Iba a daros las gracias por los comentarios que me habéis dedicado debido a la entrada en las que os anunciaba que Hijos de Heracles sería publicada por EDHASA, y de hecho, ya estaba escribiendo el comentario en respuesta a los vuestros. Pero entonces me he dado cuenta de que quería decir algunas cosas más que un simple gracias, así que os doy las gracias, pero en forma de entrada en el blog.

Sé que muchos esperabais el anuncio de la editorial que publicaría la novela, en especial los que más tiempo lleváis por aquí. Es lógico, se forjan vínculos entre los que perseguimos los mismos sueños, aunque sean vínculos virtuales, y desde diciembre, que anuncie que sería publicada, hasta ahora, ha pasado mucho tiempo. Imagino que muchos pensaríais que la cosa había quedado en nada.

Algunos otros ya os imaginabais que la editorial era EDHASA, (Blas, por ejemplo, lo dijo desde el primer día).

No voy a engañaros, no ha sido nada fácil, y aún así, me considero afortunado, porque las cosas, en sentido literario, me están saliendo mucho mejor de lo que podría haber soñado.

Empecé a escribir a principios de 2007, y como sabéis, mi primera novela fue de fantasía épica. Contra todo pronóstico, la agencia de Sandra Bruna creyó en mí y en mi trabajo y firmaba contrato con ellos en el mes de mayo del año pasado, 2008. En ese plazo de tiempo, año y medio, escribí varios relatos (pocos) y mi segunda novela, HIJOS DE HERACLES.

Hijos de Heracles nació como una novela de fantasía, continuación de la anterior, pero pronto nos dimos cuenta (el primero en hacerlo fue Leonardo Ropero), que aquello no podía seguir así y había que mutarla en novela histórica, que era en realidad lo que estaba escribiendo. Tal vez fuera por el terror que me causaba aceptarlo que la estaba camuflando en otro género. La cuestión es que, para cuando fui a Barcelona a firmar con Sandra, le llevé el original de la novela. Me había llevado casi 10 meses de investigación y escritura.

Fue un desafío, con mayúsculas. Trato una época muy remota, casi 3000 años nos separan de los hechos relatados, y apenas hay documentación sobre lo ocurrido. Pero pude darle un aire novedoso y jugar con determinados elementos poco claros históricamente hablando. Y conté con mucha ayuda, de amigos que la leyeron, de casi 40 títulos que componen la bibliografía que usé para escribir y de un par de profesores universitarios, de Sevilla y Alcalá de Henares, sin cuya ayuda hubiera sido imposible sacar adelante el proyecto.

Sandra leyó la novela durante el mes de agosto, y al regresar me envió un informe francamente maravilloso. Su entusiasmo con la novela era total y se decidió a enviarla a varias grandes editoriales de novela histórica. Sin embargo, desde el principio Edhasa era mi apuesta. Afortunadamente, la novela les pareció interesante y a primeros de noviembre, como ya he contado otras veces, nos hacían llegar su interés por publicarla. Al principio la cosa fue muy rápida. Recibí varias llamadas y hubo varios cruces de e-mails con mi editora, la responsable de llevar el proyecto a buen término. Y desde el principio me di cuenta de que las cosas en la editorial se hacían a un nivel que no podía ni imaginarme. El simple hecho de que en mes y medio 5 personas lean un original y efectúen un informe al respecto ya dice mucho al respecto. Y no sólo eso, sino la profundidad y sagacidad de los comentarios… Allí nadie se tira a la piscina, como solemos decir.

Luego, sin embargo, la cosa prácticamente se detuvo. Durante meses. Y claro, los nervios, la inseguridad, el no saber cómo funcionan estas cosas… Sinceramente, estaba un poco deprimido, parecía que no iba a salir nunca.

Han sido, con diferencia, los peores meses desde que comencé a escribir. No hay nada que se pueda comparar al hecho de la espera a que la editorial comience a trabajar contigo en el texto. Y quiero subrayar el CONTIGO. No se puede comparar a eso la espera por saber si alguien quiere publicarla, ni tampoco si una agencia aceptará representarte o no. Eso de saber que una editorial la quiere, pero no saber cuándo, ni cómo… Tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos, es terrible.

Ahora, con cierta perspectiva, creo que las cosas no han ido tan lentas, en realidad. Me explico, el hecho de que yo no estuviera trabajando en el texto de la novela, en su corrección y demás, no significa que en la editorial no estuvieran haciendo nada al respecto. Sé, ahora lo sé, que durante este tiempo en la editorial han vuelto a estudiar el texto final con los cambios (ligerísimos y sin la mayor importancia en cuanto a trama y argumento) que me sugirieron y que acepté por ser de lo más acertados. El problema es que el autor novel no sabe de esas cosas, de ahí los nervios.

Y aún queda mucho trabajo por delante. Para empezar, como os dije hace unos días, será a la vuelta de las vacaciones cuando comencemos con las galeradas y la corrección del texto. Tengo muchísima curiosidad por experimentar cómo se trabaja en esos aspectos, en especial, en la corrección de estilo: ¿qué demonios es una corrección de estilo? Y aunque más o menos podamos entenderlo… ¿¡Cómo demonios se hace eso!!!!??? Sí, tengo mucho interés y curiosidad y creo que disfrutaré mucho de esa fase de la publicación. Y ya vamos a empezar a trabajar en la portada. Hace unos meses les envié mi propuesta para la cubierta del libro. La idea les ha parecido sugerente, en palabras de mi editora, “les puede servir de inspiración”, lo que ya es todo un logro.

