Este es él título del artículo que he firmado esta semana en la revista Cambio16. Se trata de un artículo que analiza la actualidad del mercado editorial y que, además, cuenta con los comentarios de Montserrat Altarriba, directora general de Edtorial Viceversa, y de Carlos Alonso, editor de Pàmies. Creo que el contenido es de lo más interesante. Si queréis darle un vistazo, podéis leerlo aquí.
Marketing Editorial II
El año pasado, porque, sí, ya ha pasado 2009 aunque cueste creerlo, este blog se consolidó basando sus entradas en diferentes cuestiones relacionadas con el mundo editorial. Fue sorprendente encontrar entradas con más de 20 o 25 comentarios. Más tarde, otro grupo de entradas pareció resultar bastante interesante para los que pasáis por aquí a menudo. Eran aquellas en las que os iba contando cómo avanzaba en la escritura de mi cuarta novela. Estas duraron lo que duró aquel periodo, es decir, justo hasta el verano. Desde entonces, el ritmo de entradas en el blog ha vuelto a ser el original, una entrada por semana. Cuando empecé con este blog, algunos me preguntaron por qué tan pocas entradas. Y expliqué que cada una de las entradas referidas al mundo editorial conllevan varias horas de preparación y que, por lo tanto, no podía preparar varias entradas a la semana porque me consumía demasiado tiempo. Y, en las últimas semanas, el tema principal del blog ha dado un giro de 180º. He ido contando, con tanto detalle cómo me ha sido posible, en qué punto se encontraba el lanzamiento de Hijos de Heracles: el nacimiento de Esparta. En ese sentido, deciros que, en principio, el libro ya debe estar impreso, que en breves días debería estar recibiendo mis ejemplares, y que en un par de semanas comenzará a verse por las librerías. O, al menos, eso espero. Pero es cierto que en las últimas semanas el blog ha dejado de lado sus entradas más habituales: las que tienen que ver con el mundo editorial y que fueron las que acercaron aquí a nada menos que 72, -¡¡72!!- seguidores, en un blog que habla, una vez por semana, sobre un mundo tan específico como el editorial. Gracias a esas entradas os asomáis por aquí de forma asidua: martikka, Blanca, Blas, misterX, Letraweb, natts, sambomba, victor,velkar, Guillem, Belén, Elena, Javi, La bruja, Paco Illán, dStragins, Susana, Alex,Sempi, Arwen… y bastantes más. Este blog ha crecido gracias a los comentarios de todos vosotros, que me habéis hecho buscar información y aprender muchísimo sobre este mundo. Por eso, la primera entrada del año de este blog, vuelve a ser sobre el tema que nos unió: el mundo editorial. Hace unas semanas, hablábamos sobre el marketing editorial, las dificultades de las editoriales, las diferencias de apreciación entre lo que hace una editorial y lo que siente un autor. Como decía, estas entradas están basadas en el libro Marketing Editorial: La Guía, cuyo autor es David Cole. Despedíamos aquella entrada comentando que las editoriales tienen que realizar algunos ejercicios de equilibrismo, en los que se estudiaban diversas cuestiones a tener en cuenta. Pero no se comentaron qué cuestiones eran esas. ¿Cómo estudiar la rentabilidad de un libro? David Cole explica que el verdadero marketing editorial comienza con la concepción del libro, cuando se tiene una idea clara de a qué público va dirigido, la utilidad que tendrá para el posible lector, y cuáles son sus probabilidades de éxito con respecto a su competencia: otros libros que traten el mismo tema. Es decir, si el libro no tiene un sector de público con unas características claras: por ejemplo, un sector que tenga un porcentaje de lectura alto, o un poder adquisitivo adecuado, es muy probable que el editor rechace su publicación. También es fácil que la obra sea rechazada si no destaca con respecto a su competencia. Por poner un ejemplo que conozco muy bien: Hijos de Heracles se diferencia de su competencia por dos motivos muy concretos. El primero es que trata un periodo histórico prácticamente inédito. No hay nada escrito sobre esa época. El segundo motivo es que presenta un punto de vista que se aleja de lo que formalmente es aceptado en algunos detalles históricos. ¿Resultado? No tiene competencia, llena un vacío existente. Pero, además, el editor tiene que tener muy claro de qué modo y en qué lugar se venderá su libro. Esto, normalmente, viene dado por la línea editorial. A lo largo del tiempo, las editoriales van ajustando la distribución, la colocación de sus libros en los mejores puestos posibles de las librerías, etc… Por supuesto, se necesita crear un plan específico para cada libro, y establecer métodos concretos para llegar al público. De modo que las editoriales tienen que conocer hasta qué punto un libro será o no rentable. Eso pasa por establecer un modelo de análisis de rentabilidad. ¿Y qué cuestiones hay que tener en cuenta para saber si el libro será o no rentable? David Cole explica diversos puntos: 1. Las ventas y las devoluciones: ¿Asumirá la editorial perder dinero con las devoluciones o serán enviadas a otro punto de venta, con los subsiguientes costes de distribución? ¿Qué porcentaje de devoluciones será imposible vender? ¿Asumirá los costos de los libros dañados? 2. Periodo de ventas: Será necesario que se realice un estudio para prever el tiempo que llevará vender la primera tirada. Por supuesto, es algo completamente estimado, especialmente cuando se trata de un autor desconocido. Nadie puede prever cómo se venderá una obra de un autor que empieza. La base de estas previsiones es, sobre todo, la experiencia el buen olfato del editor para adquirir una obra con potencial. Con un autor consagrado la cosa cambia, claro. Se sabe que Carlos Ruíz-Zafón venderá cientos de miles de su próxima novela, y se sabe, más o menos, el ritmo de venta en los principales puntos de distribución. En base a esos conocimientos previos, se realiza la previsión. 3. Costos de distribución: Ya sabemos, y hemos comentado aquí en otras ocasiones, que la distribuidora conlleva el pago de entre el 50 y el 60% del p.v.p. del libro. 4. Gastos administrativos y de marketing: no sólo hay que considerar los gastos obvios: tinta, papel, etc…, sino también las horas que el personal va a estar dedicando a asuntos como las posibles presentaciones, marketing en prensa, etc… Todo ese tiempo es un
