podía encontrarse en la mayoría de librerías, fueran grandes o pequeñas. Claro, cuando se lanza una barbaridad como el millón de ejemplares de la última novela de Ruíz-Zafón, el libro está incluso en los kioscos de prensa. Es el único modo de venderlos todos. Pero bueno, eso es otra historia. Como digo, un mínimo de 7000 ejemplares para que el libro tenga una verdadera oportunidad de ser vendido y convertirse en un éxito de ventas. Durante el fin de semana en el que mantuve esa conversación, se habló mucho de literatura fantástica en todas sus vertientes. Los autores del género, comentaban que tenían un serio problema con las editoriales. Se decía que era difícil que un autor llegara a disfrutar de una tirada superior a los 1500 ejemplares. Es más, se comentaba abiertamente que si a un autor novel le ofrecían una tirada de 1500 ejemplares, podía estar más que contento. ¿Cuál era el problema? Pues que la tirada era tan ridícula, que no se veía. Y un libro que no se vea, es un libro que no se conoce. Y si no se conoce, es imposible que se venda. Tan sencillo como eso. ¿Y a qué viene todo esto si estoy hablando del tema de la coedición? Pues viene a un tema muy lógico: si para que un libro tenga verdaderas oportunidades de venta ha de tener como mínimo una tirada que ronde los 7000 ejemplares, si con los 1500 de las tiradas normales ofrecidas a autores noveles es prácticamente imposible que se venda nuestro libro, ¿cómo vamos a esperar que se venda una coedición, que no puede competir normalmente en calidad de presentación ni en precio (es mucho más caro el ejemplar coeditado) con las ediciones tradicionales, cuando el número de tirada es de 500 u 800 ejemplares, tal y cómo ofrecía la editorial de la que hablábamos? No podemos esperarlo en modo alguno. Y si encima a eso le sumas que las editoriales tradicionales pagan para que sus libros tengan un tratamiento, digamos, especial, dentro del espacio de la librería, si las distribuidoras luchan por obtener los mejores rincones de los espacios de venta, ¿cómo vamos a intentar que nuestro libro coeditado lo coloquen en un buen espacio en una librería cuando los que vamos a intentar colocarlo en dicha librería somos nosotros mismos y no una distribuidora que le va a llevar cientos de libros cada año? Y ese es el mayor de los aspectos negativos de la coedición, la incapacidad del autor de colocarlos, y por lo tanto, de venderlos, con lo que al cabo de unas semanas, como mucho unos meses, descubrirá que tiene un su casa varias cajas repletas de su libro, no tan bien encuadernado como hubiera querido, no tan cuidado en su edición como desearía. Empezará a pensar que no debía haber gastado tiempo, dinero y esfuerzos en dicho libro, y por último, terminará por creer, con razón, que se equivocó al intentar dar sus pasos como escritor usando para ello el método de la coedición, o autoedición disfrazada en muchos casos. Todo esto son aspectos negativos de la coedición. Sin embargo, hay algo más. Algunos aspectos que son verdaderamente peligrosos.
Futuro Incierto
Hemos hablado muchas veces de la soledad del que empieza a escribir con la intención de que sus textos sean publicados. La primera cuestión que nos surge, inevitablemente, es”¿será bueno lo que escribo?” Y suele pasar que nadie de nuestro entorno está capacitado para respondernos a esa pregunta. Hoy tenemos una herramienta increíble. Tanto, que si nos lo hubieran dicho hace 5 o 6 años hubiera sonado a ciencia-ficción. Lo que ocurre es que lo tenemos tan asumido que lo damos por hecho y no lo valoramos en su justa medida. Esa herramienta es Internet. Este blog, y cualquiera de los vuestros, es un buen ejemplo. El otro día, por ejemplo, mirando las estadísticas descubrí que hay alguien que entra asiduamente al blog… ¡desde Helsinki! Tengo visitantes de lugares tan extraños como Moscú, Ammam, e incluso Palestina. No me expliquéis cómo, pero así es. Todo esto que cuento no es para presumir ni mucho menos. Es para mostrar que Internet es una herramienta impresionante. Seguramente vosotros tengáis también visitantes tan curiosos como esos. Y sobre esto se estuvo hablando el miércoles en el acto que os anuncié hace unos días: la importancia de Internet en el universo de la literatura. Ya antes del acto estuvimos hablando de temas recurrentes en este blog: cómo acercarse a una editorial, e incluso del hecho de que, determinados sectores editoriales, comienzan a darse cuenta de que tal como está