Si aún no eres un apasionado de novelas históricas, no te preocupes, te voy a decir cinco razones por las que te va a encantar este género.
La historia de amor entre Ibn Zaydun y la princesa Wallada
Ibn Zaydun y Wallada son ambos personajes de mi novela histórica, “La predicción del astrólogo”, os cuento su apasionante historia de amor.
¿Quiénes fueron los homoioi?
Los homoioi fueron una parte fundamental de la organización social de Esparta, pero no era nada fácil ser uno de ellos. Aunque ser homoioi traía consigo muchos beneficios y derechos también requería sacrificio completo.
Epicaris, la esclava que intentó matar a Nerón
Epicaris, fue una liberta que formó parte de la Conjura de Pisón, pero después empezó un plan por su cuenta. ¡Os cuento su historia!
Los reinos taifas de Al-Andalus
Mi novela, “La predicción del astrólogo”, se desarrolla en el contexto de los reinos Taifas de Al-Andalus. ¿Cuáles fueron y cómo se formaron? Os lo cuento.
La historia de Cartago y Roma
Os cuento la historia de Cartago y Roma, un tema tratado frecuentemente desde diferentes puntos de vista en el género de la novela histórica.
La conjura de Pisón en la Roma de “Muerte y cenizas”
La Roma de “Muerte y cenizas” se encuentra bajo la amenaza de las llamas del Imperio de Nerón, protagonista de la conjura de Pisón.
La ceremonia del clavo romano en “Muerte y cenizas”
Mi novela histórica “Muerte y cenizas” empieza con la ceremonia del clavo romano. ¿De qué se trata y qué simbolizaba para los romanos?
Os presento al Duque de Lerma, protagonista de “El trono de barro”
EL personaje del Duque de Lerma, controvertido e interesante. Os presento el protagonista de mi novela “El trono de barro”.
Las emociones en la novela histórica: ¿cómo tratarlas?
Ah, pero ¿hay secretos en esto de escribir? ¿No era cuestión de abandonarse en brazos de la inspiración? Y ¿qué pintan las emociones en la novela histórica? Los habrá que piensen que las emociones en la novela histórica son un extra. Una pincelada en alguna trama secundaria, pero nada más. Erróneamente, podemos tener la idea preconcebida de que el éxito del género histórico entre los lectores se debe a su precisa documentación, a los sucesos históricos contados fielmente, o a la destreza del escritor a la hora de relatar la vida de personajes que marcaron un momento transcendental en nuestro pasado. ¿Lo creéis así? ¿De verdad pensáis que la novela histórica triunfa por eso? Pues en parte sí, pero no es el trozo más grande del pastel. Siguiendo con la analogía de la tarta; si dividiéramos la novela histórica en porciones, según la capacidad de atrapar al lector que tiene cada una, las emociones en la novela histórica ocuparían más de la mitad del pastel. No exagero. La documentación, la fidelidad histórica, conocer y reflejar a los personajes reales con exactitud son rasgos fundamentales, pero sin emociones en la novela histórica, lo que tendremos con todo eso será más bien un ensayo (ojo, que puede ser muy bueno), pero no una novela histórica de ficción que haga que hordas enloquecidas de lectores se amontonen a las puertas de la librería a comprar ese libro. Entonces, pongámonos a ello sin dilación. ¿Por qué nos gustan tanto las novelas que nos emocionan? No es ningún secreto que todo ser humano, por insensible que parezca, tiene su corazoncito, capaz de empatizar con los demás (a menos que sufra una psicopatía y no le dé más uso que el estrictamente necesario para bombear sangre). Es a ese fiel músculo que nos mantiene con vida, a quien queremos llegar con el despliegue de emociones en la novela histórica. No hay libro más recordado que aquel que hizo que algo se removiera en nuestras entrañas. Da igual el tiempo que haya pasado, jamás olvidarás las emociones que esa novela te hizo sentir: pena, alegría, esperanza, tristeza, rabia, amor, odio, desesperación… o