Mi novela “Hijos de Heracles” está contextualizada en la antigua Esparta por esto quiero compartir con vosotros los intrigantes elementos que han hecho de este pueblo una sociedad bélica única en la historia.
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El origen del agogé
Los espartanos han sido famosos por poseer, gracias a la agogé y su actitud, uno de los ejércitos más fuertes y poderosos de toda la historia. A través de un duro entrenamiento, lograron conquistar enormes territorios, a pesar de que, muchas veces, han sido menor en número. De hecho, se cree que nada más que trescientos soldados pertenecían al grupo de guerreros de élite. Pero su organización y forma de combate lograron controlar gran parte de la península del Peloponeso. La antigua Esparta de la que se habla en mi libro, “Hijos de Heracles”, se contextualiza hace más de 3000 años, aproximadamente. Lamentablemente, de este periodo en la historia no se dispone mucha información. Lo que sí se conoce, con alguna certeza mayor, fue el entrenamiento militar de los espartanos y su exigente régimen al que eran sometidos desde niños. Este recibe el nombre de agogé, un sistema de educación riguroso para todos los ciudadanos hombres que se aplicaba desde una edad temprana. Un tema apasionante que nos permite conocer un poco más la sociedad espartana. La agogé: criados para luchar Con tan solo 7 años, los niños nacidos en Esparta, en buenas condiciones de salud, eran apartados de su familia para comenzar con el régimen de instrucción militar, llamado la agogé. La misma consistió en forjar guerreros valientes y fornidos. Lo más importante era cultivar lealtad desde que eran pequeños por medio de un durísimo entrenamiento militar. El Estado se hacía con el control total de la vida de sus guerreros, que tenían que ser fuertes y servir a su patria en las futuras batallas contra los mesenios. Eran entrenados en la lucha cuerpo a cuerpo y estaban sujetos a distintos ejercicios para ello. La agogé se dividía en 3 categorías principales: Los niños de 7 a 14 años. Los adolescentes, de 15 a 19. Los jóvenes adultos, en un rango etario de 20 a 29 años, hasta que a la edad de 30 años serían considerados verdaderos soldados. Frío, hambre y castigos en la agogé Apenas vestían una túnica finísima de hilo, soportando muy bajas temperaturas por la noche. También carecían de calzado alguno, para entrenar los pies y que estos pudieran adaptarse a todo tipo de terreno. La idea era que, a través de los cortes y la helada, los pies de los niños desarrollaran callos para hacerlos más resistentes. Era costumbre que tuvieran una alta tolerancia al dolor y que supieran cazar y robar. Sumado a todo esto, les daban poca comida y los guerreros adultos buscaban que los niños salieran a robar y a proveerse ellos mismos de sus propios alimentos. Así entrenaban a su cuerpo y a su estómago a sobrevivir con lo justo. El robo era algo bien visto, siempre y cuando no fueran descubiertos. De esta manera, aprenderían a ser sigilosos por la noche y estarían preparados para un ataque sorpresa. Sin embargo, si eran descubiertos, se les aplicaría un castigo marcado por fuertes azotes. Descendiente de los dioses En mi novela, “Hijos de Heracles”, os cuento parte de la historia de Teopompo y Anaxándridas, el rey de la dinastía Euripontida y su hijo sucesor. Esta dinastía es una de las que gobernó Esparta, activa entre los años 720 y 675 a.C. Heracles fue el más célebre de los héroes griegos y se consideraba que los espartanos descendían de él. Al ser hijo de Zeus y Alcmena, una reina mortal, era considerado un semidiós. Dueño de una fuerza inigualable, era de suma importancia que los espartanos hicieran honor a él y demostraran a sus enemigos que verdaderamente llevaban la sangre del Olimpo. Anaxándridas, el protagonista de la novela, de pequeño se preguntaba por qué su padre era tan frío y duro con él. Jamás lo había visto esbozar una sonrisa, y ninguno de sus esfuerzos de cuando era niño parecían satisfacerlo. En un momento, durante