Marketin Editorial (I)
Los que siguen el blog desde hace tiempo saben que todo lo relacionado con la palabra Marketing es algo que me apasiona. Si, además, le unimos a esa palabra la palabra Editorial, el resultado, Marketing Editorial, no sólo es que me guste, sino que además me interesa a nivel personal, por aquello de ver qué se puede hacer para dar impulso a las ventas de mis libros cuando llegue el momento. Hace unos meses le pegué un vistazo a un libro que me pareció de lo más interesante y que, antes o después, pienso comprar para estudiar con calma. Se titula Marketing Editorial: La Guía, y está escrito por David Cole. Este hombre es el director de Gemini Marketing & Communications, una agencia de consultoría en comunicación y marketing que ofrece servicios de redacción, edición, administración de publicaciones y marketing, para empresas y organizaciones sin fines de lucro. David Cole tiene más de 30 años de experiencia en el sector editorial. Algo debe saber del tema… En definitiva, hoy voy a traer la primera parte de algunos aspectos que me llamaron especialmente la atención de lo que David Cole nos cuenta en su libro. Hace mucho que no hablo de estos temas en el blog y es un poco una vuelta a los orígenes, lo que me hace una especial ilusión. Allá va. Si recordáis entradas pasadas, hacíamos un análisis sobre el volumen de ventas de libros de los últimos años. La tendencia era siempre al alza, aumentando la cantidad de libros vendidos en varios millones anuales. Lo primero que me llamó la atención de lo que comenta David Cole es que, si bien el volumen de ventas totales ha crecido, lo cierto es que para que un libro sea rentable, las ventas de dicho libro han crecido de forma paralela. Es decir, el margen que ahora deja el libro es menor que el que dejaba unos años atrás, con lo cual es menos rentable y deben venderse un número superior para que el beneficio sea el mismo. Sin embargo, y aquí viene lo interesante, las ediciones de los libros son cada vez más pequeñas. ¿Cómo se va a conseguir entonces la rentabilidad? El problema es que como el libro es un artículo poco rentable, la editorial lanza un número lo más reducido posible. No quiere jugársela, no quiere correr riesgos innecesarios. Y es lógico. La editorial, como he dicho en muchas ocasiones, no es más que una empresa que busca beneficios, y si el libro se convierte en un artículo de riesgo, intentará correr el menor riesgo posible. Sin embargo, el éxito del libro pasa, necesariamente, por una apuesta personal del editor: un gasto importante en una cubierta de garantías realizada por el mejor profesional posible, un gasto importante en la calidad de los materiales, el papel, por ejemplo, y un gasto importante para lanzar una cantidad importante de ejemplares. En ese sentido, hace unos años conversaba con un editor catalán que me decía que, si una editorial asumiera el riesgo de lanzar 7000 ejemplares de una novela, el libro se convertiría en un éxito casi seguro, porque el libro estaría visible en todas partes, garantizando así su venta. Pero las editoriales no pueden asumir esos riesgos si no quieren ver cómo la empresa se va a pique. Y entonces, el escritor, que ha pasado varios meses, cuando no varios años, trabajando en construir su novela, que espera que todo ese esfuerzo personal sea avalado por un esfuerzo por parte de la editorial, suele sentirse decepcionado, casi abandonado desde el principio por la “baja” cantidad de libros que le editan en la primera edición. El resultado de eso es que su libro parece llegar al mundo en silencio, sin el llanto habitual del bebé recién nacido, que llama la atención de todo el mundo a su alrededor. Cuando, unos meses más tarde, las ventas del libro se van diluyendo, ese desencanto que siente el autor se convierte en terror y en la sensación de haber sido traicionado. Mientras, la editorial se siente acosada y zaherida por parte de los autores que no entienden lo que sucede, que no entienden los esfuerzos que sí han hecho desde la editorial (comenzando por desembolsar una importante cantidad de dinero por poner el libro en el mercado). Autores que, además, les hacen perder un tiempo que no disponen en la editorial con sus quejas y que, en lugar de ayudar, interfieren. Poco saben los escritores de los malabarismos que debe hacer la editorial para asumir el mayor riesgo y que el asunto no acabe en un desastre económico. Poco sobre las muchas cuestiones a tener en cuenta por parte de la editorial. Y casi nada, acerca de los plazos de tiempo que la editorial maneja y el modo en el que va efectuando su trabajo, que comienza casi con un año de antelación al lanzamiento del libro. De todos esos aspectos, hablaremos en una próxima entrada.
