La sociedad espartana, conocida por sus proezas bélicas, se inspiraba a dioses y más específicamente a Heracles. Eran “Hijos de Heracles”.
Híspalis: la antigua Sevilla de Hispania
Os hablo de Híspalis, la antigua Sevilla de Hispania, la península ibérica cuando estaba en el poder de los romanos. Tal y como en mi novela “Muerte y cenizas”.
El monasterio de San Jerónimo en “El trono de barro”
En mi novela “El Trono de Barro” los personajes se mueven y viven en lugares que aún existen en la estructura arquitectónica de Granada. Un ejemplo es el increíble monasterio de San Jerónimo, ¿cuál es la historia detrás de este antiguo convento?
La ambientación en la novela histórica. ¿Es tan importante?
La ambientación en la novela histórica es parte fundamental a la hora de trasladar a tus lectores a un mundo distinto, muy alejado del que conocemos. Es importante que lo consigas si deseas sumergir al lector en el escenario en el que se mueven tus personajes. Pero no es fácil lograrlo. Estos consejos te ayudarán a conseguirlo.
La sociedad espartana en “Hijos de Heracles”
Mi novela “Hijos de Heracles” está contextualizada en la antigua Esparta por esto quiero compartir con vosotros los intrigantes elementos que han hecho de este pueblo una sociedad bélica única en la historia.
El origen del agogé
Los espartanos han sido famosos por poseer, gracias a la agogé y su actitud, uno de los ejércitos más fuertes y poderosos de toda la historia. A través de un duro entrenamiento, lograron conquistar enormes territorios, a pesar de que, muchas veces, han sido menor en número. De hecho, se cree que nada más que trescientos soldados pertenecían al grupo de guerreros de élite. Pero su organización y forma de combate lograron controlar gran parte de la península del Peloponeso. La antigua Esparta de la que se habla en mi libro, “Hijos de Heracles”, se contextualiza hace más de 3000 años, aproximadamente. Lamentablemente, de este periodo en la historia no se dispone mucha información. Lo que sí se conoce, con alguna certeza mayor, fue el entrenamiento militar de los espartanos y su exigente régimen al que eran sometidos desde niños. Este recibe el nombre de agogé, un sistema de educación riguroso para todos los ciudadanos hombres que se aplicaba desde una edad temprana. Un tema apasionante que nos permite conocer un poco más la sociedad espartana. La agogé: criados para luchar Con tan solo 7 años, los niños nacidos en Esparta, en buenas condiciones de salud, eran apartados de su familia para comenzar con el régimen de instrucción militar, llamado la agogé. La misma consistió en forjar guerreros valientes y fornidos. Lo más importante era cultivar lealtad desde que eran pequeños por medio de un durísimo entrenamiento militar. El Estado se hacía con el control total de la vida de sus guerreros, que tenían que ser fuertes y servir a su patria en las futuras batallas contra los mesenios. Eran entrenados en la lucha cuerpo a cuerpo y estaban sujetos a distintos ejercicios para ello. La agogé se dividía en 3 categorías principales: Los niños de 7 a 14 años. Los adolescentes, de 15 a 19. Los jóvenes adultos, en un rango etario de 20 a 29 años, hasta que a la edad de 30 años serían considerados verdaderos soldados. Frío, hambre y castigos en la agogé Apenas vestían una túnica finísima de hilo, soportando muy bajas temperaturas por la noche. También carecían de calzado alguno, para entrenar los pies y que estos pudieran adaptarse a todo tipo de terreno. La idea era que, a través de los cortes y la helada, los pies de los niños desarrollaran callos para hacerlos más resistentes. Era costumbre que tuvieran una alta tolerancia al dolor y que supieran cazar y robar. Sumado