Sé bienvenido al último artículo de la serie sobre cómo autopublicar nuestra novela. Una parte del viaje es el final. Ha llegado el momento de hablarte de mi experiencia sobre la autopublicación. Juntos hemos recorrido todo el proceso para sacar adelante tu libro, con sus luces y sus sombras. He intentado transmitirte todo cuanto sabía, que no era mucho, pero que creía que podía servirte de ayuda. Pero antes de nada, repasemos qué hemos estado viendo este tiempo. Todo, paso a paso, para que puedas revisarlo o recomendarlo siempre que te apetezca:

En este artículo encontrarás cosas que quizá te ayudarán a mejorar en tu forma de ver la escritura, tanto si decides autopublicar como si no. Te contaré de mi experiencia sobre la autopublicación, con alguna anécdota, consejos y todo aquello que aprendí a raíz del proyecto que llevé a cabo. Y sin más preámbulos, vamos con ello.

Mi experiencia en la autopublicación

ACIERTOS Y ERRORES: MI EXPERIENCIA SOBRE LA AUTOPUBLICACIÓN

Seguramente alguien diría que no todo en la vida del escritor es estar en una editorial, sea del estilo que sea. O llevar a cabo una autopublicación de esta manera, porque existen Amazon u otras plataformas. Estoy de acuerdo en que hay miles de opciones, y yo únicamente experimenté la autopublicación en una de sus variables.

De hecho, jamás te recomendaría ninguna en particular porque, tanto cada uno de nosotros como nuestros proyectos, somos muy particulares y diferentes.

Mi experiencia sobre la autopublicación, que me había llevado unos dos años, me sirvió para detenerme a reflexionar en qué estaba fallando y cuál sería el siguiente paso a dar para corregirlo. ¿Por qué las editoriales me contestaban de forma negativa a los manuscritos que enviaba? ¿A qué se debía que alguno de mis relatos tuviera una calificación u otra en los informes de lectura, y normalmente no muy alta? Estaba tratando de obtener un resultado diferente haciendo lo mismo, y eso es muy complicado o del todo imposible.

Como suele decirse en las películas, cuando alguno de los personajes tiene un problema: lo primero es aceptarlo.

Fui consciente de que tenía unas ideas, respecto al mundo de la escritura, que me llevaban lastrando demasiado tiempo. Una serie de premisas que, no solo me convertían en un ser cuadriculado, sino que me impedían ver que podía y debía expandir mis conocimientos para avanzar. ¿No sabes a qué me estoy refiriendo?

De acuerdo. Paso a relatarte, punto por punto, cada piedra en mi mochila como aspirante a escritor. Ya te digo que, cuantas menos sepas reconocer como propias, mucho mejor.

Un punto de inflexión en mi experiencia sobre la autopublicación

MI EXPERIENCIA EN LA AUTOPUBLICACIÓN: UN PUNTO DE INFLEXIÓN

Antes de proseguir con mi experiencia sobre la autopublicación, querría contarte una anécdota que no conoce casi nadie. Sucedió pocos meses después de tener el libro impreso. Había finalizado un relato, y con mi cabezonería de entonces, quise publicarlo en Amazon, con varias ilustraciones en su interior.

¿Y en quién pensé para ilustrarlo? Pues ni más ni menos que en Ted Nasmith, uno de los más brillantes ilustradores del universo de Tolkien (junto a Alan Lee y John Howe). Ni corto ni perezoso, decidí lanzarme a la búsqueda de su correo electrónico y escribirle. Le comenté que estaba empezando, que había escrito un relato y quería saber si me lo podría ilustrar.

Pues, contra todo pronóstico, hubo respuesta. Y vaya si la hubo: «Me han preguntado sobre ilustrar libros de autores desconocidos, pero la respuesta que debo dar es que, como ilustrador independiente, no me interesan las empresas especulativas en la publicación de los aspirantes a autores que se acercan a mí. Simplemente no es realista. Un estudiante de arte talentoso podría estar dispuesto a colaborar, pero soy un artista experimentado con mucho trabajo remunerado, y no tengo tiempo ni interés en aventuras, sin importar el talento del aspirante a autor, como usted».

Y una última línea final: «Sin embargo, te deseo lo mejor; se necesita valentía para preguntarle a alguien como yo». Todavía conservo el correo porque tenía toda la razón del mundo. En aquel momento le comprendí y no me enfadó su negativa, faltaría más. Pero no era consciente todavía de la profundidad del mensaje: todo tiene su tiempo.

Y el tiempo y el trabajo que Ted Nasmith había dedicado durante muchos años a su arte le permitía poder decir eso. ¿Quién era yo para saltar quince escalones de golpe cuando ni siquiera sabía caminar?

PIEDRAS EN LA MOCHILA I

En mi experiencia sobre la autopublicación me di cuenta de que no sabía caminar, sino que movía las piernas de forma automática para ir de un lado a otro. Vamos a ir viendo, punto por punto, cada una de las piedras que portaba en mi mochila como aprendiz de escritor. Cuantas menos sepas reconocer como propias, muchísimo mejor:

  • No leer para no copiar: esta quizá sea algo extraña, pero a mí me ocurrió que dejé de leer durante mucho tiempo porque no quería copiar a ningún autor. Dicho de otra manera, buscaba que mis textos fuesen lo más originales posible.
    Visto con perspectiva, esto es una tontería muy grande.