Hablando con…
Leonardo Ropero Serrano nació en León en 1.966. Ingeniero Industrial Superior, especializado en diseño paramétrico tridimensional, actualmente desempeña las funciones de Director de Calidad, Medioambiente y Prevención de Riesgos Laborales. Compagina su profesión con la escritura. Su primera obra, “La Estrella Oscura” ( presentada como “Crónica de Nerdhos”) fue finalista en el IV Concurso Internacional de Literatura Fantástica de la Editorial Minotauro en el año 2.007. En febrero de 2.008 llegó de nuevo a la final del citado concurso, en su quinta edición, con la obra “Ángeles de Titanio”, presentada bajo el seudónimo “Klaus Gordonfraff”, siendo la primera vez que un autor queda dos veces consecutivas finalista en dicho premio. Ha escrito seis novelas y varios relatos, uno de los cuales, “Recuerdos de un futuro improbable”, recibió una mención de honor en el Concurso Andrómeda de Ciencia Ficción Especulativa 2007. P: ¿Qué siente un autor novel cuando todavía no ha podido publicar nada y descubre que una novela suya ha quedado finalista del premio Minotauro, uno de los mayores del mundo en literatura fantástica? R: Es difícil de explicar. Envié a la IV edición del Premio Minotauro mi primera novela, la “Crónica de Nerdhos”, sin ningún tipo de corrección. Cambié de idea en el último momento, porque la obra que iba a mandar al concurso era mi segunda novela, “La Flecha de Bronce”, que acababa de terminar. Yo era un autor novel, y por ello pensaba que no tenía la menor posibilidad de ser seleccionado, hasta el punto de que me enteré cuando me llamaron por teléfono desde la editorial Planeta, para preguntarme si iba a acudir a la fiesta en la que se fallaría el premio; es decir, más de una semana después de que se hiciera público el nombre de los finalistas. Cuando escuché la voz de la joven que me dijo que yo era uno de los elegidos, comencé a temblar de tal forma que tuve que sentarme. No me lo podía creer; era un sueño hecho realidad. P: Y al año siguiente repites como finalista del mismo premio, en esta ocasión bajo seudónimo. Eso demuestra que calidad, precisamente, no te falta. Sin embargo, has necesitado casi dos años para que tu primer libro sea publicado. ¿Tan difícil es llegar a publicar? R: Es francamente difícil. Las editoriales y agentes están sobrecargados de trabajo, pues somos muchos los escritores noveles que estamos intentando hacernos un hueco en el mercado. Y eso teniendo en cuenta que disponemos de Internet; un escritor tiene a su alcance todas las editoriales y agencias del mundo. Pero es muy fácil que tu libro no llegue a ser leído nunca o que pasen años hasta que te toque el turno. Además, a las editoriales les gusta publicar lo que saben que van a vender, lo que está de moda. Es preciso tener mucha paciencia, porque desde que al fin encuentras editor hasta que publicas con él, pueden pasar de uno a tres años. No obstante, que nadie se desanime, porque publicar es difícil pero no imposible. Y no hacen falta premios ni reconocimientos para hacerlo: tan sólo una buena novela, mucha perseverancia, y un poquito de suerte. P: Hablas sobre perseverancia, y en ese sentido, muchos tendríamos que aprender de ti. Permite que nos metamos un poquito en tu vida para entender esto que digo. ¿Te importaría explicarnos cómo es un día en tu vida normal? Ya sabes, horarios de trabajo, responsabilidades de tu puesto… R: Pues es bastante intenso. Trabajo como responsable del sistema integrado de gestión de una empresa del sector de la madera, o lo que es lo mismo y para que se entienda mejor, soy el director de calidad, medioambiente y prevención de riesgos laborales. En teoría tengo la obligación de mantener la certificación de calidad ISO 9.001, velar por el cumplimiento de la normativa de protección del medio ambiente, que es cada vez más estricta, y mantener actualizado y operativo el plan de prevención de riesgos laborales, intentando minimizar los accidentes e incidentes en el trabajo. Pero además tengo a mi cargo otras tareas, como la gestión de almacenes, la recepción y control de mercancías, el mantenimiento de la maquinaria… la empresa en la que trabajo es pequeña -somos 35 personas- y por tanto, no puede permitirse contratar a muchos técnicos o gestores. Me levanto a las siete de la mañana y suelo regresar a casa entre las ocho y las ocho y media de la tarde; huelga decir que tengo “dedicación exclusiva”. Supongo que fue por ello por lo que comencé a escribir. Disfruto muchísimo haciéndolo, pero descubrí que además me servía como una excelente válvula de escape de la tensión del trabajo. Cuando estoy enfrascado con una novela, o un relato, me olvido del mundo. Desgraciadamente sólo puedo escribir desde las 22:30 hasta las 00:00, así que intento aprovechar al máximo ese tiempo. P: Además, creo que comenzaste a escribir en un momento de tu vida bastante complicado. ¿Crees que las dificultades, la soledad, la separación de la familia, son buenos incentivos para la escritura? R: En efecto, por motivos laborales estuve un año separado de mi familia. Quizás sin ese año de soledad nunca habría comenzado a escribir; en ese tiempo completé “La Estrella Oscura”. No obstante, creo que muchas personas tienen una idea equivocada acerca de los escritores. No es preciso tener una personalidad atormentada, pasar grandes penalidades o desgracias para ser creativo. Creo que se trata justo de lo contrario: un autor sigue escribiendo a pesar de las dificultades. Supongo que algún día se dejará de lado esa imagen por la cual los escritores y artistas son “bichos raros”. P: De tu última respuesta se desprende un mensaje positivo: continuar a pesar de las dificultades. Pero eso debe ser complicado. ¿Cómo se consigue? R: En realidad es mucho más fácil de lo que parece. Cuando estás haciendo algo que te gusta de verdad, que llena tu vida, como puede ser escribir, practicar un deporte, o pintar,
El Lector Editorial (II)