a todo esto, les daban poca comida y los guerreros adultos buscaban que los niños salieran a robar y a proveerse ellos mismos de sus propios alimentos. Así entrenaban a su cuerpo y a su estómago a sobrevivir con lo justo. El robo era algo bien visto, siempre y cuando no fueran descubiertos. De esta manera, aprenderían a ser sigilosos por la noche y estarían preparados para un ataque sorpresa. Sin embargo, si eran descubiertos, se les aplicaría un castigo marcado por fuertes azotes. Descendiente de los dioses En mi novela, “Hijos de Heracles”, os cuento parte de la historia de Teopompo y Anaxándridas, el rey de la dinastía Euripontida y su hijo sucesor. Esta dinastía es una de las que gobernó Esparta, activa entre los años 720 y 675 a.C. Heracles fue el más célebre de los héroes griegos y se consideraba que los espartanos descendían de él. Al ser hijo de Zeus y Alcmena, una reina mortal, era considerado un semidiós. Dueño de una fuerza inigualable, era de suma importancia que los espartanos hicieran honor a él y demostraran a sus enemigos que verdaderamente llevaban la sangre del Olimpo. Anaxándridas, el protagonista de la novela, de pequeño se preguntaba por qué su padre era tan frío y duro con él. Jamás lo había visto esbozar una sonrisa, y ninguno de sus esfuerzos de cuando era niño parecían satisfacerlo. En un momento, durante su infancia, con apenas 4 años de edad, el pequeño Anaxándridas le demostró a su padre que sabía empuñar la espada y pelear. No obstante, Teopompo solo lo reprendió y le corrigió la postura. El pequeño sabía que iba a tener que esforzarse muchísimo para hacer que su padre se sintiera orgulloso de él, y por eso, cuando los soldados vinieron en su búsqueda, a la edad de 7 años, más que temor, sintió una gran alegría: por fin iba a poder entrenarse adecuadamente y servir a su patria y al honor de su familia. Sensación que todo niño espartano debía de sentir en esas circunstancias, pero aún más si se era el sucesor de la corona espartana. Morir con honor Para convertirse en mejores guerreros, era fundamental que desarrollaran la impiedad en la agogé y que, de cierta forma, pudieran olvidar sus sentimientos y ser máquinas para matar, no importaba a quién. Llorar y demostrar emociones estaba prohibido. Se decía que eran hombres de pocas palabras, pero de mucha acción. Un dato que demuestra lo despiadados que eran los espartanos era el hecho de que a los bebés varones, apenas nacían, los inspeccionaban. Se evaluaban sus músculos, altura, peso y su estructura ósea. Así determinaban quiénes serían buenos soldados. Los que no eran aptos por ser débiles, poseer alguna deformidad o retraso madurativo, eran arrojados desde el monte Taigeto. Debían rendir honor a su pasado glorioso, ya que creían que descendían de los mismos dioses. Por ello era inaceptable que un hombre no tuviera capacidades para pelear. Por esta razón, desde bebés, eran separados de sus madres para evaluar si podrían ser fuertes guerreros. Los soldados poseían una enorme determinación para morir. Era preferible eso a perder el honor y, con tal de lograr su objetivo estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por Esparta: era la victoria o la muerte. Era preferible morir a vivir como un cobarde. Los soldados debían ser sanguinarios y salvajes para derrotar a los mesenios. Especialmente, Anaxándridas debía mostrar un gran valor y así evidenciar que era digno de ser el próximo rey espartano. Comprendiendo el contexto Las guerras de
Diferencias entre novela histórica y novela de aventuras
No siempre es fácil distinguir entre estos dos géneros de novela. ¿Qué diferencia una novela histórica de una de aventuras? Os lo cuento en este artículo.
