Hola, amigos. Hoy vamos a tratar la segunda parte de las reglas que hay que seguir para escribir una novela policiaca. Se me olvidó deciros, en el primer artículo sobre este tema, que las reglas de la novela policiaca fueron redactadas por el escritor S. S. Van Dine, creador del detective Philo Vance, quien las publicó en septiembre de 1928. Él creía que eran ineludibles y estimulantes a la hora de escribir un relato policial. Y bastante razón tenía.

Vamos a verlo.

Reglas de la novela policíaca

El culpable no puede ser un policía

Ni el detective, ni ninguno de los investigadores oficiales, podrá nunca revelarse como culpable. Ya empezamos. Como ya os he comentado en alguna ocasión, yo no estoy de acuerdo con algunas de las reglas de la novela policiaca, y esta es una de ellas. Pero, ¿por qué dice Van Dine que ningún investigador puede ser el culpable? A ver, tiene lógica, si el asesino es el detective, va a ser mucho más complicado atraparle. Pero ¿por qué no puede ser alguno de sus colaboradores? ¿O incluso él mismo y que sea uno de los colaboradores el que lo pille? Creo que el giro final sería mucho más impactante. Y, de hecho, he visto varias películas en que así ocurre.

AVISO DE SPOILER

 

En películas como Caos, protagonizada por Jason Statham, Ryan Phillippe y Wesley Snipes; o Cobra, el brazo fuerte de la ley, con Silvester Stallone, el culpable es o el policía encargado de la investigación o uno de sus colaboradores.

 

FIN DE SPOILER

 

Pero la regla está ahí. Y habrá que seguirla, claro.

El mayordomo es el asesino

Las reglas de la novela policíaca

Esta es una frase muy conocida, y una trampa para cualquier escritor de novela policiaca. Porque, ¿qué escritor de novela policiaca no se ha imaginado a sí mismo diciendo esto alguna vez? La historia dice que, en la antigüedad, las clases sociales estaban muy definidas, y la clase baja, que normalmente se dedicaba a servir a los ricos, no tenía estudios ni sabía leer. Por lo tanto, era comprensible que los culpables fueran miembros del servicio. Pero para Van Dine eso tenía que acabar, por eso creo la regla de que un sirviente no debe ser escogido por el autor como culpable.

No a la Mafia

Las sociedades secretas, mafias, no tienen sitio en una historia policíaca. Me parece una regla muy acertada. La mafia y las sociedades secretas pertenecen más a la novela negra, de misterio o a los thrillers, como El código Da Vinci. Por lo tanto, es normal que no acudamos a ellos como a los culpables de nuestra novela policiaca. Por supuesto, el contrabando o el tráfico de drogas no están incluidos en esta regla de la novela policiaca.

Las normas de la novela policíaca. Que no sea la Mafia

Cuidado con las descripciones

Una novela policíaca no debe contener largos pasajes descriptivos, ni profusión de adornos literarios, ni trabajados análisis de caracteres, ni preocupaciones «atmosféricas». Debo reconocer que, esta regla de la novela policiaca, me ha creado muchos problemas. A mí me encanta describir, disfruto con ello. Y no me di cuenta de que, encontrarte con largas descripciones, rompe por completo la tensión de la escena. Por lo tanto, ¡cuidado con las descripciones! Pueden destrozar tu novela policiaca.

Que al final no sea un accidente

En una novela policíaca, el crimen no debe resultar nunca un accidente o un suicidio. Es evidente que, si estamos toda la novela haciendo creer al lector que ha ocurrido un crimen, no podemos decirle al final que fue un accidente o un suicidio. Eso no tendría lógica, y sería engañarle. Sería utilizar el «Deux ex machina», algo que NUNCA hay que hacer. Por supuesto que podemos hacerlo al revés: iniciar la novela con «ha sido un accidente» y que al final no lo sea. Esta es una muy buena regla de la novela policiaca.

Parte importante de la historia

El culpable debe ser una persona que ha formado parte más o menos importante de la historia. Lógico. Si no tiene acción en la novela, ¿cómo puede el lector sospechar de ese personaje? Es evidente que no puede ser el vecino del quinto que se cruza solo un par de veces con la víctima; o el vendedor del quiosco de la esquina que la ve pasar por delante cada día. No, eso no puede ser. El criminal tiene que participar activamente en nuestra historia. Con más o menos importancia, muchas o pocas veces, pero tiene que ser visible para el lector. Van Dine no se equivocó con esta regla de la novela policiaca.

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Y hasta aquí el artículo de hoy. Quiero aclarar una cosa. Si bien estas reglas de la novela policiaca se están siguiendo desde hace muchos años, y hay que tenerlas en cuenta, podemos cambiar alguna de ellas. Como dice Teo, somos escritores y podemos hacer lo que queramos… siempre que lo hagamos bien. Por eso, si decides saltarte o cambiar alguna de estas reglas de la novela policiaca, ten cuidado. Hazlo bien, o puedes fracasar.

Como cada mes, si te ha gustado el artículo, te invito a compartirlo o a comentarlo. Hasta el mes que viene, amigos.

LIBROS

Este mes, en nuestra sección de libros de novela policiaca, recomendamos: EL NOMBRE DE LA ROSA, la novela emblemática de Umberto Eco.

Las reglas de la novela policíaca. El nombre de la rosa

Una trama apasionante. Una admirable reconstrucción del conflictivo siglo XIV.

Valiéndose de las características de la novela gótica, la crónica medieval y la novela policíaca, El nombre de la rosa narra las investigaciones detectivescas que realiza el fraile franciscano Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina en el año 1327. Le ayudará en su labor el novicio Adso, un joven que se enfrenta por primera vez a las realidades de la vida situadas más allá de las puertas del convento.

En esta primera y brillante incursión de Umberto Eco en el mundo de la narrativa, que dio lugar a una manera de concebir la novela histórica, el lector disfrutará de una trama apasionante y una admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva de la historia de Occidente.

La crítica dijo:

-«Aquí hay misterios turbadores, personajes vívidos, un retrato logrado de una época fascinante, humor sutil, sucesos inesperados y una prosa ágil que puede adaptarse a los registros de la fe, la duda, el horror, el éxtasis amoroso y la desolación».

David Lodge.

-«El libro más inteligente, pero también más divertido, de los últimos años».

Lars Gustafsson, Der Spiegel.

-«Un libro tan rico que permite todos los niveles de lectura».

Robert Maggiori, Libération.

-«Brío e ironía. Eco ha aprendido de los mejores modelos».

Richard Ellmann, The New York Review of Books.

-«Un libro que se lee de un tirón, cautivante, cómico, inesperado».

Mario Fusco, Le Monde.

-«Me alegro, y todo el mundo letrado se alegrará conmigo, de que se pueda conseguir un best seller contra los pronósticos cibernéticos… La alta calidad y el gran éxito a veces no se excluyen».

Anthony Burgess, The Observer.

-«El impulso narrativo que guía la historia es irresistible».

Franco Ferrucci, The New York Times Book Review.

-«Aunque no pertenezca a ningún género (lógicamente no puede, tiene que ser agenérico) es asombrosamente interesante».

Frank Kermode, The London Review of Books.