Si el lector editorial puede “vetar” nuestra obra, impedir que se vea publicada al presentar un informe negativo, o bien fomentar su posible publicación por medio de un informe favorable, haremos bien en preocuparnos por saber más cosas acerca del lector editorial. ¿Qué contiene ese informe que es tan crucial? En su blog Ocurrió en Febrero, Maribel Romero nos explica en qué consiste un informe editorial. Analicémoslo por partes. Para empezar, contiene algunos datos básicos: título de la obra, autor, nº de páginas, el idioma en que está escrito, si proviene de una agencia, etc… Esto es un trabajo mecánico, sin ninguna importancia más allá que la de identificar fehacientemente el título sobre el que se presenta el informe propiamente dicho. A continuación, viene el verdadero meollo del asunto: IMPRESIÓN GENERAL DE LA OBRA.- SINOPSIS DEL ARGUMENTO.- TRATAMIENTO DE LOS PERSONAJES.- TEMAS PRINCIPALES Y SECUNDARIOS.- LENGUAJE Y TÉCNICA LITERARIA.- FACTORES POSITIVOS QUE DESTACAN.- FACTORES NEGATIVOS QUE DESTACAN.- VALORACIÓN LITERARIA Y COMERCIAL.- (Puntuación de 0 a 10) Valoración Literaria.- Valoración comercial.- PÚBLICO.- Estos son los puntos que el lector debe desarrollar. ¿Podemos hacer algo para que su informe nos resulte favorable? Bien, veámoslo. Para empezar, habla de su opinión sobre la obra. Qué le ha parecido, su impresión, cómo le ha afectado, si le ha emocionado o no, si le ha parecido o no una historia interesante. Es un apartado puramente subjetivo. Tal vez a él le parezca un libro genial, llegue al editor y crea que no es para tanto. Para gustos, los colores, como suele decirse. Sin embargo, el editor tiene muy en cuenta la impresión del lector, de lo contrario, no lo contratarían, ¿no os parece? Poco podemos hacer aquí, lejos de haber creado una historia interesante. Sobre la sinopsis hemos hablado largo y tendido en este blog. Ahora podemos entender el por qué. El lector hará su propia sinopsis, en la que debe resumir la obra. Pero no se dejará atrás líneas argumentales, personajes, conflictos ni tramas. Si nuestra sinopsis debía enganchar el interés de la editorial, la del lector debe resumir la novela al editor, que todavía no la ha leído. PERO, y es un pero bastante grande, nuestra sinopsis no debería ser en exceso distinta a la que presente el lector, de lo contrario, puede parecer, y de hecho parecerá, que hemos intentado colar “gato por liebre”, adornando en exceso nuestro trabajo para intentar vender el libro. Laura hablaba en un comentario de la última entrada sobre la importancia de los personajes. Y lleva razón. El elemento que mantiene a la historia son los personajes. Si no tienen la suficiente fuerza, atractivo, credibilidad… si no logramos que el lector se identifique con los personajes, la historia no resultará atractiva. De ahí que el lector informe específicamente sobre ese apartado. No olvidará hablar sobre la historia que planteamos. Si no atrae, no seduce al lector, difícilmente lograremos un informe positivo. Una historia es interesante si tiene diferentes niveles, si no sucede únicamente una cosa, sino que, además del tema principal, (Frodo y el Anillo, por ejemplo), suceden otras cuestiones (Aragorn y Arwen, El cautiverio de Gandalf, la traición de Saruman, la persecución de los Jinetes Negros, la traición de Boromir, la lealtad de Sam, el rapto de Merry y Pippin, y mil cosas más). Por más interesante que sea nuestra historia principal, debe apoyarse en otras historias secundarias de menor fuerza. Es tal como sucede con un edificio. Las paredes principales son las que aguantan el peso, pero los tabiques dan forma a la vivienda. Hablará de los factores positivos y negativos de la novela. Si nos obcecamos en pensar que nuestra novela no tiene fallos, jamás veremos nuestro trabajo publicado. Debemos procurar descubrir tantos errores como sea posible: de argumento, personajes, temporalidad, etc… Y de ese modo, intentar que los aspectos negativos influyan lo menor posible en la redacción del informe. Y hablará también sobre la técnica, el lenguaje y los recursos utilizados. Personalmente he participado en dos ocasiones como jurado en concursos literarios, y he de decir que uno de los aspectos que más me molestan en los originales es encontrarlos llenos de errores y faltas, tanto sintácticas como gramaticales. Me sacan de la lectura. Si aspiramos a ser profesionales, no podemos permitirnos tener errores de ese tipo. Ojo, no hablo de fallos de tipografía, ni de algunas, (ALGUNAS), faltas. Oye, para eso están los correctores. Pero presentar un original plagado de errores es una garantía de que perderemos muchos puntos en el informe del lector. Sería como si un profesional de cualquier otro campo, por ejemplo, un futbolista, no tuviera técnica alguna en el manejo del balón. ¿Puede tener un error? Por supuesto, puede fallar diez goles a puerta vacía. Pero si es así, nadie lo tendrá en cuenta como futbolista. Pues si queremos que nos tomen en serio, debemos presentar los originales tan pulidos como sea posible. El lector informará además sobre el público al que va dirigida la novela. También hemos hablado de la necesidad de presentar nuestro original con un informe al respecto. De modo que, al igual que con la sinopsis, será mejor que coincida con el informe del lector. En este sentido es necesaria otra reflexión: el lector conoce perfectamente la línea en la que la editorial trabaja, y debe recomendar o no la publicación del libro dependiendo de si el original se adapta a esa línea. Ya hablamos en su momento de la importancia de seleccionar bien la editorial a la que enviábamos nuestro trabajo. Si no sigue la línea marcada, será mejor no perder el tiempo. Deberíamos conocer perfectamente si es factible o no que la editorial publique la novela. Basándose en todos estos datos, el lector dará una puntuación a nuestra obra. Dependerá de esa puntuación que el interés del editor aumente o disminuya. Es todo eso, la suma de datos objetivos y subjetivos, lo que hará que el informe del lector editorial sea o no sea favorable. Ahora conocemos un poco mejor lo
El Lector Editorial (I)
El primer artículo disponible en este blog, de hace ya más de un año, hablaba sobre el hecho de que todos los escritores, ya sean grandes o pequeños, han tenido que enfrentarse una primera vez al juicio de una editorial. Esa primera entrada hablaba del caso de J.R.R. Tolkien, autor al que admiro profundamente por su capacidad de inventiva y trabajo. Reproduje entonces una traducción más o menos literal del primer informe de lectura que se hizo sobre El Hobbit. Y es que, todos los que pretendemos publicar nuestros escritos, debemos pasar por el juicio que de nuestro trabajo hará el lector editorial. Ya hemos hablado brevemente de esta figura a lo largo de otras entradas, pero en esta ocasión profundizaremos un poco más en ella, intentaremos comprender su trabajo, porque es importante para nosotros. En las últimas entradas sobre los editores, veíamos lo complejo y completo de su agenda. Apenas tienen tiempo para atender a tanto trabajo. Podemos imaginar, por tanto, lo que sucedería si tuvieran también que