Descubriendo la novela histórica
La novela histórica es un subgénero narrativo que constituye una fusión entre historia y literatura. Tiene como fin revivir el pasado, pero siendo fiel a los hechos históricos reales que ocurrieron. Por ello, busca ser un complemento de la historia en general. Tuvo sus orígenes durante el Romanticismo del siglo XIX, y continuó perfeccionándose en los siglos XX y XXI de forma exitosa. Utiliza un argumento de ficción, al igual que en las novelas, pero esta se encuentra situada en un momento histórico específico, los hechos suelen ser verídicos y se desarrollan a lo largo del argumento. Hay presencia de datos históricos que pueden ser explayados en profundidad o ser simplemente mencionados para dar contexto y datos de color a la historia. Habitualmente, el, o la, protagonista es un personaje real, pero los hay también ficticios. Se podría decir que se trata de un híbrido entre la historia y la ficción, que propone un problema en particular: no es estrictamente historia documentada como tal, pero tampoco es una novela pura, con la narrativa que la caracteriza. Veamos sus principales características y recursos literarios. Principales características Hoy en día, la novela histórica es un género que ha cultivado una gran notoriedad, y existen distintos tipos y variantes del mismo. Como rasgo común, siempre se sitúa en un periodo de tiempo identificable dentro de una determinada época. Contempla una representación realista del pasado, combinada con recursos literarios de ficción y narrativos propios de la novela. Asimismo, pueden incluirse otros recursos, como el anacronismo, omisiones e hipérboles para lograr una consciente distorsión de la historia. El anacronismo se refiere a una descontextualización de algo por estar fuera de su época. Es una situación de incongruencia que no condice con el periodo histórico en el cual se desarrolla la historia. El anacronismo histórico se refiere a un hecho que es colocado en un momento incorrecto, que no corresponde a tal. La hipérbole es una figura literaria que consiste en aumentar o disminuir, de manera excesiva, el aspecto o propiedad de una cosa, un hecho o lo que sea de lo que se esté hablando. Busca exagerar lo verídico, con el objeto de hacer énfasis en él, para que se vea más interesante para el lector. Se espera que este sea capaz de reconocer cuándo este recurso está siendo utilizado, ya que no deben tomarse las palabras en un sentido literal, sino figurado. Tipos de novela histórica La novela histórica puede dividirse en dos grandes ramas: la Ilusionista y la Anti-ilusionista. El primer tipo de novela, como su nombre indica, procura crear una ilusión en el lector al otorgar legitimidad y autenticidad a los sucesos descritos. Para lograrlo, utiliza material biográfico y datos verificables con pruebas para que el lector pueda reafirmarlo. Durante los pasajes del libro, el autor hace uso de estos recursos, que sirven como evidencia para apoyar la narración. El objetivo es crear en el lector una sensación de certeza y legitimidad. Además, emplea descripciones detalladas de los personajes y de los lugares en donde transcurre la historia, entre otros elementos. El final suele ser cerrado, o sea, que las vicisitudes de los protagonistas hallan una solución de manera lógica y coherente El segundo tipo de novela se distingue de la anterior en que los hechos reales presentan lagunas o sesgos, dado que cada historiador tiene su versión de ciertos eventos aislados y se reinterpretan de diferentes maneras. Por este motivo, la tarea del escritor es inventar una línea argumental para crear un puente entre dichos sucesos, aunque sean puramente ficticios. Establece una relación entre la historia y la ficción, y los finales son abiertos e inconclusos, en donde los protagonistas no siempre logran resolver los problemas. El éxito de la novela histórica Es importante destacar que este género persiste por el gran público que ha cultivado a través de los años. El novelista Milan Kundera apunta a que este subgénero “no examina la realidad, sino la existencia”. Con esto se refiere no a lo que ha ocurrido, sino a miles de opciones humanas imaginarias que podrían haber ocurrido, al infinito de esas posibilidades que empiezan desde un pasado real. Frecuentemente, la novela histórica no ha sido bienvenida. De hecho, ha sido despreciada por las elites intelectuales, ya que no es considerada un género por sí mismo, sino un híbrido entre ambos, que no termina siendo ni una cosa ni la otra. Sin embargo, desde la época del Romanticismo goza de bastante éxito. La