Mi intención es iros contando detalles de todos esos procesos, de cómo se viven, de cómo se llevan a cabo. Al menos, hasta donde pueda contar, claro.

No, no ha sido fácil. Y sin embargo, lo he conseguido. Y eso conlleva un mensaje motivador, y animador: yo no soy nadie en el mundo literario. No me conoce nadie, no tengo padrinos, nadie ha hecho una carta de recomendación hablando bien de mí. Nada de eso ha sucedido. Soy, sencillamente, un autor novel más. Otro como los cientos y miles que escriben y sueñan con publicar. Y voy a publicar mi primera novela con una gran editorial.

Y si yo lo he conseguido, todos vosotros podéis conseguirlo. Repito, no es fácil. Se requiere mucho esfuerzo, mucha dedicación, pasar horas y horas, y cuando ya estás cansado de dedicarle horas, dedicarle más horas todavía a estar delante de la pantalla, delante de un libro, buscando información, a la caza de un detalle, una pista, un personaje que haga saltar la chispa, que le de vida a la novela, que emocione, que intrigue, que obligue al lector a seguir leyendo.

No es fácil, no. Y no es gratis, desde luego. Hay que pagar, y el canon que exige no está dispuesto a pagarlo todo el mundo: horas de sueño, cansancio, nervios, pedir ayuda, dirigirse a expertos con todo el “morro”, pero con toda la humildad del mundo pidiendo que te expliquen tal o cuál concepto, o cómo puedes enfocar del mejor modo tal o cuál aspecto de la novela. Y hay que pagar horas de alejamiento con la familia, y horas de soledad, y de frustración, y de estar frente al ordenador toda una tarde y escribir, a veces, una simple línea, porque las musas ese día están ocupado con otro, que somos muchos los que escribimos.

Pero, si se está dispuesto a pagar ese canon, si se está dispuesto a tomarse el oficio de escritor en serio, si se está dispuesto a ser lo más profesional que se pueda ser, pensar, vivir, respirar como escritor, se logra. Todos lo logramos. ¿Por qué si no lo han logrado Montse de Paz, o Leonardo Ropero, o Blanca Miosi? ¿Por qué Lola acaba de firmar con Sandra su contrato de representación? ¿Por qué Blas está también a punto de conseguirlo, si es que no lo ha conseguido ya? ¿Cómo es posible, si no es así, que “la bruja de clarà” esté consiguiendo lo que está consiguiendo? ¿Y Marta Abellò, con su libro, sus premios y sus clases?

Sólo hay que estar dispuesto a pagar el precio y no mirar atrás.

Desde luego, todo eso yo no lo hubiera conseguido sin el apoyo, el ánimo y la ayuda de unos pocos amigos: Montse de Paz, por ejemplo, que me dio infinidad de buenos consejos cuando comencé a pensar en serio a mover mis textos con ese desprendimiento del que suele hacer gala. O Leonardo, mi “corrector oficial”. No sé qué haría sin él y sus comentarios y correcciones. Jordi también puso más de una tilde… ¡e incluso las quitó! Luego vendrían otros: Javi, por ejemplo, que no sólo me ha regalado buenos consejos y maravillosas conversaciones sino una amistad como pocas. O Blanca y sus inagotables comentarios de ánimo y calma. O Adri, ese MisterX que se leyó Hijos de Heracles en dos días y me puso el ego por las nubes, y que todavía sigue haciéndolo en las noches de cine de verano, y tantos y tantos otros.

A todos ellos les debo las gracias. Y a todos los que soléis pasar por aquí, porque la espera ha sido mucho más llevadera junto a Blas, Martikka, letraweb, los Jesúses y los Juanes (como llamo para mí a todos los Jesús y Juan que os dejáis caer semana tras semana), Arwen, Laura, Paco, Esther, Sempi, la buena de Sempi que escribe como los dioses y que no termina de arrancarse, Susana, Belén, Lola (brunesca recién llegada), Guillem, Esteban… Y muchos más, algunos que se dejan notar con sus comentarios y otros que se dejan notar con sus frecuentes visitas.

Sin embargo, todo esto jamás hubiera ocurrido de no haber aparecido en mi vida dos personas.

La primera de ellas es Sandra, mi ángel de la guarda literario. Su confianza en mí fue sorprendente, inesperada. Yo quería trabajar con ella y de repente me encontré trabajando con ella. ¡Y fue increíble! Es su trabajo, y el de su equipo, el que ha hecho posible que esta novela vaya a tener una publicación tan alucinante. En las últimas semanas he tenido una demostración increíble de lo que es capaz de conseguir. Es un tremendo honor, y un placer enorme, contarme entre sus representados. Jamás podré agradecérselo lo suficiente.

La segunda es Mari. Fue ella la que me animó a retomar la pasión de la escritura. De no haber sido por su interés, por sus ánimos, por su empuje, y por su paciencia, seguramente nunca lo hubiera conseguido.

Lo único que lamento, es que Scott, mi fiel Scott, no haya vivido para verlo. Lo hubiera disfrutado. Seguro. Aún así, yo se lo cuento. Todas las noches.