dedicarse a efectuar una primera lectura de los cientos de textos recibidos en la editorial. Ese trabajo recae en otra figura, la del lector editorial. Hablamos siempre, por supuesto, de editoriales tradicionales. No es habitual que una editorial de coedición o autoedición disponga de lectores: puesto que el escritor va a pagar por publicar su obra y el editor cobrará por hacerlo, ¿qué necesidad hay de una criba previa? En estos casos, así como en las editoriales pequeñas, suelen ser los propios editores quienes efectúan la lectura del original. El lector es, por tanto, el encargado de hacer un primer informe sobre la obra recibida, en el que recomendará, o no, la publicación del libro. No significa esto que el lector decida qué libro se publica. Como veíamos tiempo atrás, eso sólo lo hace el editor. Lo que sí suele ocurrir es que el lector decide lo que NO se publica. Porque si su informe de lectura es negativo, es habitual que el editor no dedique tiempo a la lectura de la obra, y por lo tanto, no habrá pasado el corte. Álvaro Colomer los define del siguiente modo: Cobran poco, ganan enemigos diariamente, trabajan en el anonimato y, sin embargo, son los primeros responsables de cargar de buenos textos los anaqueles de las librerías. Los lectores editoriales suelen mantener su identidad en el anonimato. No es capricho, tiene su razón de ser. Si supierais qué lector ha efectuado el informe sobre vuestra novela, que ha sido rechazada por una editorial, ¿no intentaríais contactar con él? ¿No procuraríais que os comentara qué le ha hecho valorarla de forma negativa? Seguro que sí. Algunos, incluso serían bastante más agresivos que un simple intento por aprender. Ese anonimato es necesario hasta para evitar presiones: E.Q., lectora de cinco editoriales, recuerda una carta en la que la madre del aspirante detallaba la depresión en la que estaba sumido su hijo por culpa de la novela. Ya hemos hablado también en este blog de la ingente cantidad de originales (me niego a llamarlos manuscritos a estas alturas) que llegan a las editoriales, y de cómo la inmensa mayoría son rechazados para su publicación. Algunos son errores enormes por parte de la editorial, y del lector en ocasiones. Porque puede ser que el lector haya recomendado una publicación y, más tarde, el editor la rechace por los motivos que sean. Ha ocurrido mil veces (J.K. Rowling, García Márquez, o Hemingway) y seguirá sucediendo. Pero lo cierto es que la mayor parte de las obras rechazadas es porque, realmente, no tienen la suficiente calidad. Por supuesto, esto el autor de la obra en cuestión no suele creérselo, siempre podrá decir aquello de: pues no veas la cantidad de porquería que se publica todos los años. Y no deja de tener razón, se publican muchas obras de escasa calidad. Pero eso no significa que la suya sí la tenga. El lector editorial es, ante todo, subjetivo. Y es lógico. La editorial le paga porque haga un informe de un libro que, a priori y en potencia, puede ser el gran éxito literario del año. ¿Por qué habría de dar un informe negativo a sabiendas de que es un buen libro? Eso, al fin y al cabo, sólo le hará perder puntos frente a la editorial, que es quien le paga. El lector no es por tanto ni un enemigo ni un amigo. Es más bien un juez, que debe juzgar bajo su propio prisma, lo que implica cierta subjetividad inherente a todo ser humano. Y no nos equivoquemos, que no todo el mundo puede ser lector editorial. No vale el hecho de ser un lector asiduo, ni siquiera un devorador de libros. Se necesitan otras cualidades, y algunos conocimientos específicos, para poder ejercer la profesión. Los lectores editoriales suelen ser profesores, críticos, periodistas, filólogos… incluso algunos escritores. No es extraño que algunas editoriales, o incluso agencias, que también tienen sus lectores, ya que al fin y al cabo también tienen que elegir a quién representar y a quién no, cuenten entre sus lectores a escritores de confianza con los que mantienen una buena relación. ¿Por qué? ¿Por qué buscarlos entre esas categorías profesionales? Por el simple hecho de que un lector editorial no simplemente lee el texto. Lo lee sí, pero mientras lo lee lo disecciona, lo analiza, tiene que ver puntos fuertes y débiles. Y no todo el mundo es capaz de realizar una lectura con semejante profundidad. Pero es necesario que así sea, porque no olvidemos que el fin de su lectura es realizar un informe. ¿Qué es lo que suele aparecer en dichos informes? Eso es lo que trataremos en la siguiente entrada dedicada al lector editorial. Fuentes: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/editori.htm P.D. Tal y como ya anuncié en su momento debido a la polémica surgida en torno a uno de estos artículos, a partir de ahora, al final de cada entrada, aparecerá, en los casos que lo requieran, la dirección de determinadas páginas o artículos de
Una invitación para comer
Todos los años, la agencia de Sandra Bruna organiza una especie de reunión-cocktail con sus autores representados. El año pasado no pude ir. Tampoco me parecía especialmente importante, pues había estado reunido con ella hacía escasamente un mes. Pero este año la cosa es diferente. Hace más de un año que no tengo oportunidad de verla y hablar con tranquilidad de proyectos y de cómo están funcionando las cosas. Y oye, que hace más de un año que no visito Barcelona y cuando uno ha vivido 17 años en un lugar, también le apetece volver de vez en cuando. Además, la lista de amigos virtuales que residen por allí ha crecido considerablemente. Ya no está sólo Montse de Paz, hay otros varios por aquellos pagos… Muchos coincidimos además de en este blog en otros blogs y lugares, como puede ser algún que otro foro. Así que se me ha ocurrido, que ya que voy a estar por allí, podíamos hacer una comida juntos todos aquellos que puedan acercarse. Yo voy a estar en Bcn sólo un día: llegaré al hotel (en pleno centro) el jueves 17 de septiembre hacia media mañana, alrededor de las 12 o así. Hacia las seis de la tarde, como muy tarde y dependiendo de dónde esté situada la cosa, tendré que irme para el evento de la agencia. Y vuelvo para Sevilla al día siguiente a mediodía. De modo que hago una invitación a todos los que andéis cerca de Bcn en esas fechas: ¿Quién se apunta a una comida literaria el jueves 17 de septiembre a eso de las 2 de la tarde? No tengo ni idea de si alguien se apuntará o no… pero si somos varios, igual hasta hay que organizarlo un poco, haciendo una reserva y demás… Pues eso, el que pueda, que lo vaya diciendo!