organizado este mundillo, el colapso es irremediable. Al parecer, comienza a haber una corriente que está empezando a pensar en nuevas posibilidades de efectuar el contacto entre autores y editores. ¿Cuál será ese camino? Pues la verdad es que nadie lo sabe aún. Digamos que es el principio de todo proceso de cambio: descubrir que el cambio es necesario. Porque, cuando una editorial recibe 6 o 7 manuscritos día tras día, cuando un agente recibe más de 100 originales todos los meses, no hay empresa en el mundo que sea capaz de valorar de modo adecuado (y ni siquiera inadecuado) todo ese volumen de libros. ¿Cuál es el resultado de ese sistema? Pues que sencillamente hay gente muy válida que se queda fuera del mercado. Seguramente haya muchos manuscritos de los llegados a las editoriales de manos de autores noveles que ni siquiera serán leídos. Las agencias sí los leen… siempre y cuando sigan aceptando manuscritos. Cada vez hay más agencias que anuncian que no aceptan representar nuevos autores. Es decir, el colapso que antes sufrían las editoriales, ahora lo comienzan a sufrir las agencias. El que pierde es… ¡todo el mundo! El primero el autor novel, claro, que ve muy complicada la publicación de su libro. La segunda, la agencia, que seguro que pierde algún que otro best-seller y auténticos bombazos literarios. Y lo mismo le sucede a la editorial, evidentemente. Esto fue el preámbulo de la charla. Ya metidos en harina, o sea, sentados ante los presentes, que fueron más o menos una treintena –y casi todos ellos visitados vía internet-, se comenzó hablando de las redes sociales. Tuenti, Facebook, MySpace… ¡Ésta última tiene ni más ni menos que 100 000 000 de usuarios! Escribes, el portal del que os he hablado ya en varias ocasiones, promueve numerosos actos culturales. Siempre hace convocatorias vía internet, y esas invitaciones llegan a un promedio de unas 600 personas. ¡600 personas que reciben, en su propia casa, los datos, la invitación, a participar en un acto cultural! ¿Cuánto costaría hace unos años enviar cartas ordinarias para 600 personas? Pues entre sobres y sellos y tal, unos 180€. Vale, que ninguna empresa se arruina por eso, pero hay que tener mil factores en cuenta, como enviarlas con cierta antelación, etc… Hoy todo eso es prácticamente automático. Así que nos encontramos con un triángulo de las Bermudas: 1) El autor que ve que sus obras no tienen salida, y que incluso no llega a saber si su obra es o no de calidad. 2) Las agencias que dejan pasar buenos autores por la simple incapacidad de valorar todo lo que les llega. 3) Las editoriales que en ocasiones (y son más de las que os podéis imaginar) no encuentran lo que buscan para publicar. Fijaos si esto último que os cuento es así, que me han contado casos de editores que buscan novelas de romanos y no encuentran nada con la calidad suficiente. Y también me han hablado de otros editores que buscan fantasía y no encuentran nada con la calidad suficiente. Y yo estoy seguro de que no es porque no les llegue ese material, sino porque no tienen la capacidad para detectarlo. Y por otro lado hay a disposición de todo este universo una herramienta sin precedentes, Internet. La cuestión es: ¿cómo poner Internet al servicio del mundo editorial? Parece que el futuro del mundillo avanza hacia el uso de este tipo de nuevas tecnologías. Y hay algunas organizaciones que empiezan a moverse. Una de ellas es Narraluces. Narraluces ha nacido como un portal en el que se puedan paliar, en cierto modo, esas carencias. Para empezar, se trata de una red social dirigida en exclusiva al sector literario. Para el autor novel tiene las ventajas de un foro habitual, es decir, las de colgar por ejemplo un texto y que otros usuarios puedan valorarlo, corregirlo, etc… Pero tiene además otro tipo de ventajas. De entrada, el hecho de que el propio autor decide quién puede ver dicho texto: si estará disponible sólo para los amigos o para el público en general, cosa que no sucede en un foro, con los consecuentes peligros de plagio, etc… Y ahora es cuando viene el redoble de tambores de toda esta mega-entrada… Según se anunció durante la presentación del portal y la asociación, algunos editores ya han asegurado que van a estar observando dicho portal “a la caza” de posibles autores publicables. ¿Funcionará? ¿Serán editores solventes? ¿Hablarán en serio? Pues sinceramente, no lo sé… Pero yo ya estoy dado de alta en Narraluces. Por lo que pueda pasar.
