Uno de los temas centrales a la hora de escribir una novela es pensar en cuál será el escenario óptimo en el que se desarrollará nuestra historia. Es recomendable que todo autor cree y describa la ambientación con el fin de situar al lector bajo un contexto y entorno determinados, teniendo en cuenta de que, a menudo, en un género como el de la novela histórica, muchas de las construcciones antiguas ya no existen en la actualidad, o, en el mejor de los casos, han cambiado substancialmente, dejando pocos rastros de su forma original. Si carecéis de información en cuanto a la forma del escenario que queréis introducir, os aconsejo primero centraros en definir la trama de la historia y la presentación de los personajes. Tras una buena investigación, podréis añadir los datos que necesitáis para crear el escenario perfecto. No se trata de algo obligatorio ni mecánico. Es un simple consejo que os va a guiar hacia la creación del ambiente que queréis obtener. Para conseguir un escenario adecuado, es necesario ser capaz de utilizar recursos más sofisticados. Investigar sobre la información que existe del mismo, emplear la imaginación y la lógica, no caer en descripciones básicas, y tampoco en detalles innecesariamente minuciosos. Es importante dejarle espacio al lector para que él mismo pueda rellenar los huecos que faltan gracias a su propia imaginación. Entonces ¿cómo crear un escenario perfecto y describir aquellos lugares que, irremediablemente, no han resistido al transcurrir del tiempo? Escenario, ambientes y lugares desaparecidos Como acabamos de ver, en el género de la novela histórica es muy común que mucho de lo que queráis incluir en vuestra obra ya no exista, o que haya muy poca documentación sobre los escenarios del pasado. Lo más normal es que lo poco que quede sea tan solo unas cuantas piedras. En mi caso, todo lo que aparece en “Hijos de Heracles” ha desaparecido. La propia polis de Esparta ya no está, así como la tumba de Menelao y su esposa, o el santuario de Artemisia Ortia. También en “Muerte y cenizas” me ha pasado exactamente lo mismo, ya que toda la Sevilla romana está sepultada bajo la Sevilla actual. Afortunadamente, existen otros recursos a los que podréis acudir para describir todos esos lugares que ya han desaparecido. Yo mismo, para poder contextualizar y recrear estos “ambientes invisibles”, ¡tuve que hacer los deberes! Os aconsejo que investiguéis todo lo que os sea posible, buscando toda la información disponible sobre esos lugares. Un paso esencial e imprescindible. Mi otra recomendación es que extrapoléis la información que os falta en todas esas ciudades que tengan características parecidas a la vuestra. Y, por último, dejaros inspirar por espacios similares pertenecientes a la misma época. Es lo que yo mismo hice cuando, para describir los baños de “Muerte y cenizas“, recurrí a la decoración de unos baños situados en Roma. ¡Un gran recurso que os permite ver algo parecido a lo que estáis buscando para vuestra ambientación! Las emociones son un factor importante Los lugares que se quedan grabados en la memoria son todos aquellos que despiertan emociones. Es importante recalcar lugares que generen sentimientos y entrar en ellos, tal y como si fuéramos los personajes de nuestra obra. Recordad que las personas tienden a vincular un sitio con una emoción que este mismo despierta. Si conseguís trasmitir las emociones de vuestro personaje y hacer que las mismas se fundan con el escenario, estáis por buen camino, ya que si se logra que el lector conecte de la misma manera con sus propios recuerdos a través de una historia de ficción, habremos conseguido recrear el ambiente ideal. Os puede ser útil también emplear recuerdos sobre un viaje que habéis hecho, pues también pueden ser de ayuda al momento de elegir el lugar del relato o relacionarlo a un sitio parecido al contexto de vuestra novela. Todas las particularidades y detalles que se tienen en mente sobre una experiencia personal nos sirven para plasmar aquello que sentimos en la hoja e intentar llegar al lector de la misma manera. Por otro lado, la coherencia es una herramienta crucial a la hora de describir cualquier tipo de lugar. Si la historia transcurre en una ciudad bulliciosa, no sería correcto introducir elementos que no pertenezcan a esta, como ciertas especies de animales o árboles. ¡Así que cuidado con los detalles que decidiréis introducir en vuestro ambiente! ¡Haced que encajen de forma natural! Mira a través de tus personajes Los lugares que son especiales para nosotros pueden servir de inspiración. Sin embargo, no se debe olvidar que la historia se escribe a través de las vivencias y experiencias de los personajes. Por ello, es fundamental tener en cuenta la personalidad y carácter del protagonista y del resto de los personajes, para poder aceptar que sus sitios preferidos no necesariamente deben coincidir con el de uno. Otro recurso de gran utilidad para detallar un escenario es el de los sentidos. El más obvio es el de la vista, pero no debemos omitir el resto de ellos, ya que harán a nuestra descripción mucho más enriquecedora. El sentido del olfato, por ejemplo, está directamente asociado con la memoria. Un simple olor nos puede transportar inmediatamente a un lugar y retrotraer todo tipo de recuerdos. El tacto y el uso de movimientos son, a su vez, poderosas herramientas para ampliar la puesta en escena. Por ejemplo, un personaje que corre por un campo de flores, respira profundamente, siente el olor de los jazmines y desliza sus dedos entre sus pétalos para experimentar la suavidad de los mismos. El tiempo es un gran aliado El tiempo puede ser expresado en un horario determinado del día o la noche, una estación o época del año, e incluso en un período histórico. Los cambios de estación, como la llegada del cálido verano o del invierno, pueden significar mucho más que un simple cambio de temperatura en la vida de nuestros personajes. Dependiendo de la región en la que ellos se encuentren, un invierno gélido puede
Los beneficios de escribir a mano
Antes de que existieran las máquinas de escribir, los ordenadores y los e-mails, todos solíamos recurrir al uso del lápiz y del papel para anotar y escribir a mano cualquier cosa que se nos pasara por la mente. Ya fuera para recordar algo o para contar una historia, escribir manualmente era una acción diaria indispensable. En la actualidad, la escritura a mano ha sido relegada a un segundo plano, ya que el mundo virtual lo ha acaparado todo, o casi todo. No obstante estos cambios, algunas de las acciones que quedaron en el pasado, como enviar cartas o postales por correspondencia, mantienen un cierto encanto que la tecnología parece no conseguir reemplazar. Aunque detrás de esta fascinación por las acciones del pasado quizás haya algo más. Escribir a mano es una acción que proporciona muchísimos beneficios para la mente y el cuerpo. De hecho, puede llegar a ser un hábito que nunca dejemos de lado si somos conscientes de lo bien que nos hace. Comparto con vosotros los beneficios que nos aporta esta vieja costumbre de escribir a mano para que os entren ganas de agarrar un bolígrafo y un papel para dar rienda suelta a la imaginación. Escribir estimula tres regiones del cerebro En el momento en el cual decidimos escribir a mano, muchos profesionales de la salud aseguran que en el interior del cerebro se activan tres regiones principales: la motora, la visual y la cognitiva. La neuróloga Marta Ochoa, jefa del servicio de Neurología de HM Hospitales en Madrid, afirma que se movilizan numerosas redes neuronales. Como consecuencia de esto, la capacidad cognitiva evoluciona y presenta mejoras. En el caso de las personas adultas, la escritura a mano estimula al cerebro a la hora de fomentar la memoria llamada prospectiva. O sea, la habilidad de recordar y de llevar a cabo acciones en el futuro. ¿Cuántas