Amor y erotismo en la literatura árabe

por | Jun 28, 2017 | Géneros literarios

—La anciana dijo a mi hermano Bacbaca que entonces, para conseguir su deseo, solo le quedaba una cosa por hacer, y le explicó:

—Debes saber que esta joven, cuando se emborracha, tiene la costumbre de no permitir a nadie que la posea sin antes desnudarse completamente y perseguirla, con el pene totalmente erecto, por todos los rincones de la casa. Así pues, ya puedes empezar a desnudarte.

Mi hermano, siguiendo el consejo de la anciana, se quitó toda la ropa, quedándose como Dios lo había traído al mundo. Por su parte, la joven hizo exactamente lo mismo,  quedándose solamente con los calzones, y dijo a mi hermano:

—Si quieres poseerme, debes seguirme hasta darme alcance.

(Las mil y una noches. Noche 158. Traducción del árabe de Dolors Cinca y Margarita Castells)

Los inicios del erotismo en la literatura árabe

Imitaré en este momento a Scheherezade y dejaré que os preguntéis cómo acabó la persecución del joven desnudo detrás la muchacha caprichosa, como acabó su pene y como gestionaron su nada sutil fogosidad. Porque si algo hay que reconocerle a la literatura árabe es que ha sabido tratar todo lo que tiene que ver con el sexo y el erotismo, moviéndose entre la metáfora poética y la evidencia descarnada, desde sus inicios. Podemos leer textos clásicos que defienden de una manera muy didáctica la permisividad erótica y la plena expresión de la sexualidad en todos sus sentidos. Expresión que se ha ido matizando a lo largo del tiempo para volver a reclamar su espacio en la actualidad. Veamos cómo empezó todo.

Los clásicos de la poesía amorosa surgen cuando la sede del califato se traslada a la ciudad de Damasco bajo el gobierno de la dinastía omeya (661-750) Pero antes de detenernos a analizar la  vida cortesana, debemos recordar que venimos de una cultura beduina que se desarrolla siguiendo las normas de conducta de la sociedad tribal: el valor, el honor, la generosidad, la hospitalidad, el hecho de saber expresarse correctamente en un árabe poético… Valores que eran aplicables tanto a hombres como a mujeres y que encontramos en los textos poéticos de la época preislámica. ¿Qué pasa entonces cuando toda esa cultura beduina, nómada y tribal se establece su capital y su corte en la ciudad de Damasco? De entrada, no debemos olvidar que la esencia viajera y nómada estará presente en la cultura árabe a pesar de establecerse en ámbito urbano. Os remito al artículo donde expliqué qué era la rihla, la literatura de viajes. Si recordáis, este tipo de narrativa de viajes tiene todo el sentido del mundo en la cultura árabe porque uno de los preceptos del Islam es precisamente un viaje, la peregrinación a la Meca que todo buen musulmán que disponga de medios debe realizar una vez en la vida. Así pues, sociedad urbana y cortesana, pero siempre con la esencia del viajero entre las líneas de sus textos literarios.

El concepto del amor en la corte de Damasco

Tanto es así, que ya con el califato establecido en Damasco, nos encontramos un nuevo concepto de amor que nace en las ciudades santas de Medina y la Meca y que llamará amor ibahí, que quiere decir amor sensual. Y no será casualidad que surja en esta zona de la Península Arábiga. Se trata de una zona con mucho tránsito, la ruta de la peregrinación y del comercio que favorecerá el encuentro entre diferentes culturas y, sin duda, entre enamorados ocasionales que se encuentran por el camino, manifiestan interés mutuo y culminan su relación entre metáforas y arena de desierto.

Esto contrasta con el anterior concepto del amor, lo que en árabe se conoce como amor udrí, o sea, amor casto. Los poetas del amor udrí idealizan a su dama, se enamoran platónicamente y nunca se produce un encuentro entre ellos, cosa que no solo no impide sublimar el enamoramiento sino que lo lleva a un grado de espiritualidad importante. Así que cuando llegan los omeyas, la corte urbana, el bienestar económico y político y el ir y venir a la Meca conociendo gente interesante por el camino, los poetas dejan de idealizar sus amores y pasan a explicar anécdotas repletas de picardía, con mujeres muy activas que toman la iniciativa y que no tienen reparo en mantener relaciones sexuales con los bellos hombres que se encuentran por el camino. Aun así, nos encontramos lejos del explícito pene que podremos leer en Las mil y una noches unos cuantos siglos después.

