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Escribir los pensamientos de tus personajes
En la vida real, las personas estamos llenas de pensamientos. Algunos los manifestamos y otros no. Cuando no lo hacemos, nadie puede saber aquello que estamos pensando realmente. En las novelas, los personajes también tienen reflexiones e ideas que rondan por su cabeza, sin embargo, estos sí los podemos conocer. A través de recursos, como las comillas angulares («»), el estilo directo e indirecto y el monólogo interior, se puede saber qué es lo que está sucediendo en la mente de los personajes. Ya sea en primera o tercera persona, con comillas o en letra cursiva, estos recursos nos permiten conocer aquello sobre lo que está meditando cualquier personaje de una historia. Para conocer en profundidad cómo aplicar los pensamientos de los personajes en las novelas, en este artículo, te contaré la mejor manera de hacerlo. ¿Cómo representar los pensamientos? Para poner en el papel los pensamientos de los personajes de la historia, se utilizan determinados recursos literarios, gracias a los cuales se puede expresar qué es lo que están pensando los sujetos de una novela. Frente a una situación concreta, ellos o ellas van a reaccionar tal y como lo hacen las personas reales, y solo a través del empleo de determinados recursos literarios podemos expresar qué pensaron y sintieron a la hora de escribir nuestra novela. El empleo de las comillas Las comillas pueden representar los pensamientos a la hora de escribir. Las comillas que se utilizan en España, y los países de habla hispana, son, comúnmente, las angulares (« »). Existen otro tipo de comillas: las inglesas (“ “) y las simples (‘ ‘). Es recomendable emplear las angulares en los textos en español, sin embargo, también depende de la preferencia de cada uno. Lo importante es que, si eliges una, te apegues a ella y la emplees durante todo el texto para no crear confusión. La manera de usarlas correctamente es abrirlas, escribir el pensamiento del personaje, cerrarlas y colocar un punto al final. La puntuación es muy importante, así que se debe emplear siempre al término de una oración que tiene comillas. Pensamiento directo e indirecto Otra forma que puede prever también el empleo de las comillas es el pensamiento directo e indirecto. Por otro lado, existe el estilo directo para reflejar y plasmar al papel las ideas de los sujetos de la obra. Este estilo se comprende como un diálogo que tiene el personaje consigo mismo. Él o ella, en su mente, reflexiona, cuestiona y tiene dudas. Para evitar que se confunda con un diálogo, se emplean las comillas. Estas nos indican que es un pensamiento, a diferencia de los guiones (-), que muestran un diálogo entre dos o más personajes. Asimismo, existe el estilo indirecto de pensamiento. En este, es el narrador el que nos informa acerca de qué es lo que está pensando el personaje en ese momento. Con lo cual, no hace falta usar las comillas ni ningún otro signo de puntuación. Ejemplos de pensamientos por escrito Paral que quede bien claro cómo utilizar las herramientas mencionadas, a continuación daré una serie de ejemplos de cómo usar un estilo y el otro. En el estilo directo, dicho de forma resumida, se emplean las comillas para saber qué es lo que estaba pensando el personaje. Un ejemplo sería así: «No estoy de acuerdo con lo que dice», pensó Helena. Se puede colocar un verbo al final, como inciso, pero si no lo usamos, la oración está señalando lo mismo, es decir, un pensamiento. «No estoy de acuerdo con lo que dice». De la misma manera, este se puede colocar antes de que se abran las comillas. A esta oración, se incluyen los dos puntos. Helena pensó: «No estoy de acuerdo con lo que dice». En cambio, en las oraciones de estilo indirecto no hace falta usar las comillas y se escriben de la siguiente forma: Hacía mucho frío ese día. Francisco pensó en tomar un baño de agua caliente. Se pueden utilizar otros verbos como reflexionar, meditar, razonar, etc. Todos aluden a lo mismo. El inciso intermedio Existe otro método que se puede utilizar para las oraciones y reflexiones más largas y complejas. Se denomina inciso intermedio. En este caso, empleamos las comillas y los guiones: «¿Por qué no consigo ponerme feliz por ella? —pensó Daniel cabizbajo—. Creo que no puedo lidiar con el hecho de que ella sea más exitosa que yo». También se puede abrir y cerrar comillas dos veces en la misma oración. Sería de este modo: «¿Por qué no consigo ponerme feliz por ella?», pensó Daniel cabizbajo. «Creo que no puedo lidiar con el hecho de que ella sea más exitosa que yo». Estos son dos modos de aplicar el inciso intermedio. Ninguna es mejor o peor que otra. Queda a preferencia del escritor utilizar una u otra forma. El monólogo interior El concepto de monólogo interior es de gran ayuda para explicar qué significa escribir y describir todo aquello que atraviesa la mente de los personajes. Se trata de una modalidad de narración, entre tantas que existen, que toma la forma de cadena de pensamientos. El efecto que pretende inferir en el lector es que este mismo siente que está allí, habitando la mente del sujeto. Se trata de una secuencia de todas las sensaciones por las que está atravesando un individuo particular de la novela, con lo cual se busca generar que el lector pueda sentirse más en la piel del personaje o que, al menos, pueda llegar a entender mejor todo lo que le está ocurriendo. Para lograr escribir un monólogo interior adecuado, es importante aclarar varios puntos. Primero, este formato de escritura se escribe como un párrafo único, sin puntos y aparte, ya que la idea es que se contemple como un fluir desde el interior del personaje. También se suele obviar el punto y seguido, incluso las comas. Y quizás te preguntes por qué se escribe de esta forma tan acelerada y espontánea. Pues porque lo que se quiere generar en la
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