alta cantidad de ventas indican que se ha consolidado y ha mantenido un fiel grupo de seguidores, que cada día crece más. Existe una proliferación de nuevos autores, libros y sagas. Acorde con la escritora Ana Liarás, la novela histórica resulta atractiva para el público porque es capaz de fomentar en el lector el aprendizaje de la historia, acompañada de una buena trama. A su vez, destaca a los autores que logran “humanizar” a ciertos personajes y héroes, sacándolos del encuadre histórico, lo cual nos permite apreciarlos como una persona común. Los elementos imprescindibles Se puede afirmar que la novela histórica ha generado una gran popularidad alrededor de lectores de todo el mundo. Es una manera de aprender sobre historia, pero de forma más entretenida y dinámica. Al tratarse de una novela, debe tener ciertos elementos, como diálogos, acción y situaciones que pertenezcan a la ficción. Por más que los protagonistas deban ser personajes históricos reales o héroes, es recomendable que se incorporen personajes secundarios ficticios que hagan la narración más divertida. Es primordial que la novela tenga, en su esencia, una trama histórica y no de otro género literario. Esto no significa que no puedan añadirse elementos policíacos, románticos, de terror, mitología o ciencia ficción. Debe limitarse a utilizarlos en la medida justa, o se convertirá en una novela de alguno de estos géneros, dejando de ser novela histórica. La novela histórica es una expresión de la imaginación del autor y, a diferencia de los historiadores, puede darse el lujo de escapar al compromiso de objetividad y
El villano en la novela histórica, cómo construirlo con garantías
Después de escuchar una charla muy interesante de dos grandes escritores sobre el tema de los villanos en la literatura, me entró el gusanillo por descubrir qué pautas seguir para crear a estas malvadas criaturas. ¿Cómo forjar un excelente villano en la novela histórica? ¿Qué rasgos debe tener semejante personaje para que sea memorable? ¿Qué características tiene el villano en la novela histórica? Ha llegado el momento de ser malos, muy malos. Cómo crear el villano en la novela histórica En primer lugar, deciros que, si el trabajo de creación que llevamos a cabo para dar forma a los personajes protagonistas es exhaustivo, con los antagonistas no podemos bajar el listón. Para que tengamos en nuestras manos a un buen villano en la novela histórica, hay varios factores a tener en cuenta: La motivación del personaje. Nuestro villano necesita un motivo. No puede ser malvado porque sí. Tiene que haber una historia detrás. Debemos tejerle un pasado que desencadene su transición al lado oscuro. O bien, recurrir a la ciencia para explicar esa maldad congénita que le lleva a ser cómo es. Sea cual fuere, necesitamos un buen estímulo para que nuestro antagonista sea más malo que el hambre. Porque los motivos son importantes, siempre. El otro lado del espejo Una vez tenemos clara la motivación de este pérfido personaje, nos encontramos con otra tarea importante a cumplir: colocarlo frente a frente con el protagonista. Uno a cada lado del espejo. El villano en la novela histórica debe ser el reflejo opuesto al héroe. De sus motivos e inclinaciones. De los deseos y virtudes. La cara b del otro. Un “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Esa tendría ser la premisa entre ambos. Es muy importante este reflejo contrapuesto, pues hará que el lector vea claramente el potencial de ese villano al compararlo con nuestro querido y maravilloso protagonista. El objetivo final y el villano en la novela histórica Aquí tenemos, por contrapartida, el efecto inverso al anterior. Ahora el protagonista y el villano no van en direcciones opuestas, sino que ambos tienen la misma meta. Los dos luchan por llegar a ese objetivo. Cada uno con una finalidad distinta, evidentemente. Pero el camino a recorrer debe ser el mismo. La lucha entre ambos, por llegar primero a ese destino final, es la que mantendrá en vilo al lector. Esta tensión debe ser un verdadero obstáculo para el héroe. El lector tiene que llegar al punto de sufrir en sus carnes por ese tira y afloja, por no saber cuál de los dos saldrá victorioso. Que acabe detestando al villano en la novela histórica por querer arrebatarle, una y otra vez, la gloria al protagonista. Mentalidad opuesta Decíamos que el villano en la novela histórica debe perseguir la misma meta que el héroe, pero eso no quiere decir que la motivación para ello sea la misma. Al contrario, es importante que las creencias, ideologías y mentalidad del