Si tuviéramos que destacar una virtud de la literatura por encima de cualquier otra, sin duda alguna me quedaría con la conexión que es capaz de crear entre la historia que cuenta y el lector que la está disfrutando (o padeciendo). Una conexión basada en el impacto que nos causa, y un impacto a su vez que tiene una intencionalidad clara. Cada libro busca remover unos mecanismos emocionales en el lector: hay autores que quieren hacernos reflexionar, otros que buscan denunciar una injusticia, los hay incluso que pretenden que pasemos miedo. Y luego está la literatura de evasión. Esas historias para todos los públicos que hacen que vibremos por su dinamismo, por tener tramas sencillas (que no simplonas ni vulgares) y a la vez apasionantes. Novelas capaces de hacer que un niño quede prendado de la lectura. Que es lo que me pasó a mí cuando leí los libros que hoy quiero compartir con vosotros (como ya os comenté brevemente en este artículo). Hoy os presento mis novelas de aventuras favoritas. El Corsario Negro El nombre de Emilio Salgari está irremediablemente unido al género de las novelas de aventuras. De hecho, es muy complicado decidirse entre las ochenta y cuatro novelas que escribió, y ya ni hablemos de los cientos de cuentos que nos regaló. En cualquier caso, la mayoría de sus obras están centradas en la novela de aventuras (aunque también coqueteó con la ciencia ficción de la época), ambientadas casi siempre en escenarios exóticos. ¿Y qué hay más exótico que los mares caribeños y las historias de piratas? Nadie contribuyó más que él a darle fama a la figura del pirata caballeresco, alejado de esos que matan y saquean y ligado a un código de honor. Y pocos piratas tan conocidos como el protagonista de El Corsario Negro (con la excepción de su «hermano» Sandokán). El intrépido Emilio de Roccanera, señor de Ventimiglia, terror de los mares del Caribe durante finales del siglo XVII bajo el nombre del Corsario Negro, ha jurado vengarse de quienes mataron a sus hermanos, el Corsario Rojo y el Corsario Verde. Pero el destino no se lo pondrá fácil, porque en una de esas acaba por enamorarse de Honorata de Van Guld, una hermosa aristócrata que es en realidad… ¡No os lo voy a contar, por supuesto! Solo os diré que esta novela cumple todos los requisitos de las buenas novelas de aventuras: un ritmo trepidante, divertida y, sobre todo, con mucha, mucha acción. Imposible aburrirse. Quintin Durward Viajamos ahora a la Francia de Luis XI. En esta ocasión estamos ante una de esas novelas de aventuras cuyo trasfondo histórico tiene un poco más de peso que en el caso anterior. De hecho, la intención del autor, Walter Scott (del que volveremos a hablar después), era mostrar los últimos días del feudalismo. El monarca francés representa una nueva visión del mundo, una ruptura con las antiguas costumbres derivadas de las órdenes de caballería. Pero el protagonista de la novela es completamente ficticio. Quintin Durward es un arquero escocés al servicio de Luis XI, el cual le ha encargado que proteja a toda costa a la condesa Isabel de Croye. La noble borgoñesa está desesperada por escapar de un matrimonio que no le conviene, pero hay muchos secretos en torno a ella. Empezando por el propio Durward que, como no podía ser de otro modo, acaba enamorándose de la condesa. La flecha negra Ninguna lista de novelas de aventuras puede estar completa si no contiene al menos una historia de Robert Louis Stevenson. Algunos me echaréis en cara que no haya elegido La isla del tesoro, su novela más famosa, pero recordad que esta es una lista personal. Y aunque las aventuras de Jim Hawkins y Long John Silver son fascinantes, a mí me impacto más La flecha negra. ¿Cómo no va a ser así, con frases como estas?: «Tenía en el cinto cuatro flechas negras por las cuatro penas que he soportado y para los cuatro hombres malvados que nos tiranizan y nos atropellan. … Cada cual tendrá lo que ha merecido: una flecha negra por cada maldad. Y ahora caed de rodillas, rezad. ¡Porque ya estáis muertos, vosotros, bandidos!» La trama de la novela se desarrolla durante la Guerra de las Dos Rosas. En un bando, la Casa de Lancaster; y en la otra, la Casa de York. En medio el trono de Inglaterra y el protagonista: Richard Dick Shelton, quien en medio de este conflicto tiene que superar la muerte de su padre y hacerle justicia. Ivanhoe Antes os comentaba que volveríamos