La E con el arbolito
Así es como la llama mi buena amiga Sempiterna, “la E con el arbolito”. Me lo dijo a finales del mes de noviembre del año pasado, cuando le conté cuál era la editorial que se había interesado en publicar HIJOS DE HERACLES. Como ya os conté, a finales de diciembre firmé el contrato con una editorial, importante, os dije en su día. Y os comenté que en un par de meses os podría contar detalles: qué editorial era, en qué colección sería lanzada, probable fecha de publicación, etc… Pero desde entonces he tenido que mantener el silencio administrativo. Y no me ha resultado fácil, ¿eh?, que llevo todos estos meses mordiéndome las uñas para no contar nada. Pero, por motivos extraños que ni yo mismo comprendo por completo, lo cierto es que el anuncio he tenido que ir postergándolo mes tras mes. Pero ya no más. Hoy empezaré a contaros cosas sobre mi editorial. ¿Por qué hoy sí y hasta ayer no? Pues porque ya me han dicho desde la agencia que me representa que me han enviado hoy mismo las copias del contrato firmadas por la editorial. Puesto que hasta hoy no tenía la confirmación de la firma del contrato, prefería ser prudente, que nunca se sabe cómo pueden acabar estas cosas. Si os acordáis, os dije en su momento que era un privilegio que una editorial de semejante importancia quisiera publicar mi novela, la novela de un autor novel. No es habitual, desde luego. Os explicaré motivos para que entendáis mi sentimiento al respecto. La editorial en cuestión lleva funcionando desde el año 1946, y desde entonces se ha distinguido por mantener un catálogo impresionante, no sólo por el número de ediciones, sino especialmente por su tremenda calidad. El catálogo dispone, en la actualidad, de más de 500 títulos, lo que ya habla de su importancia. Pero no contentos con ello, la editorial cuenta entre los autores que ha publicado nada menos que a 15 premios nobel: Bertrand Russel, Ernest Hemingway, Albert Camus, John Steinbeck, Jean-Paul Sartre, William Golding, Mahfuz Naguib… Eso habla, por sí solo, de la terrible calidad que atesoran los libros publicados por este sello. Y eso me lleva a pensar que no acepta cualquier libro para publicarlo. Tiene un status, una imagen, una reputación, y por tanto no se van a arriesgar a publicar la obra de un autor novel si no creyeran que dispone de la calidad que suelen ofrecer a sus clientes. Pero no sólo eso: Leí hace poco que la editorial había adquirido la mayor parte del capital de la editorial madrileña CASTALIA. El acuerdo la convierte en una de las editorial independientes, es decir, que no pertenece a ningún holding editorial, más grandes del país, compitiendo directamente con Anagrama, Salamandra o Tusquets. A raíz del acuerdo, ambas editoriales pasarán a facturar una cantidad neta de, aproximadamente, 7 millones de € anualmente. ¿Quién es “la E con el arbolito”? Si no conocéis el anagrama de la empresa, no os mantendré por más tiempo en la incógnita. La editorial es EDHASA. Edhasa está reconocida como el sello líder en lo que a narrativa histórica y novela de aventuras se refiere en el mercado hispanoamericano. Sus libros se cuidan al máximo detalle, y es habitual encontrarlos plastificados por completo en el punto de venta, evitando de ese modo que se deterioren. Una muestra más de su deseo por ofrecer la máxima calidad de producto a sus lectores. Daniel Fernández, director general del sello, explica con claridad cuáles son sus señas de identidad: “No creemos en el marketing viral ni en los pelotazos. Lo nuestro es la literatura de calidad, las ediciones cuidadas”. El mayor exponente de Edhasa, su “buque insignia” es, sin duda, la colección Narrativas Históricas. En ella han publicado autores de la talla de José Luís Corral o León Arsenal. O, si preferís autores extranjeros, Bernard Cornwell, Robert Graves, Simon Scarrow, Alejandro Dumas, Gisbert Haefs, Lindsay Davies, Mary Renault… y lo dejo aquí, que esto es un no parar… Bien, pues en esa colección, Narrativas Históricas, será publicada HIJOS DE HERACLES, junto a todos esos autores de renombre. Por supuesto, esto no quiere decir que mi libro tenga la calidad de la de todos esos genios de la literatura. Ni quiere decir que vaya a ganar, antes o después, el premio nobel. Pero sí significa una cosa: que tiene la calidad suficiente como para no desmerecer a su lado. Entenderéis ahora mi emoción, y mi orgullo, al publicar con semejante editorial. Si el sueño de todo escritor es publicar su libro, cuando se estrena con semejante calidad y experiencia apoyándolo, la sensación es tremenda. En unos días estaremos empezando a trabajar en asuntos como la portada, y a la vuelta de vacaciones empezaremos con las galeradas. Porque, tenéis que saber, que su publicación ya está programada para dentro de unos meses. Pero de eso os hablo otro día. Y ahora que lo pienso… antes de que me dé cuenta, ¡el libro está en la calle!