antagonista, sean radicalmente opuestas a las del protagonista. Luchan por el mismo fin, sí, pero cada uno por un motivo bien distinto. Por poner un ejemplo: En nuestra novela histórica ambos, protagonista y villano, atraviesan mares y avatares por llegar a la isla de Sicilia. Los dos quieren ser los primeros en arribar. Luchan encarnizadamente en el mar por lograr ese objetivo. ¿La diferencia? El protagonista quiere pisar tierra para ayudar al rey a defender ese pequeño vestigio de su reinado. El villano, por el contrario, desea caer sobre la isla para invadirla, matar al rey y autoproclamarse monarca por la gracia de Dios. Es un ejemplo breve, pero suficiente, para mostraros la idea de que la motivación o deseo del villano en la novela histórica, debe ser tan diferente del protagonista como lo es la noche del día. Aunque para ello, como hemos visto, recorran el mismo mar. Creando el villano memorable en la novela histórica Ahora veamos otra opción. El villano memorable. Este no es un personaje malvado. Ni es repulsivo ni descarnado. No quiere hacer daño, sin más. Hace lo que hace porque tiene un motivo memorable. Pensemos en un villano en la novela histórica que va en contra de los deseos del protagonista, pero por defender una causa que cree justa. Logrando incluso que simpaticemos con esa motivación tanto como con la del héroe. ¿Os imagináis semejante dilema? Poner el lector en la encrucijada de empatizar con el villano en prejuicio del protagonista. Que en el fondo no quiera que ninguno de los dos pierda, aunque sea imposible. Creo que lograr eso es magia. O trabajo duro. Aquí tenéis un artículo con muy buenos consejos para ello. Si aspiramos a tener a un villano memorable en nuestras filas, debemos trabajar muy bien a ese personaje. Los escritores podemos caer en la tentación de dedicarle mucho esfuerzo y recursos a la creación del protagonista, dejando al antagonista un tanto huérfano de historia. Por eso, dediquémosle tiempo y trabajo a nuestro villano en la novela histórica. Metámonos en su piel y motivaciones. Pintemos rasgos creíbles en esa personalidad que debe traer de cabeza al protagonista. Pero en el caso de la novela histórica tenemos un añadido: Los personajes históricos reales. Villanos de la historia En novela histórica es frecuente, además de trabajar en una época pasada y una ambientación creíble, recurrir a personajes históricos que existieron en realidad. Un sujeto de carne y hueso que, dependiendo del cristal con el que se mire o de la versión de los hechos que queramos contar, puede ser héroe o villano en la novela histórica. En este punto en especial debemos tener mucho cuidado. Si vamos a tomar de la mano a un personaje real y convertirlo en villano, es preciso hacerlo con tino. Tener claro desde qué perspectiva vamos a presentar la historia y saber cómo haremos del héroe popular un villano para nuestro relato. Difícil, sí. Un reto, también. En dos palabras, trabajo duro. Y es que de eso va esto de escribir, queridos míos. Hay que
Al-Mutadid, el rey abasí de la “La predicción del astrólogo”
Quiero compartir con vosotros el contexto y la historia de uno de los protagonistas más interesantes de mi novela “La predicción del astrólogo”: el rey abasí Al-Mutadid. Esta obra se desarrolla en una época y una atmósfera intrigantes que llenan cada página de hechos interesantes, personajes misteriosos y paisajes fascinantes. Contextualizada en el sur de España durante el siglo X, se enmarca principalmente en las provincias de Sevilla, Córdoba, Málaga y Granada, o, más bien, el antiguo territorio del Al-Ándalus y la Corte de Sevilla con todos sus referentes. Se trata de tiempos tumultuosos, ya que justo en esa época se produce la caída del califato de Córdoba. La región queda dividida en pequeños reinos, las Taifas, que combaten entre ellos para obtener el control total. Al fin, quien sale victorioso y toma posesión del trono de Sevilla es el mismísimo protagonista de la novela. No os voy a hacer ningún espóiler sobre la novela, tranquilos. Pero sí quiero contaros algún detalle más sobre el sugestivo contexto histórico que caracteriza esta obra y su maravilloso protagonista. Mi deseo es que cada palabra de mi obra os traslade directamente a las Taifas y que este artículo os guíe aún más hacia esta época lejana, pero increíblemente fascinante. La historia alrededor de “La predicción del astrólogo” Al-Ándalus es el nombre que utilizaron los musulmanes a lo largo de la Edad Media para referirse a gran parte del territorio que hoy conocemos como la Península Ibérica. Durante este periodo, comprendido