a hablar de Walter Scott, así que lo prometido es deuda. Porque aunque Quintin Durward es una novela maravillosa, mi favorita entre las favoritas, la mejor de todas las novelas de aventuras es, de largo, Ivanhoe. ¿Y por qué me gusta tanto? Porque lo tiene todo. Es la novela de aventuras perfecta. Su protagonista, Wilfredo de Ivanhoe, es carismático; el ideal del caballero cuyo valor no tiene fin a pesar de haber caído en desgracia con su padre. Pero es que los personajes secundarios son tan excepcionales que podrían tener su propia novela: Ricardo Corazón de León, el caballero Brian de Bois-Guilbert, Gurth el porquerizo, el rey Juan sin Tierra, y cómo no, la hermosa Rebecca. Pero es que por si fuera poco también ronda por ahí ni más ni menos que Robin Hood, personaje del folclore inglés medieval que Scott no dudó en utilizar. Clásico entre los clásicos, atemporal así pasen los años, esta obra es el germen del género conocido como «capa y espada». En sus letras encontraremos épica, romanticismo, un contexto histórico muy bien documentado y, por supuesto aventuras. Muchas aventuras. Una obra que debería ser una lectura fija en las escuelas como herramienta para fomentar la lectura. No puedo imaginar que haya un solo niño capaz de resistirse a esta historia. Yo, desde luego, no pude.
Qué tipo de escritor puedo ser
Ser escritor es algo maravilloso. Al igual que la mayoría de los que creáis historias a base de aporrear un teclado de ordenador, mi vida cambió de manera definitiva cuando decidí que quería dedicarme al mundo de los libros, primero como escritor y luego además como profesor del Método PEN. Pero no nos engañemos: ser novelista, ensayista o cualquier modalidad que elijas también es duro y complicado. Dependiendo del tipo de escritor que desees ser puedes verte obligado a tomar decisiones difíciles. En este artículo me gustaría acercarte distintos caminos que puedes tomar si te estás planteando dedicarle tiempo a esto de crear historias. El escritor aficionado Cuando pensamos en un escritor solemos imaginarnos casi siempre a los grandes autores superventas y famosos. A esos que acumulan largas colas en las ferias del libro y llenan las librerías en sus presentaciones. Al autor para quien escribir es su trabajo. Ya te lo aviso de antemano: en realidad de esos hay muy pocos (aunque de eso hablaré después). Sea como sea, un escritor jamás debería perder de vista que ante todo y por encima de todo escribir es una necesidad vital. Nunca olvidemos que comenzamos en esto porque nos lo pedía el corazón, no por hacer dinero. Todos los escritores empezamos como aficionados, y no es ningún fracaso continuar siéndolo. Publicar una obra es una gran satisfacción, pero no todo el mundo siente esa necesidad. Hay autores que son felices escribiendo para sí mismos o para sus familiares y amigos. Pequeños relatos, poemas, incluso novelas que nos sirven para llenar nuestra alma y viajar a esos lugares y épocas que amamos. Para vivir la historia de nuestros personajes. Quizás alguna publicación esporádica, pero sin ir más lejos. Es desde luego el camino más sincero con uno mismo, y quizás también el más sano a nivel mental. Desde luego es mucho menos estresante, os lo aseguro. El escritor profesional Por otra parte, es también muy comprensible que en algún momento queramos dar el paso a algo más serio. Pero como te decía antes, vas a tener que ser consciente de que convertirte en un autor profesional, o sea, que publica de manera habitual, es muy difícil. Somos muchos los que aspiramos a eso y el número de lectores es limitado. La competencia, por tanto, es brutal. Incluso aunque logres la confianza de una editorial y tus publicaciones sean comunes, no creas que vas a poder vivir de tus obras. Para eso hace falta convertirse en un superventas, y si publicar es difícil, imagínate triunfar. Lo más probable es que tengas que continuar trabajando en tu profesión habitual durante mucho tiempo antes de poder profesionalizarte por completo. Y cuando sea así, con toda seguridad necesitarás apoyarte en trabajos relacionados con la literatura pero no con tus libros: lector editorial, corrector, conferencias, etc… Sea como sea, vas a tener que trabajar muy duro y prepararte bien desde mucho antes de dar ese paso. Aquí ya no vale escribir cuando te apetezca, cuando te llegue la inspiración. Tendrás que crear un hábito estable y