Invitación
En su momento, el término “narraluces” se usó para designar a una generación de andaluces que a finales del siglo pasado eclosionó en el panorama literario español. Ellos ganaron premios Nadal, Alfaguara, Planeta… Se llegó a identificar su literatura como la “escuela del aljarafe”. Muchos de aquellos autores hoy ya no están entre nosotros. Algunos otros todavía viven. Pero sí hay un grupo de narraluces. Y tienen su portal de internet y todo… Los narraluces de hoy son una asociación sin ánimo de lucro que nace para promover el intercambio, desarrollo y promoción de la literatura en general, con particular atención a las creaciones hechas en Andalucía, tal y como se anuncia en su portal http://narraluces.org Si os acercáis hoy mismo por su página, comprobaréis que todavía tiene varios apartados en los que están trabajando, y es normal, porque su puesta de largo, su presentación como asociación literaria, se llevará a cabo el próximo miércoles día 25 de Febrero a las 20:30 en la sede de Escribes, c/ imagen, 3, en Sevilla. Ese mismo acto se usará para dar el pistoletazo de salida a la Red Social de Escribes. Sí, esa de la que ya os hablé hace unas semanas y a la que varios de vosotros os unisteis enseguida. Es una red que, como digo, está comenzando a dar sus primeros pasos. Hay mucho trabajo que hacer, pero lo importante es que la hagamos nuestra, que participemos, que la usemos como medio de interrelación entre autores, pues eso nos enriquecerá, sin duda. Para llevar a cabo los actos de presentación de ambas cosas, la red social y la asociación narraluces, se ha organizado una mesa redonda que tendrá lugar en el mismo lugar. El tema a tratar será el de las nuevas tecnologías en el mundo literario. Se tratarán temas como los foros de literatura, los métodos de investigación, cómo ha afectado internet al autor y a la editorial, etc… La charla estará a cargo de Javier Márquez, un buen amigo al que todos los asiduos de este blog conocéis de sobra, Andrés Nadal, director de Escribes, y los organizadores han tenido la desastrosa idea de invitarme a ser uno de los que participen en ella. Así que ya sabéis, si estáis cerca de Sevilla y queréis conocer Escribes, narraluces, cómo se mueve el mundo de la literatura en estos tiempos que vivimos, o ponerle voz a las palabras que estáis leyendo semana tras semana desde este blog nuestro, no tenéis más que acercaros. El buen ambiente está asegurado, la buena compañía también. Igual hasta aprendemos todos un poco. Y para colmo, al final del acto nos invitan a una copa… ¿se puede pedir algo más?
Los Aspectos Negativos de la Coedición (I)
Hace unas semanas hablábamos de los aspectos positivos de la Coedición. Leí hace un par de días un artículo en el que se explicaba que en E.E.U.U. las editoriales de Coedición están creciendo a una velocidad de vértigo, aumentando sus ingresos de un modo brutal. Hay alguna que ya cuenta en millones de dólares sus beneficios. Pero, si hay aspectos que pueden llevar a un autor a pensar en la Coedición o Autoedición como una posibilidad seria para ver impreso su trabajo, lo cierto es que estas modalidades dentro del mundo editorial tienen también aspectos negativos, que el autor hará bien en considerar antes de decidirse a utilizarlos definitivamente. El más evidente es, sin duda, el económico. Para explicarlo con detalle, voy a utilizar una propuesta que le llegó a un conocido para publicar uno de sus libros. Las características del libro son habituales, vamos, nada extraño: novela de unas 350 páginas, encuadernada en rústica y un papel normal de 80 grms. La propuesta en cuestión incluye varios aspectos importantes: corrección, diseño de portada, maquetación, espacio web, venta en internet y distribución nacional. Además, si la editorial lo ve apropiado, realizaría un “minisite” de la obra que tendría un afijo .es incluido en la página de la editorial (para que lo entendáis, sería, por ejemplo: hijosdeheracles.nombredelaeditorial.es) Se comprometían también a realizar promoción en modo de reseña a bibliotecas, medios de comunicación, foros de internet, páginas web, asociaciones de escritores, etc… Digo que algunos de esos aspectos son importantes porque no todas las editoriales de Coedición ofrecen servicios como la corrección, o la maquetación. Pero, si os fijáis en esos detalles que os he dado, ya hay algo que llama la atención… luego volvemos sobre ello. Vamos ahora con el dinero que pedía para coeditar el libro. Hacían dos propuestas, una de ellas para publicar 500 ejemplares, la otra, para publicar 800. ¿Cuánto dinero tenía que poner el autor? (redoble de tambores) Nada…, minucias…, calderilla… La edición de 500 ejemplares tenía un coste para el autor de 3920€ + 4% IVA = 4077€ La edición de 800 ejemplares tenía un coste para el autor de 5850€ + 4% IVA = 6084€ No sé qué tal andaréis vosotros en la cuenta corriente, pero no todo el mundo tiene 800 000 de las antiguas pesetas, o un millón de ellas (que aunque no lo parezca eso es lo que