veces os ha ocurrido que os habéis dirigido a tal lugar dentro de vuestra propia casa y, en el instante en el que habéis llegado a la meta, se os ha olvidado completamente qué ibais a hacer? De esto se trata justamente. También llamada “memoria del futuro”, es aquella que nos recuerda qué acción íbamos a realizar en un momento específico en el futuro, sumado a la efectiva concreción de dicha acción. Otro tipo de memoria, conocida popularmente como “memoria de elefante”, también es favorecida por escribir a mano. Propiamente dicha, la memoria semántica es la encargada de almacenar toda la información y el conocimiento con el que, alguna vez, hemos estado en contacto. Desde una cantidad enorme de datos que estudiamos, por ejemplo, para escribir una novela, hasta elementos pequeños y un tanto irrelevantes que nos permiten construir los detalles en la misma. Por lo tanto, escribir a mano estimula estas áreas del cerebro y sus respectivas características, mejorándolas en los individuos que ponen en práctica el arte de poner en marcha la mano con lápiz y papel. El aspecto psicológico y emocional de escribir a mano Escribir a mano también está relacionado fuertemente con lo emocional. Así lo explica la psicóloga del Instituto Centta, Silvia Citraño. Este tipo de actividad genera la canalización de las emociones y ayuda a expresar sentimientos que guardamos muy adentro. De hecho, al momento de plasmarlos al papel, uno se siente más relajado y liberado, como si se hubiera sacado una pesada mochila de encima. Además, no existe límite alguno ni restricción a la hora de escribir sobre aquello que nos acongoja o preocupa. Al escribir a mano, la persona piensa en eso que está escribiendo y lo repite en su mente. Por esta razón, es útil para esclarecer los pensamientos, las dudas y los sentimientos. Contribuye enormemente a la psique y a la salud mental, ya que es una manera de canalizar nuestras emociones de forma saludable para poder lograr entender mejor lo que nos pasa. Sin lugar a dudas, ayuda a conocernos mejor. Aumenta la comprensión, la creatividad y la organización Hoy por hoy, la gente se ha ido acostumbrando a escribir a través de pantallas táctiles y teclados. Como consecuencia de ello, lamentablemente, esto hace que se vaya hacia la pérdida del hábito de escribir a mano. Pero si nos tornamos conscientes del papel clave que juega la escritura en nuestra salud, podemos salvar esta costumbre. Esto sucede principalmente entre los jóvenes, aunque, en la actualidad, afecte a la gran mayoría de las personas. Escribir a mano incita a que nuestro cerebro funcione a toda máquina, ya que se encuentra en la plenitud de su rendimiento. Este esfuerzo contribuye a una mejor comprensión lectora, y también aumenta la capacidad creativa. Asimismo, mejora la manera de organizar la información a medida que se obtiene una mayor cantidad de datos de todo tipo. La escritura a mano es un proceso que consiste en escribir un primer borrador, corregir, editar y perfeccionar lo escrito. Algo que, habitualmente, se hace de forma casi automática, utilizando un ordenador. Al hacerlo “a la antigua”, uno permite que las ideas fluyan de manera ágil y orgánica. Escribir a mano nunca pasará de moda Los tiempos cambian y evolucionan. Es imprescindible y fundamental saber adaptarse a ellos para ser capaces de funcionar como una persona moderna del Siglo XXI. No sería lógico ni realista rechazar por completo la tecnología en pos de una escritura completamente a mano. Las nuevas tecnologías no son nuestras enemigas. Por el contrario, son herramientas magníficas que poseen una infinidad de utilidades y beneficios, siempre y cuando sepamos aprovecharlas correctamente. Sin embargo, de la misma manera que la escritura en papel no reemplazará al ordenador, este último tampoco podrá reemplazar jamás la magia y el encanto de plasmar todo lo que somos en una hoja en blanco, escrita con nuestro puño y letra.
El detective de ficción, 2ª parte. Plantilla para crear un buen detective
Hola, amigos. Hoy os traigo una plantilla para ayudaros a crear un buen detective. Lo mismo que es fundamental planificar nuestra novela, también lo es planificar la construcción de nuestros personajes. Sobre todo, el de nuestro detective. Antes de empezar el Método PEN, yo no sabía que era tan importante la creación de un personaje, pero lo es. Así que vamos a ver cómo hacerlo bien. Conocer a tu personaje Lo primero que tienes que saber para crear a un buen detective es que tienes que cocerlo muy bien. Si alguien te pregunta cuándo nació, sus gustos literarios, o si usa gafas o lentillas, tienes que saber las respuestas a la perfección. ¿Y cómo se consigue eso? Pues de una manera muy fácil: haciendo preguntas a tu detective. Sí, sí, no pongas esa cara. Coge papel y boli, siéntate frente a tu detective y empieza a preguntar y crea una plantilla para crear un buen detective. Es aconsejable separar las preguntas por temas, más que nada, para no repetirlas. Por ejemplo: Datos básicos ¿Es hombre o mujer? ¿Cómo se llama? ¿Cuándo nació? ¿Fecha? ¿Dónde? ¿Ciudad, país? ¿Qué edad tiene? ¿Dónde vive actualmente? ¿Quiénes son (o fueron) sus padres? ¿Tiene hermanos? ¿Está casado? ¿Tiene hijos? ¿Qué edad tienen? ¿Tiene mascotas? ¿Tiene coche? Aunque algunas preguntas os puedan parecer ridículas o que no tienen nada que ver con la novela, para crear un buen detective tienes que ser su mejor amigo, con lo cual, ninguna pregunta sobra. Y eso incluye, por ejemplo, sus gustos. Piensa en qué preguntas le harías en este campo. En nuestra plantilla para crear un buen detective encontrarás algunas. Gustos ¿Qué aficiones tiene? ¿Le gusta leer? ¿Cuál es su libro favorito? ¿Y su color? ¿Qué tipo de música le gusta? ¿Su película favorita? ¿Es vegetariano? ¿Cuál es su idea de buen entretenimiento: música, películas, arte, etc.? ¿Practica deporte o lleva una vida sedentaria? ¿Sueño profundo o ligero? ¿Es espontáneo o siempre necesita planear? ¿Qué redes sociales usa más? Otro aspecto a tener en cuenta es cómo fue su niñez. Vale, ya sé que ahora mismo estás mirando la pantalla pensando que estoy loca. Yo miré a Teo de la misma manera cuando nos lo contó, pero es importante. Y lo es porque, cualquier cosa que le ocurriera en esa etapa, sin duda marcará su conducta en la actualidad. Así que añade tantas como se te ocurran a nuestra plantilla para crear un buen detective. Crecimiento ¿Cómo describiría su infancia en general? ¿Fue feliz? ¿Por quién fue educado y criado? ¿Tiene algún trauma de la infancia? ¿Cuál es su recuerdo familiar más feliz? ¿Qué estudios tiene? ¿Cómo fue su juventud? ¿Era buen estudiante? ¿Tiene alguna carrera universitaria? ¿Hizo el servicio militar? ¿Habla algún idioma? Un aspecto a tener en cuenta, y que siempre es importante para crear un buen detective, es el aspecto físico, porque a todos los lectores nos gusta saber cómo ve el autor a sus personajes. En nuestra plantilla para crear un buen detective vamos a incluir algunos de estos elementos, porque no podemos dejar de lado cómo es, tanto en su físico como en su carácter. Características fisicas ¿Cuánto mide? ¿Cuánto pesa? ¿De qué raza es? ¿El color de sus ojos? ¿Cómo tiene el pelo? ¿Usa gafas o lentes de contacto? ¿Lleva barba, bigote, perilla? ¿Tiene alguna cicatriz? ¿Es diestro, zurdo o ambidiestro? ¿Lleva fotografías de su familia? ¿Fuma? ¿Bebe? ¿Cómo viste? ¿Tiene alguna frase o coletilla característica al hablar? ¿Es malhablado? ¿Se muerde las uñas? Caracteríticas emocionales ¿Cómo es su autoestima? ¿Cuál es su mayor defecto? ¿Cuál es su mayor virtud? ¿Basa sus decisiones en emociones o en lógica? ¿Qué le hace ser vulnerable? ¿Es sensible? ¿Cariñoso? ¿Es frío? ¿Es cauteloso o atrevido? ¿Introvertido o extrovertido? ¿Es optimista o pesimista? ¿Tiene seguridad en sí mismo? ¿Qué le impide conseguir sus objetivos? ¿Cuál es su punto fuerte y su punto débil? ¿Qué le motiva? ¿Qué le asusta? ¿Es generalmente cortés o rudo? ¿Discrimina o tiene prejuicios? ¿Cuál es su mayor fortaleza como persona? ¿Cuál es su mayor debilidad? ¿Qué tres palabras describen mejor su personalidad? ¿Qué tres palabras usarían los otros para describirle? También es muy importante, a la hora de crear un buen detective, saber cómo se relaciona con las personas, tanto a nivel personal como profesional. Lo es en todos los personajes pero, sobre todo, en el detective. Es importante saber cómo va a tratar a los sospechosos, al criminal, a las víctimas, etc. Por ese motivo, este es uno de los campos obligatorios en nuestra plantilla para crear un buen detective. Relaciones con otros En general, ¿cómo trata a los otros: atentamente, de forma ruda, manteniéndolos a distancia, etc.? ¿Es una persona social? ¿Quién es la persona más importante en su vida y por qué? ¿Quién es la persona en el mundo en la que más confía? ¿Y quién es la persona en el mundo a la que más admira? ¿Quién es la persona a la que más teme? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Cuán cerca está de su familia? ¿Confía en alguien para protegerle? ¿Quién y por qué? ¿Quién es la persona a la que más desprecia o no soporta, y por qué? ¿Le gusta discutir o es de los que evade las peleas? ¿Tiende a tomar el rol de liderazgo en situaciones de peligro? ¿Le gusta el contacto físico? Y, cómo no, para crear un buen detective, debes conocer sus más íntimos secretos y creencias. Claro que sí. Es importante saber si hay “algo” que pueda, en un momento dado, desestabilizarle o impedir que cumpla con su deber. En nuestra plantilla para crear un buen detective, verás algunas de las preguntas que puedes hacerle. Secretos ¿Tiene alguna fobia? ¿Qué vicios tiene? ¿Qué es de lo que más se avergüenza o arrepiente de haber hecho? ¿Cuál fue su experiencia más vergonzosa? ¿Qué cambiaría de su físico? ¿Cuál ha sido su mayor mentira? ¿Cuál ha sido su mayor error? ¿Y su mayor secreto? ¿Cuál es su mayor manía? ¿Su peor pesadilla? ¿Su vocación
Desenlace de novela histórica para un final digno
¿Crees que ha llegado el momento de ponerle punto final a tu novela, pero no ves la manera de despedirte de la historia y sus personajes? Por raro que parezca, esto no es nada extraño. En ocasiones, nos encariñamos tanto de nuestros protagonistas que no queremos separarnos de ellos. Forman parte de nuestro día a día; cuando escribimos, mientras pensamos en sus vidas ficticias, en las tramas en las que los vamos a enredar… Son mil y uno los motivos por los que un escritor puede divagar entre las páginas de su propia novela y no saber en qué momento acabar. Para ayudaros con eso, vamos a hablar de la importancia de un buen desenlace de novela. Dicho esto, metámonos en harina. ¿Qué es el desenlace? El desenlace es ese momento justo después del clímax en el que el conflicto de nuestra trama llega a su resolución. Esa escena final en la que todo parece encajar para cerrar una historia bien urdida. El recurso con el que atamos perfectamente todos los cabos para que nuestro protagonista prospere (o no. Eso dependerá del tipo de final que queramos darle). El desenlace, además, es el momento “guinda del pastel”, donde somos conscientes de la evolución que ha hecho nuestro personaje, de cómo ha crecido emocionalmente a lo largo de la historia. Pero ¿cuánto debe durar dicha parte? Pensemos que, una vez alcanzado el clímax y resuelto el conflicto, no nos quedan argumentos interesantes para mantener al lector enganchado, por eso el desenlace debe ser breve. Aunque depende, eso sí, de la extensión del libro. No será igual para una novela de doscientas páginas como para una de novecientas. En el caso de la novela histórica, quizá podamos extendernos un poco más con el desenlace, pues todos sabemos que suelen ser volúmenes que podrían usarse como arma arrojadiza en defensa propia. Pero siempre en proporción, no olvidemos eso. ¿Y si no veo el momento de acabar? Si no sabes cuándo o cómo acabar la historia… Houston, tenemos un problema. Aquí podemos hablar de una falta importante de planificación. Pensemos que, para tener un final épico, un desenlace de la novela histórica de suspiro contenido y ojos vidriosos en el lector, necesitamos haber planificado muy bien y de antemano por qué caminos va a rodar nuestra historia. Como un arco, la trama irá ascendiendo en intensidad mientras avanzamos para llegar a un momento álgido, el clímax, y, a partir de ahí, descender en caída libre (bueno, no tan libre, con paracaídas más bien). Si eso no sucede, si ese no es el esbozo de nuestra obra, y en vez de un arco argumental nos encontramos delante de una montaña rusa con loopings varios. Nunca sabes si estás cayendo para finalizar o para volver a ascender, desquiciaremos al lector y este dará carpetazo a nuestro libro. Por eso, lo más importante para lograr un buen desenlace de la novela es (redoble de tambor): PLANIFICAR. Así, en mayúsculas, para que quede bien claro, evitando los siete pecados capitales de la planificación. «Pero es que lo mío son las sagas», dirá alguien. Vale, esto se merece un punto y aparte. Desenlace de novela histórica: las sagas En primer lugar, si eres de los que tienen en mente una saga en plan “Los hijos de la tierra”, enhorabuena: tu cabeza es un pozo sin fondo de imaginación, y eso es un lujo para un escritor. Pero, ojo, una cosa es tener en mente escribir una serie de libros, llamémosle saga, trilogía o la extensión que veamos oportuna, y otra muy distinta el desenlace que cada uno de esos libros debe tener. En una obra de varios volúmenes, cada uno contiene una trama principal que debe quedar cerrada con el respectivo desenlace de la novela. En las últimas páginas, haciendo uso del epílogo, podemos abrir una ventana al siguiente libro para poner la miel en los labios del lector, si queremos dejarle claro que esto no acaba aquí. Pero no usaremos el conflicto de una novela para seguirlo en otra porque, entre otras cosas, decepcionaríamos al lector, y ningún escritor quiere eso. ¿Y si mi novela se basa en un suceso real y las consecuencias de dicho acontecimiento no tienen un final inmediato en la historia? Tampoco es una excusa. No es necesario que nuestra novela siga el mismo camino que la historia real. «Pero es que yo quiero que sea tal cual pasó», podríais decir. Vale, pues, en ese caso, podemos forjar una trama alrededor de ese suceso histórico, con un buen conflicto para el protagonista que sí tenga resolución. Así tendremos el desenlace de la novela y, si queremos seguir la saga con ese acontecimiento real, podremos retomarlo en el siguiente libro, pero con otro conflicto nuevo a resolver. Si otros pueden, tú también Tenemos el ejemplo de escritores que ya han hecho eso. Pongamos por caso a Ken Follet y “La Trilogía del Siglo”. A través de sus tres volúmenes, este autor desarrolla acontecimientos que cambiaron el rumbo y la vida de miles de personas en el siglo XX. Para ello, en el primer libro, “La caída de los gigantes”, urde las historias de cinco familias que pasarán por la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y la lucha por los derechos de hombres y mujeres. En ese volumen, el desenlace de la novela cierra las tramas de los protagonistas de esta obra. Entonces, ¿cómo hace para hilar ese primer libro con el segundo? Recurriendo a la reproducción humana, simple y llanamente. En el segundo libro, “El invierno del mundo”, retoma a esas familias. Pero ahora serán los hijos de los anteriores protagonistas los que cojan el relevo para, con sus vicisitudes, mostrarnos otra parte importante de la historia de ese siglo: la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial. Como era de esperar en esta segunda entrega, el desenlace de la novela lo deja todo atado y bien cerrado. Y ¿de qué manera anexiona ahora el tercer y último libro al resto?
