Desenlace de novela histórica para un final digno

por | Jun 16, 2021 | Consejos para escritores, Novela histórica

¿Crees que ha llegado el momento de ponerle punto final a tu novela, pero no ves la manera de despedirte de la historia y sus personajes? Por raro que parezca, esto no es nada extraño. En ocasiones, nos encariñamos tanto de nuestros protagonistas que no queremos separarnos de ellos. Forman parte de nuestro día a día; cuando escribimos, mientras pensamos en sus vidas ficticias, en las tramas en las que los vamos a enredar… Son mil y uno los motivos por los que un escritor puede divagar entre las páginas de su propia novela y no saber en qué momento acabar. Para ayudaros con eso, vamos a hablar de la importancia de un buen desenlace de novela. Dicho esto, metámonos en harina.

¿Qué es el desenlace?

El desenlace es ese momento justo después del clímax en el que el conflicto de nuestra trama llega a su resolución. Esa escena final en la que todo parece encajar para cerrar una historia bien urdida. El recurso con el que atamos perfectamente todos los cabos para que nuestro protagonista prospere (o no. Eso dependerá del tipo de final que queramos darle). El desenlace, además, es el momento “guinda del pastel”, donde somos conscientes de la evolución que ha hecho nuestro personaje, de cómo ha crecido emocionalmente a lo largo de la historia.

Pero ¿cuánto debe durar dicha parte? Pensemos que, una vez alcanzado el clímax y resuelto el conflicto, no nos quedan argumentos interesantes para mantener al lector enganchado, por eso el desenlace debe ser breve. Aunque depende, eso sí, de la extensión del libro. No será igual para una novela de doscientas páginas como para una de novecientas. En el caso de la novela histórica, quizá podamos extendernos un poco más con el desenlace, pues todos sabemos que suelen ser volúmenes que podrían usarse como arma arrojadiza en defensa propia. Pero siempre en proporción, no olvidemos eso.

¿Y si no veo el momento de acabar?

Si no sabes cuándo o cómo acabar la historia… Houston, tenemos un problema. Aquí podemos hablar de una falta importante de planificación. Pensemos que, para tener un final épico, un desenlace de la novela histórica de suspiro contenido y ojos vidriosos en el lector, necesitamos haber planificado muy bien y de antemano por qué caminos va a rodar nuestra historia. Como un arco, la trama irá ascendiendo en intensidad mientras avanzamos para llegar a un momento álgido, el clímax, y, a partir de ahí, descender en caída libre (bueno, no tan libre, con paracaídas más bien).

Si eso no sucede, si ese no es el esbozo de nuestra obra, y en vez de un arco argumental nos encontramos delante de una montaña rusa con loopings varios. Nunca sabes si estás cayendo para finalizar o para volver a ascender, desquiciaremos al lector y este dará carpetazo a nuestro libro. Por eso, lo más importante para lograr un buen desenlace de la novela es (redoble de tambor): PLANIFICAR. Así, en mayúsculas, para que quede bien claro, evitando los siete pecados capitales de la planificación.

«Pero es que lo mío son las sagas», dirá alguien. Vale, esto se merece un punto y aparte.

Desenlace de novela histórica: las sagas

En primer lugar, si eres de los que tienen en mente una saga en plan “Los hijos de la tierra”, enhorabuena: tu cabeza es un pozo sin fondo de imaginación, y eso es un lujo para un escritor. Pero, ojo, una cosa es tener en mente escribir una serie de libros, llamémosle saga, trilogía o la extensión que veamos oportuna, y otra muy distinta el desenlace que cada uno de esos libros debe tener.

En una obra de varios volúmenes, cada uno contiene una trama principal que debe quedar cerrada con el respectivo desenlace de la novela. En las últimas páginas, haciendo uso del epílogo, podemos abrir una ventana al siguiente libro para poner la miel en los labios del lector, si queremos dejarle claro que esto no acaba aquí. Pero no usaremos el conflicto de una novela para seguirlo en otra porque, entre otras cosas, decepcionaríamos al lector, y ningún escritor quiere eso.

¿Y si mi novela se basa en un suceso real y las consecuencias de dicho acontecimiento no tienen un final inmediato en la historia? Tampoco es una excusa. No es necesario que nuestra novela siga el mismo camino que la historia real. «Pero es que yo quiero que sea tal cual pasó», podríais decir. Vale, pues, en ese caso, podemos forjar una trama alrededor de ese suceso histórico, con un buen conflicto para el protagonista que sí tenga resolución. Así tendremos el desenlace de la novela y, si queremos seguir la saga con ese acontecimiento real, podremos retomarlo en el siguiente libro, pero con otro conflicto nuevo a resolver.

Si otros pueden, tú también

Tenemos el ejemplo de escritores que ya han hecho eso. Pongamos por caso a Ken Follet y “La Trilogía del Siglo”. A través de sus tres volúmenes, este autor desarrolla acontecimientos que cambiaron el rumbo y la vida de miles de personas en el siglo XX. Para ello, en el primer libro, “La caída de los gigantes”, urde las historias de cinco familias que pasarán por la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y la lucha por los derechos de hombres y mujeres. En ese volumen, el desenlace de la novela cierra las tramas de los protagonistas de esta obra.

Entonces, ¿cómo hace para hilar ese primer libro con el segundo? Recurriendo a la reproducción humana, simple y llanamente. En el segundo libro, “El invierno del mundo”, retoma a esas familias. Pero ahora serán los hijos de los anteriores protagonistas los que cojan el relevo para, con sus vicisitudes, mostrarnos otra parte importante de la historia de ese siglo: la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial. Como era de esperar en esta segunda entrega, el desenlace de la novela lo deja todo atado y bien cerrado.

Y ¿de qué manera anexiona ahora el tercer y último libro al resto? Exacto, justo lo que estáis pensando. En “El Umbral de la eternidad”, vuelve a tirar de estirpe otra vez. En esta ocasión, con los nietos de los primeros protagonistas, metiéndolos de pleno en la Guerra Fría, el levantamiento del muro de Berlín o la guerra de Vietnam. Y aquí, además del desenlace de la novela, sí que concluyen también los momentos históricos del siglo que da nombre a esta saga familiar.

Como vemos, se puede escribir una serie de libros basados en acontecimientos históricos reales, pero sin dejar nunca el desenlace de la novela hasta el final del último volumen.

Conclusiones

Un libro, como hemos visto, debe tener el desenlace por el que todo lector permanece atento a cada página y a cada renglón. Un final de traca. El fin de fiesta que todos imaginamos como memorable. Para que los lectores, al cerrar nuestra novela, lo hagan con la satisfacción de haber concluido la historia, sellado las tramas y disfrutado, a la espera de más. Como espero yo que os hayáis quedado con este artículo: siempre con ganas de más.

Hasta el mes que viene, y ¡gracias por leerme!

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