varios a la vez dependiendo del momento de la trama. ¿Sigo? Creo que no es necesario, sabéis de qué os estoy hablando. Entonces, ¿cómo podemos lograr ese hito? Emocionar es un arte. En el caso de la literatura, hay géneros que pueden parecer más proclives a ello. Pondré un ejemplo rápido para explicar esto: comparemos la novela romántica y la novela policiaca, ¿cuál de estos dos géneros emocionará con mayor facilidad al lector? Es evidente. En la novela romántica los sentimientos están a pedir de boca, es un actor principal en la trama. En el caso de la novela policiaca, la lógica y la investigación pueden tener un cariz más frío, calculado, por tanto, menos visceral. ¿Qué pasa entonces con las emociones en la novela histórica? ¿Están a flor de piel o cubiertos por una capa documental? ¿Es fácil trabajar los sentimientos y exponerlos al lector? Como lectora debo reconocer que las emociones de dichas obras son uno de los motivos de mi gran afición a este género. Son muchas las novelas que recuerdo más por lo que sentí al leerlas que por el suceso histórico en sí. Pero ojo, no todas las novelas que hay por ahí logran ese objetivo. Si bien, tenemos un arsenal de recursos para lograr emocionar al lector, en ocasiones, por un exceso de información o datos históricos, podríamos dar al traste con esa emotividad. La diferencia entre lograr que nuestra obra sea recordada y recomendada, (ojo, que como escritores esto nos interesa), radica, insisto en ello, en las emociones en la novela histórica. Entonces, ¿cuál es el secreto para generar las emociones en la novela histórica? Es algo tan sencillo y mundano, que os va a decepcionar, incluso. Un recurso tan a la mano de cada uno de nosotros que parece de chiste: las vivencias propias. ¿Con esto qué quiero decir? Pues que, dentro de cada uno de nosotros, hay un rico almacén de alegrías, penurias y sufrimientos. Volquemos esas emociones en la novela histórica que tenemos entre manos. ¿Recordáis las sensaciones de la primera (o la última) vez que os enamorasteis? La angustia en la boca del estómago, esa sonrisa de felicidad en la cara al verle aparecer, las horas soñando con los ojos abiertos, la rapidez con la que corría el tiempo estando con la persona amada… Y ¿qué decir del dolor lacerante por la pérdida de un ser querido? Las lágrimas aglutinadas en los ojos, ese nudo en la garganta que no podemos tragar y que desborda en sollozos inconsolables, el frío de la ausencia, el agujero negro que parece a punto de devorarnos por la pérdida… Veamos más, ¿hemos ardido en deseos de venganza? La rabia que hace hervir todo dentro de ti, esas ganas irrefrenables de gritar y romper cosas, el deseo por ver sufrir al causante de nuestro mal, los planes gestados en nuestra retorcida mente… Todos y cada uno de nosotros disponemos de un manjar emocional en nuestras entrañas. Para plasmar emociones en la novela histórica necesitamos recurrir a esa despensa personal. Tendremos personajes históricos y ficticios que necesitan sentir, llorar, enamorarse, sufrir pérdidas, caer en la decepción, salir adelante con coraje, etc… Pensemos en las emociones más básicas: felicidad, miedo, ira, sorpresa, amor, tristeza y hagamos que empujen las tramas de nuestras obras. Las emociones en la novela histórica: conclusión Recapacitemos desde un inicio, al dar forma al esbozo de nuestra idea, en las emociones en la novela histórica que queremos mostrar. No las dejemos en manos del azar. Que ese sentimiento sea un protagonista más, o, mejor dicho, que sea el titiritero que mueve los hilos de los personajes y sus andanzas. Al final, una novela histórica de ficción no deja de ser una vida, inventada, sí, pero como tal deben vivirla nuestros protagonistas. Por más documentado que estés, sin importar la cantidad de horas que hayas pasado leyendo