Técnicas de concentración para escritores
Estoy seguro de que todos habréis experimentado algunas situaciones en las que os ha parecido imposible llegar a tener concentración. Os puedo decir que a mí también me ha pasado, y que hay miles de formas de salir de ese estado de inquietud de la mente, o de falta de atención, y lograr poner el foco sobre lo que se está haciendo, en nuestro caso específico, ¡escribir! Entonces, antes de compartir con vosotros algunas actividades prácticas para aplicar en vuestra cotidianidad, os quiero explicar, más en detalle qué es exactamente la concentración, porque todo hábito, antes de que pueda radicarse profundamente en nosotros, tiene que pasar por el conocimiento. ¿Qué es la concentración? La concentración es un estado sumamente importante, no solo para los que escribimos, sino para todo aquel que necesita enfocarse y ensimismarse en lo que está haciendo para llevar a cabo su tarea de la mejor forma posible. Es un estado de paz absoluta que nos permite estar alejados de pensamientos secundarios y de las distracciones, ya que toda nuestra energía está dirigida hacia un solo punto, que es el foco de nuestra atención en ese momento. Se trata de una herramienta mental extremadamente poderosa, además de necesaria. Hay muchas maneras de conseguir un estado de concentración. Existen personas que meditan, otros realizan deporte antes de empezar a hacer cualquier actividad, otros tienen un ritual diario que les permite entrar en ese estado mental… y todas son técnicas que funcionan, porque la realidad es que todos podemos alcanzar la concentración. Lo difícil es dar con el cómo, ya que es sumamente arbitrario. Si no sabéis por dónde empezar, aquí vienen algunos consejos. Crea tu espacio de trabajo El lugar que escojas para trabajar es extremamente importante. Aunque es cierto que lo que cada uno necesita es subjetivo, hay algo que sí es realmente importante, y vale como regla general para todos: construir un espacio de trabajo, ya sea mental o físico, que te permita liberarte de las distracciones y entrar en un estado de tranquilidad que favorezca la concentración. Así que debes actuar desde dos lados. Por un lado, la parte más material del mismo lugar en el que te encuentras, ya sea tu oficina, un parque, un bar o un cuarto de la casa en que te sientas cómodo. Intenta que el espacio a tu alrededor sea limpio y ordenado. En algunas ocasiones, permitiros algunos deleites específicos, como en mi caso, ya que también ayudan, la música de fondo o fragancias y olores que nos estimulan a poner el foco en lo que estamos haciendo. Silencia todos tus dispositivos Esta es una regla de oro. Desconectarnos de todo es esencial para poder concentrarnos y no perder todo ese trabajo que hemos hecho para conseguir que nuestra atención sea plena, aquí y ahora. Para ello, es necesario que apagues o pongas en silencio todos tus dispositivos de comunicación instantánea, ya no tan solo el móvil, sino las aplicaciones conectadas al ordenador o a la tableta. Una distracción tan grande como un mensaje sin leer podría impactar fuertemente a vuestro estado de concentración. Así que, a no ser que tengas alguna urgencia inminente a la que es necesario que prestes atención, aíslate del mundo por el tiempo que necesites. Tu trabajo y tu concentración te lo agradecerán. Organiza tareas y objetivos Una vez que ya tengas tu espacio de trabajo listo y los dispositivos fuera del camino, puedes empezar a escribir en un papel tus tareas del día y los objetivos a largo plazo a los que esas mismas te llevarán a obtener. De esta manera, podrás mantener el foco no solo en lo que estás haciendo, sino en el porqué lo estás haciendo. Cuando ya tengas un listado, podrás dedicarte al siguiente paso para que puedas enfocarte en cada una de ellas, por orden de importancia. Ordena las prioridades No todas las actividades que tienes que llevar a cabo tienen la misma importancia. Por esta razón, el siguiente paso es esencial. Ordenar las tareas por grado de importancia te va a permitir priorizar antes lo que más te preocupa, dejando la mente libre de pensar en el resto de actividades, porque la misma ya sabe que, antes o después, va a llegar también al resto de actividades, y ya no tienes que estar constantemente pensando en ellas. Priorizar te va a permitir no solo enfocarte con más facilidad, sino también a cumplir el siguiente paso. Haz una tarea a la vez No es tan extraño que, especialmente, a día de hoy tengamos problemas con nuestra capacidad de estar atentos y enfocarnos en una cosa a la vez. De hecho, en varias ocasiones, resulta complicado hacer solo una tarea, ya que, en el mundo moderno, se nos requiere que hagamos muchísimas cosas a costa de nuestra capacidad de concentrarnos. ¡Pero recordad que vuestra voluntad todo lo puede! Solo es cuestión de agarrar el truco que funciona para vosotros. Desde ese momento en adelante, podréis volveros mucho más productivos y disfrutar de cada uno de los momentos, mejorando no solo la calidad de vuestra vida, sino también la de vuestro trabajo. Construye tu propio método de concentración Lo cierto es que no existe una fórmula universal, pero sí hay métodos que suelen funcionar para la mayoría de las personas. La única manera que tenéis es probar técnica por técnica hasta dar con la correcta para vosotros mismos. Espero que estos consejos os ayuden a mantener el foco sobre vuestra escritura. Si queréis dejar algún comentario, me gustaría saber qué es lo que os funciona a vosotros y si alguno de estos métodos os ha sido de ayuda a la hora de escribir.
¿Por qué leer otros géneros además del que escribes?
