El origen del agogé

por | Oct 9, 2021 | Notas autobiográficas, Novela histórica

Los espartanos han sido famosos por poseer, gracias a la agogé y su actitud, uno de los ejércitos más fuertes y poderosos de toda la historia. A través de un duro entrenamiento, lograron conquistar enormes territorios, a pesar de que, muchas veces, han sido menor en número. De hecho, se cree que nada más que trescientos soldados pertenecían al grupo de guerreros de élite. Pero su organización y forma de combate lograron controlar gran parte de la península del Peloponeso.

La antigua Esparta de la que se habla en mi libro, “Hijos de Heracles”, se contextualiza hace más de 3000 años, aproximadamente. Lamentablemente, de este periodo en la historia no se dispone mucha información.

Lo que sí se conoce, con alguna certeza mayor, fue el entrenamiento militar de los espartanos y su exigente régimen al que eran sometidos desde niños. Este recibe el nombre de agogé, un sistema de educación riguroso para todos los ciudadanos hombres que se aplicaba desde una edad temprana. Un tema apasionante que nos permite conocer un poco más la sociedad espartana.

La agogé: criados para luchar

Con tan solo 7 años, los niños nacidos en Esparta, en buenas condiciones de salud, eran apartados de su familia para comenzar con el régimen de instrucción militar, llamado la agogé.  La misma consistió en forjar guerreros valientes y fornidos. Lo más importante era cultivar lealtad desde que eran pequeños por medio de un durísimo entrenamiento militar. El Estado se hacía con el control total de la vida de sus guerreros, que tenían que ser fuertes y servir a su patria en las futuras batallas contra los mesenios. Eran entrenados en la lucha cuerpo a cuerpo y estaban sujetos a distintos ejercicios para ello. 

La agogé se dividía en 3 categorías principales:

  1. Los niños de 7 a 14 años.
  2. Los adolescentes, de 15 a 19.
  3. Los jóvenes adultos, en un rango etario de 20 a 29 años, hasta que a la edad de 30 años serían considerados verdaderos soldados.

Frío, hambre y castigos en la agogé

Apenas vestían una túnica finísima de hilo, soportando muy bajas temperaturas por la noche. También carecían de calzado alguno, para entrenar los pies y que estos pudieran adaptarse a todo tipo de terreno. La idea era que, a través de los cortes y la helada, los pies de los niños desarrollaran callos para hacerlos más resistentes. Era costumbre que tuvieran una alta tolerancia al dolor y que supieran cazar y robar.

Sumado a todo esto, les daban poca comida y los guerreros adultos buscaban que los niños salieran a robar y a proveerse ellos mismos de sus propios alimentos. Así entrenaban a su cuerpo y a su estómago a sobrevivir con lo justo. El robo era algo bien visto, siempre y cuando no fueran descubiertos. De esta manera, aprenderían a ser sigilosos por la noche y estarían preparados para un ataque sorpresa. Sin embargo, si eran descubiertos, se les aplicaría un castigo marcado por fuertes azotes.

Descendiente de los dioses

En mi novela, “Hijos de Heracles”, os cuento parte de la historia de Teopompo y Anaxándridas, el rey de la dinastía Euripontida y su hijo sucesor. Esta dinastía es una de las que gobernó Esparta, activa entre los años 720 y 675 a.C.

Heracles fue el más célebre de los héroes griegos y se consideraba que los espartanos descendían de él. Al ser hijo de Zeus y Alcmena, una reina mortal, era considerado un semidiós. Dueño de una fuerza inigualable, era de suma importancia que los espartanos hicieran honor a él y demostraran a sus enemigos que verdaderamente llevaban la sangre del Olimpo.

Anaxándridas, el protagonista de la novela, de pequeño se preguntaba por qué su padre era tan frío y duro con él. Jamás lo había visto esbozar una sonrisa, y ninguno de sus esfuerzos de cuando era niño parecían satisfacerlo. En un momento, durante su infancia, con apenas 4 años de edad, el pequeño Anaxándridas le demostró a su padre que sabía empuñar la espada y pelear. No obstante, Teopompo solo lo reprendió y le corrigió la postura.

El pequeño sabía que iba a tener que esforzarse muchísimo para hacer que su padre se sintiera orgulloso de él, y por eso, cuando los soldados vinieron en su búsqueda, a la edad de 7 años, más que temor, sintió una gran alegría: por fin iba a poder entrenarse adecuadamente y servir a su patria y al honor de su familia.

Sensación que todo niño espartano debía de sentir en esas circunstancias, pero aún más si se era el sucesor de la corona espartana.

Morir con honor

Para convertirse en mejores guerreros, era fundamental que desarrollaran la impiedad en la agogé y que, de cierta forma, pudieran olvidar sus sentimientos y ser máquinas para matar, no importaba a quién. Llorar y demostrar emociones estaba prohibido. Se decía que eran hombres de pocas palabras, pero de mucha acción. 

Un dato que demuestra lo despiadados que eran los espartanos era el hecho de que a los bebés varones, apenas nacían, los inspeccionaban. Se evaluaban sus músculos, altura, peso y su estructura ósea. Así determinaban quiénes serían buenos soldados. Los que no eran aptos por ser débiles, poseer alguna deformidad o retraso madurativo, eran arrojados desde el monte Taigeto.

Debían rendir honor a su pasado glorioso, ya que creían que descendían de los mismos dioses. Por ello era inaceptable que un hombre no tuviera capacidades para pelear. Por esta razón, desde bebés, eran separados de sus madres para evaluar si podrían ser fuertes guerreros.

Los soldados poseían una enorme determinación para morir. Era preferible eso a perder el honor y, con tal de lograr su objetivo estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por Esparta: era la victoria o la muerte. Era preferible morir a vivir como un cobarde. Los soldados debían ser sanguinarios y salvajes para derrotar a los mesenios. Especialmente, Anaxándridas debía mostrar un gran valor y así evidenciar que era digno de ser el próximo rey espartano.

Comprendiendo el contexto

Las guerras de Esparta, y toda la región de la Antigua Grecia, constituyen un fascinante pasado y un aprendizaje sobre el arte de la guerra. No sirve evaluar ni hacer juicios de valor con la mirada de hoy.

Mi recomendación para leer y disfrutar de este tipo de novelas, o cualquiera que hable sobre guerras, es que os situéis en esa época. Haced el intento de poneros en los zapatos de los protagonistas, imaginando el contexto en el que se encontraban, donde la comida era limitada y la ambición era abundante. 

Esta población debía desarrollar su máximo instinto de supervivencia para no caer en manos de los enemigos, quienes los humillarían y esclavizarían. Todas las decisiones tomadas por los espartanos y la implementación de uno de los más hostiles regímenes de entrenamiento militar, no son nada más que una muestra de lo que era necesario hacer para vivir en ese periodo histórico. Para apreciar de mejor manera los relatos bélicos, debemos entender la realidad de ese momento y apreciar el legado que nos han dejado. Aunque es escaso y lejano, es suficiente para recrear historias increíbles.

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