su infancia, con apenas 4 años de edad, el pequeño Anaxándridas le demostró a su padre que sabía empuñar la espada y pelear. No obstante, Teopompo solo lo reprendió y le corrigió la postura. El pequeño sabía que iba a tener que esforzarse muchísimo para hacer que su padre se sintiera orgulloso de él, y por eso, cuando los soldados vinieron en su búsqueda, a la edad de 7 años, más que temor, sintió una gran alegría: por fin iba a poder entrenarse adecuadamente y servir a su patria y al honor de su familia. Sensación que todo niño espartano debía de sentir en esas circunstancias, pero aún más si se era el sucesor de la corona espartana. Morir con honor Para convertirse en mejores guerreros, era fundamental que desarrollaran la impiedad en la agogé y que, de cierta forma, pudieran olvidar sus sentimientos y ser máquinas para matar, no importaba a quién. Llorar y demostrar emociones estaba prohibido. Se decía que eran hombres de pocas palabras, pero de mucha acción. Un dato que demuestra lo despiadados que eran los espartanos era el hecho de que a los bebés varones, apenas nacían, los inspeccionaban. Se evaluaban sus músculos, altura, peso y su estructura ósea. Así determinaban quiénes serían buenos soldados. Los que no eran aptos por ser débiles, poseer alguna deformidad o retraso madurativo, eran arrojados desde el monte Taigeto. Debían rendir honor a su pasado glorioso, ya que creían que descendían de los mismos dioses. Por ello era inaceptable que un hombre no tuviera capacidades para pelear. Por esta razón, desde bebés, eran separados de sus madres para evaluar si podrían ser fuertes guerreros. Los soldados poseían una enorme determinación para morir. Era preferible eso a perder el honor y, con tal de lograr su objetivo estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por Esparta: era la victoria o la muerte. Era preferible morir a vivir como un cobarde. Los soldados debían ser sanguinarios y salvajes para derrotar a los mesenios. Especialmente, Anaxándridas debía mostrar un gran valor y así evidenciar que era digno de ser el próximo rey espartano. Comprendiendo el contexto Las guerras de
Diferencias entre novela histórica y novela de aventuras
No siempre es fácil distinguir entre estos dos géneros de novela. ¿Qué diferencia una novela histórica de una de aventuras? Os lo cuento en este artículo.
¿Cómo empezar un blog de escritura?
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Paz, guerra y literatura
Paz, guerra y literatura, tres elementos que muy a menudo van de la mano, especialmente en el género de la novela histórica. Lo cierto es que las letras han abordado estos dos asuntos contrapuestos de diferentes maneras, ganándose un rol importante en la concienciación de las personas. De hecho, muchos autores confían plenamente en la escritura como forma de difusión de los conceptos y los valores pacíficos. De la misma manera, lo que se escribe tiene la función grabar la memoria de los eventos recordándonos las consecuencias de los sucesos de guerra. Hace pocos días, el 21 de septiembre, fue el Día internacional de la Paz y quise plantearme el rol de la literatura en el desarrollo de la paz. ¿Cuál es el papel de los libros en la difusión de estas importantes nociones dentro de nuestra sociedad? La educación a la paz a través de la lectura La educación es la formación que desarrolla nuestro conocimiento, intelecto, razonamiento, así como el progreso de nuestra capacidad moral y afectiva. Por este motivo la educación, así como los libros que son su principal vector, son cruciales en el momento de aprender, formar opiniones y crecer como individuos. Para que la idea de paz se desarrolle e implemente en nosotros primero hay que enseñar qué es y en qué consiste. Así mismo hay que instruir sobre los hechos bélicos, para que se tome conciencia del extremo al que lleva su opuesto. Como podréis entender es de suma importancia que desde el periodo escolar se lean novelas y libros. Ya que permitirán que desde jóvenes se desarrolle una reflexión acerca