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La coma vocativa

Seguro que ya echabais de menos un artículo sobre nuestros queridísimos (y en ocasiones odiadísimos) signos de puntuación. Pues se acabó la espera. ¿Os acordáis de cuando hablamos de la traicionera coma criminal? Pues hoy nos toca hablar de su prima, la otra gran pesadilla de todo alumno de los talleres literarios: la coma vocativa.


¿Qué es el vocativo?

Pero antes de hablar de este error, en el que caemos con una frecuencia asombrosa, hay que ir al origen del problema. Para empezar deberíamos explicar un poco qué es eso del vocativo. Ya hablamos brevemente de ello hace un tiempo, en este artículo, pero hoy vamos a profundizar mucho más. El diccionario de la Real Academia Española es muy conciso: «Dicho de una expresión nominal: que se usa en función apelativa». Es como señalar a una persona dentro del texto. Y nos pone un ejemplo muy básico pero a la vez perfecto, que vamos a utilizar también nosotros:

«Pepe, ven un momento, por favor.»

Atendiendo la definición, no cuesta mucho apreciar a qué estamos apelando. A quién, en realidad: Pepe. Este señor es por tanto el vocativo de esta frase, nos referimos a él, y suele ser nuestro interlocutor, alguien con quien estamos hablando. También se le llama «apelación» o incluso «apóstrofe». De hecho, el vocativo más famoso e utilizado es el del encabezamiento de las cartas y correos electrónicos. Cuando decimos «Hola, querida Ana» estamos usando un vocativo («querida Ana»). Se utiliza incluso en otros idiomas. ¿Os acordáis de la película «Good Morning, Vietnam»? Pues ahí está, otro vocativo, y en este caso ni siquiera es una persona, sino el nombre de un país. Pero su función es la misma: apelar a un individuo o a un grupo de individuos.

Algunos de vosotros me diréis que en todos estos casos esos vocativos son también los sujetos de sus respectivas oraciones. Pues no, en ninguno de esos caso. Pepe no es el sujeto. Bueno, un poco sí, porque en realidad el sujeto de esa frase es «tú» (que hace referencia a Pepe), aunque no aparezca. Ya sabéis que el sujeto no es necesario nombrarlo siempre, en ocasiones se sobrentiende. Lo que sí debe ir es junto al verbo. Salvo en contadas excepciones, jamás se separa de éste. Por tanto, ese «Pepe» utilizado como apelación impide que sea el sujeto. Y para indicarlo con claridad usamos esa coma, nuestra querida «coma vocativa».

vocativo


Por qué hay que usar la coma vocativa

 

Respuesta rápida: porque lo dicen las reglas de la gramática. Punto. Esto es lo que os dirán en la mayoría de cursos de ortografía, como es lógico, pues lo habitual es centrarse en la práctica y dejar de lado la teoría. Se tiene que hacer así y ya está. Pero una vez más es bueno profundizar en el motivo de las cosas, bien por pura curiosidad o bien para entenderlo mejor. Antes he comentado que la coma vocativa nos ayuda a indicar la presencia del vocativo, pero en realidad la función de esta coma no es la de señalar este elemento, porque éste se aprecia por sí mismo sin dificultad alguna debido a la misma construcción de la frase.

Es más, en el lenguaje hablado contamos con una herramienta muy potente: la entonación. Durante una conversación, si le pedimos a Pepe que venga un momento, impregnaremos la mención del susodicho con una ligera entonación. Y como añadido, haremos una pausa tras mencionarlo (tras apelar a él). Siempre. Pensad en cualquier frase en la que estéis apelando directamente a otra persona. Todas y cada una de ellas te obligan a hacer esa pausa cuando las pronuncias en voz alta. ¿Y cómo hacemos pausas en el lenguaje escrito? Exacto, mediante las comas.

entonación hablar


Cómo se usa la coma vocativa

 

Y ahora viene la norma reglada, que espero que entendáis mejor tras lo comentado antes: el vocativo se separa del resto de la frase mediante comas, siempre y sin excepción alguna. No importa dónde coloquemos el vocativo, si al principio de la frase, en mitad de ella, o al final. En la oración ejemplo de la RAE, sería correcto decir «Ven un momento, Pepe, por favor» o «Ven un momento, por favor, Pepe». Y ojo, porque eso también es algo que debéis considerar. Un vocativo suena mucho más natural si va al principio o al final de la frase, y suena más artificial si corta una frase. Pero eso ya es un tema de estilo literario, algo más avanzado y que ya tratamos en otro artículo anterior.

Esta norma la tenemos que seguir al pie de la letra, sin que un profesor de narrativa como yo os lo diga. Es importantísima, porque un mal uso de la coma vocativa puede alterar el significado de una frase de manera radical. A veces de manera hilarante, como si escribimos «vamos a saltar chicos» en vez de «vamos a saltar, chicos». ¿Verdad que no estamos diciendo lo mismo ni de lejos? Pues ahora imagina que te equivocas y escribes «hora de cenar hijos», cuando lo que querías decir es «hora de cenar, hijos».

cómo usar la coma vocativa


La coma vocativa: inexcusable

 

La correcta utilización de la coma vocativa es por tanto de obligado cumplimiento. Sin excusas de ningún tipo. No nos vale eso de que «ya vendrá el corrector de la editorial a corregírmelo». Porque si cometes ese error de manera habitual, te aseguro que el editor que te lea tendrá una pésima imagen de tu profesionalidad y calidad como escritor, así que probablemente ese manuscrito jamás llegue a ese corrector que habría arreglado tu desaguisado. Si queremos ser escritores a un nivel profesional debemos tener claros cimientos tan básicos como ese, ya que están entre los fundamentos de la gramática y sintaxis de nuestro idioma.

Recuerda siempre: si estás apelando directamente a alguien en tu frase, si le hablas a él mencionándole, estás utilizando un vocativo. Si tienes dudas, la mayoría de veces te ayudará algo tan sencillo como pronunciar la oración en voz alta. Si por instinto haces una pausa tras ese nombre o expresión con la que apelas, entonces ahí deberás poner una coma.

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Sobre mí

Teo Palacios

Hace 10 años yo era como tú, un autor más con una novela bajo el brazo que nadie quería publicar. Hoy tengo cinco novelas publicadas por editoriales internacionales en ocho países, tengo firmados los contratos de dos novelas que aún no he escrito y ¡vivo de la literatura!

Teo Palacios

Escritor y creador del Método Pen

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