Miguel de Cervantes decía sobre leer: El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Los escritores siempre trabajamos para que nuestro estilo literario resulte único. Muchas veces, este estilo se encuentra íntimamente relacionado a un tipo de género en el cual nos desenvolvemos con mayor facilidad. Sin embargo, mantener una forma de escritura excepcional es una tarea para nada fácil. Por eso, alcanzar la originalidad es un camino lleno de obstáculos. Para conseguir este objetivo, uno de los recursos más utilizados es dedicarse a la lectura de innumerables obras. Paradójicamente, conectarse con otros autores siempre es beneficioso para nuestro propio crecimiento. Este principio de explorar nuevas formas literarias se aplica también al conocimiento de los géneros. Leer a través de los distintos géneros es el mejor método para dominar aquel que más nos atraiga. Darle forma y contenido a nuestra prosa es un proceso en constante evolución, que se enriquece a través del estudio variado de toda clase de obras. Veamos en qué consiste este recorrido. Explorar territorios desconocidos Para los escritores noveles, este tipo de aproximación transversal a la literatura resulta particularmente beneficiosa. Adentrarse en la multiplicidad de géneros sirve también para reconocer con qué estilo nos sentimos más cómodos. Esto funciona como una forma de identificación y nos ayudará a sellar con una impronta personal a cada uno de nuestros trabajos. ¿Eres un apasionado de las novelas fantásticas? ¿Por qué no probar con la poesía? ¿Escribes cuentos infantiles? ¿Por qué no leer comedias teatrales? Evitar el consumo de un solo tipo de obras nos permite caminar en senderos no transitados y adquirir técnicas innovadoras. Este tipo de experiencia no solo vale para los jóvenes escritores, sino también para aquellos más experimentados. Exponerse a un estilo al que no estamos acostumbrados puede llevar a cuestionarnos sobre nuestro propio modo de escribir. Jugar con textos heterogéneos nos resultará extremadamente útil. Evitaremos que nuestra narrativa se vuelva predecible y, a su vez, tendremos la oportunidad de reinventar nuestro modo de contar historias. Podremos indagar sobre los aspectos positivos de los distintos géneros y trasladarlos a nuestra prosa. Con este método, alcanzaremos descubrimientos de una manera simple y provechosa. En seguida os mostraré cuáles son las ventajas de no limitarse a una categoría específica. Como escritores, debemos aprender cómo abrirnos y dejarnos soltar en el universo literario. También os señalaré algunos consejos sobre cómo prevenir los errores más comunes cuando nos embarcamos en territorio no explorado. Beneficios de leer otros géneros Los beneficios de interactuar con géneros variados son inmediatos. Ampliaremos el vocabulario que normalmente utilizamos al acudir a fuentes de inspiración hasta entonces desconocidas. Aprenderemos también sobre cómo funcionan las estructuras argumentativas en cada género. Asimismo, nuestro lenguaje no se verá saturado con expresiones recargadas y repetitivas propias de leer solo una forma de escritura. Esto nos permitirá tener un mayor dominio sobre nuestras narrativas. Conoceremos los límites de nuestro género, pero también su potencial. ¿Te encuentras buscando un giro original en tu historia? Tal vez esto se pueda resolver con un recurso ajeno a tu marca personal. De esta manera, podrás darle una chispa a tu obra con herramientas derivadas de otros textos. Esta es solo una de las tantas maneras de cómo sacar provecho de nuestras lecturas. Otro elemento a destacar son las posibilidades de innovación que pueden derivar de la aplicación de esta técnica. Las mayores disrupciones literarias son consecuencia de ideas frescas que vienen a renovar los estilos. En este sentido, tiene razón Oscar Wilde cuando decía que “una idea que no es peligrosa no merece que se le llame idea”. En suma, si aplicamos estos principios, volveremos con una visión transformada sobre nuestro trabajo. Una vez que nos alejamos de lo que nos resulta familiar, conseguiremos una perspectiva novedosa sobre temas que pensábamos conocidos. Incluso podremos apreciar nuestro género preferido con un enfoque distinto. Algunas dificultades y cómo evitarlas Los primeros tropezones que daremos son la consecuencia natural de alejarnos de patrones literarios que nos resultan próximos. Esto no tiene que ser motivo para desalentarnos, sino todo lo contrario. Significa que nos encontramos en buen camino. “Todo lo grande está en medio de la tempestad”, decía Martin Heidegger. Las primeras señales de desconcierto, y un sentimiento de incomodidad, son completamente normales. Es lo que sucede cuando nos encontramos recorriendo territorio inexplorado. Apartarnos demasiado de nuestra zona de confort es siempre un riesgo. Al principio, nos sentiremos un poco inseguros, pero, poco a poco, recuperaremos una versatilidad inusitada en esta aventura. Encontraremos el placer de la novedad. Otro error muy común es perdernos completamente en la vastedad de nuevas obras. Si bien es una ventaja explorar diversos trabajos, no debemos perder el hilo conductor que mantiene conectado nuestro particular modo de escribir con los demás estilos. Tampoco es aconsejable adentrarse en esta empresa de manera azarosa. Lo conveniente es transitar este proceso con temas que sean cercanos a nosotros. Es decir, leer sobre argumentos con los cuales podamos sentirnos identificados. De tal modo, la travesía será más llevadera. Tendremos cada vez mayor firmeza en nuestros pasos. Seremos como navegantes, y la recompensa será ejercitar nuestra astucia y brillantez para lograr mejores resultados. En este avance hacia lo desconocido, haremos uso de toda nuestra creatividad y volveremos ricos en ardides. Leer un mundo nuevo Despejar la mente y entregarse a las maravillas del lenguaje es una pasión propia de los novelistas. Escribe sobre los temas que te apasionan. Todo aquello que nos toca de manera profunda es material con el que podemos trabajar. Leyendo un surtido de textos, aprenderemos cómo otros autores expresan su creatividad. El conocimiento de otros puntos de vista impactará de lleno en nuestros personajes, tramas, historias y mensajes. Beber en manantiales escondidos es una aventura y, como tal, tiene sus riesgos. Franz Kafka reconocía esta ardua tarea y enseñaba que “la literatura es siempre una expedición a la verdad”. Os invito, por lo tanto, a aventuraros en esta expedición literaria y a desembarcar en nuevos mundos para crecer como
Pasos para construir tus personajes
Crear personajes de la nada no es una tarea fácil. Hay que tener en cuenta varios factores que pueden ser útiles para hacer que nuestro personaje sea alguien tan interesante como humano. Por ello, es aconsejable no caer en estereotipos y trivialidades, y sí enfocarnos en construir un personaje tan de carne y hueso como uno mismo y aquellos que nos rodean. Al crear un personaje, se debe tener en cuenta la época en la que este vivirá, el lugar donde se desarrollará la historia, su personalidad y que contenga algún rasgo atractivo para el lector, ya sea una cualidad particular, así como alguna manía o pasatiempo que invite al otro a preguntarse: «¿Qué sucederá más adelante?» Además, es importante incluir cómo dicho personaje se relaciona con otros personajes en el transcurso de la historia, cómo el protagonista se desenvuelve con sus relaciones, de amistad, amorosas, de familia, etc. Por lo tanto, no es solo al personaje a quien estamos creando, sino también a todo su entorno. Alguien como tú Para empezar a crear a tu personaje, puedes inspirarte en una persona que conozcas, o en varias e ir uniendo rasgos de su forma de ser que llamen tu atención. Como se dijo anteriormente, es importante que tu personaje, por más excéntrico que sea, guarde un contacto con la realidad y tenga características que cualquier humano podría detentar. Recordemos que el personaje tiene sentimientos: siente la felicidad, la tristeza, el dolor y la alegría. Por eso, también es algo positivo crear eventos fuertes para