El amor en la poesía árabe

Los poetas ibahís explican sus encuentros de manera muy bella y muy poética, pero sus obras representan un documento sociológico interesantísimo a la hora de reflejar la libertad de movimientos que tenía la mujer musulmana en aquel momento ya que a menudo era ella la que fijaba la cita con su amado y se desplazaba desde lejos con la excusa de la peregrinación a la Meca para poder mantener estos encuentros. Esta libertad de movimientos disminuirá bastante con la llegada de la dinastía abasida que sustituirá a los omeyas.

El poeta ibahí más importante es Umar Ibn Abi Rabi’a, nacido en la Meca no se sabe cuándo y muerto en el 720. Las mujeres de sus poemas tienen nombres y apellidos, se mueven con soltura y simpático descaro y son descritas como enamoradas activas que no dudan en desnudarse en cuanto llega el momento para acabar recogiendo las perlas del collar desparramadas después de una noche de pasión y entusiasmo. No olvidemos que el propio poeta reconoció alguna vez que realizaba la peregrinación a la Meca en más de una ocasión por la cantidad de encuentros con mujeres que tenían lugar por el camino. Pero todavía nos envuelve el sutil velo de la metáfora que tanto gusta a los árabes en las descripciones sexuales.

La literatura árabe durante la dinastía abasí

La dinastía abasí sucedió a la omeya. Ya os podéis imaginar que no fue una sucesión demasiado cordial; afectó a la manera de entender el Islam y, respecto a lo que aquí nos interesa, a la manera de practicar y difundir las bellas artes. El califato abasí abandonó Damasco y se instaló en Bagdad entre el 750 y el 1258, pero al mismo tiempo coexistía el Califato de Córdoba (929-1031) y el Califato Fatimí de Egipto (909-1171), el único califato chiita de la historia, famoso por su tolerancia, su amor al arte y su defensa de la libertad de expresión.

¿Qué pasó en Bagdad en el momento en que la corte abasí decidió instalarse allí? Pues que se formó una clase social alta, acomodada y con mucho interés por la cultura. Trajeron bellas esclavas extranjeras que amenizaban sus días cantando, bailando, tocando instrumentos, escribiendo versos… Además de inquietudes artísticas, estas mujeres traían consigo costumbres amatorias de sus países de origen que algunos autores se dedicaron a recoger en tratados sobre sexualidad con espíritu didáctico.

Al mismo tiempo, debemos saber que nos encontramos en el momento de más furor e interés en todo lo que tiene que ver con traducciones al árabe de cualquier libro extranjero (persas, indios, griegos…) que hablara sobre filosofía, erotismo, ciencia, geografía… ¡Los árabes lo tradujeron todo! Y gracias a ello se conservó gran parte de la cultura que en occidente se rechazaba por pagana. Todo esto tiene mucho que ver con el hecho de que en este momento, y debido a la expansión del imperio, el elemento persa empezó a ser muy importante. Y los persas se islamizaron, se arabizaron y empezaron a producir maravillosas obras literarias en una lengua que no era la suya pero que dominaban sobradamente, porque era la lengua de cultura, de prestigio y de cohesión.

El erotismo en la literatura árabe bajo los abasíes

Así que tenemos una sociedad refinada y culta que continúa escribiendo poesía pero que ahora lo hará de un modo bastante más lujurioso y provocador, dando lugar a un nuevo género conocido como muyun, que significa obsceno. Se suele decir que el creador del muyun es el persa Bashar Ibn Burd, quien vivió a caballo entre las dos dinastías. Era ciego y le dedicaba sus poemas a su amada ‘Abda. Fue acusado de herejía y murió azotado en el 784. Pero quien realmente destaca en el arte de la provocación de todo tipo es el gran poeta Abu Nuwas. Su madre era persa y él aprendió el árabe gracias a las estancias que hacía en el desierto entre los beduinos que le enseñaban. Fue preceptor del hijo del gran califa Harun al-Rachid, con cuyo nombre debéis quedaros porque es el califa que aparece en los cuentos de las Mil y una noches siglos después acompañado precisamente de Abu Nuwas (s.IX)