El Editor (II)
Decíamos la semana pasada que el editor elegía los libros, apostaba por ellos y dirigía todo el proceso desde la recepción del manuscrito hasta la llegada del libro a las librerías. Lo que ocurre es que poco o nada conocemos de ese proceso. ¿A qué dedican su tiempo los editores? ¿Por qué los plazos en el mundo editorial suelen ser tan extensos? Que el proceso editorial es complicado salta a la vista. Tanto es así, que los editores tienen ayudantes: otros editores. El primero es conocido como Editor Senior o “Publisher” porque es quien toma las decisiones, quien firma los contratos. Pero, ¿qué hace la otra figura, conocida como editor junior? Nos ayuda entenderlo, en primer lugar, el modo en el que se suele llegar a convertirse en editor junior. Según Daniel Fernández, Director Editorial de Edhasa, el oficio de editor es artesanal. Por tanto, necesita un aprendiz. Sin embargo, no suele ponerse un anuncio en prensa, o en portales de trabajo en internet anunciando que se busca a alguien para cubrir el puesto. ¿De dónde sale entonces el editor junior? Es habitual que esa figura se cubra tirando de personas que ya tienen una relación con la empresa, normalmente como lectores, es decir, aquellos que leen el original de un autor y presentan un informe al “Publisher”. Si el informe es positivo, el original tiene posibilidades de ser publicado. Es lógico entonces que el aprendiz de editor se busque en ese sector: si un lector tiene buen olfato a la hora de valorar originales… tal vez tenga madera para ser un buen editor. Es el caso de Anna Portabella, que compaginó durante un tiempo su trabajo como periodista con la realización de informes para Edhasa, hasta que al fin se convirtió en editora junior de dicho sello. De cualquier modo, hay estudios que se pueden realizar para llegar a ocupar ese puesto. Por ejemplo, un master en edición. También es un medio de entrada tener una carrera de filología, ya sea hispánica o cualquier otra, y efectuar prácticas en la editorial. ¿Qué diferencia a un junior de un Publisher? Básicamente el hecho de que el Publisher sí toma decisiones y firma contratos y el junior no lo hace. Es decir, el Publisher tiene la última palabra. Para el resto de cuestiones, prácticamente hacen el mismo tipo de trabajo. ¿En qué consiste? Ilse Font, de editorial Belacqva, indica cómo es un día cualquiera en su actividad. Cuando en el año 2007 le hicieron una entrevista, comentó lo siguiente: “En un día de trabajo cualquiera contestamos 300 mails y 600 llamadas”. Algo parecido indica Mar García Puig, de Seix Barral: “Hoy, por ejemplo, he tenido tres reuniones: una para ver cómo van los libros por los que estamos apostando ahora, otra con la gente de diseño y marketing para hablar de cómo vamos a montar el lanzamiento de una novedad importante que llega en otoño, y otra con la directora editorial”. Trescientos e-mails, seiscientas llamadas y tres reuniones. Eso, día tras día, en una jornada de unas nueve horas más o menos. Pero su trabajo no se limita a eso, ni mucho menos. Anna Portabella indica que “podríamos estar trabajando las 24 horas del día y siempre tendrías algo que hacer”. De modo que es una práctica habitual que se lleven los originales a su casa para poder leerlos y valorarlos. Mar García explica que lo hacen “porque en la editorial pocas veces se puede leer. Los teléfonos no dejan de sonar y te reclaman por mil cosas. Si te pones a leer allí, no te enteras de nada. Así que normalmente tienes que leer en casa ». Pero aún hay más. Es parte de su trabajo comprobar que el texto esté lo más limpio de erratas posibles, y según ellas mismas comentan, es una de las tareas que mayor tensión les crea. Dicen que no importa cuánto mires un texto, siempre tienen la impresión de que hay una errata en alguna parte. Y aún más cosas… Ellos (ellas en este caso) son los encargados de preparar las liquidaciones de los autores. Para ello, es necesario que el autor presente lo que se llama “tax form” o certificado de retenciones. Si la editorial no lo tiene, al parecer, no puede realizarse la factura. Pues bien, podemos imaginarnos ahora la escena: llevas 150 mails contestados, están atendiendo la llamada nº 300 del día, y de pronto te llaman del departamento de facturación diciendo que tienes que hacer de inmediato la factura de tal o cual autor… Y es que, como dice Anna Portabella, “eres el contacto con el agente, para lo bueno y para lo malo”. Por otro lado está el hecho de que deben asistir a las ferias del libro, ya sean nacionales o internacionales, como la de Frankfurt. Allí, según cuentan, apenas tienen tiempo ni para comer. Anna comenta que “la feria (de Frankfurt) en sí es algo divertídisimo pero muy agotador. Te pasas el día repitiendo el mismo rollo y casi sin comer… ¡no tienes tiempo ni de levantarte de la mesa! Si tienes que vender a un autor, estás allí sentada y van llegando los editores extranjeros y tú les vas hablando del libro, una y otra vez, hasta que ya no sabes ni lo que dices”. Y todo ese trabajo día tras día, mes tras mes y, en el caso del Publisher, con la tensión añadida de tener que apostar por los títulos que van a publicar. Porque en definitiva, ese es su trabajo, el de apostar por un libro, cuidarlo, mimarlo, darle forma… y esperar que se convierta en un éxito. Y no nos equivoquemos, el éxito de un libro no es vender millones de ejemplares, ni siquiera varias decenas de miles. El éxito de un libro consiste en aportar beneficios. Que si son millonarios mejor, claro, pero que deje beneficios, que las devoluciones sean mínimas. Semana tras semana hay que decidir portadas, seleccionar calidades de impresión, traducciones, efectuar propuestas para conseguir los derechos de
El Editor