de los hechos sucedidos a lo largo de la historia. Generando un debate sobre los eventos y ayudando a las nuevas generaciones a aprender de forma entretenida, como si ellos mismos lo hubieran vivido. La empatía es una de las claves no solo en la escritura, sino en la misma existencia, y a través de las novelas se puede impartir este sentimiento tan noble, que nos ayuda a comprender con profundidad y a recapacitar acerca de las acciones humanas. Un ejemplo de literatura para formar a los más chiquitos a través de la literatura es “Rain of Fire” (Lluvia de fuego), un libro infantil de la autora estadounidense, Marion Dane Bauer. Trata sobre la Segunda Guerra Mundial. El personaje principal es Steven, un niño cuyo hermano Matthew ha ido a la guerra y vuelve muy cambiado. Frío, distante y completamente reacio a hablar sobre su experiencia. A lo largo de la trama el niño piensa en aquellas historias de heroísmo, que ya no le parecían tan sorprendentes. Descubre las mentiras edulcoradas que las milicias le cuentan a los pueblos. Bauer está convencida que el cambio hacia un mundo pacífico empieza por uno mismo. No debemos olvidar que a través de las palabras escritas nos entretenemos y aprendemos adoptando nuevos puntos de vista. El trono de barro, una novela de paz y guerras La literatura nos da la posibilidad de realizar un análisis. En el caso de la novela histórica este análisis se realiza a partir de eventos pasados como pueden ser las guerras. Por ende, la literatura nos puede ayudar a observar los hechos desde otra perspectiva y con la información que tenemos actualmente. Los escritores somos capaces de crear una memoria y dejar un libro que vivirá eternamente para no olvidar la historia y no cometer los mismos errores del pasado. En una de mis novelas “El trono de barro” trato este tema. Hablo sobre la vida de Francisco de Sandoval, el duque de Lerma que pertenecía a una familia de la nobleza española. Sus padres eran Francisco Gómez de Sandoval y Zúñiga, marqués de Denia, e Isabel de Borja y Castro, hija del santo jesuita Francisco de Borja. Francisco de Sandoval y el pacifismo Francisco de Sandoval fue conocido por ser pacífico y muy prudente respecto a sus dictámenes. En 1592 fue designado para formar parte de la casa del príncipe Felipe II y allí comienza la amistad entre ambos. Comenzó a ejercer una gran influencia sobre el príncipe y finalmente cuando subió al trono como Felipe III. Quiso tener como amigo, consejero y mano derecha a Francisco de Sandoval, quien a partir de ahí se transformó en un personaje crucial para la política española de ese momento. Consiguió controlar el reino y tomar él solo todas las decisiones políticas entre 1599 y 1618. El “Pacifismo” fue por lo tanto la cualidad más destacada de su política exterior. Se puede evidenciar en los tratados internacionales que buscó impulsar con miras hacia una “Pax Hispánica” y lograr así reformar la Monarquía bélica de aquellos tiempos. Los eventos más importantes de su mandato se produjeron en 1609 con la firma de la tregua con los Países Bajos. En mi novela deseo contaros esta extraordinaria historia y mostrar que hay otra forma de gobernar. Han existido personas con poder que han optado por otros caminos a la hora de resolver conflictos y hacer política, como el duque de Lerma. Un proceso cultural hacia la paz Un proceso de pacificación no implica únicamente un cambio político en las mentalidades de los gobernantes, sino también un cambio en el paradigma social en cuanto a cómo concebimos la guerra y qué es necesario hacer a partir de ahora para llegar a la paz. La paz es un destino, es un largo camino y es una forma de vivir y contemplar el entorno que nos rodea, la paz sobre todo es esperanza. Comienza con el respeto hacia uno mismo y hacia otros. Creo en una educación global de la paz y que se desarrolle una cultura de ella. A través de la literatura, la poesía y el arte en general, se pueden crear puentes entre culturas y naciones. ¡Que los libros sean una contribución para la paz!