A Abu Nuwas se le conoce por ser el poeta del vino hasta el punto que dio lugar a un género literario báquico, el jamriyyat. Además le gustaban por igual los chicos jóvenes y las mujeres, y en esto, la sociedad del momento era bastante más permisiva de lo que es ahora. De hecho, la figura del copero andrógino que sirve el vino en las cenas y que acaba convirtiéndose en amante del anfitrión termina convirtiéndose en un tópico literario. Dice Abu Nuwas en su autorretrato:

Entre las gentes no tengo igual. Mi agua es el vino, mi aperitivo los besos.

Mi lecho son los traseros desde que me levanto hasta que me acuesto. (Traducción del árabe de Josefina Veglison)

Una de las avenidas más importantes de Bagdad lleva el nombre de Abu Nuwas.

El cantante tunecino actual Dhafer Youssef dedicó hace unos años un disco muy hermoso al poeta Abu Nuwas. Aquí tenéis un video por si queréis leer el resto de artículo con la música de fondo más apropiada.

 

La teología y el erotismo en la literatura árabe

Quizás nos parezca normal esté interés por los poetas en cantar al amor y al erotismo en la literatura árabe. Al fin y al cabo sucede en todas las culturas. ¿Por qué deberían ser diferentes los árabes? Lo que quizás os sorprenda un poco más sea el interés de los teólogos en el asunto. Y tenían interés porque debían informar a los fieles musulmanes de cómo comportarse respecto a todo lo que tenía que ver con el sexo. Eso sí, los musulmanes del momento eran bastante más abiertos en este aspecto que sus homólogos cristianos o judíos.

Aquí es cuando nos encontramos con El jardín perfumado, que a menudo se cita como el kamasutra árabe, salvando las distancias. El jardín perfumado fue escrito en Tunez por el Jeque Nefsawi en el siglo XIV y es un manual ilustrado sobre todo aquello que se debe saber sobre el sexo: nomenclatura de los órganos sexuales, posturas para realizar el coito, qué beneficia y qué perjudica al buen sexo, tipos de perfumes, teorías sobre el embarazo, remedios para la impotencia… Todo lo que el buen musulmán y la buenas musulmana debían saber sobre el sexo escrito desde el punto de vista de un hombre religioso que no deja ningún detalle en el tintero, porque el Islam no participa en aquel momento de la censura propia de las otras religiones monoteístas que no ven la sexualidad humana con tanta alegría y naturalidad como la veían los musulmanes. Cabe decir que El jardín perfumado hoy en día está censurado en la mayoría de países árabes.

Los reinos de Taifas en la península y el amor

Otro de los tratados de sexualidad más conocido lo encontramos en Al Andalus en plena época de Taifas, después de desaparecer el califato de Córdoba. Se trata del El collar de la paloma, escrito por el cordobés Ibn Hazm en el siglo XI. Sin duda podemos afirmar que es una de las obras más importantes de la cultura andalusí y de la literatura árabe. La vida de Ibn Hazm por sí sola nos serviría para escribir un artículo entero dedicado a él, pero quedémonos con que escribió El collar de la paloma cuando tenía 28 años, después de pasar por la guerra y la cárcel en plena crisis del califato cordobés. Es un libro poético y elegante donde se analizan el amor y el sexo desde el punto de vista de su esencia dándole un cierto aire platónico, aunque no exento de imágenes explícitas. Se nos explica cómo podemos reconocer un enamoramiento, cuáles son sus señales, sus cualidades y sus accidentes. Se habla también sobre los beneficios de la castidad, y aquí es donde radica la diferencia con El jardín perfumado.

Aunque Ibn Hazm fue un hombre profundamente religioso que escribió obras de historia, teología y filosofía, sin duda su obra más conocida es El collar de la paloma, que se puede encontrar fácilmente en diversas ediciones en buenas traducciones al español. El manuscrito de la obra original se conserva en la Universidad de Leiden, en Holanda.