suponen 6000€) para gastarse en una coedición. Pero bueno, vamos a ver si salen los números. El autor, en esta propuesta, recibía el 45% de cada venta, mientras que el 50% quedaba para la distribución (distribuidora y librería). ¿Y el 5% restante? Pues al parecer se desvanece en el aire, porque no se comenta nada en absoluto sobre ello… Aunque, espera, pensando un poco, igual se lo queda la editorial, ¿no? Pero, no… no puede ser… si el autor ya ha pagado por la edición del libro, ¿cómo es que la editorial se queda con una parte del porcentaje? Bueno, a no ser que cobre dos veces por el mismo trabajo, claro… Sí, creo que va a ser eso. Aunque, si pienso un poco más, igual resulta que no cobra dos veces, si no tres. ¿Qué por qué? Hoy hay subvenciones especiales para las editoriales. Ya sea por línea editorial, o por nº de ejemplares, o por… ¿no lo sabíais? Claro, que habrá quien diga: “es que tienes que tener en cuenta que lo que proponen es una Coedición, es decir, que parte de los gastos los asume la editorial”. Ya, ya… la cuestión es que un cálculo básico como es el de la división, nos muestra que los 800 ejemplares le salen al autor por 7,605€ cada uno. O sea, que el autor paga el 40% del precio total de venta, IVA incluido, de la novela. Y ahora es cuando uno piensa: “¿de verdad a la editorial en cuestión le sale por MÁS de 7,605 la edición de un libro?” Pero… ¡¡¿¿de verdad??!! Vamos, ¿alguien piensa que el costo de edición de un libro (sólo de edición, sin contar distribución ni porcentajes ni nada de eso… es decir, el trabajo de imprenta: tinta, papel, etc…) supone más del 40% del precio de venta del libro? Sé que por aquí se dejan caer editores de vez en cuando, así que, por favor, si lee esto algún editor, que me de datos sobre el tema. Mientras tanto, yo no me lo creo. Tú puedes pensar lo que quieras, evidentemente. Pero bueno, si la editorial cobra 3 veces, pues muy bien, oye. Aquí la cuestión es si el autor saca algo de movimiento… Pues venga, sacad calculadora, que vamos a hacer números. Cojamos la de los 800 ejemplares (aunque podéis hacerlo con la otra también, claro). Hemos dicho que tenemos que pagar 6000€ mal contados. La editorial propone un precio aproximado de venta de 19€ (la misma cantidad que hemos usado para el cálculo anterior), con lo que la venta de los 800 ejemplares reporta un total de 15200€. De ellos, el autor cobraría el 45%, esto es, 6840€. Si restamos a esta cantidad el importe que hemos abonado para la coedición, los 6084€, nos resulta que el autor gana una cantidad de 756€. Por supuesto, el autor tiene que presentar su declaración de la renta, en el que también debe incluir este concepto, con lo cual, esta cantidad no será real. 756€ Eso es lo que le queda al autor. El fruto de su sueño. Bueno, miento. Eso es lo que le queda al autor… si consigue vender los 800 ejemplares. ¿Recordáis lo que decía el responsable de una editorial argentina de autoedición? Decía que la mayoría de los libros que editan no superan los 250 ejemplares vendidos. Bien, pues vamos a hacer entonces la cuenta con eso. Imaginemos que hemos vendido 300 ejemplares, por 19€ de venta, suman un total de 5700 €. De esa cantidad, el autor recibe el 45%, es decir, 2565 (de los que también tendrá que presentar la declaración
Estudios de marketing VII: El momento de la verdad (I)
El proceso para que se publique un libro es enormemente largo. Pasan, en el mejor de los casos, cerca de dos años desde el momento en que el autor concluye su obra hasta que se puede encontrar en las librerías. Y eso contando con la gran suerte de que el libro interese a la primera editorial a la que se envíe, la lean en un plazo realmente corto y la editorial se ponga las pilas para sacarla al mercado cuanto antes. Pero seamos optimistas; Pensemos que lo hemos logrado, con independencia del tiempo transcurrido: ya está el libro listo para salir a la calle, las cajas llenas de ejemplares, los camiones cargándolas para su reparto, en los almacenes de la distribuidora el frenesí de los pedidos… Y creedme, con independencia de si ha sido gracias a seguir los pasos de los anteriores estudios de marketing que hemos ido comentando o no, yo me alegraré por vosotros. Pero si pensábamos que nuestro trabajo con ese libro ya estaba acabado… estamos de lo más equivocados. Se suele pensar que la promoción del libro corre a cargo de la editorial. Que es ella la que tiene los medios, materiales y económicos, para hacer publicidad y que el autor lo único que tiene que hacer es estar disponible por si le preparan una firma de libros, una entrevista, conferencia o presentación de la obra. Y ese es uno de los peores errores que puede cometer el autor que empieza. Porque, claro, los que ya llevan 20 ejemplares a sus espaldas, venderán más o menos, pero tienen su público. Si hablamos de mega-ventas más aún, claro. Pero nosotros… lo nuestro es bien diferente. A nosotros no nos conoce nadie, ni nadie (o casi) ha leído nuestras novelas. Y además, nos encontramos con