olvidarte de procrastinar. Porque esta vez si no haces ese trabajo no cobrarás ni un euro. El autopublicado Pero oye, eres cabezota como yo y has decidido ir a por todas. La cuestión es cómo hacerlo. ¿Voy a lo conocido y busco una editorial? ¿O me hago un «yo me lo guiso, yo me lo como»? Hablo de autopublicarse, claro. Ya sabéis que yo trabajo con editoriales y esa es la dirección que decidí tomar en su día. Pero en absoluto estoy en contra de la autopublicación. Eso sí, debe ser una elección hecha por convencimiento y muy sopesada. Este camino no debería tomarse ante el despecho de unos cuantos rechazos editoriales, porque sería un error. Las editoriales no son tus enemigas. Si no te han aceptado generalmente es porque tu obra no es lo bastante buena o porque no les da la vida para leer todo lo que les llega. En cualquier caso, si decides autopublicarte debes hacerlo bien. Dices que quieres ser un profesional de la escritura, así que vas a tener que demostrarlo y comportarte como tal. La autopublicación exige que todo ese trabajo que hace un editor recaiga sobre ti o lo contrates (lo cual no es barato): corrección, maquetación, portada, promoción… Todo vas a tener que hacerlo tú, y lo debes hacer bien, así que tendrás que aprender a hacerlo. Bien mediante cursos especializados o a base de mucha práctica. Porque, ya sea un libro publicado por editorial o por Amazon, el lector siempre se va a merecer la máxima calidad. Jamás olvides esto. El escritor tradicional Este es el camino que yo elegí: escribir mis novelas y enviarlas a las editoriales. Te quitas mucha presión de encima porque prácticamente te olvidas del trabajo de edición. Pero ojo, esto también tiene su aquel. Porque desde el momento en que firmes un contrato tu obra va a quedar en manos de dicha editorial en cuanto a su explotación comercial se refiere (tranquilo: sigues siendo el dueño de los derechos de autor). Así que si la editorial no hace un buen trabajo o sencillamente el libro no se vende bien, vas a tener paralizada esa obra mientras dure el contrato, salvo que acordéis rescindirlo. Ya conoces las ventajas de publicar de manera tradicional: distribución en librerías, posibilidad de alcanzar otros mercados, un trabajo de edición hecho por profesionales… Mucho a favor, desde luego, pero te va a exigir paciencia, ya que como tú hay muchos otros escritores, y las editoriales tienen un número de novedades limitado. O dicho de otro modo: paciencia, mucha paciencia. Conclusiones ¿Existe un camino mejor que otro para un escritor? A priori no. Puedes ser feliz tanto eligiendo escribir para ti mismo como embarcándote en una carrera profesional, ya sea de corte tradicional o autopublicándote. Sólo tienes que ser consciente de tu elección y actuar en consonancia.
Cómo corregir las galeradas de tu novela
Ser escritor es mucho más que escribir. Es también corregir. Corregir mucho. Y no solo sobre tu manuscrito inicial, sino también sobre lo que otros han hecho con tu texto. No me refiero únicamente al trabajo del corrector, algo de lo que hemos hablando en varios artículos (como, por ejemplo, «Por qué es necesario un buen corrector para tu novela»). Hoy os voy a hablar sobre uno de los momentos más temidos para cualquier autor antes de su publicación: las galeradas. Qué son las galeradas La creación de una novela es un proceso largo, complejo y con multitud de pasos distintos. Para colmo, cada uno de ellos requiere una aproximación diferente que obliga al autor a dominar más campos que la simple escritura. O dicho de otro modo: podemos tener una imaginación desbordante y una capacidad narrativa extraordinaria, pero con eso no basta para ser un autor completo. Seguro que recordáis la guía de autopublicación que os ofrecimos en este mismo blog, en la que os guiábamos a través de todos los pasos que debíais abordar para publicar por vosotros mismos vuestras novelas. Uno de los capítulos de dicha guía de autopublicación trataba sobre la maquetación del libro, ese proceso generalmente tedioso y al mismo tiempo imprescindible en la edición de cualquier novela. Sin embargo, cuando es una editorial la que os publica, ese trabajo lo hará un especialista contratado por dicha editorial, el maquetador. Este profesional está formado y conoce perfectamente los fundamentos de la maquetación. Sabe reconocer errores tipográficos de un simple vistazo. ¿Esos saltos de