¿Y cuál es el panorama actual del erotismo en la literatura árabe después de tantos siglos y de tantos cambios en la mentalidad de gran parte de la sociedad musulmana en su relación con el sexo?

El erotismo en la literatura árabe en la actualidad

Actualmente, algunas de las voces más destacadas en este terreno son mujeres que, en la mayoría de casos, deben enfrentarse a la censura imperante en sus países de origen. En algunos casos no se trata de novelas eróticas como tema principal, pero sí que tratan de manera desinhibida temas que no siempre resultan fáciles para las mujeres como las relaciones prematrimoniales, la manera de relacionarse con los hombres, la moda, el consumo de alcohol… Es el caso de la novela Chicas de Riad de la saudí Rajaa Alsanea.

Es la historia de cuatro chicas de Riad, Arabia Saudí, que intentan vivir sus vidas de la manera más libra posible enfrentándose con la tradición y la rigidez moral de su país. Evidentemente este libro fue censurado en Arabia y tuvo que ser publicado en el mucho más permisivo Líbano en el 2005. Como suele pasar cuando se censura un libro en un país árabe, se vendió como un gran bestseller y provocó que todo el mundo hablara de él: críticos, intelectuales, periodistas… Además empezó a venderse en el mercado negro a un precio diez veces mayor que en las librerías. La novela se enmarcaría en el género que en occidente llamamos chick-lit más que literatura erótica, pero sin duda, la mentalidad saudí actual queda muy lejos de lo que fue el entorno del libertino Abu Nuwas en el siglo IX.

De temática erótica sí que es El sabor de la miel de la autora siria Salwa El Neimi. Fue publicado en Líbano en el 2007 y ha conseguido un importante éxito internacional.

En Siria, su país de origen, fue prohibido, pero en otros países árabes como Marruecos, Túnez o Líbano se encuentra con facilidad y es un auténtico éxito. En los países donde se ha prohibido se puede encontrar, por supuesto, en el mercado negro, y además ha sido traducido a más de veinte idiomas, incluido el español. El sabor de la miel explica el descubrimiento del sexo de una bibliotecaria árabe, primero a través de textos clásicos de la literatura árabe que contrastan con la sociedad actual que le toca vivir y después a manos de los hombres con los que tendrá relaciones sexuales. Una de las cosas más interesantes de la novela es la manera en que relaciona sus experiencias con los textos eróticos clásicos de los que hemos hablado en este artículo.

Y no podíamos acabar sin hablar de  la libanesa Joumana Haddad (Beirut, 1970), poeta, novelista y periodista considerada una de las intelectuales más influyentes hoy en día en lengua árabe. A parte de la cantidad de libros de éxito que ha publicado y que se encuentran traducidos a varios idiomas, Joumana Haddad es la responsable de la primera revista erótica publicada en árabe y dirigida principalmente a mujeres. Se trata de la revista Jasad, que significa “Cuerpo”, publicada en Beirut desde el 2008. Obviamente ha sufrido censura en muchos países porque habla de sexo de manera muy explícita pero tratándolo desde el punto de vista del cine, la literatura, la filosofía, el teatro, la ciencia…

Aquí tenéis un video de Joumana Haddad hablando sobre los derechos de las mujeres en perfecto castellano:

 

 

Podríamos continuar hablando sobre otras temáticas relacionadas con la literatura erótica tanto clásica como actual. Por ejemplo, la literatura de temática homosexual y transgénero. De hecho algunas de las obras más interesantes que tratan el tema de las personas transexuales están siendo escritas actualmente por mujeres en Arabia Saudí. Obviamente censuradas.

Pero si empezamos el artículo con una Scherezade dejando a medias la aventura de un hombre con el pene erecto persiguiendo a una mujer que así se lo pidió, me tomaré la licencia de imitarla en su manera de hilar los hechos, imaginaremos que empieza a amanecer y que hemos sobrevivido una noche más y acabaré aquí mi exposición con la intención de continuar en otro momento si así se dan las circunstancias.

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