El editor es el último escalón de la pirámide que todo escritor novel quiere alcanzar. De él dependerá la publicación o no del trabajo que le hayamos presentado. Pero, ¿qué es un editor? ¿Qué busca un editor? ¿Cuál es su trabajo? ¿Y en base a qué decide el libro que publicará? Manuel Pimentel es fundador y Presidente de la editorial Almuzara. En su libro “Cómo funciona la moderna industria editorial”, explica lo siguiente sobre la figura del editor: “Quizá, sabiendo lo que no es un editor podamos comprender mejor qué es en realidad. El editor no suele escribir los libros que publica, aunque puede participar de forma activa en la gestación de los mismos, bien porque proponga un tema a un autor, o bien porque sugiera modificaciones en estructura, estilo, o líneas narrativas. Un editor tampoco imprime sus libros, aunque suele tener una relación estrecha con los talleres gráficos, sobre todo en lo relacionado con calidad de impresión, formatos, márgenes, papel, portadas o fechas de entrega. El editor tampoco suele vender directamente los libros al lector. Aunque en algunos casos existen poderosos departamentos de venta directa, habitualmente son los libreros los que realizan esa función. O sea, que el editor ni escribe, ni imprime, ni vende directamente libros. (…) ¿Qué es en verdad un editor? (…) El editor dirige los pasos precisos para que nazca el libro desde el manuscrito del escritor”. Es decir, que ni escribe, ni imprime, ni distribuye, ni vende… sino todo lo demás. La verdad es que no ayuda mucho. Esther Tusquets, quién durante años asumió la dirección de Editorial Lumen, especifica que una editorial consiste en: “una carpetita llena de derechos de autor. Ser editor consiste en elegirlos, conseguirlos y apostar por esos libros”. Jorge Herralde, creador de Anagrama, explica: “El trabajo del editor consiste en tener una idea en general de lo que uno pretende editar, del tipo de literatura que quiere ofrecer y del tipo de ensayo en el que está interesado e intentar convocar para ese proyecto a los autores que sean más pertinentes, y todo ello basado en unos principios básicos, en mi caso, como son la curiosidad intelectual, la búsqueda de la excelencia y la búsqueda de las nuevas voces que puedan convertirse en los clásicos del futuro así como el rescate de aquellos clásicos negligidos… Y luego hacer la máxima publicidad del libro para que todo el esfuerzo anterior y el del autor no queden en el anonimato. (…) Hay, por una parte, la intuición literaria y otra de tener un ojo puesto en el mercado para que estas intuiciones prosperen y para que la literatura subsista, porque si ésta no tiene continuidad, uno deja de ser editor. (…) En el caso de editoriales propias y personales, como Anagrama, la última palabra (sobre lo que se publica y lo que no) es del editor, sin más. Es verdad que muchas veces hay que tener en cuenta la opinión de los inversores del capital, pero el criterio es el del editor, intentando no ser demasiado suicida.” Bien, esto ya es algo más… El editor entonces no escribe, ni imprime ni distribuye ni vende. El editor ELIGE lo que va a leer la gente. Y como toda elección, es subjetiva. Eso explica que a Hemingway le negaran veintisiete (¿no es así, Blas?) o que Rowling se las viera y se las deseara para que el mago de gafas llegara al público. Por tanto, hay tantas posibilidades de ser elegido como editores existen. El motivo es bien sencillo… el libro que puede resultarle completamente prescindible a uno, para otro puede resultar interesante. Por tanto, el autor, como ya vimos en su momento en los estudios de marketing, debe comprobar qué envía a cada editor. Conociendo su catálogo podrá aumentar sus posibilidades de ser publicado. Hace unas semanas hablábamos de la cantidad de manuscritos que reciben las agencias literarias. El panorama en las editoriales no es mejor. En realidad, es bastante peor. Por ejemplo, el mismo Jorge Herraiz especifica que, anualmente, reciben una media de unos dos mil originales para valorar. De todos ellos, publican 75 cada año, es decir, menos del 4%. De modo que… ¿en qué se basa un editor para elegir? Roberto Hernaiz, director de Grupo Lobher dice lo siguiente: “¿Cómo buscan autores? ¿Por agencias? ¿Aceptan manuscritos de escritores desconocidos? Nos llegan propuestas de publicación a través de agentes literarios, pero el grueso de autores que nos contactan directamente nos han conocido a través de internet o por recomendación de otros autores o amigos o en los eventos en los que participamos. Aceptamos manuscritos de escritores poco conocidos o desconocidos y lo hacemos fundamentalmente porque para nosotros el autor es uno de los pilares básicos del mundo de la edición y nos queremos caracterizar precisamente por dar la oportunidad a estos autores noveles, algunos de los cuales, dicho sea de paso, no tienen nada que envidiar a escritores muy famosos y best sellers.” Esta es una muestra clara de que hay editoriales que buscan, es más, que NECESITAN a autores noveles. Es muy fácil entender el motivo: se trata de editoriales pequeñas e independientes (esto es, que no están en la nómina de empresas de algún gran grupo como Planeta o Random House Mondadori) que no pueden acceder a los grandes nombres de la literatura, como pueden ser Antonio Gala, o Collen McCollough por poner un ejemplo. Y Grupo Lobher no es la única de esas editoriales. Hay muchas que apuestan por el producto nacional desconocido. Grupo Ajec es un ejemplo. Y no le ha ido nada mal, de hecho ha obtenido diversos premios por su labor editorial. Pero el mundo del editor es aún más complejo. Existen, al menos, dos tipos de editor: el Senior, o “Publisher”, y el Junior. En la próxima entrada, hablaremos sobre las diferencias entre uno y otros, y descubriremos los motivos por lo que todo es tan sumamente lento en el mundo editorial…