entre los años 1040 y 1058, Sevilla llega a ser uno de los reinos más importantes de la región. En aquella época, el rey Al-Mutadid poseía un gran ejército altamente calificado y entrenado. Fue capaz de conquistar lo que actualmente corresponde a Murcia hasta la zona del litoral portugués. De hecho, gran parte de su biografía se desarrolla por la ciudad de Silves, hoy en día parte de Portugal. Una vez conquistada esta enorme porción de tierra, y tras grandes celebraciones de victoria, el rey decide consultar con sus ministros y consejeros cuál debería ser el próximo paso. Pero, además para tomar la mejor decisión, consulta también a su astrólogo personal, Hasan, quien era miembro de la corte de Sevilla. Sin embargo, este le manifiesta una predicción que no será de su agrado y vaticina que los hombres que vienen de lejos, más precisamente del sur, van a destruir todo lo que ha logrado en Sevilla con su ejército. El astrólogo hace referencia a los berberiscos. Como veréis en “La predicción del astrólogo”, los musulmanes no fueron los únicos en entrar en Hispania años antes, sino que también había otras tribus que conformaban la región con deseos de conquista. La concepción astrológica del pueblo árabe La inclusión de un astrólogo en la novela no es casualidad. De hecho, toda la historia gira en torno a la predicción de Hasan, el astrólogo de la corte sevillana. De aquí viene el título “La predicción del astrólogo”, como podréis imaginar. A partir del siglo X, se ha ido desarrollando la astrología en la península ibérica, más específicamente durante la denominada Edad de Oro del Islam, comprendida entre el siglo VIII al siglo XVI. La mayor parte de la recopilación de la información se encuentra escrita en árabe. Todos aquellos descubrimientos fueron realizados en distintos sultanatos, principalmente en Oriente Medio, Asia Central, Al-Ándalus y en el norte de África. Bajo esta perspectiva, los creyentes de esta disciplina y los adivinos, o personas que podían realizar predicciones, afirman que la personalidad de la gente está determinada por las estrellas, y que, tanto las acciones futuras como todos los eventos que formen parte de su vida, están escritos en estas. Para los astrólogos, los cuerpos celestes (los astros) tienen su correspondencia más abajo, es decir, en la tierra. Enuncian que si conocen lo que el futuro les tiene reservado para el mañana, pueden prepararse con anticipación con el objetivo de evitar lo maligno y asegurar lo benévolo. ¿Quién fue Al Mutadid? Ahora entra en escena nuestro esperado protagonista: Al-Mutadid. El rey pertenecía al linaje de los Attaf, quienes arribaron a la península ibérica a mediados del siglo VIII. Sus descendientes se asentaron en Sevilla, junto al río Guadalquivir. Durante su reinado, se denominaron Taifas a los pequeños reinos que se conformaron tras la división del Califato de Córdoba. Bajo la administración política de los abasíes, se pudieron unir los distintos componentes andaluces. Desde dicha caída, se opusieron fuertemente al poder bereber, que en ese momento era perpetrado por los hamudíes en Málaga. Los hamudíes eran originarios de Marruecos y se instalaron en Al-Ándalus a finales del siglo X. En los últimos años de su vida, intentó continuar con la expansión de su reino. Se vio expuesto a varias guerras, como, por ejemplo, contra la provincia de Granada y los hamudíes que se habían asentado allí años antes. Sin embargo, al pertenecer a otra etnia y cultura diferentes, no se sentían parte del pueblo árabe-musulmán. Ante semejante poder, y al contar con una fuerza militar robusta, los pueblos de Granada, Málaga y Carmona decidieron formar una coalición y hacerle frente a Sevilla para derrocarlo. Veréis como esta misma coalición cumplirá el fin con la predicción del astrólogo. Veracidad histórica de “La predicción del astrólogo” A lo largo de “La predicción del astrólogo”, se puede apreciar el conocimiento recopilado sobre una época muy desconocida de Sevilla en la historia de la península. Por supuesto que es imposible saber todos los detalles de la vida de ciertos personajes, especialmente los que no tuvieron mucho peso en términos históricos. Algunos de ellos han sido creados para los fines de la historia. En un artículo anterior, he mencionado los recursos de la novela histórica, y uno de ellos es crear una suerte de “relleno” para aquellos momentos en los que los eventos del contexto no quedan grabados de forma lineal en la historia. No obstante, creo firmemente que esta fabulación en la historia de un personaje real es uno de los elementos que más