que hay una tendencia por parte de las editoriales a menguar el número de presentaciones de sus nuevas obras, a menos que se trate del gran lanzamiento de la temporada, que ahí no duelen prendas en dejarse los euros a base de promoción, como es lógico. Por supuesto, nuestra novela, como noveles (esto último se llama aliteración, para quién no lo sepa, que siempre se puede ofrecer calidad literaria, aunque sea en una entrada “bloguera” :p), no será el gran lanzamiento de la temporada, así que, de promoción, seguramente iremos cortitos. Y ahora es cuando viene el conflicto. Porque nuestro futuro como escritores dependerá en buena parte de cómo funcione este primer libro. Si funciona bien, nos abrirá puertas en el futuro. Si no funciona bien… en el mejor de los casos nos tocará volver a pelear por publicar nuestra siguiente obra como si no hubiéramos publicado ninguna otra. En el peor, podemos ir pensando en la coedición… De modo que, si queremos que la cosa funcione, toca volver a ponernos el mono de trabajo. Porque hay muchas cosas que a nivel personal podemos hacer para promover nuestro trabajo. Podemos empezar solicitando entrevistas. Sí, sí, solicitándolas, que no nos van a llamar para entrevistarnos por las buenas. Como es natural, no vamos a llamar a A3, T5, TVE, El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, El Correo, etc… Vamos, si quieres, puedes intentarlo, pero has de saber que seguramente sea tiempo perdido. Toca empezar desde abajo. ¿A quién podemos solicitar esas entrevistas? Pues a radios y televisiones locales, revistas gratuitas del entorno en el que vivimos, periódicos locales. Con “locales” no me refiero en exclusiva a las de nuestra ciudad. Quiero decir que nos dirijamos a medios que se distribuyen en una franja territorial concreta. Seguramente tu ciudad, o tu pueblo, tiene una radio propia. Pero es que el pueblo de al lado tiene otra, y el de al lado de éste otra más… Explota tantos medios de este tipo como puedas. Verás que la lista de aquellos a los que puedes solicitar una entrevista es realmente inmensa. Y seguramente te sorprenderá también que deseen realizarla, pues, ¿qué pueblo no está orgulloso de que sus ciudadanos logren metas? Otro tema que podemos explotar es el de las bibliotecas. Las bibliotecas existen para promover la lectura, ese es su fin principal. Suelen realizar actos como talleres de lectura, o de escritura, cuentacuentos y demás. Así que… ¿por qué te iba a sorprender que acogieran con los brazos abiertos un encuentro con un autor? Desde luego, no podemos olvidarnos de entregar tarjetas, tantas como sea posible, a todo el mundo que se nos acerque en alguno de estos actos. No tener tarjetas no es una excusa, porque hoy se hace uno 500 tarjetas incluso en máquinas en las estaciones de RENFE, así que… Se trata de promover que se hable de nuestra obra. O incluso de nosotros, que para el caso es lo mismo. Cierto es que no podemos poner carteles en la Fnac, ni en el Corte Inglés. Que no depende de nosotros aparecer en la lista de los 10 más vendidos en el Carrefour… Pero quien piense que no puede hacer nada por promover su trabajo, que vaya cambiando el chip. Y no he entrado en lo que se puede conseguir con internet… Eso lo dejo para otro día.
Los Aspectos Positivos de la Coedición
No, no me he vuelto loco. Puedes colgar el teléfono y decir al personal de Psiquiatría que te has equivocado al marcar. Hace algún tiempo que comenté en este blog que tenía intención de hablar del tema de la coedición, o autoedición. Y hoy empiezo a tratar ese tema. Y aunque parezca mentira, empiezo hablando bien de esta fórmula para ver una obra publicada. El motivo es bien sencillo: en la vida no hay nada, (bueno, nada si obviamos el holocausto nazi, el conflicto de Gaza en el que Israel está causando la muerte de miles de inocentes en una muestra de amnesia colectiva difícil de entender, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, los niños soldados de África, el Apartheid… en fin, ese tipo de cosas tan desgraciadamente unidas al ser humano) nada, digo, que sea inherentemente malo. Es decir, que casi todo en la vida tiene aspectos positivos y otros negativos. El que se compra un Ferrari tiene un cochazo, pero a cambio necesita un camión cisterna de gasolina detrás. El que vende 5 millones de discos alcanza el éxito, pero luego no puede dar dos pasos por la calle sin que el personal lo acose. Etc… Y la coedición no iba a ser menos. Todo aquel que escribe, bueno, casi todo, no voy a generalizar, lo hace con la intención de poder ver algún día su obra en las estanterías de una librería. Y si puede ser en varias pilas en el centro de la mesa de novedades, con varios carteles alrededor anunciando el libro, mejor que mejor. Pero hay un problema, y es que al año se editan unos 70 000 libros en España. Es decir, 1346 por semana. O lo que es lo mismo, 192 libros diarios. Vamos, que cada hora salen de las imprentas de las editoriales 8 libros nuevos listos para ser distribuidos. Uno