Todos viajamos a hombros de gigantes, y de una manera u otra, siempre vamos a copiar, aunque no de forma exacta, porque sería un plagio. Leer nos ayuda a escribir mejor, eso es así. No leer nos sume en un agujero donde solo escuchamos nuestras palabras, y necesitamos de otros autores para mejorar nuestra propia escritura. Así que, ponte a leer todo lo que puedas.

  • Las editoriales son peores que Darth Vader: me costó entender que me dieran largas o que no contestaran lo que yo quería. Tampoco medité nunca sobre cómo demonios iba a saber yo más de literatura que un grupo de personas que llevaban décadas en esto.

Que sí, que hay editoriales y hay editoriales, pero no estoy hablando de eso, si no de no lanzarse al cuello de los demás antes de reconocer el propio. Actualmente, leo algunos relatos de hace varios años y se me cae la cara de vergüenza.
¿Cómo demonios les envié semejantes cachivaches?

mi experiencia sobre la autopublicación y las piedras en mi mochila

PIEDRAS EN LA MOCHILA II

  • La escritura es un don: quizá de las cosas más absurdas que tenía instaladas en mi cabeza. ¿Cómo narices nace alguien con un don de la escritura? ¿Acaso se nace con una estilográfica bajo el brazo? Ojo, que también lo pensaba con otras artes, como el dibujo o la ilustración. Se puede tener talento, mejor o peor estilo a la hora de escribir, pero eso no hace que unos sean portadores de un don y otros no.
    Y eso nos lleva directamente al último punto.

 

  • Como la escritura es un don, no se puede aprender: si pudiera, viajaba al pasado para darme una colleja, de verdad. Creo que hacer un curso de escritura fue la mejor decisión que he tomado nunca. Ahí es cuando me han enseñado a caminar, saltar, correr o detenerme en seco.

Por no hablar de todo el paisaje que se ha abierto ante mí. Hasta ahora solo había visto lo que me mostraba una simple linterna con unas pilas casi gastadas. Nunca he aprendido tanto sobre algo, de verdad te lo digo. Si tienes la oportunidad, da el paso, no te arrepentirás. Yo estoy cursando el programa del Método PEN con Teo Palacios. Y te lo recomiendo. Aunque hay otros que también podrían interesarte.

MI EXPERIENCIA EN LA AUTOPUBLICACIÓN: EVOLUCIÓN

Estas son las cosas que hacen que, de alguna manera, mire con ciertos recelos algunos de mis textos antiguos. El ego es un asunto muy complejo y serio, sobre todo cuando se trata de aceptar tus limitaciones. El creer que lo sabes todo y no necesitas nada. A mí me faltaban conocimientos, unas formas concretas de avanzar en mis manuscritos, el cómo establecer mis ideas y desarrollarlas para que encajaran como deben hacerlo. Y mientras escribo este artículo, sigo aprendiendo. Jamás se deja de aprender. El problema es no aceptar que necesitas hacerlo, que era lo que me ocurría a mí. Y me costó un año entero de proyecto y una anécdota, para darme cuenta.

Como para todo, es necesario formarse, abrirse a nuevos conocimientos que jamás pensaste en aprender. En descubrir elementos que tenías justo delante, pero que no podías ver porque tu mirada no estaba preparada para ello. Y por supuesto, compartir el camino con multitud de personas: profesores, compañeros de clase, escritores consolidados o que acaban de comenzar. En definitiva, personas que serán una suerte de guías y consejeros, al igual que tú podrás serlo con ellos. Al fin y al cabo, todos remamos en la misma dirección, ¿no?

La experiencia sobre la autopublicación de mi libro, y que me llevó varios meses de trabajo y quebraderos de cabeza me sirvió no solo para saber que podía lograr el objetivo, sino también para ser consciente de todo lo que me faltaba por recorrer. Tardé lo mío en darme cuenta, pero lo importante es que lo hice. Y, como en todo, nunca se debe dejar de avanzar.

EL CAMINO HA LLEGADO A SU FIN

Cuando aprendí a maquetar, recuerdo que una vez le dije a mi profesora: «Me has arruinado la vida». Se lo decía de forma irónica porque, desde aquel momento, cada publicación en papel que veía, lo hacía con nuevos ojos, con una mirada analítica que nunca había utilizado. Ni siquiera sabía que podía tenerla, vaya. Y entonces, olvidándome del contenido, no hacía más que localizar fallos de color, doble espaciado, errores ortográficos… ¡Bendita ruina!

Con la escritura pasa algo parecido, porque cuando aprendes cada elemento del que se compone una novela, y sabes cómo escudriñarlos, a la hora de leer un libro todo cambia. Diría más, incluso viendo una película o una serie, eres más consciente de las tramas, los giros, los personajes o la ambientación. Y una vez lo has incorporado a tu mente, no puedes eludirlo aunque quieras, y eso mola, porque te hace estar alerta cuando vayas a sentarte ante el teclado a escribir.

Bueno, pues hemos llegado al final. Esta ha sido mi experiencia sobre la autopublicación. Espero que te haya servido de ayuda a ti o a alguien que conozcas.

La autopublicación no es buena ni mala, simplemente es una vivencia, un camino que a mí me ayudó a darme cuenta de muchas cosas, tanto buenas como otras no tanto. Ahora es el momento de que decidas qué camino vas a elegir y meditar bien cada paso.

Gracias por tu paciencia y por el seguimiento. Hasta una nueva ocasión, buena escritura.

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