observar la reacción de ese personaje. Estos pueden ser trágicos, como la pérdida de un ser querido, y también acontecimientos felices. Aquí, el lector podrá observar que nuestro personaje atraviesa las mismas dificultades y sucesos de la vida cotidiana, al igual que nosotros. En suma: que tenga los pies en la tierra y que demuestre emociones. Asimismo, es importante incorporar particularidades que hagan a nuestro personaje único. Es conveniente no caer en estereotipos banales. Tampoco hay que ir al otro extremo e inventar un personaje como salido de un cómic de superhéroes; es decir, que nunca haga nada mal, que triunfe en todo lo que se proponga, o que siempre termine superando cualquier obstáculo. Por eso, retomando el hecho de la unicidad, es necesario advertir que puede tener ciertas peculiaridades en su forma de ser y, además, seguir manteniendo una lógica y una conexión con un ser humano real. Una herramienta que nos facilitará darle a nuestro personaje un contacto con la realidad puede ser, por ejemplo, otorgarle desafíos y, por qué no, también fracasos. Esto hará que el lector se vea más identificado con él. Caracterización de los personajes ¿Cómo caracterizar los personajes? La manera más sencilla de hacerlo, y la que nos permitirá mantener un orden, es dividiendo al personaje en tres aspectos principales: físico, social y psicológico. El primer aspecto tiene que ver, por supuesto, con la apariencia física de nuestro personaje: la altura, la contextura, el color de cabello, así como de los ojos, la edad… Esta información le sirve al lector para poder imaginar en su cabeza cómo se ve el personaje. En cuanto al aspecto social, podemos describir el círculo privado del personaje: su familia, amigos, si está en pareja, si vive solo y en dónde, cuál es su trabajo o a qué se dedica, e incluso el estrato social al que pertenece. Por otro lado, cuando hablamos del aspecto psicológico del personaje, nos referimos a su estabilidad emocional. Podemos describir si se trata de una persona cariñosa o fría, si, para resolver los problemas, aplica un criterio más bien racional o si es impulsiva y se deja llevar por las emociones del momento; si es alguien egoísta y busca cumplir sus metas a toda costa, y si es capaz de traicionar a otros personajes, o por el contrario, busca estar en armonía con todos y evita los conflictos. Los tres aspectos son una buena base para comenzar a idear y visualizar a nuestro personaje. A partir de ellos, ya sabremos cómo se ve, qué es lo que hace de su vida y cómo maneja sus impulsos y emociones. Una vez que esté logrado, podremos ir detallando aún más aquello que queramos destacar del personaje en cuestión. A lo largo de la dinámica del relato, todos los atributos pueden ir mutando y transformándose para servir a los fines de la historia. El pasado no lo es todo Cuando se crea un personaje, por lo general, algunos autores inventan un pasado para este, a modo de explicación de porqué el personaje se comporta como lo hace. Esto le da énfasis al pasado y no es recomendable utilizar este recurso, ya que si se le da un papel muy importante a eventos pasados, se suelen eclipsar los eventos futuros. Para que un personaje sea interesante, no es necesario que este arrastre con una historia de vida marcada por la tragedia. Se necesita un contexto y poner al lector en sintonía con la experiencia de vida del mismo. No obstante, desarrollar el presente del personaje y la manera en que va afrontando los desafíos que se le presentan, es más enriquecedor, no solo para el personaje en sí, sino para la historia en su conjunto Observar cómo el personaje evoluciona y va afrontando distintos obstáculos resulta más entretenido y cautiva al lector. A su vez, es bastante trillado crear un pasado siniestro para explicar una personalidad fría o la de un asesino. Por lo tanto, si el personaje se topa con situaciones que lo llevan a tomar caminos inesperados, hará que el lector se sorprenda al ver que nada tiene que ver con un pasado trágico. Y la idea es siempre cautivar al lector, no escribir algo obvio y predecible. No tiene por qué ser inmutable A modo de recomendación final, un personaje no tiene por qué ser fijo y puede ir mutando a lo largo de la historia. Hay sucesos que pueden modificarse sobre la marcha, así como también el modo
La importancia de escribir todos los días
La importancia de ser constante en cualquier cosa que uno se proponga, ya sea escribir, hacer deporte o tocar un instrumento, radica en el hecho fundamental de crear un hábito y mantenerlo. No se trata de generar una simple rutina monótona y aburrida, sino más bien de verse comprometido con aquello que quisiéramos dominar y desarrollar, esa voluntad que nos permite hacerlo a diario. En esto, la disciplina es una componente fundamental, que nos va ayudando a desarrollar la capacidad para llevar a cabo nuestros objetivos. Si quieres ser escritor, has elegido un camino que requiere constancia y compromiso. Para ello, sería bueno que empezaras a construirte una rutina para escribir todos los días, e ir avanzando en cada renglón, un poco más, en el cumplimiento de tu primera o próxima obra. No le temas a que pasen las horas o a que puedas quedarte sin palabras en frente del monitor o el cuaderno en blanco. La escritura es parte de un proceso que no sucede por arte de magia. Eso sí, a veces hay bloqueos que no nos permiten avanzar, pero nunca hay que ser víctima de la inspiración. La mejor manera para evitarlo es organizándose. Además, por más que se dificulte el progreso y este no suceda de forma fluida y lineal, lo más importante es sentarse e involucrarnos con la escritura y con nosotros mismos, porque, si desistimos, no podremos avanzar. ¡Así que manos a la obra! ¿Qué significa escribir? El acto de escribir puede significar cosas distintas para cada persona. Para algunos es volcar al papel todas sus ideas, planes, anhelos y proyectos. Para otros, es una forma de expresarse, de sacar de adentro sueños y emociones que están bajo llave. La escritura es una excelente terapia que nos enseña a hablar con nosotros mismos, reflexionar sobre los eventos de la vida y meditar sobre la misma. Nos permite crear mundos y personajes que habitan nuestra imaginación; es ahí cuando nuestro ser creativo se expresa en toda su potencia. Para algunos de nosotros, escribir se transforma en un oficio. Cuando la escritura se vuelve un trabajo, se suelen unir, bajo la pluma de nuestra mano, la musa de la inspiración junto con nuestra capacidad, la constancia, las experiencias de la vida de uno y muchas de las emociones que nos caracterizan, permitiéndonos crear los increíbles mundos literarios que son los libros. Para aquellos que escribimos libros, este acto representa no solo su deseo profundo, sino también una necesidad imperiosa del alma, que reclama el escribir casi como una función más del cuerpo. El proceso creativo y el hábito Una pequeña meta es proponerse escribir algo corto todos los días. Pueden ser tan solo cinco páginas o unos renglones, no importa. Lo fundamental es construir el hábito. Nos dará la impronta y la constancia de realizar algo a diario, hasta que, un día, consigamos hacerlo automáticamente, ya casi sin pensarlo. Y es ahí donde la confianza en nosotros mismos aumentará. Escribir diariamente ayuda a aumentar nuestra seguridad al realizarlo, ya que nos sentimos inseguros cuando hacemos algo por primera vez o poco a menudo. Por ello, la solución para adquirir la fluidez y la confianza es efectuarlo reiteradas veces, hasta sentir esa tranquilidad que nos indica que cada vez lo estamos haciendo mejor. Además, la revisión de lo que hemos escrito y las correcciones también forman parte del proceso creativo. Volver a leer lo que previamente hemos narrado también es de ayuda para examinar, verificar nuestras ideas, analizar si se encuentran bien plasmadas y si se entiende aquello que queremos comunicar. ¿Escribir es para mí? Es necesario destacar la importancia de la escritura a diario y al trabajo periódico, además de los beneficios que acabamos de mencionar. También nos