cada 7 minutos y medio. Con semejante cantidad de libros en la calle diariamente, es muy difícil poder meter la cabeza y colocar el nuestro. Podría parecer al contrario, es decir, que si se publican tantos libros es porque todo tiene cabida… Craso error. Se publican 70000, pero se rechazan 8, 9 o 10 veces más libros de los que se publican. ¡O más! Y claro, es mucho más fácil que el nuestro, ya que somos escritores noveles y muy pocos apuestan por nosotros, pues llegue a formar parte de los rechazados en lugar de los publicados. A este panorama literario nuestro hay que sumarle otro aspecto: hay muchos que dicen que el mercado editorial está en crisis. Y no la crisis de ahora, de la que habla todo el mundo (por cierto, ¿os habéis fijado en que prácticamente todos los anuncios de Tv. Hablan de que el producto anunciado te ayuda a ahorrar o tiene un descuento que no puedes dejar pasar?) no, no hablo de esa crisis. Hablo de una crisis que viene de hace varios años. Creo que, precisamente, por esa vorágine editorial por publicar cientos de libros… La cuestión es que por ese motivo, las editoriales no confían en los autores noveles. Es lógico. Como no me canso de repetir, el mundo literario no es más que otro negocio, y las editoriales quieren conseguir productos que proporcionen la mayor cantidad de ventas posibles. Y evidentemente, Saramago, Follet o Reverte venden más que yo. De modo que nos encontramos con un autor que ha dedicado meses, e incluso años a escribir una novela, que, ¿por qué no? Puede ser maravillosa, y después de tanto trabajo, de presentarla con la máxima ilusión a mil y una editoriales, lo único que recibe son respuestas negativas. Y ahí es donde entra la coedición. O la autoedición. El autor, descorazonado, termina por decidir que lo mejor es publicar su obra bajo esta modalidad de edición. Y no son pocos. Al parecer, un 20% de todos esos libros son coeditados o autoeditados. 14 000 al año. 269 a la semana. 38 cada día. Casi 2 por hora. Algo bueno tendrá que tener la fórmula, ¿no? Hay una diferencia sutil, aunque importante, entre ambas modalidades: en la coedición, los gastos de edición se dividen entre editorial y autor. En la autoedición no, todos los gastos los asume el autor. Ciertamente, los gastos no son pocos. Y cuanto mejor queramos que esté presentado el libro, más dinero habrá que soltar, claro. Corrección, maquetación, diseño de portada, promoción de la obra… todo estos aspectos van sumando euros al total de lo que tendrá que pagar el autor, si es que decide incluirlos en el contrato. Y no nos engañemos, en algunas ocasiones, un libro coeditado puede llegar a convertirse en un éxito de ventas. En España, por ejemplo, se vendieron más de 3 000 ejemplares de “probando el hardcore”. ¿Y quién no conoce El Código Davinci? Pues este libro, Dan Brown lo lanzó coeditado. Evidentemente, no es lo habitual. La editorial argentina de coedición Dunken, reconoce que sólo el 20% de sus ediciones alcanza los 500 ejemplares de venta. Está claro que, si lo que queremos es hacernos un huequecito en el pastel editorial, la Coedición no es la solución. Las editoriales tradicionales incluso ven con malos ojos a los autores que se decantan por esta opción. Pero no se paran a pensar que a menudo es la única salida para una obra que ha sido rechazada por el mercado literario. Hay muchos peligros en la coedición, por su puesto. Muchos más en la autoedición, desde luego. El mercado literario se ha convertido en un lugar donde los fraudes campan a sus anchas y hay que ser cuidadoso. Sobre eso hablaré más adelante. Entonces, si no se asegura un mínimo de ventas, si hay que pagar cantidades importantes por ver el libro publicado… ¿cuál es el aspecto positivo de la coedición? Pues la satisfacción de que algunos podrán disfrutar de leerte. El hecho de ver cumplido un sueño. ¿Acaso te parece poco?
Estudios de Marketing VI: Más trabajo
Si habéis sido lo suficientemente buenos durante el año como para que los reyes os hagan un buen regalo, si además vuestra novela es realmente buena, y si habéis logrado captar la atención del editor/agente al que enviasteis vuestra obra, un buen día os encontraréis con una llamada de teléfono, o un mensaje de correo que tendréis que leer varias veces antes de creéroslo. Porque, sí, una editorial se ha interesado por tu novela y quiere publicarla. Lloraréis, patalearéis, gritaréis y os dará un subidón de adrenalina que os mantendrá en las nubes durante unos días. Luego os llamará el editor o editora y os dará su impresión: que la editorial tiene una buena opinión de la novela, etc, etc… Eso sí, no esperéis que de inmediato os dediquen demasiadas alabanzas… porque en la mente del editor, en ese instante, hay algo bien distinto: Mejorar la novela. Sí, sí… lo que leéis: MEJORAR la novela. Porque en esta vida, todo, absolutamente todo, es susceptible de ser mejorado. Y vuestra novela no va a ser menos. Y aquí, es donde muchos están, en mi opinión, equivocados. Conozco personalmente a varios