línea que no hacemos porque nos resulta más cómodo darle a la tecla de intro? Él los soluciona. ¿Esos espacios entre palabras que se nos han escapado al reescribir alguna frase? Solventarlos paga las facturas del maquetador. Sin embargo, el maquetador también es humano. En ocasiones se equivoca o toma decisiones que no son las más acertadas. Ese es el motivo por el cual los editores envían al autor una prueba del archivo preparado para imprenta (actualmente en formato digital), para que éste dé el visto bueno final. Este archivo es lo que conocemos como galeradas. Corregir las galeradas Así que aquí estamos, con las galeradas recién recibidas y un tiempo limitado para que le echemos un ojo. Obviamente no se nos va a exigir que seamos tan minuciosos como un maquetador profesional, pero se supone que no hará falta. El texto que nos llegue debe estar casi perfecto si el corrector y el maquetador han hecho bien su trabajo, así que por tu parte no tendrás mucho que hacer. Pero aún así te va a tocar leer de nuevo tu novela de pe a pa y poner mucha atención. Sí, ya se que estás hasta la coronilla de revisarlo, y a estas alturas estarás pensando que quién te mandaba a ti meterte en semejante fregado, cuando podrías haber sido youtuber o algo así. Para ello voy a dar por supuesto que conoces los conceptos básicos de la maquetación (si no es así, te vuelvo a recordar nuestro post sobre maquetación). Durante esta enésima revisión tendrás que mirar con lupa todo aspecto tipográfico del archivo maquetado: que no haya cambios en la fuente de letra, que el cuerpo de texto sea uniforme, el espaciado entre caracteres, las sangrías, la numeración de capítulos y páginas… Debes fijarte mucho en que el diseño tipográfico se mantenga estable dentro de los parámetros elegidos por la editorial durante toda la maqueta, para que así la apariencia del texto sea armoniosa. Errores comunes Como sabéis también he trabajado como corrector para diversas editoriales y autores. Algunos de los errores de tipo tipográfico que he visto os dejarían con la boca abierta. Y aunque casi todos ellos no escaparían de la atenta mirada de un maquetador profesional, en ocasiones alguno se cuela. Por ejemplo, hay autores que no saben que existen varios tipos de comillas y utilizan sin más las predefinidas en los teclados (inglesas: “” ). Lo cual es un error, porque en el mercado editorial hispano lo adecuado es usar las comillas angulares o españolas («»). Ocurre lo mismo con la famosa raya o guión largo (—). Muchos autores primerizos utilizan el guión simple (-), en buena parte porque como ocurre con las comillas dichos signos de puntuación no están configurados de fábrica en los teclados actuales. Si un autor no conoce estas particularidades le va a tocar al corrector o maquetador sustituir todos estos signos, lo cual puede llevar a que alguno se le pase. Pero estos dos ejemplos son muy evidentes y fáciles de detectar. La cosa se complica cuando hablamos de elementos más sutiles, como las odiosas sangrías. Ya sabes, el margen que dejamos al inicio de un párrafo o una línea con respecto a la caja de texto (el espacio que limita lo que escribimos). Ciertos autores no prestan atención a si la sangría es la adecuada, por lo que sus manuscritos están plagados de párrafos cada uno de los cuáles tiene una sangría distinta, o hay algunos donde ni siquiera existe. Una incorrecta alineación de texto también es relativamente habitual. Me he encontrado con manuscritos enteros alineados a derecha o izquierda, cuando lo adecuado es que sean justificados (o sea, que todo el texto forme un bloque uniforme y ajustado). ¿Por qué es importante corregir las galeradas? Las lineas viudas y huérfanas, la división de párrafos, los saltos de línea, la división con guión de palabras cortadas… La maquetación tiene multitud de elementos que la mayoría de veces escapan de la apreciación del autor, más acostumbrado al aspecto puramente creativo. Ningún problema. Para eso está el maquetador. Pero aún así no debemos excusarnos y dejar de prestarle atención. Porque para el maquetador sin duda hacer bien su trabajo es muy importante, le va la reputación en ello (y el sueldo). Sin embargo, para nosotros es mucho más importante. Al lector le importa un bledo quién es el maquetador de un libro. Al primero que señalará si algo no le gusta
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