ayudará a darnos cuenta si escribir es lo que realmente queremos hacer con nuestra vida o a qué tipo de escritura nos queremos dedicar. Sirve redactar todos los días para hacerlo mejor, y para saber si queremos dedicarnos de lleno a eso. Es una cuestión de práctica que necesita ser ejercitada para desarrollarse y perfeccionarse. Es necesario un entrenamiento frecuente y continuo para que se vislumbre una mejora. Si uno lo encuentra tedioso o difícil de hacer y de cumplir con una meta diaria, y que luego de meses no se está disfrutando, es un buen momento para cuestionarnos el rol que ocupa, o que queremos que ocupe, la escritura en nuestra vida. Para algunas personas, puede ayudar a organizarse el día a día y optan por escribir de forma esporádica algún que otro acontecimiento importante, sin embargo, no sienten una conexión tal como para consagrar su vida entera a ello. Y está bien que así no lo sea. Recalco que sigue siendo fundamental hacerlo tan frecuentemente como nos sea posible. Solo así podremos darnos cuenta si es esto lo que realmente anhelamos hacer o si, al realizarlo reiteradamente, nuestra relación con la escritura cambia. Conócete a ti mismo al escribir A lo largo de este artículo, os he querido dar un enfoque sobre lo importante que es construir un hábito para desarrollar vuestra escritura. De hecho, crear un compromiso será útil no solo para ir progresando día tras día, sino que también para que confiéis en vosotros mismos y en vuestra capacidad como escritores. Aunque escribir todos los días trae enormes beneficios, si un día no te sale nada, o no te viene ni una idea a la cabeza, no tienes que frustrarte. Es una situación que nos pasa a todos y es parte de algo más grande que, como vimos, se le denomina proceso creativo. Hay que hacer de la escritura algo nuestro, único y personal, donde cada cual tiene sus tiempos, y parte de realizarlo a diario es ir descubriendo no solo cuál es la mejor manera en la que escribimos, sino también, y aún más importante, cómo nos vamos descubriendo más a nosotros mismos. Con relación a esto, recuerda que todo tipo de escritura es igual de válida y no hay que encerrarse en
Mujer y protagonista de la novela histórica
Estamos en la era de las reivindicaciones, el feminismo, el auge de los derechos de la mujer en igualdad de condiciones al hombre… Pero esto no es nada nuevo. Durante la historia, ha habido multitud de mujeres luchadoras, rebeldes, adelantadas a lo establecido para ellas en su época. Aunque aquí no os voy a hablar de personajes reales, sino de mujeres desempeñando un papel protagonista de novela histórica. Un elenco de intérpretes femeninas con las que se han tejido relatos memorables. Pero antes de hablar de alguna de ellas, veamos qué debe tener un personaje para ser un buen candidato a protagonista de nuestra historia. Y como esto va de mujeres, me vais a permitir que hablemos solo de personajes femeninos. Empecemos. Cualidades para una protagonista de novela memorable. Antes de decidir qué personaje femenino vamos a crear, debemos tener claro el tipo de historia que queremos contar. Es sumamente importante que esta protagonista de novela sea la idónea para llevar a cabo las tareas que le encomendaremos. Necesita tener la capacidad de dirigir nuestra historia a buen puerto. Enamorar a los lectores, lograr que empaticen con ella, lloren sus penas, se alegren de los méritos alcanzados y acaben metidos en su piel. Una mujer protagonista de novela debe tener una personalidad atrayente, siempre enmarcando ese carácter en el tipo de relato que vamos a escribir. Pensemos, por ejemplo, que queremos centrarnos en una novela histórica romántica. Quizá tenemos que dotar a nuestra protagonista de mayor sensibilidad, de una capacidad sobresaliente para amar y ser amada. Debe anteponer los sentimientos por encima de todo, siendo capaz de cualquier cosa para acabar felices y comiendo perdices. Pero ¿y si lo que quiero escribir es una novela histórica policiaca? Entonces, recurriremos a una mujer inteligente, con una desarrollada intuición, capaz de ver lo que otros no ven, para poner al culpable de las fechorías novelescas entre la espada y la pared, salvando a todos de un terrible final. Pienso que ha quedado claro el modo en que debemos plantearnos a nuestra mujer protagonista de novela, antes de crearla. Tenemos multitud de recursos, aunque las preguntas son un método imprescindible para lograrlo. Hagámosle un interrogatorio a esa mujer que queremos forjar: características físicas, emocionales, psíquicas, entorno, familia, educación, sueños, etc… Si queréis, aquí tenéis un artículo genial sobre la creación de personajes usando el eneagrama. Pues, visto lo visto, vayamos al asunto que nos interesa. Ejemplos de protagonistas femeninas en la novela histórica. Hace años, leí Forjada en cobre, de Katia Fox. Este libro narra una proeza imposible para una mujer en el siglo XII: el apasionante mundo de la forja de espadas.Una historia que me encandiló, por la fuerza y el carácter del personaje principal, Ellen. Desde el inicio, nos encontramos con una mujer que posee una extraordinaria habilidad para el arte de la forja y una firme voluntad para aprender un oficio que, en una Edad Media dominada por las más rígidas tradiciones, sabe que le está prohibido. Todo un ejemplo de empoderamiento femenino medieval. Pero su vida está llamada a dar un vuelco cuando descubre las infidelidades de su madre con un caballero del poblado y se ve obligada a huir disfrazada de muchacho. A partir de entonces, esta protagonista de novela se entrega sin descanso a su gran pasión: llegar a ser forjadora de espadas y crear algún día un arma sin igual. Siempre bajo el disfraz de un muchacho, esta mujer descubre el peligroso mundo de los caballeros y los torneos, donde conoce a dos poderosos hombres que, desde ese mismo instante, quedan ligados a su destino: Guillaume el Mariscal, el mítico caballero, de quien se enamora perdidamente, y Thibaullt, un iracundo noble, de cuyo deseo y odio se ve obligada a huir por todo Flandes y Francia. Forjada en cobre nos descubre, en esta protagonista de novela, una mujer singular, heroína en el descubrimiento de oficios tan ajenos a la condición femenina de la época, como las forjas y las justas caballerescas. Y si con este aperitivo no os he abierto el apetito por conocer a esta fabulosa mujer de novela, apaga y vámonos. O, mejor, os doy otro ejemplo más. Amelia, protagonista de Dime quién soy, novela histórica de Julia Navarro. Nos adentramos en las entrañas de la vida de esta mujer, a través de los descubrimientos que va haciendo su biznieto, encajando las piezas del puzle que es el pasado de Amelia. Un pasado lleno de espionajes, intrigas, amores y desamores, donde seguimos los caminos trazados por los cuatro hombres que marcaron su destino. La vemos sufrir, en carne propia, los horrores del nazismo y la cruel dictadura soviética. Nos encontramos ante una protagonista de novela que es una antiheroína. ¿Por qué? Porque por culpa de sus propias contradicciones, cometerá errores terribles, tales como el abandono de su hijo pequeño, de los cuales pagará las consecuencias hasta el final de sus días. Con estos dos ejemplos, queda más que demostrado el juego que una mujer protagonista de novela puede darle a nuestra historia. Por supuesto hay muchos más. Y seguro que vosotros tendréis a vuestra mujer de bandera en mente, pero este artículo debe finalizarse en algún momento y creo que ya he logrado el objetivo que buscaba con él: demostraros que las mujeres tienen la misma fuerza dentro que fuera de la literatura. Conclusiones Para concluir, tan solo puedo rematar este artículo animándoos a que cuando os estéis planteando quién va a llevar las riendas de vuestra novela, ampliéis el gusto por darle a ellas un papel protagonista. Un rol más amable que el que la historia en sí les ha adjudicado a muchas mujeres, como el de simples brujas y, lograr así, tener mujeres de capa y espada derribando prejuicios y estereotipos. Y con esto me despido hasta el próximo artículo. ¡Gracias por leerme!