autores que niegan al editor la opción de que el texto de la novela sea corregido. Y es muy curioso, pero todos los que conozco que tienen esa actitud (respetable por otro lado), resulta que luego se quejan de que se venden pocos de sus libros, e incluso de que la editorial se vuelca más en la difusión de otras novelas que en las suyas. Y ahora es cuando yo digo… ¿y nunca se han parado a preguntarse por qué sucede eso? Bueno, en realidad me consta que sí lo han hecho. Es más, yo mismo he sacado el tema cuando hemos estado juntos. Y de forma invariable, salen a la palestra teorías conspiratorias de carácter casi judeo-masónico, que en realidad no explican nada, pero que dejan muy satisfecho al autor, quien termina echando balones fuera y culpando de sus bajas ventas a las editoriales. Voy a repetir algo que los que pasáis por aquí a menudo lo habréis leído ya en otras entradas: Señores, las editoriales son un N E G O C I O. Buscan obtener el máximo beneficio posible por sus productos. Por tanto, el editor quiere presentar un libro tanto mejor cuanto más pulido se encuentre. Porque, si el libro está bien trabajado (al margen del autor, pues el autor es incapaz de ver todos los errores, que los hay, y muchos, de su novela) se venderá más. Digo que es incapaz de ver sus errores por un motivo muy simple: él es el que la ha escrito, se sabe las frases y el argumento de memoria. Por tanto, cuando lee su texto, no lee lo que hay escrito; recuerda lo que su mente quiso poner. Por eso, porque su lectura es superficial, no puede ver sus errores, tanto de trama, como de personajes e incluso ortográficos. Os pongo un ejemplo. Hace algo más de un año estuve comiendo con varios autores, muchos de ellos de cierto nombre y prestigio. Hubo uno que había presentado su última novela hacía unos pocos meses, una ucronía bastante buena, por cierto. En ella, hablaba a menudo de los tapices que poblaban los suelos de determinados lugares. Al menos había 6 o 7 referencias en el libro a esos tapices. Pero resulta que los tapices, por definición, ¡¡¡no pueden estar en el suelo!!! Si está en el suelo, no es un tapiz, es una alfombra. Al comentarlo, tanto él como su esposa se quedaron un poco parados, me dieron la razón y me dijeron que ni el autor, ni su esposa, que le corrige los textos, habían reparado en ese dato. Bien, pongámonos ahora en el lugar del editor: “Esta novela me parece interesante, cuenta una buena historia y está bien escrita. Quiero publicarla. Sin embargo, es necesario darle un repaso a la ortografía y al estilo. Si lo hacemos bien, puede quedar una novela de un gran nivel.” ¡¡El hombre quiere la novela!! ¡¡¡Quiere apostar SU dinero por ella!!! Pero, ¿qué ocurre? Que el autor le dice. ¿Sí, la quieres? Eso significa que tal y como está te ha gustado, ¿no? Pues en ese caso, no se toca, porque es MI obra, y nadie más va a ponerle las manos encima. MEEEEECK!!! Error! Error porque el editor, si hay suerte y no da el paso atrás y te dice que en ese caso publiques tú mismo la novela, si hay, digo, mucha suerte, aún te la publicará. Pero, ¡ojo! La editorial tiene un nombre que proteger, tiene una reputación, y desde luego, apoyará más a los autores que colaboran que a los que se cierran en banda. Por tanto, lo normal será que la tirada de ese libro no trabajado por la editorial sea inferior que otros a los que sí ha dedicado tiempo, en los que sí ha trabajado. ¿Por qué? Porque es un N E G O C I O y por tanto ha de rentabilizar esfuerzos. Os pongo otro ejemplo: las portadas de los libros. ¿Por qué las portadas de las distintas colecciones de las editoriales tienen elementos comunes? Por varias razones: para que se las identifique con la editorial, para igualar la calidad de sus productos, para imprimir el sello de calidad de la casa, etc… Con las revisiones de texto pasa lo mismo. La editorial no las hace porque sí, es un proceso largo, de varios meses, y caro, pues se imprimen diferentes galeradas y en él trabajan varias personas a las que hay que pagar su sueldo. De hecho, las editoriales pequeñas no ofrecen ese servicio, no porque no les guste, sino porque no se pueden permitir el lujo de pagarlo. Que una editorial quiera revisar el texto de nuestra novela no es una “invasión” de nuestra obra. Deberíamos verlo como lo que es: un intento de mejorarla. Al fin y al cabo, el autor mantiene el derecho, por contrato, a negarse a
Cumpliendo Sueños