Cómo utilizar los puntos suspensivos
¡Saludos, pecadores ortográficos! Qué importante es el número tres, ¿verdad? Tres eran los mosqueteros más famosos, tres eran también las mellizas que acompañaron la infancia de toda una generación, y el cuento no sería lo mismo si lo protagonizaran dos o cuatro cerditos en lugar de tres. También está presente en otras cosillas de menor calado, como dando nombre a la regla de tres, enumerando las leyes de Newton o identificando al litio, pero a nadie le importa estas movidas. ¿Que por qué hablo ahora de un número? Porque tres son también los puntos que forman ese signo conocido como “puntos suspensivos”. Que quede muy claro: son tres, no dos o cuatro, como se ve muchas veces por ahí. Eso sí, hay un par de excepciones que aprenderemos un poco más abajo. Abordemos juntos, sin más dilación, este nuevo y arduo acto de penitencia que se nos impone para la salvación de nuestras atribuladas almas pecadoras: aprender cómo utilizar los puntos suspensivos, el signo de puntuación más enigmático. Así, junto al artículo del mes pasado, ya le damos un buen repaso a los principales signos de puntuación. ¿Que cuáles van a ser las referencias que voy a tomar para escribir este artículo? Pues como siempre en estos casos: la Ortografía de la Lengua Española (OLE) y el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) de la RAE. CÓMO UTILIZAR LOS PUNTOS SUSPENSIVOS. GENERALIDADES Los puntos suspensivos (…) se escriben pegados a la palabra o signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o signo siguiente. Si cierran el enunciado, actúan como sustitutos del punto, y la palabra siguiente comenzará en mayúscula: Si fuera posible… En fin, de nada vale soñar. Pero si el enunciado continúa tras los puntos suspensivos, la palabra siguiente irá con minúscula inicial: Estaba planteándome que… aceptaré la oferta. Creo que estaré a la altura. CÓMO EMPLEARLOS PARA SEÑALAR PAUSAS O INTERRUMPIR ENUNCIADOS Si queréis indicar una pausa puntual para expresar duda, temor o indecisión, o bien para mantener la expectación del lector, utilizad los puntos suspensivos: No sé si llevar el chubasquero o no… Espero que no llueva. Ha llegado la carta… Ojalá hayan aceptado. Quería saber si… bueno…, no sé cómo decirlo… ¿te apetece ir al cine conmigo? ¡Ay! Si ella supiera lo que pienso… Pero también podéis utilizarlo siempre que queráis dejar un enunciado incompleto por cualquier otro motivo: Es una historia muy larga… Ya te la contaré en otro momento. CÓMO UTILIZAR LOS PUNTOS SUSPENSIVOS PARA NO TENER QUE ESCRIBIR TODO UN TEXTO Los puntos suspensivos son un gran recurso para los que sufrimos de pereza crónica. Nos permiten interrumpir la escritura de enunciados cuando su final se sobreentiende o creemos que ya es conocido por el interlocutor. Este recurso también se utiliza mucho para no tener que escribir por completo un refrán o algún trocito de un texto literario muy conocido: Ya sabes, hay que registrar la factura, hacer informe… En fin, lo de siempre. A quien madruga…, así que pon la alarma bien temprano. Mi poema favorito es de Lorca: “Verde que te quiero verde…”. Y ya que nos vamos a la literatura, podemos también utilizar los puntos suspensivos para no tener que volver a escribir completo un título largo de una obra cuando ya lo hemos mencionado con anterioridad: Estoy leyendo La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, de García Márquez. Cada página de La increíble y triste historia… es mejor que el anterior. Por cierto, también tenemos un artículo sobre cómo escribir los títulos literarios y de otras obras de creación. CÓMO UTILIZAR LOS PUNTOS SUSPENSIVOS PARA NO PARECER UN MALEDUCADO (O SER MENOS CAFRE) Si eres una persona educada en los buenos modales, pero no siempre puedes reprimir un precioso cabreo, puedes utilizar los puntos suspensivos para insinuar palabrotas o expresiones malsonantes, a modo de pitido televisivo: ¡Por mí puedes ir a tomar por c…, grandísimo hijo de…! LOS PUNTOS SUSPENSIVOS PARA DAR ÉNFASIS O EXPRESIVIDAD A TUS TEXTOS En este caso, los puntos suspensivos no interrumpen el texto, sino que indican que hay que alargarlo durante la entonación y así darle mayor fuerza. Pongo el ejemplo típico: Ser… o no ser… Esa es la cuestión. PUNTOS SUSPENSIVOS Y ENUMERACIONES Podemos utilizar los puntos para poner fin a enumeraciones incompletas o elegir la palabra etcétera o su abreviatura (etc.). No se deben utilizar conjuntamente ambos recursos. Así que el siguiente ejemplo sería incorrecto: Compré lápices, rotuladores, gomas…, etc. (o etcétera) Os dejo a continuación las tres opciones correctas. Primera (…): Compré lápices, rotuladores, gomas… Segunda (etcétera): Compré lápices, rotuladores, gomas, etcétera. Tercera (etc): Compré lápices, rotuladores, gomas, etc. CÓMO UTILIZAR LOS PUNTOS SUSPENSIVOS PARA SUPRIMIR ALGUNA PALABRA O FRAGMENTO EN UNA CITA TEXTUAL Si iniciamos una cita textual con puntos suspensivos, estamos indicando que no la transcribimos desde su comienzo. Los puntos suspensivos irán justo después de las comillas, sin ningún espacio que separe ambos signos: Entonces, Michael le dice a su futura esposa: “…Luca Brasi le apuntó a la cabeza con un arma y mi padre le aseguró que sus sesos o su firma estarían en el contrato”. Siempre me gustó esa escena. Igualmente, podemos utilizar los puntos suspensivos para indicar que dejamos la cita incompleta al final. Igual que en el caso anterior, puntos y comillas irán pegados, sin espacio entre ellos: Entonces, Michael le dice a su futura esposa: “…Luca Brasi le apuntó a la cabeza con un arma y mi padre le aseguró que sus sesos o su firma estarían en el contrato…”. Siempre me gustó esa escena. Y también se pueden utilizar para indicar que se han suprimido palabras o fragmentos en medio de la cita. En este caso deberán ir entre corchetes […], la opción preferida por la RAE, o bien entre paréntesis (…): Entonces, Michael le dice a su futura esposa: “Mi padre le hizo una oferta que no pudo rechazar […]. Sus sesos o su firma estarían en el contrato”.