Las cosas suelen caer por su propio peso, que le pregunten sino a Sir Newton… Digo esto porque yo empecé a escribir hace mucho tiempo, más de quince años. Fue al poco tiempo de haber leído El Señor de los Anillos, una obra que me marcó profundamente. Comencé entonces a escribir una novela de fantasía épica. Durante un par de meses le dediqué mucho, mucho tiempo. Por entonces, esto de internet era una quimera y cuando uno necesitaba buscar información sobre algún asunto tocaba tirar de biblioteca. La de horas que dediqué a leer sobre fauna, vegetación, minerales y un largo etcétera se queda para mí… Cuando ya había escrito los cuatro primeros capítulos, de repente, me dio miedo. Pero no un miedo tonto, no… verdadero pánico, un terror visceral. Me decía que dónde me estaba metiendo, que iba a ser incapaz de llevar a cabo el proyecto que había iniciado y que todo aquello iba a ser una inmensa pérdida de tiempo. Tanto miedo me dio, que aparqué los bártulos y dejé de escribir. Durante casi quince años prácticamente no escribí nada, ni relatos, ni historias… sólo de vez en cuando, y cuando la tristeza se quedaba durante una temporada a hacerme compañía, me salían unos pocos “pseudoversos” que casi nadie ha leído. Pero eso de escribir, escribir… nada de nada. Así que me dedicaba al lado contrario: leer. Hasta hace dos años. Las cosas caen por su peso, decía, y fue entonces cuando las circunstancias se confabularon para que, un buen día, me encontrara leyendo de nuevo aquellos cuatro capítulos que había escrito. Se los dejé a mi pareja, quien, tras leerlos, me dijo: tendrías que terminarla. Yo le contesté que no sabía… que si empezaba no iba a poder parar… que me daba miedo… que me iba a llevar mucho tiempo… ¡qué sé yo! Le dije de todo, me temo. Pero no recuerdo muy bien cómo fue, un día me vi pasando al ordenador aquellos cuatro capítulos, y después continuar la historia hasta terminarla, en tan sólo tres meses. Eso sí, le dedicaba al tema cerca de diez horas diarias. Acabé muy cansado y sin ideas. Pero al poco tiempo volvía a iniciar un nuevo proyecto, con la idea de que fuera la continuación de esa primera novela, a la que había titulado LA PIEDRA DE ALDUR. Los que seguís a menudo el blog ya conocéis cómo esa segunda novela de fantasía terminó por convertirse en una novela histórica ambientada en la antigua Esparta. Justo cuando terminaba de escribirla, firmé un contrato de representación con la agencia de Sandra Bruna. Ya sabéis que desde aquí animo a los escritores a conseguir agente literario. Y hoy, vengo para explicaros por qué animo a eso, aunque, como casi siempre, doy muchas vueltas para llegar al punto que quiero tratar. Pasado el verano, Sandra me comentaba cómo estaba el asunto con mi primera novela: LA PIEDRA DE ALDUR. Me contaba que hay una editorial, una editorial importante, que tiene un excelente informe de lectura sobre la novela, y además, a la editora le ha gustado mucho. Ocurre, sin embargo, que las cosas están un poco paradillas (ya sabéis, la crisis y todo eso), y por ahora la cosa no se ha terminado de concretar. Sandra también me contó por entonces qué le había parecido mi segunda novela: HIJOS DE HERACLES. Os copio un extracto de su comentario: una novela muy bien escrita, comercial y con un tema potente (…) ME HA PARECIDO MUY INTERESANTE el período de formación de los niños, cómo les acostumbraban a pasar hambre, frío y aguantar el dolor, igual que les obligan a matar. Las intrigas están bien llevadas y resaltas muy bien el tema político y social, así que voy a empezar a mover la novela ya con las mejores editoriales de novela histórica Me pasó una lista con los cinco nombres de las editoriales a las que la había enviado. Puedo aseguraros que todas, absolutamente todas, son de primer orden, auténticos referentes editoriales en España. Esto fue a mediados de Septiembre. Y el día 9 de Diciembre, estalló la bomba. Ese día recibí un mensaje de Sandra en el que me anunciaba que una de esas cinco editoriales, posiblemente la editorial más reconocida en cuanto a novela histórica se refiere, deseaba adquirir los derechos de edición de mi novela. Tuve que leer varias veces el mensaje para creérmelo. Y no es para menos, pues el nombre de la editorial da miedo sólo con escucharlo. Enseguida estuvimos en contacto por teléfono, y durante la conversación me dio más detalles del asunto: a la editorial le había gustado mucho la obra y estaban entusiasmados con la idea de adquirirla. Había que trabajar algunos asuntos, pero la cosa iba muy en serio. Un par de días después, justo el día antes de la mesa redonda en la que participé en Tomares, me llamó la que desde ese instante se convirtió en mi editora. En la conversación me contó algún detalle que me dejó helado, como por ejemplo, que en el plazo desde que recibieron la novela, a finales de Septiembre, hasta ese momento, primeros de Diciembre, es decir, poco más de un mes o mes y medio, la novela había sido leída por cinco personas de la editorial. Sólo ese dato, habla de cómo es de seria la cosa… Durante estos días, ella está leyendo la novela y tomando notas ya para comenzar a trabajar en lo que será la corrección del texto. Supongo que para cuando terminen las fiestas empezaremos a trabajar en firme en ese sentido. Por último, os cuento que recibí un gran regalo durante la noche buena. Ese día había ido a cenar con mi familia y regresé a casa a eso de las tres de la mañana (yo es que soy muy bueno y me recojo pronto). Miré el correo antes de acostarme, como hago todos los días. Y no me acosté hasta las cuatro. ¿Qué por qué? Pues porque había